En efecto, el risperdal podría no ser el tratamiento de elección como primera línea del trastorno por ansiedad. Sería conveniente evaluar el caso de manera detallada.
No tendría por qué haber daños si se siguen los protocolos habituales: ajustar dosis a la edad y peso del niño, estado nutricional, alimentación, descartar enfermedades cardiocirculatorias, tensión…