Carrer de Llovera 53, 2-3, Reus 43201
Ayer nevó. El cielo estaba cubierto, plomizo, gris, pesado. Si no supiera que hay un espacio exterior, más allá de nuestra atmósfera, en el que se sostienen y viajan los planetas, las estrellas, galaxias…, nada me hubiera hecho pensar que en realidad existen.
Ese cielo exterior me recordó a lo importante, a lo valioso, a lo que da sentido, los valores y lo que nos importa profundamente.
Éstos, al igual que el cielo ayer, no siempre los vemos con claridad.
A veces el cielo se cubre de nubes, hay temporal, hay viento, nieva…
Y aunque el universo exterior siga ahí, desde dónde estamos no vemos nada.
Me hizo recordar que algo parecido nos pasa en nuestra experiencia.
A veces, experimentamos pensamientos que pesan: “no llego a todo”, “debería sentirme de otro modo”, “no soy suficiente…”, “no hay remedio”, “todo va a ir a peor”.
La cosa es que estos pensamientos no se sienten como lo que son: pensamientos, Sino que se sienten como hechos, como la realidad misma.
Como si describieran cómo son las cosas y cómo somos nosotros.
Y en ese momento, al igual que el espacio exterior más allá de las nubes, aunque lo valioso siga existiendo, las personas, los proyectos, el sentido, los significados, las relaciones, todo eso queda fuera de nuestro campo de visión y apreciación.
Pero no porque haya desaparecido.
Es porque el temporal no nos deja ver más allá. Esos pensamientos son nuestro temporal. Condicionan nuestra experiencia subjetiva.
A esto, en terapia, se le llama estar “fusionado con el pensamiento”. Esta fusión nos hace sentir que los pensamientos son certezas, que describen “cómo son realmente las cosas”. Cuando estamos muy fusionados con nuestros pensamientos, sentimos que la vida suele estrecharse.
En lo cotidiano, en las prácticas diarias, en lo que rehuimos de hacer, en lo que postergamos o dejamos de intentar por miedo a fallar, equivocarnos, a lo que piensen, sin pensar si es importante para nosotros.
El pensamiento nos engancha y nos sacude a voluntad, como si de una realidad objetiva se tratase, condicionando nuestras acciones y evitando, a veces que estas se orienten a lo que realmente nos importa, al espacio exterior, a aquello que tiene significado para nosotros.
Defusionarnos, es decir separarnos de estos pensamientos, no se trata de pensar de manera positiva, ni de convencernos que todo está bien. Más bien se trata de saber “separarnos” del pensamiento, es decir, entenderlo como tal, como un pensamiento, no como un hecho certero. La idea es que esto nos permita decidir qué hacemos y con qué propósito.
Es recuperar la perspectiva de que hay momentos de nubes, sin olvidar que éstas no se convierten en todo lo que hay, que lo que hay, está más allá de las nubes y que sigue ahí incluso cuando no lo vemos o no percibimos.
Si te apetece que hablemos sobre lo importante para ti, en tu vida, puedes solicitar una hora conmigo. Estaré encantada de acompañarte en el camino.
06/01/2026