Artículos 21 julio 2025

Burnout: cuando el trabajo apaga tu vida

Carlos Postigo Moreno Psicólogo
Carlos Postigo Moreno
Psicólogo

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¿Te levantas cada mañana con una sensación de agotamiento profundo, incluso después de haber dormido? ¿Sientes que todo te cuesta más, que has perdido la motivación o que tu rendimiento ha bajado sin motivo aparente? Si te reconoces en esto, es posible que no estés “estresado sin más”, sino atravesando algo más serio: el burnout.

El “burnout” o “síndrome de desgaste profesional” ha dejado de ser un término reservado a entornos sanitarios o corporativos para convertirse en una realidad que afecta a millones de personas en todo tipo de empleos. Según la Organización Mundial de la Salud, el burnout es una condición asociada al estrés laboral crónico que no ha sido gestionado con éxito. En 2019, la OMS lo reconoció oficialmente como un fenómeno ocupacional, y desde entonces, la conversación sobre salud mental en el trabajo ha tomado una relevancia urgente.

En España, un estudio de InfoJobs y ESADE en 2023 reveló que el 42% de los trabajadores reconocen haber sufrido burnout alguna vez en su carrera. Y el problema va en aumento, sobre todo en profesiones de ayuda, entre autónomos, emprendedores, y personas que cuidan de otros. Porque no es solo “estar cansado”: es sentirse vacío, quemado, atrapado.

Qué es exactamente el burnout

El burnout no aparece de la noche a la mañana. Es el resultado de una acumulación prolongada de estrés, presión, exigencias internas y externas, sin espacios reales de descanso, autocuidado o desconexión. Y aunque muchas veces intentamos seguir adelante “como si nada”, el cuerpo y la mente terminan por pasar factura.

El burnout se caracteriza por tres grandes dimensiones según Christina Maslach, una de las investigadoras más reconocidas sobre el tema:

  1. Agotamiento emocional: sensación de estar “drenado”, sin energía ni recursos internos. Las tareas más simples se hacen cuesta arriba.
  2. Despersonalización o cinismo: una actitud de distancia emocional, indiferencia o irritación hacia el trabajo, los compañeros o los clientes.
  3. Baja realización personal: sensación de que lo que haces no tiene sentido, que no estás aportando nada, o que nunca es suficiente.

Lo peligroso es que muchas personas no identifican el burnout hasta que es demasiado tarde. Lo normalizan. Lo camuflan. O simplemente se dicen a sí mismas: “es lo que toca”. Pero no: vivir así no debería ser normal.

Causas comunes (y a veces invisibles)

El burnout no siempre tiene una causa única. Suele ser el resultado de una combinación de factores individuales, laborales y sociales. Algunas causas frecuentes incluyen:

  • Sobrecarga de trabajo constante, sin pausas ni reconocimiento.
  • Ambientes laborales tóxicos o muy exigentes, donde hay presión pero no apoyo.
  • Falta de autonomía o sentido, cuando lo que haces no conecta contigo o sientes que no puedes decidir nada.
  • Desajuste entre esfuerzo y recompensa, tanto a nivel económico como emocional.
  • Perfeccionismo interno o autoexigencia excesiva: muchas veces, somos nuestros peores jefes.
  • Falta de límites claros entre trabajo y vida personal, especialmente con el teletrabajo o en los proyectos propios.

Lo más duro es que muchas personas que sufren burnout lo hacen en silencio, porque sienten culpa por no “aguantar”, vergüenza por no rendir como antes o miedo a parecer débiles. Pero ten en cuenta que el burnout no es una señal de debilidad, es una señal de alarma.

mujer camisa cuadros sentada sofa ordenador burnout No estás aquí solo para producir, rendir y cumplir expectativas externas.

El cuerpo también habla

El burnout no solo afecta a nivel mental. Tiene consecuencias físicas reales y medibles. Algunas de las más comunes son:

  • Dolores musculares o de cabeza frecuentes.
  • Insomnio o despertares nocturnos.
  • Problemas gastrointestinales.
  • Falta de energía constante.
  • Mayor vulnerabilidad a infecciones.
  • Tensión en la mandíbula (bruxismo, taquicardias, sudoración…).

A largo plazo, puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, trastornos de ansiedad, depresión o consumo de sustancias. Por eso es tan importante detectarlo a tiempo y tomar medidas. No es solo cuestión de bienestar psicológico: es salud integral.

¿Se puede salir del burnout?

Sí. Con ayuda, con tiempo y con decisiones valientes.

El primer paso es reconocerlo, ponerle nombre. Admitir que no puedes más no es un fracaso: es un acto de honestidad y autocuidado. A partir de ahí, se abren varias líneas de acción posibles:

  • Pedir ayuda profesional: ir al psicólogo te ayudará a comprender el origen del desgaste, manejar la culpa, recuperar energía y redefinir tus prioridades.
  • Revisar tu relación con el trabajo: ¿estás viviendo para trabajar o trabajando para vivir? ¿Qué valoras de verdad?
  • Cuidar tu cuerpo: descanso real, alimentación, movimiento suave, contacto con la naturaleza… todo suma.
  • Redefinir tus límites: decir no, delegar, desconectar. Recuperar tu espacio personal.
  • Reconectar con lo que te da sentido: incluso si no puedes cambiar de trabajo, puedes cambiar cómo lo vives. A veces, pequeños cambios marcan una gran diferencia.

Recuerda: no viniste al mundo a quemarte

El burnout no es solo una crisis individual: es un síntoma de una cultura laboral que muchas veces premia la productividad por encima del bienestar. Pero tú no eres una máquina. No estás aquí solo para producir, rendir y cumplir expectativas externas.

Estás aquí para vivir. Para sentir. Para disfrutar de lo que haces y descansar sin culpa cuando lo necesitas. El agotamiento extremo no es una medalla. No es un sacrificio necesario. Es una alerta.

Reconocerlo y actuar no es rendirse: es cuidarte. Es escucharte. Es empezar a construir una forma de trabajar —y de vivir— más sostenible, más humana, más tuya.

Referencias

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