Mi hijo de doce años ha cambiado mucho. Desde que entró en primero de la ESO, han bajado sus notas d

Mi hijo de doce años ha cambiado mucho. Desde que entró en primero de la ESO, han bajado sus notas de matrículas a 5, 6 y algún 7. Es muy disruptivo en clase, lo han expulsado una vez durante diez días y después de regresar a clase, a las tres semanas lo han vuelto a llevar durante cinco días al aula de reflexión. He hablado con él, con los profesores, etc. Hasta le he conseguido un terapeuta emocional. No se cómo puedo ayudarle.

8 respuestas


Por lo que comentas ya has hecho mucho, y sigues haciendo. Si te sientes perdida y quieres alguna indicación tal vez puedas comentárselo a la psicóloga que le lleva para que valore una sesión para orientarte.

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Entiendo tu preocupación. El paso a 1º de la ESO supone un cambio muy grande: nuevas exigencias académicas, más profesores, mayor presión social y búsqueda de identidad. A veces el descenso de notas y la conducta disruptiva son señales de que algo no está gestionando bien, más que falta de capacidad o de interés. Es positivo que ya hayas hablado con él, con el centro y que tenga apoyo terapéutico. Ahora es importante observar qué hay detrás: ¿frustración académica?, ¿dificultades atencionales o de organización?, ¿problemas con iguales?, ¿baja autoestima tras el cambio de etapa? Intenta mantener un espacio de diálogo sin juicios, reforzar cualquier esfuerzo (no solo resultados) y establecer límites claros pero coherentes en casa. La coordinación con el terapeuta y el tutor puede ayudar a unificar estrategias. Si la conducta persiste, sería recomendable valorar una evaluación más profunda para descartar dificultades emocionales o del neurodesarrollo que puedan estar influyendo.


El paso a la ESO supone un cambio grande a nivel académico, social y emocional, y en muchos casos las conductas disruptivas o la bajada de rendimiento son señales de dificultades de adaptación, desmotivación, presión o malestar interno, más que un problema de actitud en sí. Lo más importante ahora es mantener una postura de acompañamiento firme y cercano: interés por cómo se siente (más allá de las notas), normas claras y coherentes en casa, refuerzo de cualquier pequeño avance y coordinación continua con el centro y el terapeuta para trabajar todos en la misma línea. En esta etapa el objetivo no es solo mejorar el rendimiento, sino recuperar su motivación, su sensación de competencia y el vínculo con los adultos de referencia, que es lo que realmente facilita el cambio.


Hola, lo que describes refleja que tu hijo está atravesando un momento de gran tensión emocional y de adaptación. A veces, los cambios en la escuela, la presión académica o los conflictos con compañeros y profesores pueden expresarse en conductas disruptivas y en bajadas de rendimiento, incluso cuando el niño es capaz y tenía buenas notas antes. Lo más importante es no centrarte solo en las calificaciones o en la conducta como “problemas a corregir”, sino acompañarlo en entender lo que le está pasando por dentro. Mantener el seguimiento con el terapeuta emocional es clave, ya que ahí podrá explorar sus emociones, frustraciones y estrategias de afrontamiento con alguien preparado. En casa, lo que más le ayudará es sentir que sus padres están disponibles para escucharlo sin juzgarlo, reconocer sus esfuerzos y mantener rutinas claras y estables. Evita convertir los castigos o la presión académica en el centro de la relación, y más bien enfócate en construir un espacio seguro donde pueda expresar sus emociones y dificultades. Si percibes que la situación se prolonga o se intensifica, no dudes en pedir orientación adicional al equipo educativo y al profesional que lo acompaña; la intervención temprana puede prevenir que se consoliden problemas más difíciles de revertir. El acompañamiento paciente y consistente es lo que le permitirá recuperar confianza y equilibrio emocional. Mucho ánimo.


Tu hijo está pasando por una etapa complicada de adaptación a la ESO, con dificultades para regular emociones y conducta, lo que afecta notas y comportamiento. Es importante mantener coordinación con la escuela y el terapeuta, establecer límites claros y reforzar logros pequeños, y ofrecer escucha activa y acompañamiento emocional. Un psicólogo especializado puede orientar estrategias específicas para él y para la familia.


Hola, el paso a la ESO es una etapa de muchos cambios y, en algunos casos, puede venir acompañado de bajada en el rendimiento, conductas disruptivas o dificultades para adaptarse. Más que falta de capacidad, muchas veces refleja malestar, desmotivación o dificultades emocionales enmascaradas tras estas conductas. Es positivo que ya estés implicada, hayas hablado con el centro y hayas buscado ayuda profesional. Además de eso, puede ser útil reforzar el vínculo con tu hijo, intentar entender cómo se está sintiendo en esta nueva etapa y acompañarle sin centrar todo en lo académico. También es importante mantener límites claros y coordinación con el centro escolar y el terapeuta, para trabajar en la misma línea. Si la situación se mantiene, el seguimiento psicológico será clave para identificar qué hay detrás de este cambio y cómo ayudarle de forma más ajustada. Es importante que él elija al profesional y se sienta entendido y escuchado, porque sino la terapia en estas edades no funciona. Un saludo


Hola contar con un profesional de la psicología le va a venir bien para poder identificar lo que le ocurre y en base a ello introducir los cambio necesarios. Un saludo


Hola. Lo primero, se nota mucho que estás intentando ayudarle y que no te has quedado de brazos cruzados. Y muchas veces, cuando un adolescente cambia de forma tan brusca en poco tiempo, detrás de la conducta suele haber bastante más sufrimiento o desregulación emocional de lo que se ve desde fuera. El paso a la ESO puede ser muy difícil para algunos chicos: más exigencia académica, cambios sociales, necesidad de encajar, presión, pérdida de seguridad o sensación de fracaso. Y a veces los adolescentes que antes funcionaban muy bien empiezan a expresar el malestar no desde la tristeza visible, sino desde: • conducta disruptiva, • impulsividad, • oposición, • desmotivación, • o desconexión total del estudio. Muchas veces el problema deja de ser “no quiere” y pasa a ser: “no sabe cómo gestionar lo que le está pasando”. También es importante observar si este cambio puede estar relacionado con: • dificultades emocionales, • ansiedad, • autoestima, • necesidad de pertenencia social, • frustración, • TDAH u otras dificultades atencionales, • o incluso sensación de presión por mantener un rendimiento alto. Y algo importante: los castigos o expulsiones a veces frenan la conducta momentáneamente, pero no siempre ayudan a comprender qué hay debajo del comportamiento. Es positivo que ya tenga apoyo terapéutico, porque probablemente ahora mismo necesite más comprensión emocional y acompañamiento que presión académica constante. Muchas veces los adolescentes primero necesitan volver a sentirse seguros, entendidos y regulados antes de poder reconectar con la motivación o el estudio. También puede ayudar intentar mantener el vínculo con él sin que todas las conversaciones giren únicamente alrededor de notas, expulsiones o problemas. A esa edad, sentirse constantemente “el problema” puede aumentar todavía más la desconexión y la rebeldía. Este tipo de situaciones pueden mejorar mucho cuando se consigue entender qué está expresando realmente la conducta y se trabaja de forma coordinada entre familia, centro educativo y terapia. Mucho ánimo

Teresa Torregrosa

Teresa Torregrosa

Psicólogo

San Vicente del Raspeig

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