Artículos 29 abril 2025

¿Qué es la dermatitis atópica? Causas, síntomas y factores desencadenantes

Dr. Daniel Rodriguez Baeza Dermatólogo
Dr. Daniel Rodriguez Baeza
Dermatólogo

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La piel, ese órgano olvidado hasta que decide vengarse. Picor, enrojecimiento, sequedad, lesiones que van y vienen… Bienvenidos al mundo de la dermatitis atópica, también conocida como eczema atópico. No, no es solo “piel seca” ni “una alergia pasajera”: estamos hablando de una enfermedad inflamatoria crónica que puede ser tan molesta como persistente, y que afecta la calidad de vida mucho más de lo que algunos (mal)informados se atreven a reconocer.

En este artículo desmontaremos mitos, identificaremos culpables y expondremos síntomas.

Causas comunes

La dermatitis atópica no aparece por arte de magia ni porque te duches demasiado (esto lo empeora mucho). Las causas son multifactoriales, y como buen lío dermatológico, incluye una mezcla de genética, sistema inmune caprichoso y factores ambientales.

  1. Genética traicionera: Si tus padres tienen dermatitis atópica, asma o rinitis alérgica, enhorabuena: tienes boletos para el sorteo. En la dermatitis atópica hay una disfunción en la filagrina, una proteína clave para la barrera cutánea. Sin ella, la piel se vuelve más permeable y reactiva.
  2. Sistema inmune hiperactivo: Reacciona ante estímulos inofensivos como si fueran amenazas mortales. Resultado: inflamación, picor y una cascada de citoquinas proinflamatorias que hacen que tu piel se sienta como si estuviera en guerra.
  3. Barreras cutáneas defectuosas: Una piel sana actúa como muralla. En la dermatitis atópica, esa muralla tiene fugas. Esto permite la entrada de alérgenos, irritantes y microbios como el Staphylococcus aureus, que no ayudan precisamente, modificando el microbioma cutáneo.

Síntomas frecuentes de la dermatitis atópica

Los síntomas son traicioneros: aparecen cuando menos los esperas, y se empeñan en arruinarte la cita, la reunión o el descanso.

  1. Prurito (picor): El rey de los síntomas. A menudo empeora por la noche y puede desencadenar el temido “círculo vicioso de rascado”.
  2. Eritema (enrojecimiento) y lesiones eccematosas: Desde parches secos hasta vesículas que supuran. La piel cambia de fase como si tuviera humor propio.
  3. Liquenificación: El resultado de rascarse como si no hubiera un mañana. La piel se engrosa, se endurece y se pigmenta.
  4. Xerosis (sequedad extrema): No importa cuánto te embadurnes, siempre parece que tu piel pide más.
  5. Localización: En adultos suele aparecer en flexuras (codos, rodillas), cuello y manos. En niños, puede afectar cara y tronco.
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Factores que lo desencadenan

Aquí es donde la cosa se pone interesante (o desesperante, según se mire). Identificar qué factores empeoran la dermatitis atópica es tan importante como tratarla.

  1. Estrés: Sí, la piel también tiene ansiedad. Y no, no se soluciona con “relájate”. El estrés empeora todas las enfermedades inflamatorias y la dermatitis atópica no iba a ser una excepción…
  2. Clima: Frío seco o calor húmedo, ambos igual de nefastos. Y el viento, ese enemigo invisible.
  3. Jabones y cosméticos: Todo lo que huela a lavanda, tenga colorantes o prometa “piel de seda” probablemente sea veneno para una piel atópica.
  4. Ropa sintética o lana: Una provocación textil directa. Mejor algodón, gracias.
  5. Alérgenos ambientales: Ácaros, pólenes, epitelios de animales. Si vives con un gato y tienes brotes, la ecuación no es complicada.
  6. Agua caliente. El agua caliente daña mucho la piel, hasta el punto que siempre me surgen dudas de: ¿si el agua caliente desapareciese de la tierra, desaparecerían el 90% de las dermatitis atópicas?
  7. Alimentos: No te vuelvas loco/a con los alimentos. La relación entre dermatitis atópica y alergias alimentarias suele darse, sobre todo, en niños muy pequeños. En algunos casos, la presencia de alergias alimentarias puede empeorar los síntomas de la piel. Pero no confundamos las cosas: la dermatitis atópica no es una alergia en sí misma. Eso sí, tener la piel inflamada y con una barrera cutánea alterada puede facilitar que el sistema inmune desarrolle alergias a ciertos componentes del ambiente o alimentos.

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica con un fuerte componente inmunológico y genético, que se manifiesta en brotes impredecibles y, a veces, desesperantes. Afecta no solo la piel, sino también el estado de ánimo, el sueño y las relaciones personales.

Por suerte, el conocimiento es poder. Saber qué la causa, cómo se manifiesta y qué puede empeorarla es el primer paso para controlarla. Y si te reconoces en estos síntomas, no estás solo. Hay tratamientos eficaces (cada vez más) , estrategias de manejo y profesionales preparados para ayudarte. Eso sí, evita los “remedios milagrosos” de internet. El eczema no se va con homeopatía, ni con aceite de serpiente.

Referencias
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