Avinguda de Cubelles 58, Vilanova i La Geltrú 08800
Autoexigencia: vivir desde el “debería”
Hay personas que no paran, pero no porque quieran, sino porque sienten que tienen que hacerlo. Como si hubiera algo dentro empujando constantemente a hacer más, a hacerlo mejor, a no fallar.
El “debería” aparece en muchas formas: debería poder con todo, debería hacerlo mejor, debería no sentirme así. Y cuando no se llega, porque no siempre se llega, aparece lo de siempre: culpa, frustración, esa sensación bastante conocida de no ser suficiente.
Desde fuera muchas veces esto se ve como responsabilidad o compromiso. Incluso se valora. Pero por dentro suele haber bastante presión y poco espacio real para parar o simplemente estar.
Y aquí hay algo que no ayuda demasiado: el discurso actual de bienestar. Ese que insiste en que si te organizas mejor, si te gestionas bien o si trabajas lo suficiente en ti, acabarás encontrando una versión más equilibrada, más tranquila, más “resuelta”.
El problema es que, en alguien que ya vive desde la exigencia, todo eso se convierte en más de lo mismo. Otro lugar donde hacerlo mejor. Otra forma de no llegar.
No es solo exigencia. Es una forma de relacionarse con uno mismo. Como si siempre hubiera una parte evaluando, corrigiendo, empujando un poco más… y a la vez, bastante dificultad para sostenerse cuando algo no sale como se esperaba.
Y no, no se cambia solo diciéndose “voy a exigirme menos” o “voy a tratarme mejor”. Porque ese “debería” no aparece porque sí. Tiene historia, tiene sentido, y muchas veces está muy ligado a cómo uno aprendió a ser valorado, a encajar o a no fallar.
En terapia no se trata de eliminar la exigencia sin más, sino de entender qué función tiene, qué lugar ocupa y qué pasa cuando no está. A veces el movimiento no es exigirte menos, sino poder estar contigo de otra manera cuando no llegas.
26/03/2026