Artículos 07 julio 2026

Cómo ayudar a los bebés a dormir con calor y seguridad

Claudia Castilla Especialista en Contenido Médico
Claudia Castilla
Especialista en Contenido Médico
Ideas clave de este artículo
  • Revisa la nuca o el pecho para saber si el bebé tiene calor, ya que las extremidades suelen estar más frías por su sistema circulatorio.
  • Mantén un ambiente fresco y bien ventilado usando aire acondicionado o ventiladores de forma indirecta, sin que el flujo de aire dé a la cuna.
  • Utiliza ropa de fibras naturales y evita mantas sueltas para prevenir el sobrecalentamiento y minimizar los riesgos durante el descanso.
  • No cubras el cochecito con telas o muselinas, ya que impiden la circulación del aire y provocan un aumento de temperatura muy peligroso.
  • Asegura la hidratación mediante tomas más frecuentes, ofreciendo solo leche materna o de fórmula a los lactantes menores de seis meses.

El descanso infantil durante los meses de verano representa un desafío significativo para las familias. Las altas temperaturas no solo interfieren en la consolidación del sueño, sino que también pueden comprometer la seguridad del lactante si no se gestionan de manera adecuada. El mantenimiento de un entorno fresco y seguro, conociendo algunos trucos para dormir con calor, es fundamental para prevenir riesgos asociados al sobrecalentamiento, una condición vinculada directamente con el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL).

Este artículo ofrece información detallada para asegurar el bienestar térmico de los recién nacidos y lactantes durante los episodios de calor intenso. Se abordan desde los mecanismos fisiológicos de la termorregulación infantil hasta medidas prácticas de climatización y vestimenta, basándose siempre en las recomendaciones de organismos de salud internacionales. El objetivo es proporcionar herramientas informativas que faciliten la toma de decisiones responsables en el hogar.

¿Por qué el calor afecta más al sueño de los bebés?

La vulnerabilidad de los lactantes ante las altas temperaturas se explica por la inmadurez de su sistema biológico. A diferencia de los adultos, los recién nacidos poseen un sistema de termorregulación inmaduro. El hipotálamo, que actúa como el termostato del cuerpo, aún no es plenamente eficiente en la coordinación de los mecanismos de pérdida de calor.

Existen varios factores fisiológicos que incrementan este riesgo:

  • Superficie corporal: Los bebés tienen una superficie corporal mayor en relación con su peso total que los adultos. Esto significa que absorben el calor del ambiente con mayor rapidez.
  • Capacidad de sudoración limitada: Las glándulas sudoríparas no están completamente desarrolladas al nacer. El sudor es el mecanismo principal del cuerpo para enfriarse mediante la evaporación; al estar limitado, el bebé tiene mayores dificultades para liberar el exceso de energía térmica.
  • Menor reserva de fluidos: Debido de su pequeño tamaño, los lactantes pueden deshidratarse con mayor facilidad ante una transpiración excesiva, lo que agrava la incapacidad del cuerpo para regular su temperatura.

Cuando un bebé experimenta un exceso de calor, su organismo entra en un estado de estrés que dificulta la entrada en las fases de sueño profundo. El malestar físico provoca despertares frecuentes e irritabilidad, lo que altera el ritmo circadiano y el descanso de todo el núcleo familiar.

Cómo saber si el bebé tiene calor: señales de alerta

Es una práctica común entre los cuidadores intentar determinar la temperatura de un bebé tocando sus manos o pies. Sin embargo, esta técnica es engañosa, ya que las extremidades suelen estar más frías debido a una circulación periférica aún en desarrollo. Para obtener una valoración real del estado térmico, se deben observar otras zonas del cuerpo.

Los indicadores más fiables de sobrecalentamiento son:

  1. La nuca y el pecho: Estas áreas deben estar templadas y secas. Si la nuca se siente sudorosa, húmeda o excesivamente caliente al tacto, es una señal inequequívoca de que el bebé necesita menos ropa o un ambiente más fresco.
  2. Coloración de la piel: El enrojecimiento de las mejillas o la aparición de un sarpullido por calor (miliaria), caracterizado por pequeños puntos rojos en el cuello o torso, indica que el cuerpo está intentando liberar calor de forma ineficiente.
  3. Estado de ánimo y energía: Un bebé que se muestra inusualmente apático, letárgico o, por el contrario, extremadamente irritable y difícil de consolar, podría estar sufriendo los efectos del calor en el sueño.
  4. Frecuencia respiratoria: Una respiración más rápida de lo habitual sin causa aparente (como el llanto) puede ser un mecanismo compensatorio para intentar enfriar el cuerpo.

En caso de detectar estos signos, es necesario actuar de inmediato retirando capas de ropa o trasladando al lactante a una estancia con mejor climatización.

La temperatura ideal en la habitación del bebé

Lograr un equilibrio térmico en el dormitorio es esencial para un sueño reparador y seguro. Diversas asociaciones de pediatría y organismos internacionales sugieren que la temperatura ideal para dormir infantil oscila entre los 20°C y 22°C. No obstante, durante las olas de calor, mantener estos valores puede ser difícil, por lo que se considera aceptable un rango de hasta 24°C o 25°C, siempre que se garantice una ventilación adecuada.

Para gestionar la temperatura ambiental de forma eficaz, se recomiendan las siguientes acciones:

  • Uso de termómetros ambientales: No se debe confiar únicamente en la sensación térmica subjetiva de los adultos. Disponer de un termómetro digital en la habitación del bebé permite monitorizar con precisión los cambios de temperatura durante la noche.
  • Gestión de la ventilación: Se aconseja ventilar la estancia a primera hora de la mañana o a última de la tarde, cuando el aire exterior es más fresco. Durante las horas de máxima radiación solar, es preferible mantener las persianas bajadas y las ventanas cerradas para evitar la entrada de calor.
  • Circulación de aire: Mantener la puerta del dormitorio abierta puede facilitar el flujo de aire y evitar que el calor se estanque en una habitación pequeña.

Cómo vestir al bebé para dormir según la temperatura

La elección de la indumentaria nocturna debe basarse en la temperatura real de la habitación y no en la estación del año. El uso de fibras naturales, como el algodón 100%, es preferible sobre los tejidos sintéticos, ya que permiten una mejor transpiración y absorción de la humedad.

Un concepto técnico útil para los padres es el valor TOG (Thermal Overall Grade), que mide la resistencia térmica de los sacos de dormir para bebés. A mayor número TOG, mayor capacidad de abrigo tiene la prenda.

A continuación, se presenta una tabla de referencia para adaptar la vestimenta según los grados centígrados del dormitorio:

Temperatura ambiente
Vestimenta recomendada
Valor TOG del saco
Más de 26°C
Solo pañal o body de manga corta muy fino
No se recomienda saco
24°C - 25°C
Body de manga corta de algodón
0.5 TOG (opcional)
22°C - 23°C
Pijama de algodón de una pieza (fino)
0.5 a 1.0 TOG
20°C - 21°C
Body de manga larga y pijama
1.0 a 1.5 TOG

Se debe evitar el uso de mantas, sábanas sueltas o edredones en la cuna de los bebés menores de un año, ya que aumentan el riesgo de asfixia y sobrecalentamiento. El saco de dormir es la opción más segura, siempre que se elija el grosor adecuado para la temperatura de la estancia.

bebé lindo con un peluche Ofrecer agua a un lactante pequeño puede provocar un desequilibrio de electrolitos (hiponatremia) y reducir su ingesta calórica necesaria.
Cuida de tu salud con los que más saben
Reserva tu cita online
Reserva online →

Uso seguro de aire acondicionado y ventiladores

Existe un debate recurrente sobre la conveniencia de utilizar sistemas de refrigeración en el cuarto de los niños. La evidencia médica indica que el uso de aire acondicionado o de un ventilador para dormir no es perjudicial por sí mismo; de hecho, puede ser una medida protectora contra el SMSL al evitar el exceso de calor. La clave reside en su uso correcto.

Directrices para el aire acondicionado:

  • Evitar el flujo directo: La rejilla de salida nunca debe apuntar directamente hacia la cuna. El aire debe enfriar la estancia de forma indirecta.
  • Mantenimiento de filtros: Es relevante limpiar los filtros con regularidad para evitar la acumulación de ácaros, polen y bacterias que podrían afectar al sistema respiratorio del lactante.
  • Control de la humedad: El aire acondicionado tiende a resecar el ambiente. Si la humedad baja del 40%, se puede considerar el uso de un humidificador de vapor frío para mantener las mucosas hidratadas.

Directrices para el ventilador:

  • Uso como circulador de aire: El ventilador no enfría el aire, sino que lo mueve. Ayuda a la evaporación del sudor y refresca la piel.
  • Modo oscilante: Se recomienda utilizarlo en modo oscilante y a una velocidad baja para mantener una brisa suave y constante en la habitación, sin que el flujo sea agresivo para el bebé.

Hidratación y alimentación en noches calurosas

El aumento de las temperaturas incrementa las necesidades hídricas del organismo. En el caso de los lactantes, la gestión de la hidratación difiere según la edad y el tipo de alimentación.

Para los bebés menores de seis meses que reciben lactancia materna exclusiva, no es necesario ni recomendable ofrecer agua. La leche materna contiene un alto porcentaje de agua (cerca del 88%) y su composición varía al inicio de la toma para ser más fluida y calmar la sed del bebé. En noches de mucho calor, es normal que el lactante demande tomas más frecuentes pero de menor duración; esto se conoce como tomas de hidratación.

En el caso de bebés alimentados con leche de fórmula, también se debe aumentar la frecuencia si se observan signos de sed, respetando siempre las proporciones de preparación indicadas por el fabricante para no sobrecargar los riñones.

Puntos fundamentales sobre la hidratación:

  • Prohibición de agua antes de los 6 meses: Ofrecer agua a un lactante pequeño puede provocar un desequilibrio de electrolitos (hiponatremia) y reducir su ingesta calórica necesaria.
  • Alimentación complementaria: A partir de los seis meses, cuando ya se han introducido alimentos sólidos, se puede y debe ofrecer agua de manera regular, especialmente durante los días de calor intenso.

Trucos prácticos para refrescar el ambiente antes de acostarlo

Además de la climatización artificial, existen métodos tradicionales y preventivos que contribuyen a mejorar el confort térmico del entorno de descanso.

  1. El baño de agua tibia: Un baño antes de dormir puede ayudar a bajar la temperatura corporal del bebé. Es un error común utilizar agua fría, ya que esto puede provocar una vasoconstricción periférica que dificulte la pérdida de calor o causar un choque térmico desagradable. El agua debe estar tibia (aprox. 36°C) para inducir la relajación.
  2. Materiales del colchón: Es preferible utilizar protectores de colchón que no sean de plástico, ya que estos materiales no transpiran y generan mucho calor. Se recomiendan protectores de algodón orgánico o tejidos técnicos 3D que permitan la circulación del aire bajo el cuerpo del bebé.
  3. Retirar accesorios innecesarios: Durante el verano, es conveniente quitar de la cuna cualquier elemento decorativo, protectores de barandilla acolchados o peluches que puedan obstaculizar la ventilación natural dentro del espacio de sueño.
  4. Ropa de cama de fibras naturales: Las sábanas de la cuna (siempre bien ajustadas al colchón) deben ser de algodón o lino, materiales que permanecen frescos al tacto.

Errores frecuentes que ponen en riesgo al bebé

En el intento por proteger a los niños del calor o de agentes externos, a veces se cometen errores que pueden ser peligrosos. Identificarlos es un paso fundamental para la seguridad infantil.

  • Cubrir el cochecito con muselinas: Un error muy extendido es tapar el carrito o la silla de paseo con una gasa o muselina para proteger al bebé del sol. Estudios han demostrado que esto crea un “efecto invernadero”, elevando la temperatura dentro del habitáculo hasta niveles peligrosos en pocos minutos y reduciendo la circulación de oxígeno. Es preferible usar sombrillas que permitan el flujo de aire.
  • Miedo a las corrientes de aire: Aunque se deben evitar flujos directos de aire helado, el miedo excesivo a las corrientes suele llevar a cerrar por completo las habitaciones, provocando un estancamiento del aire caliente y aumentando el riesgo de sobrecalentamiento.
  • Exceso de abrigo nocturno: Pensar que el bebé tendrá frío de madrugada si el aire acondicionado está encendido a menudo conduce a vestirlo con pijamas demasiado gruesos. Es mejor vestir al bebé de forma ligera y ajustar la temperatura del dispositivo.

Rutina de sueño adaptada al verano

El verano implica días más largos y una mayor exposición a la luz solar hasta altas horas de la tarde. Esto puede alterar la producción de melatonina, la hormona responsable del sueño. Ajustar la rutina diaria puede facilitar la transición al descanso.

Se recomienda iniciar la rutina de “bajada de revoluciones” un poco antes, manteniendo la casa en penumbra y realizando actividades tranquilas. Al reducir la actividad física antes de acostar al bebé, se ayuda a que su frecuencia cardíaca y su temperatura basal desciendan, lo que facilita el inicio del sueño. El mantenimiento de horarios consistentes, incluso durante las vacaciones, proporciona al lactante la seguridad necesaria para descansar mejor a pesar de los cambios ambientales.

Protección adicional: mosquitos y luz

El entorno de descanso también se ve afectado por factores biológicos y lumínicos propios del estío. La presencia de insectos y la luz persistente pueden provocar microdespertares que fragmentan el sueño del bebé.

  • Gestión de la luz: El uso de cortinas opacas o persianas es beneficioso para simular la oscuridad necesaria para la segregación de melatonina, especialmente durante las siestas diurnas y el inicio de la noche.
  • Control de insectos: Para proteger al lactante de las picaduras sin utilizar productos químicos agresivos en el aire, la opción más recomendada es la instalación de mosquiteras en las ventanas o el uso de redes físicas sobre la cuna. Se debe asegurar que la red esté bien tensada y fuera del alcance de las manos del bebé para evitar riesgos de enredo ante la presencia de insectos.

Recomendaciones adicionales para el bienestar infantil

La gestión del calor es un aspecto dinámico que requiere una observación constante de las necesidades del lactante. Si se perciben dudas persistentes sobre el estado de hidratación o el patrón de sueño del bebé, se recomienda consultar con un pediatra para descartar cualquier alteración subyecente y recibir asesoramiento personalizado.

Referencias:

  1. Asociación Española de Pediatría (AEP). Sueño en el lactante y control térmico. 2022.
  2. Organización Mundial de la Salud (OMS). Olas de calor y salud: guía para el desarrollo de sistemas de alerta. 2015.
  3. Kandulla, N., et al. Cubrir los cochecitos: ¿es seguro? Journal of Paediatrics and Child Health. 2023.

Reserva con un médico de familia: por ciudad o directamente online


Reserva tu cita online

Reserva online →

La publicación del presente artículo en el Sitio Web de Doctoralia se hace bajo autorización expresa por parte del autor. Todos los contenidos del sitio web se encuentran debidamente protegidos por la normativa de propiedad intelectual e industrial.

El Sitio Web de Doctoralia Internet S.L. no contiene consejos médicos. El contenido de esta página y de los textos, gráficos, imágenes y otro material han sido creados únicamente con propósitos informativos, y no para sustituir consejos, diagnósticos o tratamientos médicos. Ante cualquier duda con respecto a un problema médico consulta con un especialista.


www.doctoralia.es © 2025 - Encuentra tu especialista y pide cita

Nuestra web utiliza cookies.
Sigue navegando si estás de acuerdo con nuestra política de cookies.