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Experiencia

Si sentís que algo en tu vida ya no encaja, podemos empezar por ahí.

Hola, soy Pablo Labaronnie, psicólogo General Sanitario.

Quizás estás atravesando ansiedad, una crisis vital, un duelo, problemas en tus relaciones o un momento de cambio. Quizás estás viviendo lejos de casa, adaptándote a otro país o intentando entender qué te está pasando mientras seguís con tu vida como si nada.

Mi forma de trabajar parte de una idea sencilla: lo que nos pasa no ocurre en el vacío.

Por eso trabajo desde un enfoque sistémico, teniendo en cuenta no solo lo que sentís, sino también tus vínculos, tu historia, tu familia, tu entorno y las circunstancias que estás atravesando.

También incorporo una perspectiva de género y de contexto social, porque no todas las personas vivimos las mismas condiciones ni cargamos con las mismas expectativas, oportunidades o dificultades.

A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado en Argentina, Nueva Zelanda, Australia y España, acompañando a adolescentes, adultos y familias en contextos diversos y de especial vulnerabilidad.

En terapia no vas a encontrarte con alguien que simplemente te escucha durante una hora y te dice qué deberías hacer.

Mi estilo es activo, cercano y directo. Vamos a hacernos preguntas, ordenar lo que está pasando, identificar patrones, explorar alternativas y recuperar margen de decisión sobre aquello que hoy parece difícil de mover.

No se trata de "arreglarte".

Se trata de entender qué te está pasando y encontrar nuevas formas de relacionarte con tu historia, tus vínculos y tu presente.

Si algo de esto te resulta familiar, podés solicitar una primera consulta y contarme qué estás atravesando. No hace falta que tengas todo claro para empezar. A veces, justamente, la terapia empieza cuando todavía no sabemos muy bien por dónde empezar.

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Pablo Labaronnie

"El Síntoma no es el Problema, es la Señal"

Cuando la ansiedad y la depresión no son trastornos, sino respuestas a un mundo que duele

Introducción

En los últimos años, las redes sociales se han llenado de contenido de autoayuda. Respiración consciente, afirmaciones positivas, técnicas para calmar la ansiedad en 5 minutos. Y no está mal. Son herramientas que pueden aliviar, que pueden dar un respiro.

Pero el respiro no es la cura.

La cura, si existe, no está en respirar hondo mientras el mundo arde. Está en entender por qué arde, y en qué lugar ocupamos en ese incendio.

El Síntoma como Señal

La depresión, la ansiedad, los ataques de pánico, la baja autoestima... son diagnósticos que nombran un sufrimiento real. Pero nombrarlo no es explicarlo.

La psicología tradicional, y buena parte de la autoayuda contemporánea, se ha centrado en gestionar el síntoma: reducir la ansiedad, calmar el ataque de pánico, elevar la autoestima. Como si el problema fuera la fiebre y no la infección.

Pero la fiebre es una señal. El cuerpo avisa que algo no anda bien.

¿Y si la ansiedad fuera la señal de que estamos viviendo en un sistema que nos exige más de lo que podemos dar?

¿Y si la depresión fuera la señal de que hemos perdido el contacto con lo que realmente nos importa?

¿Y si la baja autoestima fuera la señal de que hemos interiorizado un mundo que nos dice que no somos lo bastante?

Si solo tratamos el síntoma, estamos poniendo un parche en una herida que sigue abierta. Y la herida no es individual: es estructural.

El Contexto como Actor Principal

No podemos hacer terapia de espaldas al mundo.

Hoy tenemos al alcance de la mano imágenes de genocidios, guerras, violencia institucional, lenguaje de odio. Nuestro sistema nervioso no está diseñado para procesar el dolor del mundo en tiempo real, y sin embargo, lo hacemos cada día, mientras intentamos mantener un empleo, pagar el alquiler y sonreír en las fotos de Instagram.

Trabajamos la mayor parte de nuestras horas para llevar un plato de comida a la mesa. Y cuando no llegamos, la culpa es nuestra, no del sistema que nos paga menos de lo que necesitamos para vivir.

Nuestros cuerpos son carne de consumo. Los algoritmos deciden qué cuerpos son dignos de deseo, de derechos, de visibilidad. Y los que no encajan, quedan fuera.

El malestar no es un error. Es una respuesta adaptativa a un entorno que no es habitable.

En el próximo artículo profundizaremos en cómo la terapia puede dejar de ser un espacio de adaptación para convertirse en un espacio de transformación. Porque si el problema es estructural, la respuesta no puede ser solo individual.

03/07/2026

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  • Primera consulta online gratuita

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11 opiniones

Lo más mencionado por los pacientes

  • Dedicación durante la visita
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  • I

    Irene G.s

    Pablo me parece bastante cercano y amable. Creo que puede ser el psicólogo correcto para seguir con mi terapia

     • Consultorio Psicoterapia • Primera visita Psicología  • 

  • A

    A B

    Conseguí dar sentido a ciertas dinámicas familiares para empezar a poner límites.

     • Consulta online • Primera consulta online gratuita  • 

  • V

    Victor Ibañez

    Pablo es cercano, cálido y directo. Me hace sentir en confianza y a la vez me reta a moverme. He reducido mucho mi ansiedad y ahora tengo herramientas para gestionarla cuando aparece.

     • Consulta online • Consulta online  • 

  • V

    Vic Tor

    La terapia me ha ayudado a tomar decisiones importantes en mi vida que antes postergaba por miedo. Me ha dado la seguridad de que puedo ser yo mismo sin ser juzgado. Es un espacio muy seguro.

     • Consulta online • Consulta online  • 

  • A

    A.F.


    Buscaba un psicólogo con perspectiva de género y lo encontré. Es un espacio seguro y libre de prejuicios. Valoro que no me dio recetas mágicas, sino que me ayudó a entender mi contexto y tomar decisiones alineadas a mis valores y deseos. Gracias Pablo!

     • Consulta online • Consulta online  • 

  • A

    Alexandre

    Me gusto su enfoque terapeutico ya que no solo me miró a mí, sino que entiendió mi entorno. Me ayudó a ver cómo mi familia y mi trabajo influyen en lo que siento y en mis comportamientos.

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  • D

    Daniel

    Hice mi proceso terapeutico con Pablo. Me ayudo mucho a poder cambiar patrones en mi vida que pense que no eran posibles de cambiar. Hoy en dia tengo mas control sobre mis emociones y herramientas para poder resolver problema relacionales.

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    Cv

    Como migrante, sentí que entendía mis procesos de adaptación y duelo migratorio mejor que otros profesionales. Valoro su capacidad para entender contextos culturales diversos y no dar nada por sentado.

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  • S

    Sara T.H

    Me gustó mucho el proceso terapéutico, he podido realizar cambios significativos en mi vida. Pablo me ha acompañado en todo momento, enseñándome herramientas para afrontar problemas. Sobre todo destacó su capacidad de escucha, empatía y perspectiva de género.

     • Consulta online • Consulta online  • 

  • M

    Maria

    Me he sentido escuchada y comprendida desde el primer día. Es un profesional cercano, con una mirada amplia y un espacio donde puedes expresarte sin sentirte juzgada.

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Dudas solucionadas

8 dudas solucionadas a pacientes en Doctoralia

Al inicio de nuestra relación acordamos mutuamente que el consumo de pornografía no tendría cabida e

Al inicio de nuestra relación acordamos mutuamente que el consumo de pornografía no tendría cabida en nuestra pareja. Sin embargo, al cabo de un mes, tras una discusión en la que él pensó que la relación podía terminar, rompió ese acuerdo. Cuando se lo pregunté, me lo negó y solo lo admitió después. Aquello me causó un trauma importante que recientemente he tratado con terapia EMDR.

Dos años después, cuando aún seguía recuperándome, descubrí una nueva traición. Mantuvo conversaciones con chicas de OnlyFans que intentaban venderle contenido. Aunque no inició esas conversaciones, no compró nada y les dijo que tenía pareja y quería ser fiel, habló con ellas durante horas, abrió sus fotografías y les hizo cumplidos sexualizados y, lo que más me dolió, volvió a ocultármelo y a mentirme cuando le pregunté. Solo reconoció la verdad cuando le mostré las pruebas. Al principio reaccionó con enfado y a la defensiva, justificándose y minimizando lo ocurrido, pero al día siguiente asumió su responsabilidad y dice estar comprometido a cambiar.

Mi duda es si una relación puede recuperarse después de dos traiciones acompañadas de mentiras, especialmente cuando la segunda ocurre antes de haber sanado la primera. ¿Es posible reconstruir la confianza en estas circunstancias? En caso afirmativo, ¿Qué tipo de terapia y terapeuta podría ayudarnos? ¿Sería más recomendable la terapia de pareja o la terapia individual para ambos?

RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

 Pablo Labaronnie

Hola, gracias por escribir y por compartir tu historia con tanta claridad. Entiendo perfectamente tu pregunta: ¿se puede recuperar una relación después de dos traiciones acompañadas de mentiras? No es una pregunta sencilla, pero merece ser analizada con calma.

Cuando hablamos de ruptura de acuerdos y mentiras, el daño no está solo en lo que pasó, sino en lo que se ocultó. La confianza se construye con transparencia y se erosiona con silencios. Y cuando esos silencios se repiten, es normal preguntarse si hay bases sólidas para seguir construyendo algo juntos.

Desde mi enfoque sistémico, no miramos a la persona que mintió como "la mala" ni a la que sufrió como "la víctima". Miramos la dinámica que se ha creado entre ustedes. Porque en una relación, cada acción provoca una reacción, y los patrones tienden a repetirse hasta que se vuelven conscientes.

Para que te hagas una idea, imagina que los acuerdos en una pareja son como los cimientos de una casa. Cuando se rompen, no solo hay que reparar la grieta, sino preguntarse por qué apareció esa grieta. ¿Había presión en esa zona? ¿Se construyó sobre terreno inestable? ¿Hubo algo que no se habló y que ahora se manifiesta así?

La terapia sistémica permitiría identificar el patrón de comunicación, entender qué función cumple la mentira para él (probablemente evitar un conflicto que percibe como amenazante), y reconstruir desde acciones concretas, no desde promesas.

En cuanto al tipo de terapia, lo más recomendable sería un abordaje combinado: terapia individual para ti, para procesar el impacto y fortalecer tus límites; terapia individual para él, para que entienda por qué repite estas conductas; y terapia de pareja, si ambos están dispuestos a trabajar en la relación. Igualmente comenzar con tu pripio espacio terapéutico individual, es un gran paso para poder luego evaluar en conjunto con el terepeuta otros posiles abordajes. El que hayas ya consultado por este medio es un paso de mucho valor a querer un cambio.

Para ayudarte a pensar en el próximo paso, te dejo algunas preguntas que pueden orientarte: ¿qué acciones concretas está dispuesto a hacer él para reparar la confianza? ¿qué necesitarías ver en él para sentir que el cambio es real y sostenible? ¿qué posición ocupas tú en el sistema de la pareja? ¿eres la cuidadora, la que vigila, la que perdona, la que sostiene? Si pudieras dar un paso al lado y mirar tu situación como si fuera la de una amiga, ¿qué le recomendarías? Es posible reconstruir la confianza, pero no será fácil ni rápido.

Requiere que ambos se impliquen, que él demuestre con hechos su compromiso de cambio, y que tú puedas sentir que tus necesidades y tu dolor son tomados en cuenta. Si él está genuinamente dispuesto a mirar su propia historia y a trabajar en su transparencia, y si tú sientes que puedes abrirte a la posibilidad de confiar sin dejar de cuidarte, la terapia de pareja puede ser el espacio para empezar.

Pero si hay una parte de ti que ya no confía y siente que el daño es demasiado grande, también es válido y digno de ser escuchado. No tienes que decidir ahora. Solo date permiso para explorar, sin presiones, qué es lo que realmente quieres para ti.

Un saludo,

Pablo Labaronnie,
Psicólogo General Sanitario.


Desde pequeña he vivido el machismo verbal por mi padre y manipulación por mi madre, aunque mi madre

Desde pequeña he vivido el machismo verbal por mi padre y manipulación por mi madre, aunque mi madre me tapaba cuando llegaba tarde a casa nunca a sido una madre cariñosa he crecido entre el tu no puedes, tú no vales y me he sentido como que jamás se me ha tenido en cuenta mientras que mis hermanos parecía que la cosa no iba con ellos, cuando murió mi padre cuando yo tenía 22 mi tío ya llevaba tiempo en casa con nosotros, mi madre al poco tiempo se fue a vivir con una pareja y ahora era mi tio quien llegaba dia si y día también borracho y con su vocabulario machista, mis hermanos ya uno casado fuera y el otro no vio o no quería ver, un día mi hermano lo echó , y me quedé sola en casa con mi madre...hasta el día de hoy que tengo 47, el caso que sigo sintiendo rechazo, mis hermanos uno ni aparece y el otro algunos ratitos al mes pero yo soy la que está siempre, las peleas como con mi madre son casi diarias, siempre el tú no sabes, tú hermano mediano está cansado de trabajar, etc hasta un día me reconoció que es su ojito derecho, por mucho que me cueste ahí la odie, todo mi esfuerzos años perdidos pendiente de ella para seguir no valiendo nada, de tener que pedirle un beso o un abrazo de tener ansiedad generalizada y nadie darle importancia ni preguntarme cómo estoy, cada día puedo controlar más mi rabia cuando veo que mi madre no escucha, no piensa que estoy al límite aunque lo he hablado varias veces con ella es como hablar con la pared, no sé si puede ser principios de alzheimer, si es porque no atiende pero yo pongo límites y después no puedo mantenerlos porque me siento culpable y también porque creo que necesito tenerla porque es mi zona segura no lo sé el caso que soy sociosanitaria y después en mi casa cuidadora, he estado en algunos profesionales pero no ha funcionado del todo y ahora todo esto me causó problemas digestivos , más ansiedad y ya no sé cómo abordarlo o dejar de tener tanta dependencia por no estar sola quizás es eso lo que me pasa, gracias

RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

 Pablo Labaronnie

Hola, gracias por compartir tu historia con tanta honestidad y claridad. Poner palabras a todo lo que has vivido no es fácil, y quiero reconocer el valor que tiene hacerlo.

Entiendo muy bien tu frustración al sentir que, a pesar de tus intentos, todavía no has llegado al punto que deseas. Y quiero que sepas que eso no es un fracaso tuyo, sino la consecuencia de años de habitar un sistema que te ha dicho que no vales, que no puedes, que tu lugar es cuidar y sostener sin ser sostenida.

Lo que describes no es solo una historia familiar difícil. Es la historia de una mujer que ha crecido en un entorno donde el machismo y la manipulación han sido el aire que se respira. Tu padre con su violencia verbal, tu madre con su frialdad y sus mensajes de "tú no puedes", tus hermanos que no vieron o no quisieron ver, y ese tío que ocupó un lugar de poder para seguir reproduciendo el mismo discurso de desprecio.

Todo eso no es casualidad: es un sistema patriarcal que se reproduce en la intimidad de la familia. Y tú has sido la que ha cargado con el peso de sostenerlo. Desde una mirada sistémica, no podemos entender tu malestar sin mirar el sistema en el que has estado inmersa. Has ocupado el rol de la cuidadora, la que está siempre, la que sostiene a los demás mientras los demás no la sostienen a ella. Tus hermanos pudieron marcharse, uno físicamente y otro emocionalmente, pero tú te quedaste. No por debilidad, sino porque en ese sistema había una demanda implícita sobre ti: la hija-mujer que cuida, que está, que aguanta.

El problema no es solo que tu madre no te escuche o que no puedas mantener los límites. El problema es que has internalizado la idea de que tu valor está en cuidar, en estar disponible, en no fallar. Y cuando intentas poner un límite, la culpa aparece porque esa culpa también es parte del sistema: la mujer que se aparta, que se cuida a sí misma, es vista como egoísta. Esa es una de las formas más sutiles y dolorosas del patriarcado: hacernos sentir mal por querer cuidarnos.

En "El fin del auto-odio", Virginea Gawel habla de cómo el odio hacia una misma no nace de la nada, sino que es una respuesta a años de mensajes que nos han dicho que no somos suficientes. Tu padre, tu madre, tu tío, el silencio de tus hermanos... todos ellos han contribuido a construir esa voz interna que te dice que no vales. Y esa voz no es tuya: es la voz de un sistema que necesita que las mujeres duden de sí mismas para poder sostenerlo.

El trabajo terapéutico no es solo aprender a quererte más. Es aprender a identificar cuándo esa voz que te critica no es la tuya, sino la de tu padre, la de tu madre, la del sistema que te ha dicho que tu lugar es servir. Es aprender a separar lo que te han dicho de lo que realmente eres. Entiendo profundamente lo difícil que es mantener límites cuando sientes que esa persona es tu "zona segura", aunque también sea la que te lastima.

Esa contradicción es una de las más dolorosas de habitar. Porque no es fácil soltar a alguien que, a su manera, también ha sido tu referencia, tu compañía, tu historia. La culpa que sientes al poner límites no es un fallo tuyo, es el eco de años de mensajes que te han dicho que tu deber es cuidar, estar, aguantar. Y poner límites es un acto de resistencia frente a todo eso. No es fácil, y no tiene por qué ser perfecto. Puedes empezar con límites pequeños, con espacios de distancia que no sean definitivos, con formas de comunicar que no te expongan a la misma herida de siempre.

Un espacio terapéutico con enfoque sistémico y perspectiva feminista te permitiría identificar los patrones que se repiten en tu sistema familiar y cómo te han posicionado en ese lugar de cuidadora, diferenciar lo que es tuyo de lo que te han impuesto para que puedas empezar a construir una identidad que no esté definida por el cuidado de los demás, trabajar la culpa no como algo que eliminar sino como algo que entender y que te permita poner límites sin que te paralice, elaborar el duelo por la madre que no tuviste, por el reconocimiento que no llegó, por los años de esfuerzo no vistos, y buscar formas alternativas de conectar y compartir que no te duelan y que te permitan sentirte acompañada sin tener que ser la que siempre sostiene.

Para ayudarte a seguir reflexionando, te dejo algunas preguntas que pueden orientarte. Si pudieras soltar la idea de que tu valor está en cuidar a tu madre, ¿qué lugar ocuparía tu vida? ¿Qué necesitarías para sentir que estás eligiendo quedarte, y no solo evitando la soledad? Si pudieras hablar con esa niña que escuchó "tú no puedes", ¿qué le dirías ahora? ¿Cómo sería un límite que pudieras mantener sin sentir que estás abandonando a tu madre? No has perdido años. Has estado aprendiendo, incluso en medio del dolor, a reconocer lo que no quieres para tu vida. Y eso, aunque no lo parezca, es el primer paso para construir algo diferente.

Un abrazo,

Pablo Labaronnie,
Psicólogo General Sanitario


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