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Experiencia

Soy Psicóloga General Sanitaria con orientación psicoanalítica. Acompaño a adultos, adolescentes e infancias en procesos relacionados con ansiedad, autoestima, duelos, migración, vínculos, crisis vitales y malestar emocional.

Trabajo desde una escucha clínica, respetuosa y sin juicios, entendiendo que cada síntoma tiene una historia y que cada persona necesita un espacio singular para poder elaborar aquello que le ocurre. Mi objetivo es ofrecer un lugar seguro donde poner en palabras el malestar, comprenderlo y construir nuevas formas de posicionarse frente a la propia vida.

Atiendo presencialmente en Palma de Mallorca y también en modalidad online.

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Enfoque terapéutico

Psicoanálisis

Especialista en:

  • Psicología general sanitaria

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Consultas (2)

Silvina Ozuna

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Silvina Ozuna
Silvina Ozuna

Carrer Aragó, 17, 1° 1°, Llevant, Palma de Mallorca 07005

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  • J

    Me ayudo mucho con una perdida muy importante. La verdad que una persona muy empatica y clara.

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    Silvina Ozuna

    Muchas gracias Juan Manuel, un abrazo grande para ti!


  • N

    Desde el primer momento sentí una conexión muy natural con ella, lo cual para mí es fundamental en un proceso terapéutico. Esta es la segunda vez que acudo a su consulta, y reafirma aún más la confianza que tengo en su trabajo. Siempre me hace sentir comprendida, sin juicios, y sabe acompañarme incluso en los momentos en los que me cuesta expresar lo que siento.

    Valoro especialmente su capacidad para ofrecerme perspectivas diferentes, ayudándome a ver las situaciones desde otros ángulos que por mí misma no habría considerado. Sus herramientas y su forma de trabajar realmente me han ayudado, no solo a entenderme mejor, sino también a gestionar lo que me ocurre de una manera más consciente y saludable.

    Sin duda, es una profesional que transmite cercanía, empatía y seguridad, y con la que merece la pena trabajar.

     • Consulta virtual (a distancia) Terapia online  • 

    Silvina Ozuna

    Gracias Noe, ha sido un placer trabajar contigo y acompañarte en tu proceso terapéutico.!


  • J

    El espacio terapéutico es cálido, profundo y profesional. Contenta de contar con ella cada vez que necesito apoyo. Es excepcional!

     • Consulta virtual (a distancia) Terapia online  • 

  • S

    Sinceramente, yo era de las personas que no creía en los psídologos. Para nada. Pero desde que la conocí a ella, eso cambió por completo.
    Es de esas personas que aparecen en tu vida y sin darte cuenta iluminan todo lo que tenías oscuro. Te escucha, te entiende, y encima da en el clavo con un diagnóstico que tú mismo no sabías que necesitabas escuchar.
    Si, eso sí… ¡las tareas no te las quita nadie! Manda deberes como pocos, jaja.
    Lo que más valoro es que te enseña a ver la vida desde otro ángulo. No te da las respuestas, te ayuda a encontrarlas.
    Una profesional de verdad. De las que marcan la diferencia.

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  • D

    Es una muy buena profesional para tratar pérdidas.

     • Silvina  • 

  • E

    Trato profesional, sesiones efectivas. 100% recomendada

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  • Y

    Silvina destaca por su compromiso y dedicación con su trabajo. Desde el primer día conecte con ella y con la terapia.

     • otro lugar Otro  • 

  • S

    Silvina se destaca por su profesionalidad, dedicación y calidez. Es un placer haber dado con una psicóloga que realmente escucha con empatía y te ayuda a aliviar un poco las cargas que uno lleva. Feliz de haberte encontrado Silvina, gracias por todo!!

     • Silvina  • 

  • M

    Tuve una experiencia muy positiva, desde el primer momento me hizo sentir cómoda y segura. Me ayudó a ver las cosas desde otra perspectiva y a gestionar mejor la situación. La recomiendo totalmente.

     • Consulta virtual (a distancia) Terapia online  • 

  • M

    Una gran profesional. Destaca por su cercanía, sensibilidad y capacidad para generar un espacio seguro desde el primer momento. Acompaña los procesos con mucho respeto, adaptándose a las necesidades de cada persona y ofreciendo herramientas útiles para el día a día. Su forma de trabajar transmite confianza y facilita poder abrirse sin sentirse juzgado/a. Muy recomendable para quien busque un acompañamiento psicológico humano y de calidad.

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Dudas solucionadas

3 dudas solucionadas a pacientes en Doctoralia

Hay un aspecto de mí mismo que me genera bastante frustración y me gustaría conocer una perspectiva psicológica sobre ello.

Con frecuencia siento que, cuando alguien me trata mal, me falta al respeto o sobrepasa ciertos límites, no reacciono de una forma que me proteja o prevenga que la situación vuelva a repetirse. A veces no expreso mi malestar en el momento, no pongo límites claros o sigo relacionándome con personas que me han hecho daño, incluso cuando pienso que determinadas conductas no deberían haberse producido.

Por ejemplo, recuerdo una ocasión en la que pedí ayuda a un empleado de un supermercado después de haber tenido un problema con otro cliente y percibí que me respondió de forma poco adecuada. Sin embargo, no le dije que me había molestado su forma de hablar, no pedí hablar con un responsable ni presenté ninguna queja. Situaciones similares me han ocurrido en otros contextos.

Lo que me llama la atención es que, cuando pienso en ello después, siento que otras personas habrían actuado de forma más firme o habrían tomado medidas para evitar que algo parecido volviera a ocurrir. En cambio, yo suelo quedarme bloqueado, minimizar lo ocurrido o continuar la relación como si nada hubiera pasado.

¿Puede haber factores psicológicos que expliquen esta dificultad para reaccionar o protegerse en determinadas situaciones? ¿Está relacionado con la asertividad, el miedo al conflicto, la necesidad de aprobación o podrían existir otras explicaciones? Y, sobre todo, ¿cómo puede trabajarse para aprender a poner límites de una forma más efectiva?

En primer lugar te agradezco por tu valentía a la hora de tomar la iniciativa y buscar una posible respuesta a tu malestar.
Sí, pueden existir distintos factores psicológicos que expliquen esta dificultad, y no necesariamente tiene que ver con “falta de carácter” o con no saber defenderse. Muchas veces, ante una situación vivida como invasiva, injusta o agresiva, la respuesta no es luchar, sino bloquearse, callar, minimizar o intentar que el conflicto pase rápido. Es una forma de protección, aunque después genere frustración.
Puede estar relacionado con la asertividad, sí, pero también con el miedo al conflicto, la necesidad de aprobación, la culpa, experiencias previas donde expresar enojo no fue bien recibido, o con haber aprendido a priorizar la tranquilidad del otro por encima del propio malestar. A veces la persona no registra en el momento lo que siente, sino después, cuando ya está sola y puede pensar: “tendría que haber dicho algo”.
Desde una perspectiva psicológica, lo importante no es juzgar la reacción, sino preguntarse qué se pone en juego ahí: ¿qué temo que pase si marco un límite?, ¿siento que exagero?, ¿me cuesta autorizar mi enojo?, ¿me preocupa quedar como una persona conflictiva?, ¿me resulta difícil reconocer que algo me dolió?
Trabajarlo implica, por un lado, fortalecer recursos concretos de comunicación: aprender a decir frases simples como “esto me incomoda”, “prefiero que me hables de otra manera”, “no estoy de acuerdo” o “necesito pensarlo antes de responder”. Pero también implica comprender de dónde viene esa dificultad para defender el propio lugar.
Poner límites no significa responder de forma agresiva ni entrar en confrontación permanente. Significa poder reconocer el propio malestar y darle un valor. En terapia se puede trabajar justamente eso: identificar las situaciones que activan el bloqueo, registrar las señales corporales y emocionales, revisar patrones vinculares repetidos y construir formas más cuidadas, firmes y propias de responder. El objetivo no es convertirse en alguien duro, sino en alguien que pueda cuidarse sin sentirse culpable por hacerlo.

 Silvina Ozuna

Buenos días. Llevo 6 meses con mi novio y siempre nos hemos llevado muy bien. Hubo un punto hace dos meses en que yo empecé con una racha de apego ansioso que ya había sufrido en otras relaciones. Desde entonces poco ha cambiado pero si es cierto que cuanto más detrás suyo voy más se agobia porque necesita su espacio. Lo que más me preocupa es que antes cuando le quería comentar algo que me molestaba o me dolía siempre me escuchaba las veces que hiciera falta, pedía perdón a la mínima y se solucionaba todo bastante fácil. Últimamente todas las discusiones que tenemos no es por ningún tema en concreto sino por cómo nos hablamos: él se exalta y empieza q poner caras o gestos que a mí me hacen sentir mal y yo insisto en que vea que eso no está bien y él se agobia y se aleja. Estoy haciendo mucho esfuerzo en trabajar que no todo es urgente y en respetar que él también tiene sus momentos de agobio y que no es necesario hablarlo todo ya. Pero me duele mucho cada vez que hablamos y pone los ojos en blanco, o hablamos y resopla. Ayer lo único que le pedí fue que cuando necesitase espacio o que parase necesitaba que me lo dijera tal cual, y que si se había enterado. Y ya empezó a alargar las frases como “siiiiii”, “vaaaaale”. O me preguntaba como cansado “venga vale cuéntameloo…” cuando lo que tenía que contarle era algo que debía incumbirnos q ambos.

Primero darte las gracias por animarte a consultar sobre algo tan intimo e importante para ti e intentar buscar respuestas para estar mejor.
Lo que describes parece mostrar una dinámica vincular que se está repitiendo y que os genera sufrimiento a ambos: cuanto más insegura o angustiada te sientes, más necesitas hablar, aclarar o reparar; y cuanto más intentas acercarte desde esa urgencia, más parece agobiarse él y tomar distancia. Esa distancia, a su vez, puede activar todavía más tu ansiedad.
Ahora bien, que tú puedas reconocer tu apego ansioso y estés haciendo un trabajo para no vivirlo todo como urgente es muy valioso. Pero eso no significa que tengas que aceptar cualquier forma de respuesta. Que tu pareja necesite espacio puede ser legítimo; que lo pida con gestos de desprecio, ironía, resoplidos o poniendo los ojos en blanco, puede resultar muy doloroso e invalidante.
Desde una mirada psicológica, sería importante no reducirlo solo a “yo soy ansiosa y él necesita espacio”. La pregunta también sería: ¿qué se despierta en ti cuando él se aleja o responde con fastidio?, ¿qué lugar ocupas tú en ese momento?, ¿sientes que tienes que insistir para que tu malestar exista para el otro? Y también: ¿qué le ocurre a él cuando siente que se le demanda una respuesta emocional inmediata?
En una relación sana no se trata de hablarlo todo en el instante, pero tampoco de dejar al otro sintiéndose ridiculizado o pesado por necesitar hablar. Podría ser útil construir acuerdos muy concretos, por ejemplo: “si uno de los dos se satura, puede pedir una pausa, pero debe decir cuándo se retomará la conversación”. Algo como: “ahora estoy agobiado, necesito parar, pero lo hablamos esta tarde” es muy distinto a responder con desgana o burla.
También sería importante que puedas diferenciar cuándo estás pidiendo algo legítimo y cuándo la ansiedad te lleva a buscar una confirmación inmediata que quizás nunca calma del todo. Esa diferencia no es para culparte, sino para que puedas cuidarte mejor y no quedar atrapada en la persecución del otro.
Trabajar esto en terapia puede ayudarte a comprender qué heridas o temores se activan en el vínculo, cómo se repiten en tus relaciones y cómo empezar a construir una forma de pedir, esperar y poner límites que no te deje ni sometida al malestar ni atrapada en la urgencia. Cuidar una relación también implica cuidar la forma en la que se habla cuando algo duele.
Si estas dispuesta comenzar un espacio terapeutico, puedes contar conmigo. Un abrazo!

 Silvina Ozuna
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