A día de hoy, nadie puede asegurar cuál va a ser el futuro de la IA, para qué se podrá utilizar o para qué no. Sin embargo, llevo un tiempo investigándola y revisándola, preguntándome cuál puede ser su función y si puede actuar como un terapeuta. La he usado, la he explorado y he llegado a algunas conclusiones. La última conclusión es la más importante de todas.
Esta es la capacidad de estar contigo en los momentos de dolor, a veces ayudándote, a veces dando espacio y silencio antes de intervenir. Hay ocasiones en las que no decir nada es la mejor respuesta. Otras veces, lo adecuado es decir algo permitiéndote estar previamente en silencio. Una IA da siempre una respuesta cuando haces clic en enviar.
Cuando se trabaja con alguien, la lectura del cuerpo es fundamental: movimientos, posición, lágrimas, volumen y velocidad a la que hablas. Todo ello es información, y la respuesta que da un terapeuta se adapta a ti. El trabajo con las personas no es solo hablar: observar es importante. De hecho, es una de las partes fundamentales antes de intervenir. Se observa no solo lo que se dice, sino cómo se dice, cuándo se dice y qué lo acompaña.
La IA no entra en terrenos experienciales. Hay ocasiones en las que realizamos determinados ejercicios, dando instrucciones, introduciendo pausas y elementos, y permitiendo el movimiento. La IA se centra únicamente en el lenguaje. Muchas veces los cambios aparecen cuando se conecta con el cuerpo. Nuestra mente, a veces, nos puede bombardear con palabras, y una de las formas de desconectar de ella es yendo al cuerpo y a las sensaciones. La IA, por el momento, es un sistema de lenguaje generativo.
La IA es demasiado accesible, llegando incluso a ser una trampa. Hay ocasiones en las que es necesario tolerar ciertos niveles de malestar, permitir transitarlos para encontrar respuestas. Muchas veces, las personas llegan a los psicólogos con estrategias ineficaces y buscan, precisamente, aprender otras para salir de su situación. Sin embargo, tener la capacidad de acceder a una IA y usarla como “psicólogo” puede convertirse en otra estrategia más, no solo por su uso, sino por estar accesible en todo momento.
La IA es demasiado accesible, llegando incluso a ser una trampa.Los psicólogos debemos observar y aplicar respuestas: no respondemos solo a las palabras, sino a lo que hay detrás de ellas. Es decir, muchas veces no somos literales. No respondemos únicamente a lo que se está diciendo, sino que vamos más allá del discurso. La IA puede llegar a ser muy literal y no leer significados que no están presentes en las propias palabras, sino en el momento en el que se dicen y para qué se dicen.
Por último, el más importante de todos. A veces, las problemáticas de las personas se replican en el vínculo terapéutico. Los psicólogos, en estos casos, funcionan como espejo para trabajar la dificultad que las personas presentan fuera de consulta. En muchas ocasiones, el problema necesita de otra persona real para poder abordarse y, la solución es, inicialmente, bastante incómoda. La IA no es ningún vínculo, no es una persona. Además, parece existir un sesgo positivista en las respuestas, lo cual dificulta que se pueda confrontar al paciente para que pueda solucionar el problema.
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