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Muchas personas llegan a consulta convencidas de que su problema es la falta de motivación. Esperan sentir ganas, claridad o seguridad antes de empezar algo importante. El problema es que esa motivación previa rara vez aparece por sí sola.
Y es que la motivación no suele ser la causa de la acción, sino su consecuencia.
Cuando actuamos (aunque sea con dudas) nuestro cerebro recibe información nueva: sensación de avance, autoeficacia, control. Eso es lo que te hace sentir que avanzas, lo que te motiva a seguir.
Esperar a estar motivado hace que la motivación sea una condición para hacer algo, y no un medio para lograrlo. Y cuando la emoción no llega, la vida se queda en pausa.
Empezar sin ganas no es hacerlo mal, es hacer que las cosas se cumplan.
26/02/2026