Claudia Castilla
Especialista en Contenido Médico
Especialista en Contenido Médico
La llegada de las altas temperaturas conlleva un cambio drástico en los hábitos de vestimenta y, fundamentalmente, en el tipo de calzado utilizado. La transición del zapato cerrado y estructurado del invierno a las chanclas o sandalias planas es un fenómeno recurrente que suele desencadenar complicaciones musculoesqueléticas. Para profundizar en este tema, puedes consultar esta guía sobre salud podológica en verano y el impacto del calzado abierto en el dolor de talón. Entre estas patologías, la fascitis plantar destaca como una de las consultas más frecuentes en las clínicas de podología y fisioterapia durante el final del verano y el inicio del otoño.
Esta afección no es simplemente una molestia pasajera, sino una respuesta inflamatoria y degenerativa de un tejido conectivo esencial para la bipedestación y la marcha. Comprender la relación entre el diseño de ciertos calzados y la integridad del pie resulta fundamental para prevenir lesiones crónicas que puedan limitar la movilidad y la calidad de vida de las personas adultas.
La fascitis plantar se define técnicamente como la inflamación, a menudo acompañada de microdesgarros, de la aponeurosis plantar. Este tejido es una banda de tejido elástico y resistente que se extiende desde el hueso calcáneo (talón) hasta la base de los dedos. Su función principal es actuar como un amortiguador biológico, manteniendo el arco longitudinal del pie y absorbiendo la energía generada durante el impacto del pie contra el suelo.
La relación con el uso de chanclas es directa y mecánica. El aumento de casos tras el periodo estival se atribuye a que este calzado carece de los elementos estructurales necesarios para dar soporte a la aponeurosis. En este sentido, es importante entender por qué el uso de calzado plano y sin sujeción puede provocar lesiones en la fascia. Al pasar de un zapato que controla el movimiento del pie a uno que ofrece una base plana y sin sujeción, la fascia se ve obligada a trabajar en condiciones de tensión excesiva. Este sobreesfuerzo prolongado durante las vacaciones termina por manifestarse en forma de dolor agudo, convirtiéndose en lo que coloquialmente se denomina la “enfermedad del verano”.
La biomecánica de la marcha se ve profundamente alterada cuando se utilizan chanclas de dedo convencionales. Al no disponer de una tira trasera que sujete el talón, el pie tiende a “bailar” dentro del calzado. Para evitar que la chancla se desprenda en cada paso, el organismo activa un mecanismo compensatorio conocido como efecto garra. Los dedos de los pies se flexionan de manera instintiva para sujetar la tira delantera, lo que genera una contracción isométrica constante.
Esta flexión forzada de los dedos incrementa la tensión en la fascia plantar de manera antinatural. Además, el ciclo de la marcha se acorta; el paso se vuelve más inseguro y el impacto del talón contra el suelo es más seco y contundente debido a la falta de material amortiguador. Con el tiempo, este estrés repetitivo produce microtraumatismos en la inserción de la fascia con el calcáneo, originando el proceso inflamatorio característico. La pérdida del mecanismo de Windlass (la elevación del arco plantar mediante la extensión del dedo gordo) es otra consecuencia directa, lo que debilita la estructura interna del pie a medio plazo.
El uso continuado de calzado excesivamente plano y abierto presenta múltiples factores que incrementan la vulnerabilidad del sistema locomotor. La arquitectura del pie humano está diseñada para distribuir el peso corporal de manera eficiente, pero requiere de un soporte externo mínimo para no colapsar ante superficies duras como el asfalto o el gres.
Entre los factores de riesgo más determinantes se encuentran:
Para que un calzado sea considerado seguro para la salud del pie, debe cumplir con ciertos requisitos técnicos que las chanclas tradicionales suelen omitir. A continuación, se presenta una comparativa de los elementos estructurales:
El síntoma predominante de la fascitis plantar es un dolor punzante localizado en la zona interna del talón. Este malestar presenta una característica clínica muy específica, asociada a los síntomas de la fascitis plantar y el característico pinchazo al dar el primer paso por la mañana tras levantarse de la cama. Esto ocurre porque, durante la noche, la fascia se acorta y se relaja; al apoyar el peso súbitamente, el tejido se estira de forma brusca, provocando una tracción dolorosa sobre el hueso.
A medida que el paciente camina, el dolor suele disminuir ligeramente debido al calentamiento del tejido, pero reaparece tras periodos prolongados de pie o al realizar actividades físicas intensas. En casos avanzados, el dolor puede extenderse hacia el arco del pie y volverse constante, interfiriendo con las actividades diarias normales. Es común que los pacientes describan la sensación como si estuvieran pisando un clavo o una piedra afilada constantemente.
Es frecuente confundir la fascitis plantar con el espolón calcáneo, aunque son condiciones distintas que a menudo coexisten. El espolón es una calcificación ósea que se forma en el talón como consecuencia de una tracción crónica y mantenida de la fascia sobre el periostio del hueso. Cuando una persona ya padece esta alteración, el uso de chanclas resulta especialmente perjudicial.
La falta de una cuña o un ligero tacón en las chanclas hace que el talón soporte una carga excesiva y desproporcionada en una posición de estiramiento máximo. En pacientes con espolón, esta distribución de presiones —que en calzado plano recae mayoritariamente sobre el retropié— genera una presión directa sobre la zona calcificada y los tejidos inflamados circundantes, exacerbando el cuadro doloroso. El uso de calzado plano sin protección retrocalcánea puede convertir una molestia manejable en una crisis inflamatoria aguda que dificulte seriamente la deambulación.
No es necesario prohibir el uso de chanclas de manera absoluta, pero sí es determinante establecer pautas para un uso responsable que minimice el riesgo de lesiones. Los expertos en podología recomiendan informarse sobre cuál es el mejor calzado de verano para evitar problemas en la planta del pie.
En los últimos años, la industria del calzado ha desarrollado alternativas que combinan la estética veraniega con principios ortopédicos. El calzado de recuperación está diseñado específicamente para aliviar la tensión tras el ejercicio físico o para personas con sensibilidad en la fascia.
Estas opciones suelen incluir una suela de grosor aumentado con materiales de alta tecnología que ofrecen una capacidad de absorción de impactos significativamente mayor que el calzado tradicional. Además, las chanclas ortopédicas cuentan con una cama para el pie (footbed) que respeta la anatomy del arco plantar y el apoyo del talón. Este diseño permite que el pie descanse en una posición neutra, evitando que la fascia se estire en exceso. El uso de estos dispositivos puede contribuir significativamente a la recuperación de tejidos dañados sin renunciar a la frescura necesaria en los meses de calor.
Cuando la prevención no ha sido suficiente y la fascitis plantar se ha instaurado, existen diversas vías clínicas y remedios para el alivio rápido del dolor de talón mediante estiramientos y terapia física. El objetivo principal es reducir la inflamación y, posteriormente, rehabilitar el tejido para que recupere su elasticidad original.
La fisioterapia manual es el pilar del tratamiento inicial, mediante técnicas de terapia manual, punción seca o vendajes funcionales (neuromusculares) que ayudan a descargar la zona. No obstante, en casos de dolor persistente o fascitis crónica que no responde al reposo, se hace necesaria la intervención con tecnologías más avanzadas.
La terapia por ondas de choque extracorpóreas se ha consolidado como una de las intervenciones más eficaces para tratar la fascitis plantar persistente, especialmente cuando el tratamiento conservador inicial no ha sido suficiente. Este tratamiento consiste en la aplicación de impulsos acústicos de alta energía sobre la zona afectada.
El mecanismo de acción de las ondas de choque produce varios beneficios:
La participación activa de la persona afectada es esencial para el éxito del tratamiento a largo plazo. Realizar una rutina de ejercicios diarios puede ayudar a flexibilizar la cadena posterior, reduciendo la tensión que el tendón de Aquiles ejerce indirectamente sobre la fascia plantar.
Algunos ejercicios recomendados incluyen:
Ignorar el dolor persistente en el talón puede derivar en una fascitis crónica, un proceso mucho más difícil de tratar que puede durar meses o incluso años. Además, caminar de manera alterada para compensar el dolor puede provocar lesiones secundarias en rodillas, cadera y zona lumbar debido al cambio en la distribución de las cargas.
Se debe consultar a un podólogo o fisioterapeuta si se presentan los indicadores detallados en la siguiente tabla:
La salud de los pies es el cimiento del bienestar general del organismo. Si se experimentan molestias persistentes tras el uso de calzado veraniego, se recomienda solicitar una valoración profesional con un especialista. Un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento personalizado son los pasos determinantes para recuperar la funcionalidad y evitar que una lesión estacional se convierta en una limitación permanente.
Referencias
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