Cuando era niño y estaba en los Boy Scouts, había un juego en el que el último en cantar una canción

2 respuestas
Cuando era niño y estaba en los Boy Scouts, había un juego en el que el último en cantar una canción tenía que dar un beso en la mejilla a una persona del sexo opuesto. Yo me negaba a participar: a veces fingía estar enfermo para evitarlo y recuerdo que, en una ocasión, un niño me pegó porque no quise hacerlo (un monitor intervino y le dijo que parara). Finalmente, me desapunté.

Mirándolo con perspectiva, siempre me ha parecido una reacción poco habitual. Mi duda es si ese comportamiento podía considerarse normal dentro de la variabilidad infantil o si podría reflejar algún tipo de ansiedad o dificultad social ya presente en aquella época.

También me pregunto si podría tener relación con problemas posteriores. Durante la adolescencia me daba mucho miedo saludar a las chicas con dos besos y, ya de adulto, sigo teniendo dificultades en mis interacciones con ellas. ¿Es posible que exista alguna conexión entre ambas cosas o sería más probable que se trate de problemas independientes?
 Mª Dolors Fernandez
Psicólogo
Vilanova i La Geltrú
Hola,

Lo que explicas que te ocurre desde tu infancia/adolescencia es compatible con una fobia social, es decir una dificultad para interactuar de forma adecuada y segura con tu entorno. Lo que te ha pasado es que si no se aprenden estrategias para afrontar esa dificultad, se va creciendo con el problema, y se lleva a la edad adulta.

En realidad, tanto el apuro que te suponía dar un beso a esa niña, como el miedo a saludar a las chicas siendo adolescente, como los problemas que te supone la interacción con las chicas en la actualidad, son el mismo problema. Te sientes inseguro, probablemente pienses que te van a juzgar, etc.
La única forma de superar esto es ganar seguridad en ti mismo y exponerte a situaciones sociales donde interactúes, al principio de forma breve, con personas de distinto sexo, para ir ganando confianza en ti mismo. No te recomiendo que evites situaciones o eventos por miedo, de esta forma solo mantendrás el problema y este se hará mayor.

Puedes consultar con un psicólogo para que te guíe en el proceso y te oriente con ejercicios que te fortalecerán y harán ganar seguridad.

Saludos,

Consigue respuesta gracias a la consulta online

¿Necesitas el consejo de un especialista? Reserva una consulta online: recibirás todas las respuestas sin salir de casa.

Mostrar especialistas ¿Cómo funciona?
 Jesús Seijas Queral
Psicólogo
Pozuelo de Alarcón
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.

Lo que cuentas puede entenderse perfectamente desde una mirada psicológica. No todos los niños viven igual los juegos de contacto físico, especialmente cuando implican besar a alguien, exponerse delante del grupo o hacer algo que no nace espontáneamente. Para algunos puede ser un juego sin importancia. Para otros puede activar vergüenza, bloqueo, presión social o sensación de invasión.

Tu reacción no tiene por qué interpretarse como algo “raro” en un sentido patológico. Puede estar dentro de la variabilidad infantil. Hay niños más reservados, más sensibles al contacto físico, más vergonzosos, más rígidos ante determinadas normas sociales o más ansiosos cuando se sienten observados. Pero el hecho de que fingieras estar enfermo, que evitaras participar, que terminaras desapuntándote y que luego aparecieran dificultades similares en la adolescencia y adultez sí sugiere que podía haber una sensibilidad previa importante.

El punto no es tanto el juego en sí, sino lo que aquel juego representaba para ti: contacto con chicas, exposición pública, obligación de actuar, posibilidad de quedar en ridículo, pérdida de control o miedo a no saber cómo comportarte.

Cuando una experiencia infantil se vive con mucha tensión, el cerebro puede empezar a asociar ciertas situaciones sociales con amenaza. Después, en la adolescencia, saludar a chicas con dos besos pudo activar algo parecido: contacto físico, cercanía, duda sobre cómo hacerlo, miedo a parecer torpe, vergüenza o sensación de estar siendo evaluado.

Es posible que exista una conexión entre ambas etapas. No necesariamente una relación causal directa, como si aquel episodio hubiera creado todo el problema, pero sí un hilo común: dificultad para manejar ciertas situaciones de contacto, intimidad social o aproximación al sexo opuesto.

También conviene tener en cuenta el episodio del niño que te pegó. Si tú ya estabas incómodo y encima recibiste agresión por negarte, esa experiencia pudo reforzar la idea de que decir “no”, diferenciarte del grupo o no cumplir una expectativa social podía traer consecuencias. Aunque el monitor interviniera, el cuerpo pudo quedarse con una memoria de vergüenza, miedo o indefensión.

En el presente, la pregunta útil no sería “¿era normal o anormal?”, sino “¿qué parte de mí se bloqueaba ahí y qué sigue activándose ahora?”. Puede tener relación con ansiedad social, miedo al rechazo, vergüenza corporal, inseguridad con mujeres, experiencias tempranas de presión social o dificultad para tolerar situaciones ambiguas de cercanía.

No hay que dramatizarlo, pero sí merece comprensión. Muchas dificultades adultas tienen raíces en pequeñas escenas repetidas o emocionalmente significativas, aunque desde fuera parecieran “tonterías”.

Trabajarlo psicológicamente implicaría revisar esas asociaciones, entender qué miedos se activan ante las mujeres o el contacto social, reducir la autoobservación excesiva y entrenar formas más naturales de vincularte sin sentir que estás constantemente a prueba.

La terapia psicológica puede ayudarte a:

• Comprender el origen de bloqueos sociales o afectivos.
• Trabajar vergüenza, ansiedad social y miedo al ridículo.
• Revisar experiencias infantiles que pudieron dejar huella.
• Mejorar seguridad en interacciones con mujeres.
• Reducir evitación, autoobservación y anticipación negativa.
• Construir una forma más espontánea y tranquila de relacionarte.

Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.

Preguntas relacionadas

¿No has encontrado la respuesta que necesitabas? ¡Envía tu pregunta!

  • Tu pregunta se publicará de forma anónima.
  • Intenta que tu consulta médica sea clara y breve.
  • La pregunta irá dirigida a todos los especialistas de Doctoralia, no a uno específico.
  • Este servicio no sustituye a una consulta con un profesional de la salud. Si tienes un problema o una urgencia, acude a tu médico o a los servicios de urgencia.
  • No se permiten preguntas sobre casos específicos o segundas opiniones.
  • Por cuestiones de salud, no se publicarán cantidades ni dosis de medicamentos.

Este valor es demasiado corto. Debe contener __LIMIT__ o más caracteres.


Elige la especialidad de los médicos a los que quieres preguntar
Lo utilizaremos para notificarte la respuesta (en ningún momento aparecerá en Doctoralia)

¿Tu caso es similar? Estos profesionales pueden ayudarte:

Todos los contenidos publicados en Doctoralia, especialmente preguntas y respuestas, son de carácter informativo y en ningún caso deben considerarse un sustituto de un asesoramiento médico.