Artículos 05 septiembre 2023

Comprende la relación entre la ansiedad y la depresión

Marta de la Torre Martí Psicólogo
Marta de la Torre Martí
Psicólogo

En la actualidad, una de cada 8 personas sufren un trastorno psicológico, estando entre los más comunes los problemas de ansiedad y depresión. Se estima que el número de personas a nivel mundial con algún trastorno ansioso o depresivo supera los 300 millones de personas (PAHO, 2015).

Estas problemáticas siempre han sido muy frecuentes en nuestra sociedad, pero aumentaron de forma muy significativa en torno a un 27% después de la pandemia de COVID-19 (OMS, 2022), lo que refleja la influencia de lo que ocurre en el contexto sobre el mundo emocional.

Lo más curioso de esto, es que ambas casuísticas no aparecen de forma aislada. Lo más habitual es que aparezcan en una misma persona de forma simultánea o concurrente, es decir, suelen ser comórbidos, lo que en la jerga sanitaria se denomina “trastorno mixto de ansiedad-depresión” (Belloch y cols., 2021). La aparición concurrente de ambos trastornos resulta ser la norma más que una excepción.

Más allá de los diagnósticos, quienes trabajamos en la clínica, sabemos muy bien que la ansiedad y la depresión mixta es el principal motivo de consulta para quienes buscan una ayuda psicológica. Con estos datos, cabe plantearse: ¿la ansiedad y la depresión están relacionadas?, ¿cómo se explica que aparezcan habitualmente juntas?

En este artículo repasamos cómo se comprenden y relacionan la ansiedad con la depresión, de qué forma una afecta a la otra y al revés, así como cuándo lo valoramos como un problema clínico que requiere necesariamente de un tratamiento psicológico.

La ansiedad es una respuesta adaptativa

Desde un interés clarificador, la ansiedad constituye una respuesta emocional inevitable y natural en nuestras vidas, no tiene por qué ser una patología. Parece evidente, pero merece la pena recordar tal distinción.

En esta línea, la ansiedad se desencadena ante una situación percibida como peligrosa o amenazante en el futuro (suponga un peligro real o no) y se experimenta como un amplio abanico de sensaciones de activación fisiológica: desde nerviosismo, inquietud, tensión muscular, sudoración, taquicardia, temblores hasta respiración superficial o acelerada (Belloch y cols, 2021).

A pesar de que estas sensaciones se experimentan como algo incómodo, tienen un alto valor adaptativo y facilita la adaptación: protegiendo, motivando la acción y maximizando el rendimiento. Todos hemos comprobado como cierto nivel de ansiedad permite, por ejemplo, maximizar la atención en una reunión importante de trabajo o rendir mejor en una prueba deportiva. La activación que conlleva facilita la competencia y la adaptatibilidad a nuestro entorno.

Cuando la ansiedad se torna un problema clínico

El fenómeno ansioso cabe distinguirlo de un trastorno psicológico, no por su forma o sintomatología, sino por su función. Esto significa que la ansiedad, generalmente, empieza a ser un problema cuando la persona empieza a introducir conductas de evitación con el principal objetivo de aliviar la ansiedad o sus sensaciones de forma inmediata.

En definitiva, las conductas de afrontamiento que se ponen en marcha importan más a la hora de determinar si hay un trastorno, más que la propia reacción emocional (Barlow y cols., 2018). Veamos varios ejemplos:

  • No salir de casa para evitar las horas de calor no supondría un problema, todo lo contrario; pero si deja de salir por miedo a experimentar palpitaciones, sudar o tener mareos podría indicar un trastorno de pánico.
  • Declinar el saludo a alguien por temor a contagiarse de algo.
  • Excusarse para no asistir a una reunión por temor a sonrojarse en público.
  • Postergar una tarea importante para evitar sentir ansiedad.
  • Beber alcohol para tranquilizarse, etc.

En definitiva, más allá de si se experimenta la ansiedad, la clave es identificar si los comportamientos que se ponen en marcha son de ayuda o resultan contraproducentes para el individuo.

Cuando el estado de ánimo se vuelve depresivo

El estado de ánimo, a diferencia de la ansiedad, es una experiencia de carácter más estable y prolongado que trasciende una emoción puntual. Cuando suceden algunos cambios importantes a nivel vital como la pérdida de un ser querido, una ruptura de pareja, un cambio de trabajo, una nueva maternidad/paternidad o una enfermedad…es común experimentar sentimientos de tristeza, depresión o desmotivación.

Estos cambios emocionales pueden ser adaptativos y de hecho, suelen ser transitorios. Su valor adaptativo reside en que logran una mayor atención o ayuda de los pares, un proceso de aprendizaje o reflexión, o la reserva de fuerzas para prepararse a una situación (Belloch y cols, 2021).

Ese estado emocional inicial puede acabar en depresión cuando se instala la desesperanza hacia el futuro, un sueño excesivo o defectuoso, cambios significativos en el apetito o en el deseo sexual, pérdida de la actividad o capacidad de disfrute (anhedonia), fatiga o ideas suicidas entre otros.

Por ejemplo, no es lo mismo un recogimiento temporal tras experimentar un duelo tras la pérdida de un familiar que resulta natural y puede ser de ayuda; que un aislamiento prolongado y duradero para evitar contactar con las preguntas o comentarios de los demás. Este último caso comienza a ser problemático y se considera motivo de consulta clínica.

En global, los grandes esfuerzos para reducir o escapar de determinadas emociones o situaciones asociadas, pueden acabar siendo infructuosos para ese objetivo y causar importantes limitaciones para la vida.

hombre camisa azul ansioso Una de cada 8 personas sufren un trastorno psicológico, estando entre los más comunes los problemas de ansiedad y depresión.

La ansiedad y la depresión, una vía de dos direcciones

Los modelos más conocidos que tratan de explicar la relación entre ambas condiciones son el modelo tripartito sobre el afecto (Clark y Watson, 1991) y las recientes propuestas transdiagnósticas (Barlow y cols., 2004, 2014). Desde una perspectiva científica, se han detectado los siguientes rasgos que más predisponen al inicio o mantenimiento tanto de una trastorno de ansiedad y depresivo:

  • Sensibilidad a la ansiedad: la tendencia a experimentar miedo ante las sensaciones de ansiedad, asociada a la creencia de que la ansiedad y sus manifestaciones físicas son peligrosas o dañinas. Aquí la clave es no confundir tender a experimentar más o menos ansiedad que tener miedo a experimentarla. De ahí la importancia de una buena educación sobre qué es la ansiedad y cómo funciona, y no temerla o evitarla por el hecho de que aparezca.
  • Intolerancia a la incertidumbre: la forma con la que se responde a las situaciones ambiguas o inciertas y la tendencia a vivirlo como algo intolerable o negativo, aunque no se haya vivido ninguna consecuencia negativa real. En este caso, cuanta menos tolerancia tenga la persona, más probabilidad de preocuparse o rumiar, lo que se asocia con ambas problemáticas.
  • Tolerancia al estrés: la capacidad para experimentar, aceptar y sostener estados de estrés. Quienes han desarrollado escasa tolerancia al estrés, lo percibirán como más inapropiado e insoportable.
  • Sensibilidad al asco: la predisposición general a experimentar esta emoción ante diversas situaciones o sensaciones. Aunque es una tendencia menos aprendida que otras, se ha relacionado sistemáticamente con la ansiedad y la depresión.
  • Fusión pensamiento-acción: la creencia de que por el mero hecho de pensar algo negativo, un suceso tiene más probabilidad de ocurrir o que equivale moralmente a hacerlo. Es lo que conocemos los psicólogos como la habilidad o capacidad de fusionarse o distanciarse de los propios pensamientos.
  • Perfeccionismo: la tendencia a esforzarse siguiendo estándares muy altos o a criticarse excesivamente por su propio comportamiento. Este estilo de comportamiento resulta bastante disfuncional y se relaciona con una mayor necesidad de control sobre lo que ocurre.

Hay que tener en cuenta, que presentar alguno de estos rasgos no determinan, pero sí predisponen, a un cuadro ansioso-depresivo. Estos rasgos no son estables, como algo que se tiene o no se tiene, son más bien dimensiones que son moldeables por la experiencia personal.

De hecho, un análisis más profundo de los rasgos y procesos que causan la depresión nos lleva a determinar que sus causas son múltiples y muy variables: afectando desde las experiencias más tempranas, las prácticas de crianza recibidas, las experiencias de estrés, los aprendizajes por condicionamiento y observación, hasta las reglas verbales e influencias derivadas de nuestra comunidad y ambiente social-cultural.

Además, no se debe perder de vista, una hipótesis muy sencilla: que presentar uno de los dos problemas incrementa el riesgo y probabilidad de sufrir el otro. Por ejemplo, si se deja de salir de casa por temor a ciertas sensaciones físicas, la ansiedad no solo crece y resulta más improbable salir de casa, sino que con el tiempo la persona vería muy limitados sus quehaceres perdiendo importantes reforzadores en su vida como mantener relaciones o conversaciones significativas, trabajar, etc.

Estos aspectos a su vez afectan al ánimo, probablemente acompañado de valoraciones más negativas sobre sí mismo y su futuro (“no soy capaz”, “no puedo más”, “seguiré así el resto de la vida”…). De la misma forma, el bajo estado anímico puede derivar en mayor frecuencia de pensamientos catastróficos, preocupaciones y miedos.

Consejos para el tratamiento de la ansiedad y depresión

Sabemos que el diagnóstico suena como algo inmodificable, pero todos los problemas psicológicos se pueden modificar y tratar, de ahí la importancia de entender sus influencias contextuales y el peso de nuestras actuaciones en la génesis y mantenimiento del problema.

Sin duda, lo más fiable para tratar cualquier trastorno de ansiedad o depresión es enseñar herramientas para salir de las propias dinámicas y comportamientos disfuncionales. Paso a paso, se abordarán también los elementos únicos como puede ser la activación fisiológica en la ansiedad, o la anhedonia e indefensión en la depresión; así como los comunes (irritabilidad, preocupación, fatiga, insomnio, agitación, llanto…) que requieran mayor atención. Este proceso no es una tarea sencilla, de ahí la importancia de un buen análisis individual y funcional de la historia personal con sus condicionantes emocionales. Puedes consultar a un psicólogo si necesitas ayuda.

Referencias
  • Barlow, D. H., Allen, L. B., & Choate, M. L. (2016). Toward a unified treatment for emotional disorders–republished article. Behavior therapy, 47(6), 838-853.
  • Barlow, D. H., Sauer-Zavala, S., Carl, J. R., Bullis, J. R., & Ellard, K. K. (2014). The nature, diagnosis, and treatment of neuroticism: Back to the future. Clinical Psychological Science, 2(3), 344-365.
  • Belloch, A., Sandín, B. y Ramos F. (Eds.) (2020). Manual de Psicopatología (3ª edición). Vol. II. Madrid: McGraw Hill Interamericana.
  • Clark, L. A., & Watson, D. (1991). Tripartite model of anxiety and depression: psychometric evidence and taxonomic implications. Journal of abnormal psychology, 100(3), 316.
  • Organización Mundial de la Salud (2022). Trastornos mentales: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-disorders
  • Organización Panamericana de la Salud. (2017). Depresión y otros trastornos mentales comunes. Estimaciones sanitarias mundiales. Pan American Health Organization/World Health Organization.

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