Artículos 08 junio 2026

¿Qué son las parasomnias? Tipos, causas y tratamiento

Claudia Castilla Especialista en Contenido Médico
Claudia Castilla
Especialista en Contenido Médico
Ideas clave de este artículo
  • Las parasomnias son conductas no deseadas durante el descanso que ocurren en un estado de consciencia alterado, a diferencia del insomnio.
  • Los episodios se clasifican según la fase del sueño: las fases NREM suelen causar amnesia y las fases REM permiten un recuerdo vívido.
  • Es vital buscar diagnóstico médico si los eventos causan lesiones, somnolencia diurna o sugieren posibles patologías neurológicas.
  • La higiene del sueño y la seguridad del dormitorio son fundamentales para reducir la frecuencia y el riesgo de daños durante los episodios.
  • En niños, estos fenómenos suelen ser benignos y tienden a desaparecer espontáneamente a medida que el sistema nervioso madura.

Las parasomnias constituyen un grupo heterogéneo de alteraciones del sueño que se manifiestan a través de eventos físicos, conductas o percepciones sensoriales no deseadas que ocurren durante el descanso. Estos fenómenos pueden presentarse en diversos momentos del ciclo del sueño, incluyendo el inicio del mismo, las transiciones entre fases o durante los despertares parciales. A diferencia de otros trastornos como el insomnio o la apnea, donde el problema principal es la dificultad para iniciar o mantener el sueño, en las parasomnias el individuo experimenta episodios disruptivos mientras permanece técnicamente dormido o en un estado de consciencia alterado.

A nivel general, la prevalencia de estos trastornos muestra una distribución asimétrica según la edad. Si bien las parasomnias son extremadamente comunes durante la infancia —considerándose en muchos casos una parte normal del desarrollo del sistema nervioso— su persistencia en la edad adulta o su aparición tardía requiere una evaluación clínica detallada. La identificación temprana de estos eventos es esencial para prevenir lesiones físicas, reducir la ansiedad asociada al descanso y descartar posibles patologías neurológicas subyacentes que podrían estar manifestándose a través de conductas nocturnas anómalas.

Clasificación de las parasomnias según la fase del sueño

Para comprender la naturaleza de estos trastornos, la medicina del sueño utiliza como criterio principal la fase en la que ocurren. El sueño humano se divide en dos estados principales: el sueño No-REM (NREM) y el sueño de movimientos oculares rápidos (REM). Las parasomnias se categorizan según el momento de su aparición, ya que las bases fisiológicas y las manifestaciones clínicas difieren significativamente entre una fase y otra.

A continuación, se presenta una tabla comparativa que resume las diferencias fundamentales entre las parasomnias ocurridas en las fases NREM y REM:

Característica
Parasomnias NREM
Parasomnias REM
Fase del sueño
Sueño profundo (N3)
Fase de movimientos oculares rápidos
Momento de la noche
Primer tercio de la noche
Último tercio de la noche
Recuerdo posterior
Generalmente nulo (amnesia)
Recuerdo vívido y detallado
Conductas típicas
Caminar, comer, hablar confuso
Representación de sueños, golpes
Nivel de alerta
Muy bajo, difícil de despertar
Alerta inmediata al despertar

Parasomnias del despertar (NREM)

Estas alteraciones surgen fundamentalmente durante la fase de sueño profundo, también conocida como fase N3. Se caracterizan por un fenómeno denominado despertar incompleto, donde el cerebro se encuentra atrapado en un estado intermedio entre la vigilia y el sueño profundo. Durante estos episodios, el individuo es capaz de realizar actividades motoras complejas, pero carece de consciencia plena y capacidad de juicio.

Dentro de esta categoría, se encuentran los siguientes trastornos:

  1. Sonambulismo: El sujeto se levanta de la cama y camina, pudiendo realizar acciones cotidianas como abrir puertas o incluso intentar salir de la vivienda. Los ojos suelen estar abiertos pero con una mirada fija y vidriosa.
  2. Terrores nocturnos: Se manifiestan con un grito repentino, llanto o expresiones de miedo intenso. El individuo presenta signos de activación autonómica, como taquicardia, sudoración y respiración agitada. A diferencia de las pesadillas, el paciente no suele recordar el contenido de la experiencia al día siguiente.
  3. Despertares confusionales: El individuo parece despertar pero se muestra desorientado en tiempo y espacio, con un discurso lento o incoherente y una respuesta disminuida a los estímulos externos.

Parasomnias asociadas al sueño REM

El sueño REM es el periodo donde se produce la mayor actividad onírica (sueños). En condiciones normales, el cuerpo experimenta una atonía muscular generalizada, un mecanismo de seguridad fisiológico que impide que la persona represente físicamente lo que está soñando. En las parasomnias asociadas a esta fase, este mecanismo falla o se ve alterado.

El trastorno más destacado en esta categoría es el trastorno de conducta del sueño REM (RBD, por sus siglas en inglés). En este caso, la parálisis muscular habitual desaparece, lo que permite al individuo realizar movimientos bruscos, dar puñetazos o patadas, o gritar, siguiendo el argumento de un sueño generalmente de carácter agresivo o defensivo. El estudio del RBD ha cobrado gran relevancia en las últimas décadas, ya que se ha identificado como un marcador precoz de enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Parkinson o la demencia de cuerpos de Lewy. Por otro lado, las pesadillas recurrentes también se clasifican en este grupo, aunque su manifestación es principalmente emocional y mental, provocando un despertar inmediato con plena consciencia.

Otras parasomnias y trastornos relacionados

Existen otros eventos que, aunque no siempre se ajustan estrictamente a una fase específica del sueño, se consideran trastornos de la conducta nocturna por su impacto en la calidad del descanso:

  • Bruxismo relacionado con el sueño: Actividad rítmica de los músculos masticatorios que provoca el rechinamiento o la presión de los dientes. Puede derivar en desgaste dental y dolor mandibular.
  • Somniloquia: El acto de hablar durante el sueño. Puede variar desde sonidos ininteligibles hasta frases completas y coherentes, sin que el individuo sea consciente de ello.
  • Calambres en las piernas: Contracciones musculares dolorosas e involuntarias que suelen ocurrir durante la transición al sueño o al despertar, obligando a menudo a la persona a movilizar la extremidad para obtener alivio.

Síntomas y signos de alerta

La detección de una parasomnia a menudo no recae en el propio paciente, sino en sus convivientes, debido a la amnesia que suele acompañar a estos episodios. Es fundamental prestar atención a ciertos signos de alerta que sugieren la necesidad de una evaluación especializada.

Los síntomas más frecuentes incluyen la realización de movimientos complejos y descoordinados durante la noche, vocalizaciones que van desde murmullos hasta gritos de terror, y comportamientos automáticos como comer o intentar desplazarse por la casa. Otro signo indicativo es la presencia de lesiones físicas inexplicables al despertar, como moratones o rasguños, o el desorden inusual del entorno del dormitorio. Asimismo, el cansancio excesivo durante el día (somnolencia diurna) puede ser un síntoma indirecto de que la arquitectura del sueño está siendo fragmentada por estos eventos.

mujer sentada cama colcha blanca cabeza parasomnias El proceso diagnóstico se lleva a cabo de manera multidisciplinar, generalmente liderado por especialistas en neurología.
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Causas y factores de riesgo

La etiología de las parasomnias es multifactorial, involucrando componentes genéticos, biológicos y ambientales. No existe una causa única, sino que generalmente se requiere la interacción de un factor predisponente y un factor desencadenante.

Entre los factores más comunes se encuentran:

  • Privación de sueño: La falta de descanso acumulada incrementa la presión del sueño profundo, lo que puede facilitar los despertares incompletos en las fases NREM.
  • Estrés y ansiedad: Los periodos de alta tensión emocional suelen actuar como detonantes de episodios de sonambulismo o terrores nocturnos.
  • Consumo de sustancias: El alcohol, a pesar de su efecto sedante inicial, fragmenta el sueño y altera las fases REM, aumentando la probabilidad de eventos anómalos. Ciertos medicamentos, especialmente algunos hipnóticos o antidepresivos, también se han vinculado con la aparición de parasomnias.
  • Factores genéticos: Existe una clara predisposición familiar; es frecuente que los pacientes con sonambulismo tengan parientes directos con antecedentes similares.
  • Patologías concomitantes: La presencia de otros trastornos, como la apnea obstructiva del sueño o el síndrome de piernas inquietas, puede actuar como un estímulo disruptivo que fragmenta el sueño y desencadena una parasomnia.

Diagnóstico médico en unidades de sueño

El proceso diagnóstico se lleva a cabo de manera multidisciplinar, generalmente liderado por especialistas en neurología, neurofisiología o neumología integrados en Unidades de Sueño. El objetivo es diferenciar las parasomnias de otros trastornos, como las epilepsias nocturnas, y determinar la gravedad del cuadro.

El protocolo suele iniciarse con una entrevista clínica detallada, donde el testimonio de la pareja o familiares es de gran valor. El médico puede solicitar un diario de sueño, en el que el paciente registre horarios y eventos durante varias semanas. Sin embargo, para obtener una confirmación objetiva, se emplean pruebas tecnológicas avanzadas.

A continuación se detallan las pruebas diagnósticas más comunes:

Prueba
Descripción
Utilidad principal
Polisomnografía (PSG)
Registro nocturno de variables cerebrales, musculares y respiratorias.
Diagnóstico definitivo y descarte de otras patologías.
Actigrafía
Uso de un dispositivo de muñeca que registra el movimiento durante días.
Evaluación de los ritmos circadianos y patrones de actividad.
Test de latencias múltiples
Serie de siestas programadas durante el día bajo monitorización.
Evaluación de la somnolencia diurna y sospecha de narcolepsia.
Monitorización por vídeo
Grabación sincronizada con la PSG.
Análisis detallado del comportamiento motor durante el episodio.

Tratamiento y abordaje terapéutico

El tratamiento de las parasomnias no siempre requiere la administración de fármacos. El enfoque inicial suele ser conservador, centrándose en la higiene del sueño y la seguridad del entorno. Es necesario establecer horarios regulares para acostarse y levantarse, evitar el consumo de estimulantes por la tarde y asegurar un ambiente oscuro y silencioso.

En cuanto a la seguridad ambiental, especialmente en casos de sonambulismo, se recomiendan medidas como:

  • Instalar cierres de seguridad en ventanas y puertas exteriores.
  • Retirar alfombras u objetos con los que el paciente pueda tropezar.
  • Acolchar esquinas de muebles si los episodios son muy frecuentes.

En los casos en que las parasomnias suponen un riesgo para la integridad física del paciente o de terceros, o cuando afectan severamente la calidad de vida, se puede considerar el uso de medicación. Los fármacos más utilizados suelen ser las benzodiacepinas a dosis bajas o la melatonina, siempre bajo estricta supervisión médica. Además, si se identifica una causa subyacente, como la apnea del sueño, el tratamiento de dicha condición suele reducir significativamente la frecuencia de las parasomnias.

Parasomnias en la edad pediátrica

La infancia es la etapa de la vida con mayor incidencia de parasomnias. Fenómenos como el sonambulismo o los terrores nocturnos suelen aparecer entre los 3 y los 12 años. En la gran mayoría de los casos, estos episodios son benignos y tienden a desaparecer espontáneamente a medida que el sistema nervioso central madura.

Para los padres, la recomendación principal es mantener la calma. Durante un episodio de terror nocturno, no es aconsejable intentar despertar al niño de forma brusca, ya que esto puede prolongar la confusión y aumentar el malestar. Lo ideal es acompañar al menor, evitar que se golpee y esperar a que el episodio finalice por sí solo, guiándolo suavemente de vuelta a la cama si es necesario. Si los episodios son muy frecuentes o cambian de patrón, se recomienda consultar con un pediatra especializado en medicina del sueño.

Complicaciones y prevención

Las parasomnias que no reciben un seguimiento adecuado pueden derivar en diversas complicaciones. La más inmediata es el riesgo de lesiones físicas, tanto para el paciente como para quien comparte su cama. Además, la fragmentación del sueño suele traducirse en una falta de descanso reparador, lo que impacta en el rendimiento académico o laboral, el estado de ánimo y la capacidad de concentración.

La prevención se basa fundamentalmente en la estabilidad de los hábitos. Reducir los niveles de estrés mediante técnicas de relajación antes de dormir, evitar las pantallas de luz azul y mantener un dormitorio con temperatura agradable son medidas que pueden contribuir a un sueño más estable. Es importante recordar que el sueño no es un estado pasivo, sino un proceso biológico complejo que requiere condiciones óptimas para desarrollarse sin interrupciones.

Abordar las conductas inusuales durante la noche es un paso necesario para garantizar un descanso saludable. Si se identifican comportamientos recurrentes o preocupantes, la opción más responsable es consultar a un profesional de la salud, como un psicólogo especializado en trastornos del sueño o un médico de una unidad del sueño, para recibir una evaluación personalizada y un plan de manejo adecuado que mejore el bienestar general.

Referencias

  1. Manual MSD. Trastornos del sueño: Parasomnias.

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