Preguntas de pacientes (8)

  • Al inicio de nuestra relación acordamos mutuamente que el consumo de pornografía no tendría cabida e

    Al inicio de nuestra relación acordamos mutuamente que el consumo de pornografía no tendría cabida en nuestra pareja. Sin embargo, al cabo de un mes, tras una discusión en la que él pensó que la relación podía terminar, rompió ese acuerdo. Cuando se lo pregunté, me lo negó y solo lo admitió después. Aquello me causó un trauma importante que recientemente he tratado con terapia EMDR.

    Dos años después, cuando aún seguía recuperándome, descubrí una nueva traición. Mantuvo conversaciones con chicas de OnlyFans que intentaban venderle contenido. Aunque no inició esas conversaciones, no compró nada y les dijo que tenía pareja y quería ser fiel, habló con ellas durante horas, abrió sus fotografías y les hizo cumplidos sexualizados y, lo que más me dolió, volvió a ocultármelo y a mentirme cuando le pregunté. Solo reconoció la verdad cuando le mostré las pruebas. Al principio reaccionó con enfado y a la defensiva, justificándose y minimizando lo ocurrido, pero al día siguiente asumió su responsabilidad y dice estar comprometido a cambiar.

    Mi duda es si una relación puede recuperarse después de dos traiciones acompañadas de mentiras, especialmente cuando la segunda ocurre antes de haber sanado la primera. ¿Es posible reconstruir la confianza en estas circunstancias? En caso afirmativo, ¿Qué tipo de terapia y terapeuta podría ayudarnos? ¿Sería más recomendable la terapia de pareja o la terapia individual para ambos?

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Pablo Labaronnie

    Hola, gracias por escribir y por compartir tu historia con tanta claridad. Entiendo perfectamente tu pregunta: ¿se puede recuperar una relación después de dos traiciones acompañadas de mentiras? No es una pregunta sencilla, pero merece ser analizada con calma.

    Cuando hablamos de ruptura de acuerdos y mentiras, el daño no está solo en lo que pasó, sino en lo que se ocultó. La confianza se construye con transparencia y se erosiona con silencios. Y cuando esos silencios se repiten, es normal preguntarse si hay bases sólidas para seguir construyendo algo juntos.

    Desde mi enfoque sistémico, no miramos a la persona que mintió como "la mala" ni a la que sufrió como "la víctima". Miramos la dinámica que se ha creado entre ustedes. Porque en una relación, cada acción provoca una reacción, y los patrones tienden a repetirse hasta que se vuelven conscientes.

    Para que te hagas una idea, imagina que los acuerdos en una pareja son como los cimientos de una casa. Cuando se rompen, no solo hay que reparar la grieta, sino preguntarse por qué apareció esa grieta. ¿Había presión en esa zona? ¿Se construyó sobre terreno inestable? ¿Hubo algo que no se habló y que ahora se manifiesta así?

    La terapia sistémica permitiría identificar el patrón de comunicación, entender qué función cumple la mentira para él (probablemente evitar un conflicto que percibe como amenazante), y reconstruir desde acciones concretas, no desde promesas.

    En cuanto al tipo de terapia, lo más recomendable sería un abordaje combinado: terapia individual para ti, para procesar el impacto y fortalecer tus límites; terapia individual para él, para que entienda por qué repite estas conductas; y terapia de pareja, si ambos están dispuestos a trabajar en la relación. Igualmente comenzar con tu pripio espacio terapéutico individual, es un gran paso para poder luego evaluar en conjunto con el terepeuta otros posiles abordajes. El que hayas ya consultado por este medio es un paso de mucho valor a querer un cambio.

    Para ayudarte a pensar en el próximo paso, te dejo algunas preguntas que pueden orientarte: ¿qué acciones concretas está dispuesto a hacer él para reparar la confianza? ¿qué necesitarías ver en él para sentir que el cambio es real y sostenible? ¿qué posición ocupas tú en el sistema de la pareja? ¿eres la cuidadora, la que vigila, la que perdona, la que sostiene? Si pudieras dar un paso al lado y mirar tu situación como si fuera la de una amiga, ¿qué le recomendarías? Es posible reconstruir la confianza, pero no será fácil ni rápido.

    Requiere que ambos se impliquen, que él demuestre con hechos su compromiso de cambio, y que tú puedas sentir que tus necesidades y tu dolor son tomados en cuenta. Si él está genuinamente dispuesto a mirar su propia historia y a trabajar en su transparencia, y si tú sientes que puedes abrirte a la posibilidad de confiar sin dejar de cuidarte, la terapia de pareja puede ser el espacio para empezar.

    Pero si hay una parte de ti que ya no confía y siente que el daño es demasiado grande, también es válido y digno de ser escuchado. No tienes que decidir ahora. Solo date permiso para explorar, sin presiones, qué es lo que realmente quieres para ti.

    Un saludo,

    Pablo Labaronnie,
    Psicólogo General Sanitario.


  • Desde pequeña he vivido el machismo verbal por mi padre y manipulación por mi madre, aunque mi madre

    Desde pequeña he vivido el machismo verbal por mi padre y manipulación por mi madre, aunque mi madre me tapaba cuando llegaba tarde a casa nunca a sido una madre cariñosa he crecido entre el tu no puedes, tú no vales y me he sentido como que jamás se me ha tenido en cuenta mientras que mis hermanos parecía que la cosa no iba con ellos, cuando murió mi padre cuando yo tenía 22 mi tío ya llevaba tiempo en casa con nosotros, mi madre al poco tiempo se fue a vivir con una pareja y ahora era mi tio quien llegaba dia si y día también borracho y con su vocabulario machista, mis hermanos ya uno casado fuera y el otro no vio o no quería ver, un día mi hermano lo echó , y me quedé sola en casa con mi madre...hasta el día de hoy que tengo 47, el caso que sigo sintiendo rechazo, mis hermanos uno ni aparece y el otro algunos ratitos al mes pero yo soy la que está siempre, las peleas como con mi madre son casi diarias, siempre el tú no sabes, tú hermano mediano está cansado de trabajar, etc hasta un día me reconoció que es su ojito derecho, por mucho que me cueste ahí la odie, todo mi esfuerzos años perdidos pendiente de ella para seguir no valiendo nada, de tener que pedirle un beso o un abrazo de tener ansiedad generalizada y nadie darle importancia ni preguntarme cómo estoy, cada día puedo controlar más mi rabia cuando veo que mi madre no escucha, no piensa que estoy al límite aunque lo he hablado varias veces con ella es como hablar con la pared, no sé si puede ser principios de alzheimer, si es porque no atiende pero yo pongo límites y después no puedo mantenerlos porque me siento culpable y también porque creo que necesito tenerla porque es mi zona segura no lo sé el caso que soy sociosanitaria y después en mi casa cuidadora, he estado en algunos profesionales pero no ha funcionado del todo y ahora todo esto me causó problemas digestivos , más ansiedad y ya no sé cómo abordarlo o dejar de tener tanta dependencia por no estar sola quizás es eso lo que me pasa, gracias

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Pablo Labaronnie

    Hola, gracias por compartir tu historia con tanta honestidad y claridad. Poner palabras a todo lo que has vivido no es fácil, y quiero reconocer el valor que tiene hacerlo.

    Entiendo muy bien tu frustración al sentir que, a pesar de tus intentos, todavía no has llegado al punto que deseas. Y quiero que sepas que eso no es un fracaso tuyo, sino la consecuencia de años de habitar un sistema que te ha dicho que no vales, que no puedes, que tu lugar es cuidar y sostener sin ser sostenida.

    Lo que describes no es solo una historia familiar difícil. Es la historia de una mujer que ha crecido en un entorno donde el machismo y la manipulación han sido el aire que se respira. Tu padre con su violencia verbal, tu madre con su frialdad y sus mensajes de "tú no puedes", tus hermanos que no vieron o no quisieron ver, y ese tío que ocupó un lugar de poder para seguir reproduciendo el mismo discurso de desprecio.

    Todo eso no es casualidad: es un sistema patriarcal que se reproduce en la intimidad de la familia. Y tú has sido la que ha cargado con el peso de sostenerlo. Desde una mirada sistémica, no podemos entender tu malestar sin mirar el sistema en el que has estado inmersa. Has ocupado el rol de la cuidadora, la que está siempre, la que sostiene a los demás mientras los demás no la sostienen a ella. Tus hermanos pudieron marcharse, uno físicamente y otro emocionalmente, pero tú te quedaste. No por debilidad, sino porque en ese sistema había una demanda implícita sobre ti: la hija-mujer que cuida, que está, que aguanta.

    El problema no es solo que tu madre no te escuche o que no puedas mantener los límites. El problema es que has internalizado la idea de que tu valor está en cuidar, en estar disponible, en no fallar. Y cuando intentas poner un límite, la culpa aparece porque esa culpa también es parte del sistema: la mujer que se aparta, que se cuida a sí misma, es vista como egoísta. Esa es una de las formas más sutiles y dolorosas del patriarcado: hacernos sentir mal por querer cuidarnos.

    En "El fin del auto-odio", Virginea Gawel habla de cómo el odio hacia una misma no nace de la nada, sino que es una respuesta a años de mensajes que nos han dicho que no somos suficientes. Tu padre, tu madre, tu tío, el silencio de tus hermanos... todos ellos han contribuido a construir esa voz interna que te dice que no vales. Y esa voz no es tuya: es la voz de un sistema que necesita que las mujeres duden de sí mismas para poder sostenerlo.

    El trabajo terapéutico no es solo aprender a quererte más. Es aprender a identificar cuándo esa voz que te critica no es la tuya, sino la de tu padre, la de tu madre, la del sistema que te ha dicho que tu lugar es servir. Es aprender a separar lo que te han dicho de lo que realmente eres. Entiendo profundamente lo difícil que es mantener límites cuando sientes que esa persona es tu "zona segura", aunque también sea la que te lastima.

    Esa contradicción es una de las más dolorosas de habitar. Porque no es fácil soltar a alguien que, a su manera, también ha sido tu referencia, tu compañía, tu historia. La culpa que sientes al poner límites no es un fallo tuyo, es el eco de años de mensajes que te han dicho que tu deber es cuidar, estar, aguantar. Y poner límites es un acto de resistencia frente a todo eso. No es fácil, y no tiene por qué ser perfecto. Puedes empezar con límites pequeños, con espacios de distancia que no sean definitivos, con formas de comunicar que no te expongan a la misma herida de siempre.

    Un espacio terapéutico con enfoque sistémico y perspectiva feminista te permitiría identificar los patrones que se repiten en tu sistema familiar y cómo te han posicionado en ese lugar de cuidadora, diferenciar lo que es tuyo de lo que te han impuesto para que puedas empezar a construir una identidad que no esté definida por el cuidado de los demás, trabajar la culpa no como algo que eliminar sino como algo que entender y que te permita poner límites sin que te paralice, elaborar el duelo por la madre que no tuviste, por el reconocimiento que no llegó, por los años de esfuerzo no vistos, y buscar formas alternativas de conectar y compartir que no te duelan y que te permitan sentirte acompañada sin tener que ser la que siempre sostiene.

    Para ayudarte a seguir reflexionando, te dejo algunas preguntas que pueden orientarte. Si pudieras soltar la idea de que tu valor está en cuidar a tu madre, ¿qué lugar ocuparía tu vida? ¿Qué necesitarías para sentir que estás eligiendo quedarte, y no solo evitando la soledad? Si pudieras hablar con esa niña que escuchó "tú no puedes", ¿qué le dirías ahora? ¿Cómo sería un límite que pudieras mantener sin sentir que estás abandonando a tu madre? No has perdido años. Has estado aprendiendo, incluso en medio del dolor, a reconocer lo que no quieres para tu vida. Y eso, aunque no lo parezca, es el primer paso para construir algo diferente.

    Un abrazo,

    Pablo Labaronnie,
    Psicólogo General Sanitario


  • Hola. Tengo 29 años y desde hace un tiempo me siento muy perdida con mi vida laboral. No es que no

    Hola. Tengo 29 años y desde hace un tiempo me siento muy perdida con mi vida laboral.

    No es que no quiera trabajar, sino que siento que todavía no encontré un trabajo o una profesión que realmente me haga sentir realizada. Mi trabajo actual es muy repetitivo y me genera mucha desmotivación porque siento que no estoy creciendo ni aprovechando mis capacidades.

    Tengo muchos intereses y habilidades en áreas muy diferentes, lo que hace que me cueste todavía más decidir qué camino seguir. A veces pienso en cambiar completamente de profesión, otras veces en emprender, y otras siento que simplemente estoy confundida y no sé qué quiero hacer con mi vida.

    Mi pregunta es: ¿cómo puedo descubrir cuál es mi verdadera vocación? ¿Es algo que se puede trabajar con un psicólogo? ¿Cómo diferenciar si el problema es que todavía no encontré el trabajo adecuado o si hay algo en mí, como el miedo a equivocarme o la ansiedad, que me impide tomar una decisión y comprometerme con un camino?

    Muchas gracias.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Pablo Labaronnie

    Hola, gracias por escribir y por compartir esta inquietud que te acompaña desde hace tiempo. Quiero empezar diciéndote que lo que te sucede es mucho más común de lo que crees, y que sentirte perdida en este momento de tu vida no es un fracaso ni una señal de que algo esté mal en ti. Es una pregunta legítima que muchas personas se hacen, especialmente cuando se acercan a los 30 y empiezan a mirar atrás y adelante al mismo tiempo.

    Es muy probable que lo que estás viviendo sea lo que llamamos una crisis del cuarto de vida, un momento de transición en el que las estructuras que nos sostenían en los veinte (estudios, primeros empleos, relaciones, expectativas) empiezan a tambalearse y nos preguntamos si el camino que hemos elegido es realmente el que queremos. No es una crisis en el sentido patológico, sino una crisis de sentido: ¿esto es lo que quiero para los próximos años? ¿Estoy viviendo la vida que quiero o la que se suponía que debía vivir? Aparece la pregunta por las posibilidades, por esos otros yo que podríamos haber sido si hubiéramos tomado otras decisiones. Y esa pregunta, aunque incómoda, también es una señal de que estás despierta, de que no te has conformado con un guión escrito por otros.

    A esto se suma algo muy importante que mencionas: tienes muchos intereses y habilidades en áreas muy diferentes. Eso no es un problema, es una característica que define a muchas personas creativas y curiosas. Se llama perfil multipotencial, y significa que tienes la capacidad de interesarte por muchas cosas distintas y de aprender rápido en áreas diversas. Pero en un mundo que valora la especialización y la estabilidad, ser multipotencial puede sentirse como una carga porque parece que no encajas en el molde de "una sola profesión para toda la vida". La dificultad no está en tus intereses, sino en cómo gestionarlos y en qué lugar ocupan en tu vida: como trabajo principal, como proyecto paralelo, como hobby, como algo que exploras sin presión.

    También es importante nombrar que vivimos en un contexto donde no siempre tenemos el privilegio de elegir hacer lo que nos gusta. A veces, las necesidades económicas, el contexto familiar o las oportunidades disponibles nos obligan a relegar nuestros deseos para poder sostenernos. Y eso es frustrante, pero no es un fracaso personal. Es una realidad que muchas personas enfrentan y que merece ser nombrada sin culpa.

    La terapia puede ser un espacio muy valioso para trabajar esta situación. No porque el psicólogo tenga la respuesta a tu vocación, sino porque puede ayudarte a diferenciar qué parte de tu malestar es deseo genuino de cambio y qué parte es miedo a equivocarte, ansiedad por no encontrar la respuesta rápida o presión por cumplir con expectativas que quizás no son tuyas. También te ayudaría a conocer mejor tu patrón de toma de decisiones y a entender si la dificultad para elegir está relacionada con el miedo al fracaso, con la falta de información, o con una dificultad para tolerar la incertidumbre.

    Para empezar a orientarte, puede ser útil que explores qué es lo que realmente valoras en el trabajo más allá del contenido específico: ¿es la creatividad, la autonomía, el contacto con personas, el reconocimiento, la estabilidad? Esas necesidades profundas pueden estar presentes en diferentes profesiones. También puede ser útil que te permitas experimentar sin que cada paso sea definitivo: hacer un curso, probar un voluntariado, hablar con personas que trabajen en áreas que te interesan. No necesitas tener la respuesta ahora, solo empezar a caminar en una dirección que te parezca interesante.

    Para ayudarte a seguir reflexionando, te dejo algunas preguntas. Si pudieras diseñar un día laboral ideal sin restricciones, ¿qué estarías haciendo? ¿Qué tienen en común las cosas que te interesan? ¿Hay algún patrón que se repita? Si el miedo a equivocarte no existiera, ¿qué decisión tomarías hoy? ¿Qué parte de esta búsqueda es genuinamente tuya y qué parte es respuesta a lo que esperan los demás de ti?

    No tienes que tener todas las respuestas ahora. La vocación no se encuentra como un tesoro escondido, sino que se construye con pasos pequeños y con la atención a lo que te hace sentir viva.

    Un abrazo,

    Pablo Labaronnie,
    Psicólogo General Sanitario


  • Tengo 35 años, cumpliré 36 en unos meses y nunca he tenido pareja. Cuando era más joven preferí enfo

    Tengo 35 años, cumpliré 36 en unos meses y nunca he tenido pareja. Cuando era más joven preferí enfocarme en mis estudios porque no me quería arruinar el futuro con un embarazo. Pero lo que más me ha frenado ha sido mi desconfianza hacia los hombres. La mayoría, sobre todo los de las sociedades de Latinoamérica, me parecen unos cretinos, unos infelices machistas podridos de ego que creen que solo quieren barbies o máquinas de hijos. Además, en mi entorno he visto muchos casos de relaciones tormentosas y las relaciones de las mujeres de mi familia no han terminado bien. Aclaro que soy heterosexual, además, nada quiere decir que las mujeres sean mejores. Tengo un miedo terrible a sufrir en una relación, por eso casi no interactúo, solo en las redes sociales porque allí tengo la opción de bloquear a cualquiera. Pienso que es muy difícil encontrar un hombre magnánimo que sepa respetar y valorar a las mujeres y que estos solo existen en los cuentos de hadas.
    Además, yo busco un hombre preparado, culto, con clase y sí, con mucha estabilidad económica. Pero siento que no estoy a su altura porque soy pobre, no tengo independencia económica, no vivo en una buena zona y no tengo un trabajo estable, aunque también soy preparada. Solo tengo un trabajo de redactora donde gano apenas $ 30 quincenales. Así no soy apta, porque un hombre de este tipo no quiere cargas económicas. La vida no es como en las telenovelas, donde los hombres de clase se enamoran de las chicas pobres. En la vida real, los hombres así buscan mujeres independientes y con estabilidad económica porque no quieren mantener a mujeres. Por estas ideas, me he frenado y ya no me preocupo por conseguir pareja.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Pablo Labaronnie

    Hola, gracias por escribir con tanta honestidad y claridad. Lo que compartes es un testimonio muy valioso porque pone en palabras algo que muchas mujeres sienten pero pocas expresan con tanta lucidez. Has construido un análisis muy coherente de tu realidad y del contexto en el que te mueves, y eso no es poca cosa. Has observado, has aprendido y has tomado decisiones para protegerte. Y eso, aunque pueda parecer un freno, también es una forma de cuidarte en un mundo que no siempre ha sido cuidadoso con las mujeres.

    Quiero validar tu mirada sobre el machismo y sobre cómo muchas relaciones heterosexuales reproducen dinámicas de poder que son dañinas para las mujeres. No es una percepción equivocada, es una lectura honesta de un sistema que sigue sosteniendo desigualdades. Y es completamente entendible que, habiendo visto relaciones tormentosas en tu entorno y habiendo crecido con ejemplos de mujeres que no han sido bien tratadas, hayas desarrollado una profunda desconfianza. No es paranoia, es aprendizaje. Tu cuerpo y tu mente han registrado que el amor puede ser un territorio de riesgo, y han decidido protegerte manteniéndote alejada. Eso no es una debilidad, es una estrategia de supervivencia.

    Dicho esto, también es importante que podamos mirar juntos si esa protección, que en su momento fue necesaria, hoy está funcionando como un muro que te aísla de la posibilidad de conexión, incluso de aquella que podría ser diferente. Porque el problema no es que no quieras una relación, sino que has construido una imagen de lo que los hombres son que no deja espacio para la excepción. Y es cierto que muchos hombres reproducen patrones machistas, pero no todos. Decir que todos son iguales también es una generalización que puede estar cerrándote puertas antes de que puedas asomarte a ver qué hay al otro lado.

    Has mencionado también que buscas a un hombre preparado, culto, con clase y estabilidad económica, pero que sientes que no estás a su altura porque tú no tienes independencia económica ni un trabajo estable. Aquí hay algo muy importante que desenredar: ¿es realmente una exigencia de ese hipotético hombre, o es una exigencia que tú misma te has impuesto para no tener que enfrentar el miedo a intentarlo? Porque si la razón para no buscar pareja es que "no eres suficiente" para alguien que cumpla tus estándares, entonces el problema no es la falta de hombres adecuados, sino la creencia de que tu valor está determinado por tu situación económica actual. Y eso, aunque parezca una conclusión lógica, también es una forma de machismo internalizado: la idea de que el valor de una mujer se mide por su capacidad de aportar económicamente o de no ser una "carga".

    Tu situación económica es una realidad, pero no define quién eres ni lo que mereces. Una relación de pareja no es un intercambio comercial donde cada uno aporta lo mismo desde el inicio. Es un proceso donde dos personas se van conociendo, construyendo confianza y viendo si juntos pueden construir algo que valga la pena. Y sí, hay personas que buscan estabilidad económica en una pareja, pero también hay personas que valoran otras cosas: inteligencia, sensibilidad, humor, capacidad de diálogo, intereses compartidos. Tú tienes preparación, tienes capacidad de análisis, tienes una voz propia. Eso también es valioso.

    La terapia sistémica podría ayudarte a mirar estas creencias no como verdades absolutas, sino como construcciones que has ido armando a partir de tu historia y de tu contexto. Podríamos explorar juntos de dónde vienen esas ideas sobre los hombres, sobre el amor, sobre lo que mereces o no mereces. También podríamos trabajar en la relación que tienes contigo misma, en cómo te hablas y en qué lugar ocupa el deseo de conexión en tu vida. Porque el deseo no desaparece, solo se guarda. Y a veces se guarda tanto que nos olvidamos de que está ahí.

    Para ayudarte a seguir reflexionando, te dejo algunas preguntas. Si el dinero no fuera un obstáculo, ¿cómo te imaginarías una relación que te hiciera sentir bien? ¿Qué es lo que realmente buscas en una pareja, más allá de la estabilidad económica? ¿Qué crees que pasaría si permitieras que alguien te conociera sin tener que demostrar nada? ¿Qué parte de esta historia es miedo a sufrir y qué parte es una forma de protegerte de algo que quizás ya no necesitas protegerte?

    No tienes que cambiar tu forma de pensar de un día para otro. Pero quizás puedas empezar a preguntarte si esa voz que te dice "no soy suficiente" es realmente tuya o es la voz de un sistema que te ha enseñado a dudar de ti misma.

    Un abrazo,

    Pablo Labaronnie,
    Psicólogo General Sanitario


  • Tengo un problema en la esfera sexual y además trastorno obsesivo-compulsivo con ésta temática. Nece

    Tengo un problema en la esfera sexual y además trastorno obsesivo-compulsivo con ésta temática.
    Necesito saber si hay algún psicosexólogo/a que sea especialista en ambas áreas.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Pablo Labaronnie

    Hola, gracias por escribir y por compartir esta consulta con tanta claridad. Entiendo que estés buscando a alguien que pueda abordar ambas áreas porque puede sentirse como dos problemas separados que necesitan soluciones distintas. Sin embargo, es importante que sepas que no necesariamente necesitas un profesional que sea especialista en un trastorno específico para poder trabajar ambos aspectos. Muchos profesionales de la psicología, especialmente aquellos con enfoque sistémico y formados en sexualidad, pueden abordar estas temáticas sin necesidad de tener una subespecialización concreta en un diagnóstico particular.

    El enfoque sistémico, que es el que utilizo, entiende que los problemas no ocurren en el vacío, sino que están insertos en un contexto, en una historia, en una red de relaciones y significados. Esto significa que no trabajaríamos el trastorno obsesivo-compulsivo por un lado y la esfera sexual por otro, sino que miraríamos cómo se relacionan entre sí y cómo se influyen mutuamente. Porque muchas veces, la ansiedad, el control o los pensamientos intrusivos no están desconectados de la experiencia sexual, sino que se expresan en ella. Y al revés, las dificultades en la esfera sexual pueden alimentar pensamientos obsesivos que refuerzan un ciclo de malestar.

    En este sentido, el trabajo terapéutico no consistiría en tratar un "trastorno sexual" y un "TOC" como si fueran dos entidades separadas, sino en entender qué función cumple cada uno en tu vida, cómo se relacionan entre sí y qué necesidades o miedos están expresando. Porque a veces un síntoma es un mensaje. Y el trabajo consiste en entender ese mensaje y encontrar formas de relacionarse con él que no generen tanto sufrimiento.

    Para poder orientarnos mejor, me gustaría hacerte una pregunta que puede ayudarnos a entender tu situación. ¿Esos términos diagnósticos vienen de una evaluación hecha por un profesional de la salud mental, o son etiquetas que has utilizado para describir lo que te sucede? No es lo mismo haber recibido un diagnóstico formal en un proceso terapéutico que haber identificado ciertos patrones en ti mismo/a y haberles puesto un nombre. Y esto no es menor, porque la forma en que entendemos un problema influye en cómo lo abordamos. Si es un diagnóstico profesional, puede ser útil conocer el contexto en el que se hizo y cómo se trabajó hasta ahora. Si es una autodescripción, podemos explorar juntos qué es lo que realmente está pasando, sin necesidad de encajarlo en una categoría que quizás no termina de definirte.

    Trabajar con la sexualidad y con los pensamientos intrusivos requiere un espacio de confianza y de no juicio. Y desde el enfoque sistémico, podemos mirar cómo tu historia, tus relaciones y tu contexto han influido en la construcción de estas dificultades, y desde ahí buscar formas de habitarlas con menos sufrimiento. Si quieres profundizar, estoy aquí para acompañarte en ese proceso.

    Un abrazo,

    Pablo Labaronnie,
    Psicólogo General Sanitario


  • Hola buenas, necesito ayuda, llevo casi 3 semanas con mucha ansiedad, estres, angustia y culpa porqu

    Hola buenas, necesito ayuda, llevo casi 3 semanas con mucha ansiedad, estres, angustia y culpa porque tengo un pensamiento que me atormenta hasta el punto de no poder dormir o comer, es sobre que me gusta un familiar muy cercano, yo tengo pareja y me siento muy culpable de pensar así, pero también ese pensamiento se genera mucha ansiedad, culpa y angustia, intento buscar ayuda por internet o intento verificar en mi cabeza pero no encuentro ayuda o consuelo, este es un pensamiento que tengo ya hace unos años pero ya lo había podido anteriormente, tuve los mismos síntomas pero logré sentirme bien, ahora me ha costado mucho más de lo normal y este pensamiento tomó mucho poder luego de que falleciera un familiar y a parte esa semana tenía pruebas en la universidad, por favor que alguien me responda, ya no aguanto más.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Pablo Labaronnie

    Hola, gracias por compartir tu situación con tanta honestidad. Quiero empezar diciéndote que lo que estás sintiendo es comprensible y no te convierte en mala persona. Los pensamientos no definen quiénes somos, y el hecho de que te generen tanta angustia, culpa y malestar precisamente indica que no hay una intención dañina detrás de ellos. No estás sola en esto, y el simple hecho de buscar ayuda ya es un paso valiente hacia tu bienestar.

    Lo que describes tiene todas las características de un pensamiento intrusivo. No es un deseo, no es una elección, no es algo que hayas buscado activamente. Es un pensamiento que irrumpe sin ser invitado, que se queda y que, precisamente por el malestar que genera, se vuelve más insistente. Cuanto más intentas controlarlo o eliminarlo, más poder adquiere. Es como si alguien te dijera que no pienses en un elefante rosa: es imposible no hacerlo. Y ese es el mecanismo que está atrapándote: la lucha contra el pensamiento es lo que lo alimenta.

    Desde una mirada sistémica, es muy relevante que este pensamiento haya regresado con tanta fuerza después de la muerte de un familiar. La pérdida de alguien cercano desestabiliza todo el sistema familiar. Cambian los roles, los espacios, los silencios, las dinámicas. Y en ese contexto de vulnerabilidad, es normal que antiguas emociones o pensamientos que habías logrado manejar vuelvan a aparecer con más intensidad. No es casualidad que esto ocurra ahora, en un momento de duelo, estrés académico y probablemente también de desgaste emocional. Tu mente está intentando procesar muchas cosas a la vez, y los pensamientos intrusivos pueden ser una forma de expresar una ansiedad que no encuentra otra salida.

    Puede que ese familiar fallecido, sin saberlo, cumpliera una función de contención o de equilibrio en el sistema. Tal vez su presencia, su memoria o incluso la relación que tenías con él te ayudaba a mantener cierta estabilidad interna. Al irse, ese sostén simbólico desapareció, y lo que antes podías gestionar ahora se desborda. La pregunta no es tanto por qué tienes este pensamiento, sino por qué aparece ahora, en este momento de tu vida, y qué función puede estar cumpliendo en tu sistema emocional.

    La terapia sistémica puede ser de gran ayuda en este caso porque no se centra en eliminar el pensamiento, sino en entender su lugar dentro de tu historia y tu contexto. Te permitiría explorar qué ha cambiado en tu sistema familiar, qué emociones no estás pudiendo expresar o elaborar, y cómo el duelo y el estrés están influyendo en tu estado actual. También trabajarías en separar el pensamiento de tu identidad, entendiendo que tener un pensamiento no significa que quieras llevarlo a cabo, sino que tu mente está generando contenido que te duele y que no eliges.

    Para empezar a manejar la ansiedad que esto te genera, una herramienta útil es la práctica de mindfulness, que consiste en observar los pensamientos sin engancharte a ellos. Puedes probar a sentarte en un lugar tranquilo y centrarte en tu respiración. Cuando el pensamiento aparezca, en lugar de luchar contra él, obsérvalo como si fuera una nube que pasa por el cielo o una hoja que flota en un río. Reconoce su presencia, pero no te subas a él. Puedes decirte a ti mismo: "Estoy teniendo un pensamiento sobre...", y luego volver a tu respiración. La clave no es eliminar el pensamiento, sino cambiar tu relación con él.

    También puede ser útil que escribas lo que estás sintiendo sin juzgarlo. Anotar los pensamientos en un papel puede ayudar a sacarlos de tu cabeza y a verlos con más distancia. Y si el malestar es muy intenso, permítete hacer pausas, reducir la carga de exigencias y buscar espacios de descanso físico y emocional.

    Ahora, para poder orientarte mejor, me gustaría hacerte algunas preguntas que pueden ayudarte a entender lo que está pasando. ¿Qué emociones aparecen cuando el pensamiento se hace presente, además de la culpa y la ansiedad? ¿Hay algún momento del día o alguna situación concreta en la que el pensamiento sea más intenso? ¿Cómo era tu relación con ese familiar fallecido y qué espacio ocupaba en tu vida? ¿Qué cosas te ayudaban a sentirte mejor la otra vez que lograste manejar esta situación?

    No estás sola en esto, y no tienes que cargar con ello sin ayuda. Buscar acompañamiento profesional es el camino más seguro y efectivo para entender lo que está pasando y aprender a manejarlo. Te animo a que des ese paso y confíes en que se puede salir de este lugar de angustia.

    Un abrazo,
    Pablo Labaronnie, Psicólogo General Sanitario


  • muy buenas, quisiera de su ayuda a ustedes que han estudiado una carrera que es muy compleja y de gr

    muy buenas, quisiera de su ayuda a ustedes que han estudiado una carrera que es muy compleja y de gran ayuda LA PSICOLOGIA, quisiera pedirle sus opiniones por favor bueno tengo 27 años de edad soy de país peru y sucede que hoy en día al ver tantas cosas en mi país de abusos a menores varones como nunca , recordé que cuando tuve 12 años una vez rara quise que mi perrito macho me montara y me baje el pantalón pero el perrito no hizo nada y se fue nunca mas lo repetí ni nada pero ahora mi mente intrusiva me dice y si me paso algo que no recuerda y por eso lo quise hacer, pero a la vez razono y pienso nunca me paso nada de nada y digo no talvez es curiosidad pero creo que a muy pocas personas les haya querido o pasado esto mas siendo un varón. no es algo común y me da vergüenza haber pensado eso a esa edad o haber querido hacer algo aunque no hubo contacto ni nada. pero haberme bajado el pantalón y haberme puesto en posición de perrito me genera ansiedad nunca lo pensé ni lo tome importancia mas de 15 años justo ahora que leo periódicos en Facebook noticias salen puro casos de abusos y trata de evitar ver noticias extremas.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Pablo Labaronnie

    Hola, gracias por escribir y por compartir algo que te genera tanta vergüenza y ansiedad. Quiero empezar diciéndote que lo que estás sintiendo es comprensible y que no eres mala persona por ello. Los pensamientos y las conductas de la infancia no nos definen como adultos, y el hecho de que este recuerdo te genere tanto malestar ahora precisamente indica que hay una distancia enorme entre quien eres hoy y lo que ocurrió entonces.

    Lo que describes tiene todas las características de lo que llamamos un pensamiento intrusivo, que en este caso se ha disparado a partir de un contexto externo: la exposición a noticias sobre abusos a menores. Nuestra mente funciona por asociaciones, y cuando te encuentras con información que te impacta emocionalmente, es normal que surjan recuerdos o preguntas que no estaban activas antes. No es que ese recuerdo tenga un significado nuevo, sino que el contexto actual lo ha puesto en primer plano y lo ha teñido de una angustia que antes no tenía. Es importante que sepas que esto no significa que haya ocurrido algo que no recuerdas, sino que tu mente está intentando darle un sentido a una experiencia que en su momento fue una curiosidad infantil y que ahora, desde la mirada adulta y consciente de la gravedad de los abusos, te genera rechazo y confusión.

    Desde una perspectiva sistémica, es relevante que este recuerdo haya emergido ahora, en un momento en el que tu entorno social y mediático está lleno de contenidos que activan alertas emocionales. Tu cerebro está intentando protegerte, pero lo hace de una manera que te genera más malestar. El hecho de que hayas pasado más de quince años sin darle importancia a ese momento y que solo ahora, al exponerte a información sobre abusos, te genere tanta ansiedad, es una señal de que el problema no es el recuerdo en sí, sino cómo lo estás interpretando hoy.

    No es común que las personas hablen de esto, pero la curiosidad sexual en la infancia y la adolescencia puede manifestarse de formas diversas y a veces extrañas para la mirada adulta. Los niños y niñas exploran su cuerpo, experimentan sensaciones y a veces tienen impulsos o ideas que no comprenden del todo. El hecho de que el perrito no hiciera nada y de que nunca volvieras a intentarlo sugiere que fue un momento aislado, sin continuidad ni significado profundo. No hay una relación entre esa curiosidad infantil y una experiencia de abuso no recordada. Son cosas distintas, aunque tu mente las esté conectando ahora por el contexto de miedo y ansiedad en el que te encuentras.

    La terapia sistémica y las terapias de tercera ola pueden ayudarte a manejar esta ansiedad sin tener que resolver el misterio de un recuerdo que no existe como tal. El trabajo no sería tanto desentrañar qué pasó o no pasó, sino entender por qué ese recuerdo está teniendo tanto poder sobre ti hoy. Te ayudaría a observar los pensamientos intrusivos como lo que son: contenido mental que no define quién eres. Y también a separar el contexto de la infancia, donde la curiosidad y la experimentación pueden ser desordenadas y confusas, de la mirada adulta que juzga desde un lugar de conciencia y responsabilidad.

    Una herramienta útil para empezar a manejar esto es practicar la observación de los pensamientos desde la distancia. Cuando el pensamiento aparezca, en lugar de engancharte a él y entrar en un bucle de análisis, puedes probar a decirte a ti mismo: "Mi mente está generando este pensamiento otra vez. Es solo un pensamiento, no soy yo. No tengo que hacer nada con él". Puedes imaginar que el pensamiento es como una nube que pasa por el cielo o un tren que pasa por la estación. No te subes al tren, solo lo ves pasar.

    También es importante que reduzcas la exposición a las noticias que están activando este malestar. No significa que no te importe lo que pasa en tu país, sino que en este momento, tu bienestar emocional necesita un respiro. Puedes informarte de manera más espaciada o a través de fuentes menos impactantes, para no saturar tu sistema nervioso con contenido que te activa.

    Para ayudarte a seguir reflexionando, te dejo algunas preguntas. ¿Qué crees que ha cambiado en tu vida o en tu entorno que ha hecho que este recuerdo cobre tanta fuerza ahora, después de quince años? ¿Qué necesidad o emoción podría estar expresando ese pensamiento, más allá del contenido concreto que te genera vergüenza? ¿Qué te dirías a ti mismo si pudieras hablar con ese niño de doce años desde la comprensión y sin juicio?

    No estás solo en esto, y buscar apoyo profesional es el paso más valiente y acertado que puedes dar para salir de este bucle.

    Un abrazo,
    Pablo Labaronnie, Psicólogo General Sanitario


  • ¿Cómo se puede afrontar emocionalmente una situación de infidelidad emocional en la pareja cuando la confianza está dañada

    ¿Cómo se puede afrontar emocionalmente una situación de infidelidad emocional en la pareja cuando la confianza está dañada y se quiere intentar reconstruir la relación?"
    No sé realmente qué hacer, he pensado hasta en el divorcio.

    Gracias por leerme y por ayudarme.

    RESPUESTA DEL PROFESIONAL:

     Pablo Labaronnie

    Hola, gracias por escribir y por compartir algo tan difícil. El hecho de que estés considerando el divorcio y al mismo tiempo buscando respuestas ya dice mucho de la complejidad de lo que estás viviendo. No es una decisión sencilla, y no tiene que serlo. Una infidelidad emocional duele porque no solo rompe un acuerdo, sino porque pone en duda algo que quizás dabas por sentado: que la conexión profunda con tu pareja era exclusiva y que los sentimientos importantes se compartían solo entre ustedes.

    Cuando hablamos de infidelidad emocional, no se trata de un encuentro físico, sino de una intimidad que se ha construido en otro lugar. Puede ser más difícil de nombrar, pero el impacto es real porque toca el núcleo de la confianza y la seguridad en la relación. Y si a eso se suma que la confianza ya estaba dañada, el camino para reconstruir se vuelve aún más incierto.

    Desde una mirada sistémica, lo que ha ocurrido no puede entenderse solo desde la acción de una persona. No se trata de buscar culpables, sino de entender cómo se ha ido construyendo la distancia entre ustedes. ¿Qué espacio ocupaba cada uno en la relación? ¿Qué necesidades no estaban siendo atendidas? ¿Había silencios que se fueron llenando con otras cosas? La infidelidad emocional suele ser un síntoma de algo que ya no funcionaba, no una causa aislada. Y eso no la justifica, pero ayuda a entender qué es lo que realmente hay que reparar.

    El duelo por la confianza perdida es un proceso que necesita tiempo y que no puede saltarse. Es normal que ahora te sientas dividido/a entre el deseo de intentarlo y la tentación de huir. Ambas cosas son respuestas válidas al dolor que estás sintiendo. Puedes estar en ese espacio de contradicción sin tener que decidir ya. Es posible que necesites primero entender qué ha pasado, qué ha significado para ti y para tu pareja, y qué es lo que realmente necesitas para poder estar bien, con o sin el/ella.

    Reconstruir una relación después de una infidelidad emocional es posible, pero no es rápido y requiere que ambos estén dispuestos a mirar lo que pasó sin justificarlo, a hablar desde la vulnerabilidad y a construir acuerdos nuevos que realmente den seguridad. No se trata de volver a cómo era antes, sino de construir algo distinto que tenga en cuenta lo que ha pasado y lo que han aprendido de ello. La transparencia, la paciencia y la disposición a escuchar el dolor del otro son condiciones necesarias para que ese proceso sea posible.

    Si decides intentarlo, es importante que puedas expresar lo que necesitas para sentirte seguro/a, sin que eso se convierta en un control sobre el otro. También es fundamental que tu pareja pueda sostener tu dolor sin ponerse a la defensiva y que pueda mostrarte con hechos que el cambio es real. Si notas que el/ella no está dispuesto/a a hacer ese trabajo, o que tú sientes que tu confianza ya no puede repararse, también es importante que te lo permitas sentir sin culpa.

    La terapia de pareja puede ser el espacio donde puedan hablar de todo esto con un profesional que los ayude a desenredar lo que ha pasado y a decidir si quieren seguir construyendo juntos. Si la relación termina, no significa que hayas fracasado, sino que has elegido priorizar tu bienestar. Y si deciden intentarlo, que no sea por miedo a perderla, sino porque ambos quieren apostar por algo que vale la pena.

    Para ayudarte a seguir reflexionando, te dejo algunas preguntas. ¿Qué es lo que realmente te duele más: lo que pasó, cómo te enteraste o lo que significa para el futuro de la relación? Si el miedo no estuviera presente, ¿qué te gustaría hacer? ¿Qué necesitarías de tu pareja para poder empezar a confiar de nuevo?Prefieres comenzar un proceso terapeutico indiviudal para entender en pricipio que es lo que quieres de esta situacion?

    Date permiso para no tener todas las respuestas ahora. Esto es un proceso, y lo que necesitas hoy puede ser diferente de lo que necesites mañana.

    Un abrazo,

    Pablo Labaronnie,
    Psicólogo General Sanitario


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