Lo que ocurre en estas situaciones es que haces pagar a otros, lo que no te hicieron. Reaccionas con desconfianza ante quien no te ha fallado, te cierras ante quien solo quiere acercarse, o respondes con dureza cuando no hay amenaza real.
No porque seas una mala persona, sino porque estás REACCIONANDO a heridas que aún siguen abiertas.
Sanar no es olvidar ni justificar lo que dolió. Es afrontarlo, entender cómo te afectó y, decidir que no quieres que ese daño siga teniendo poder en tu vida y que tampoco hiera a otros.
Pero las heridas que no sanan también nos pueden instalar en la autocompasión mal entendida: “pobre de mi”…”¡como quieres que esté con todo lo que me ha pasado!!…”
Es decir, una autocompasión que no aparece para protegernos y cuidarnos, sino para que “nos escondamos” tras ella.
05/04/2026