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En las personas con TEA suele existir una gran sensibilidad a actitudes y comentarios de otras personas, por paradójico que pueda parecer. Se aislan porque el mundo social les hace daño, con las defensas de las personas, los confictos del día a día, los enfados, las prisas y todo el abanico de emociones que implica el relacionarse socialmente.
Una persona con TEA aprende desde niño a desconectarse de lo social, de lo emocional, para conservar su calma. Y al mismo tiempo necesita la relación, fundamentalmente si es niño o adolescente, por una cuestión de supervivencia. Y por una cuestión de sentir que pertenece, que es aceptado y querido por el otro.
La persona con TEA es fiel a sí misma, siempre. Tan siempre que le cuesta la incomprensión social. Ese es el gran confilicto de las personas con TEA.
14/05/2026