La tiroiditis de Hashimoto es una inflamación específica del tiroides, que se debe a un error inmunológico, y puede acompañarse o no de hipotiroidismo. De ello dependerá la presencia de síntomas acompañantes, pudiendo ser asintomática (no presentar síntomas) o ser un cuadro florido de hipotiroidismo ( ganancia de peso, somnolencia, lentitud al pensar, estreñimiento, bradicardia…). Es una enfermedad frecuente, que se diagnostica 1caso/1000 habitantes/año, sobre todo en mujeres (la prevalencia en España es del 9,1 %, siendo en mujeres hasta 7-10 veces más frecuente que en hombres), principalmente entre los 40 y 60 años. Las causas son desconocidas, y sólo precisa tratamiento en caso de alteración hormonal.
Es un órgano localizado en el cuello que produce hormonas tiroideas. Estas hormonas son fundamentales para el normal desarrollo del individuo y el funcionamiento de la mayoría de los órganos (corazón, aparato digestivo, sistema nervioso central, sistema reproductor…).
El sistema inmunológico nos defiende de agresiones externas como virus, bacterias… fabricando unas proteínas, los anticuerpos, que atacan a ese agente para neutralizarlo. Sin embargo, en ocasiones, se produce un error en este sistema inmunológico, produciéndose anticuerpos que reconocen como una agresión órganos o tejidos propios del cuerpo que deberían ser tolerados. En el caso del tiroides, ese error se traduce en la producción de los anticuerpos antiTG ( antitiroglobulina) y antiTPO (antiperoxidasa) que “atacan” específicamente al tiroides. Estos anticuerpos, junto con la invasión por linfocitos, producen en el tiroides una inflamación, que se denomina Tiroiditis de Hashimoto, visible en la ecografía.
La tiroiditis de Hashimoto es por lo tanto una alteración del sistema inmunológico, que conduce a la producción de anticuerpos específicos contra el tiroides. Se desconocen las causas de este error, pero se piensa que es la combinación de unos factores genéticos (es frecuente que haya varios miembros en una misma familia afectados) y factores ambientales: la exposición a ciertas sustancias, como colorantes, conservantes, alteraciones en el microbioma e incluso virus o bacterias, pueden estar en su origen. También se han asociado con déficit de vitamina D y alteraciones en otros nutrientes.
Es importante destacar que esta inflamación no siempre se acompaña de alteración en la función del tiroides, pudiendo estar la hormonas tiroideas en rango normal. En esos casos, los síntomas son escasos o incluso nulos. Se puede observar un aumento del tamaño del tiroides (bocio) e incluso algo de dolor en la cara anterior del cuello y molestias al tragar si es aguda. Si la inflamación se asocia a hipotiroidismo, los síntomas serán los derivados de esta alteración hormonal (ganancia de peso, somnolencia, lentitud al pensar, estreñimiento, bradicardia, alteraciones menstruales, infertilidad…). Por lo tanto, la Tiroiditis de Hashimoto no es sinónimo de hipotiroidismo, aunque es su causa más frecuente. En ocasiones incluso se puede producir hipertiroidismo (taquicardia, temblores, pérdida de peso…) aunque es mucho menos frecuente y suele darse en las fases iniciales, pudiendo posteriormente derivar en hipotiroidismo.
El diagnóstico en consulta se realiza, además de con una historia clínica en la que se recoge los antecedentes personales y familiares y los posibles síntomas acompañantes, con un análisis de sangre en el que se determinan los anticuerpos antiTG y antiTPO. Estos serán positivos o negativos pero es importante recalcar que un nivel elevado de anticuerpos no es sinónimo de gravedad. La realización de una ecografía cervical o tiroidea permitirá visualizar esta inflamación, aunque no siempre es necesaria y habrá que individualizar las pruebas a realizar. Sí será necesario determinar en todos los casos los niveles de hormonas tiroideas (TSH) en sangre para detectar un hipotiroidismo acompañante que puede precisar tratamiento. Por último, en ocasiones, hay que descartar otras enfermedades derivadas de errores inmunológicos, con sus anticuerpos específicos, que con cierta frecuencia se asocian (vitíligo, diabetes tipo 1, enfermedad de Addison…).
La tiroiditis de Hashimoto no tiene un tratamiento concreto, ni formas de prevenirlo. Un error frecuente es determinar de forma repetida los niveles de anticuerpos antiTG y antiTPO. No se relaciona este nivel con el desarrollo o no de hipotiroidismo. Sí puede ser necesario vigilar y sustituir las hormonas tiroideas si su nivel es insuficiente. La presencia de anticuerpos antiTPO se ha relacionado con un riesgo 1,6 veces mayor de presentar un carcinoma papilar de tiroides y 60 veces mayor de linfoma tiroideo que en población general. En el embarazo, aumenta el riesgo 2-4 veces de abortos de repetición y de parto pretermino.
La tiroiditis de Hashimoto es por lo tanto una alteración del sistema inmunológico, que conduce a la producción de anticuerpos específicos contra el tiroides. La gravedad de los síntomas, y la necesidad de tratamiento específico, dependerá de la afectación de la producción de hormonas tiroideas o no. Una valoración completa e individualizada será necesaria para determinar las pruebas oportunas y la necesidad de tratamiento. No dudes en pedir cita con un endocrino si sufres algunos de los síntomas mencionados.
Referencias:
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