El sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado, conocido como SIBO por sus siglas en inglés, consiste en un aumento anormal del número de bacterias en un tramo del intestino que normalmente alberga muy pocas. Esas bacterias fermentan los alimentos antes de tiempo y producen gas donde no debería haberlo.
De ahí vienen los síntomas más típicos: hinchazón que aparece o empeora después de comer, gases, dolor abdominal y un ritmo intestinal que cambia de un día para otro. Muchas personas lo describen como levantarse con la tripa plana y terminar el día con la sensación de estar completamente hinchadas.
Una vez que aparece el diagnóstico, llega la pregunta importante: ¿cuál es el mejor tratamiento? La respuesta corta es que no hay uno solo. Lo que funciona es combinar tres cosas que actúan sobre problemas distintos: reducir el exceso de bacterias, aliviar los síntomas con la alimentación y corregir aquello que permitió que aparecieran.
Lo primero: confirmar que realmente hay sobrecrecimiento bacteriano
Es habitual empezar dietas muy restrictivas o comprar suplementos a partir de una sospecha, sin ninguna prueba que la confirme. Conviene evitarlo, porque los síntomas del sobrecrecimiento bacteriano se parecen mucho a los de otros problemas digestivos que se tratan de forma diferente.
El diagnóstico se hace con un test de aliento. Es una prueba sencilla y no invasiva: se toma un preparado con azúcar (normalmente lactulosa o glucosa) y se mide el hidrógeno y el metano que aparecen en el aliento durante las horas siguientes. Si las bacterias fermentan ese azúcar demasiado pronto, los gases pasan a la sangre y se detectan al respirar.

Tratamiento médico: bajar la carga de bacterias
Esta parte le corresponde a tu médico. El tratamiento habitual son antibióticos poco absorbibles, que actúan dentro del intestino y apenas pasan a la sangre. El más utilizado es la rifaximina. Cuando el metano está elevado suele hacer falta combinar antibióticos, porque estos microorganismos responden peor a la rifaximina sola.
La dieta: alivia los síntomas sin empobrecer la dieta, pero no trata el problema de base
La herramienta con más respaldo es la dieta baja en FODMAP. Los FODMAP son unos hidratos de carbono fermentables que están presentes en muchos alimentos saludables (legumbres, algunas frutas, cebolla, ajo, lácteos, trigo) y que funcionan como combustible para esas bacterias. Reducirlos durante un tiempo baja la fermentación y alivia bastante los síntomas.
Lo importante es que se aplica por fases y tiene fecha de caducidad:
1. Eliminación (4 a 6 semanas). Se reducen los alimentos altos en FODMAP para calmar los síntomas. Es el punto de partida, no el destino.
2. Reintroducción (6 a 8 semanas). Se van probando los grupos de alimentos uno a uno para saber cuáles molestan de verdad y en qué cantidad.
3. Personalización. La dieta más variada posible, limitando solo aquello que has comprobado que te sienta mal.
El error más frecuente, con diferencia, es quedarse instalado en la primera fase. Cuando la restricción se alarga meses, se acaba comiendo mucho menos variado de lo necesario, la microbiota se empobrece, las comidas fuera de casa se vuelven un problema y, sobre todo, no se aprende nada sobre lo que cada persona tolera.
Corregir la causa de fondo: lo que evita que vuelva
El sobrecrecimiento bacteriano casi nunca aparece porque sí. Detrás suele haber algo que ha alterado los mecanismos de limpieza del intestino:
- Tránsito lento y alteraciones del movimiento intestinal.
- Uso prolongado de omeprazol y otros protectores gástricos, que reducen la acidez del estómago.
- Cirugías abdominales previas o adherencias.
- Enfermedades como la diabetes, el hipotiroidismo o la esclerodermia.
- Abuso de antibióticos.
¿Y los probióticos y los productos de herbolario?
Los probióticos pueden ayudar con algunos síntomas, pero no todos valen ni funcionan en todos los casos. Cuando hay evidencia, es de cepas concretas y a dosis concretas. Con los preparados de aceites esenciales y extractos de plantas que se venden como alternativa natural al antibiótico conviene ser más prudente. Hay pocos estudios, la composición cambia mucho de una marca a otra y no están libres de efectos adversos ni de interacciones con otros medicamentos.
Cada persona parte de una situación distinta. Si llevas meses con hinchazón, gases o un ritmo intestinal alterado, lo más sensato es ponerlo en manos de tu médico digestivo y de un dietista-nutricionista, en lugar de ir quitando alimentos por tu cuenta.
Referencias
- Chuah, K. H., Loo, Q. Y., Loh, A. J. C., Leong, J. Y., Chan, W. L., Khoo, X. H., Wong, K. L., Panirsheeluam, S., Natarajan, V., Ng, A. K., Abdul Majid, H., & Mahadeva, S. (2026). Clinical Trial: Rifaximin Versus Low FODMAP Diet in Irritable Bowel Syndrome. Alimentary Pharmacology & Therapeutics, 63(2), 210–221. https://doi.org/10.1111/apt.70420
- Ghoshal, U. C., Ramakrishna, B. S., Rathi, P. M., Shukla, A., Panigrahi, M. K., Jain, S., Saha, I., Chakravartty, K., Singh, M., Mustafa, U., Sahu, S., Ghoshal, U., Chandnani, S., Goenka, M. K., & Mitra, M. (2026). Probiotic Blend of Lactobacillus acidophilus LA-5 and Bifidobacterium animalis ssp. lactis BB-12 in Non-constipated Irritable Bowel Syndrome: A Double-Blind Randomized Placebo-Controlled Trial. Journal of Gastroenterology and Hepatology, 41(1), 140–154. https://doi.org/10.1111/jgh.70137
- Pimentel, M., Saad, R. J., Long, M. D., & Rao, S. S. C. (2020). ACG Clinical Guideline: Small Intestinal Bacterial Overgrowth. The American Journal of Gastroenterology, 115(2), 165–178. https://doi.org/10.14309/ajg.0000000000000501
- Rezaie, A., Buresi, M., Lembo, A., Lin, H., McCallum, R., Rao, S., Schmulson, M., Valdovinos, M., Zakko, S., & Pimentel, M. (2017). Hydrogen and Methane-Based Breath Testing in Gastrointestinal Disorders: The North American Consensus. The American Journal of Gastroenterology, 112(5), 775–784. https://doi.org/10.1038/ajg.2017.46


