Sentir que no eres lo suficientemente bueno, creer que tu éxito se debe únicamente a la suerte y temer que, tarde o temprano, los demás descubran que no sabes tanto como aparentas, es una experiencia más común de lo que imaginas. A pesar de los éxitos académicos, profesionales o personales, muchas personas conviven con una constante sensación de autoexigencia, inseguridad y miedo al fracaso. Esta vivencia genera un profundo malestar emocional en la persona que lo padece, pudiendo llegar a limitar la toma de decisiones, el disfrute de los propios logros y la calidad de vida.
Este fenómeno se conoce como síndrome del impostor y aunque no se trata de un trastorno psicológico reconocido como diagnóstico clínico, sí es una experiencia ampliamente estudiada por la psicología que puede afectar de forma considerable al bienestar emocional, la autoestima y la salud mental (Clance y Imes, 1978). A lo largo del artículo exploraremos en qué consiste, cuáles son sus señales más frecuentes, por qué aparece y qué estrategias pueden ayudar a gestionarlo.
El término “síndrome del impostor” fue acuñado en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes. A través de sus investigaciones al respecto, observaron que muchas personas altamente capacitadas tendían a atribuir sus logros a factores externos, como la suerte o la ayuda de otros, en lugar de reconocer factores internos como su propia capacidad o esfuerzo.
Quienes experimentan este síndrome suelen pensar que no son merecedores de sus éxitos y, en consecuencia, viven con el miedo constante de ser “descubiertos” como un fraude, es decir, que los otros descubran que esa persona es un “impostor”. Esta percepción interna de falsedad intelectual puede llevar incluso a rechazar o evitar nuevas oportunidades de crecimiento, aumentando así el malestar interno y disminuyendo progresivamente la autoestima (Bogiaizian, 2018).
Aunque inicialmente el estudio se llevó a cabo en mujeres con alto rendimiento académico, investigaciones posteriores han demostrado que puede afectar a personas de cualquier edad, género y contexto sociocultural. De hecho, se estima que alrededor del 70% de las personas lo han experimentado en algún momento de su vida, aunque es más común entre las personas que alcanzan mayores niveles de éxito (Hibberd, 2024).
El síndrome del impostor puede desencadenarse ante cualquier tarea relacionada con los logros o la aprobación, o bien como resultado de sentirse inseguro respecto a los propios conocimientos o habilidades, especialmente cuando aumentan las responsabilidades y se trata de un entorno competitivo (Lezama, 2023).
Estudios como los de Mann (2020), sugieren que esta experiencia psicológica suele manifestarse con mayor intensidad en épocas de transición o cambio, o cuando nos enfrentamos a nuevos retos, como un nuevo trabajo o proyecto, es decir, en situaciones que implican salir de la zona de confort y adentrarse en nuevas rutinas.
Esta vivencia genera un profundo malestar emocional en la persona que lo padece.El síndrome del impostor no se manifiesta de la misma manera en todas las personas, pero existen algunas señales comunes que pueden ayudar a identificarlo:
Dificultad para aceptar elogios
Tienden a minimizar los logros que han obtenido, ya que sienten que no son merecedores de ellos.
Atribuyen sus éxitos a factores externos
Piensan que sus logros o éxitos son gracias a la suerte, al contexto o a la ayuda de los demás.
Sufren de un miedo constante al error y a ser descubiertos
Existe una preocupación persistente por cometer errores. En consecuencia, tienden a procrastinar proyectos importantes debido al temor que les genera el juicio externo y la posibilidad de ser descubiertos como “impostores”.
Alta autoexigencia y perfeccionismo
Las personas sienten que nunca son suficientes, aunque cumplan o incluso superen las expectativas establecidas.
Se manifiesta en razón de las altas exigencias, porque temen que otros descubran que no son tan competentes como aparentan.
Comparación constante
Se tiende a compararse con los demás, y siempre se sale perdiendo, infravalorando las propias capacidades frente a las de otros.
Sensación de fraude
Sienten constantemente que están engañando a los demás porque consideran que no merecen los reconocimientos o logros que han obtenidos.
No existe una única causa que explique la aparición del síndrome del impostor. En la mayoría de los casos, se trata de una combinación de factores personales, familiares, sociales y culturales que influyen en la forma en que la persona percibe sus capacidades o logros. A continuación, se describen algunos de los factores más habituales que pueden favorecer su desarrollo:
Estilos educativos y familiares
Crecer en entornos muy exigentes, donde el éxito es muy importante o, por el contrario, recibir mensajes contradictorios sobre el propio valor personal puede favorecer una autoestima basada en el rendimiento. En estos casos, es más fácil desarrollar inseguridad incluso ante el éxito.
Perfeccionismo y creencias limitantes
Las personas con expectativas muy altas suelen interpretar cualquier error como una señal de incompetencia o fracaso personal. Esta sensación de todo o nada, suele reforzar la idea de no ser suficiente.
Presión social y laboral
Vivimos en una sociedad altamente competitiva, donde el éxito suele mostrarse de manera idealizada, especialmente en las redes sociales. La exposición constante a comparaciones poco realistas puede intensificar la sensación de no estar a la altura.
Cambios vitales o nuevos retos
Nuevas situaciones como un ascenso, un cambio de trabajo, el inicio de nuevos estudios o la asunción de mayores responsabilidades pueden activar el síndrome del impostor, incluso en personas que no lo habían experimentado previamente.
Antecedentes de malas experiencias
Haber tenido en el pasado malos resultados o experiencias negativas, puede aumentar la probabilidad de que este síndrome se desencadene con más facilidad en el futuro.
A continuación, se presentan algunas estrategias útiles para afrontar el síndrome del impostor:
El síndrome del impostor es una experiencia psicológica frecuente que puede afectar a cualquier persona, independientemente de la edad, el contexto o su nivel de éxito o preparación. Existe una percepción distorsionada de uno mismo, la cual genera esa sensación de sentirse insuficiente, dudar de las propias capacidades o vivir con un miedo constante al fracaso.
Comprender qué es, identificar sus señales y conocer sus causas es el primer paso para gestionarlo mejor. Con estrategias adecuadas y, si es necesario, con ayuda profesional, es posible fortalecer la autoestima, reducir la autoexigencia y desarrollar una relación más amable con uno mismo. No dudes en pedir cita con un psicólogo si estás sufriendo .
Bogiaizian, D. (2018). Síndrome del impostor: teoría, evaluación e implicancias clínicas. En X Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XXV Jornadas de Investigación XIV Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. https://www.aacademica.org/000-122/42
Clance, P. y Imes, S. (1978). The impostor phenomenon in high achieving women: dynamics and therapeutic intervention. Psychotherapy, research and practice, 15, 241-247.
Hibberd, J. (2024). El síndrome del impostor: Cómo dejar de sentirse un fraude y escapar de nuestra propia trampa mental. Editorial AMAT.
Lezama, C. R. Q. (2023). El síndrome del impostor en relación con la enseñanza: limitantes, factores y consecuencias para alcanzar un aprendizaje integral. Revista Científica Disciplinares, 2(3), 25-25. https://doi.org/10.71727/disciplinares.v2i3.134
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