Es un gusto saludarlos. La consulta es concreta, acerca de la alimentación de mi niña de casi 8 años
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Es un gusto saludarlos. La consulta es concreta, acerca de la alimentación de mi niña de casi 8 años. Si bien nos esmeramos como padres en cocinarle casero, no comprarle gaseosas, ni galletitas que son a base de colorantes, grasas y ultraprocesados; etc, cuando va al colegio a veces interactúa con niños que le convidan y se tienta. De hecho a veces ha vuelto descompuesta del estómago por tal razón. Debemos mantener nuestra conducta de prohibirle o alejarla de toda alimentación nociva? O quizá debemos ceder en forma esporádica, para que a ella no se le genere esa ansiedad o conducta tentadora de probar lo "Prohibido"? El temor que tengo es que si somos tan tajantes, quizá más adelante cuando sea adolescente nos juegue en contra esta manera de criarla: me refiero a las tentaciones de los adultos, adicciones, etc. Nos gustaría que nos aconsejen. Muchas gracias por la respuesta!
Buenas!
Es deseable que siga las indicaciones del pediatra.
Si tuviera algún problema entonces es cuando sería deseable el interés por buscar solución.
Mientras no haya problema no hay por qué preocuparse.
Las restricciones tan estrictas aumenta la probabilidad de problemas de conducta alimentaria tarde o temprano.
Normalice en lo posible una alimentación saludable, entendiéndose en el amplio sentido de la palabra, (nutrición, satisfacción comiendo, creencias saludables con respecto a la alimentación, etc).
Saludos.
Es deseable que siga las indicaciones del pediatra.
Si tuviera algún problema entonces es cuando sería deseable el interés por buscar solución.
Mientras no haya problema no hay por qué preocuparse.
Las restricciones tan estrictas aumenta la probabilidad de problemas de conducta alimentaria tarde o temprano.
Normalice en lo posible una alimentación saludable, entendiéndose en el amplio sentido de la palabra, (nutrición, satisfacción comiendo, creencias saludables con respecto a la alimentación, etc).
Saludos.
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Hola, gracias por la consulta.
La preocupación que plantean es muy sensata y bastante habitual. En general, una postura excesivamente prohibitiva puede aumentar el atractivo de lo “prohibido” y favorecer la ansiedad o la transgresión a escondidas, mientras que una permisividad total tampoco ayuda a que la niña desarrolle criterios propios.
Lo más saludable suele ser una vía intermedia. Mantener en casa una base clara de alimentación cuidada y coherente, y al mismo tiempo permitir de forma ocasional y contextualizada que pruebe ciertos alimentos cuando está con otros niños, sin dramatizar ni moralizar. No se trata de “ceder” sin más, sino de acompañarla a entender cómo se siente su cuerpo después, qué cosas le caen bien y cuáles no, y que vaya construyendo una relación más consciente con la comida.
Cuando hay descomposturas, conviene poner el foco en el efecto corporal y no en la culpa. Algo como “esto a veces pasa cuando comemos ciertas cosas, por eso en casa elegimos otras” suele ser más eficaz que el veto rígido. Así se transmite un criterio, no una amenaza.
De cara al futuro, lo que más protege no es la prohibición, sino una educación basada en el autocuidado, el diálogo y la confianza. Eso es lo que reduce la probabilidad de conductas compulsivas más adelante, no solo con la comida, sino con otras tentaciones propias de la adolescencia.
Si ven que la comida empieza a generar mucha ansiedad, conflicto o síntomas físicos frecuentes, ahí sí podría ser útil consultar con un profesional para afinar el enfoque.
Un cordial saludo y feliz navidad.
La preocupación que plantean es muy sensata y bastante habitual. En general, una postura excesivamente prohibitiva puede aumentar el atractivo de lo “prohibido” y favorecer la ansiedad o la transgresión a escondidas, mientras que una permisividad total tampoco ayuda a que la niña desarrolle criterios propios.
Lo más saludable suele ser una vía intermedia. Mantener en casa una base clara de alimentación cuidada y coherente, y al mismo tiempo permitir de forma ocasional y contextualizada que pruebe ciertos alimentos cuando está con otros niños, sin dramatizar ni moralizar. No se trata de “ceder” sin más, sino de acompañarla a entender cómo se siente su cuerpo después, qué cosas le caen bien y cuáles no, y que vaya construyendo una relación más consciente con la comida.
Cuando hay descomposturas, conviene poner el foco en el efecto corporal y no en la culpa. Algo como “esto a veces pasa cuando comemos ciertas cosas, por eso en casa elegimos otras” suele ser más eficaz que el veto rígido. Así se transmite un criterio, no una amenaza.
De cara al futuro, lo que más protege no es la prohibición, sino una educación basada en el autocuidado, el diálogo y la confianza. Eso es lo que reduce la probabilidad de conductas compulsivas más adelante, no solo con la comida, sino con otras tentaciones propias de la adolescencia.
Si ven que la comida empieza a generar mucha ansiedad, conflicto o síntomas físicos frecuentes, ahí sí podría ser útil consultar con un profesional para afinar el enfoque.
Un cordial saludo y feliz navidad.
Es una gran cuestión la que os hacéis en vuestra labor como padres.
Los puntos extremos y rígidos suelen jugar malas pasadas, yo abogaría por seguir en casa con una alimentación sana y si consume fuera del domicilio (cosa que no vais a poder controlar) hacer psicoeducación de por qué le ha sentado mal. El punto está en trabajar la relación que ella crea con esos ‘alimentos’, sino es algo puntual y hay un poco de flexibilidad no veo que haya mucho problema especialmente si la base de la alimentación sigue siendo saludable. Espero haberos ayudado
Los puntos extremos y rígidos suelen jugar malas pasadas, yo abogaría por seguir en casa con una alimentación sana y si consume fuera del domicilio (cosa que no vais a poder controlar) hacer psicoeducación de por qué le ha sentado mal. El punto está en trabajar la relación que ella crea con esos ‘alimentos’, sino es algo puntual y hay un poco de flexibilidad no veo que haya mucho problema especialmente si la base de la alimentación sigue siendo saludable. Espero haberos ayudado
Tu planteo es muy sensato y bastante habitual en familias que cuidan la salud de sus hijos. La preocupación que tenés es válida.
En general, la prohibición rígida suele generar más deseo y ansiedad por aquello que se intenta evitar. A esta edad, los niños todavía no regulan bien la cantidad ni entienden del todo las consecuencias, pero sí aprenden mucho del mensaje implícito: “esto está prohibido” vs “esto existe, pero se elige con criterio”.
Lo más saludable suele ser un punto intermedio:
Mantener en casa una alimentación mayormente saludable, como ya lo hacen.
No demonizar los alimentos “menos sanos”, sino explicar de forma simple que algunos se pueden comer “a veces” y otros “todos los días”.
Permitir consumos esporádicos y acompañados, para que no vivencie esos alimentos como algo secreto o transgresor.
Esto ayuda a que aprenda autorregulación, que es clave tanto ahora como en la adolescencia. Los extremos (todo prohibido o todo permitido) suelen ser menos eficaces que enseñar criterio.
Si vuelve descompuesta, no hace falta retarla ni dramatizar: se puede usar como aprendizaje (“tu cuerpo nos avisa cuando algo no le cae bien”) sin culpa ni miedo.
En resumen: sostener valores claros, pero con flexibilidad, suele proteger más a largo plazo que el control estricto. Lo que más pesa no es un alimento puntual, sino el vínculo que ella construye con la comida… y eso se transmite sobre todo desde el ejemplo y el clima emocional.
En general, la prohibición rígida suele generar más deseo y ansiedad por aquello que se intenta evitar. A esta edad, los niños todavía no regulan bien la cantidad ni entienden del todo las consecuencias, pero sí aprenden mucho del mensaje implícito: “esto está prohibido” vs “esto existe, pero se elige con criterio”.
Lo más saludable suele ser un punto intermedio:
Mantener en casa una alimentación mayormente saludable, como ya lo hacen.
No demonizar los alimentos “menos sanos”, sino explicar de forma simple que algunos se pueden comer “a veces” y otros “todos los días”.
Permitir consumos esporádicos y acompañados, para que no vivencie esos alimentos como algo secreto o transgresor.
Esto ayuda a que aprenda autorregulación, que es clave tanto ahora como en la adolescencia. Los extremos (todo prohibido o todo permitido) suelen ser menos eficaces que enseñar criterio.
Si vuelve descompuesta, no hace falta retarla ni dramatizar: se puede usar como aprendizaje (“tu cuerpo nos avisa cuando algo no le cae bien”) sin culpa ni miedo.
En resumen: sostener valores claros, pero con flexibilidad, suele proteger más a largo plazo que el control estricto. Lo que más pesa no es un alimento puntual, sino el vínculo que ella construye con la comida… y eso se transmite sobre todo desde el ejemplo y el clima emocional.
¡Buenos días!
Las temáticas referentes a la alimentación acostumbran a ser complejas, dado que se tiene que educar en base saludable de alimentación sin recurrir a la restricción. Una forma que a mi me gusta explicarlo es que todas las comidas se componen de diferentes formas y que cada una te aporta diferentes beneficios. Así evitamos "demonizar" alimentos y animamos a que los niños reflexionen sobre los beneficios de escoger un tipo de alimentación u otra. Es super positivo el que vuestra niña disfrute de comida saludable y casera, así que disfrute de comida menos "nutritiva" de tanto en cuanto. A mi forma de ver, el problema reside más en la forma en que se relaciona con estos alimentos, me explico: está bien que sus amigos le inviten a comida, pero ella tiene que aprender a escuchar su cuerpo y aprender cual es su límite para después no encontrarse mal. Así mismo, si ella conoce los beneficios de ciertas comidas, podrá escoger mejor. No recomiendo para nada el restringir ni prohibir alimentos dado que, como habéis mencionado anteriormente, puede generar ansiedad hacia ellos y conllevar a problemas en la relación con la alimentación.
Es por ello, que como profesional os recomiendo el trabajar el conocimiento y la relación en la alimentación, para así que ella sepa escoger lo que es mejor.
¡Espero que resulte de ayuda la respuesta!
Las temáticas referentes a la alimentación acostumbran a ser complejas, dado que se tiene que educar en base saludable de alimentación sin recurrir a la restricción. Una forma que a mi me gusta explicarlo es que todas las comidas se componen de diferentes formas y que cada una te aporta diferentes beneficios. Así evitamos "demonizar" alimentos y animamos a que los niños reflexionen sobre los beneficios de escoger un tipo de alimentación u otra. Es super positivo el que vuestra niña disfrute de comida saludable y casera, así que disfrute de comida menos "nutritiva" de tanto en cuanto. A mi forma de ver, el problema reside más en la forma en que se relaciona con estos alimentos, me explico: está bien que sus amigos le inviten a comida, pero ella tiene que aprender a escuchar su cuerpo y aprender cual es su límite para después no encontrarse mal. Así mismo, si ella conoce los beneficios de ciertas comidas, podrá escoger mejor. No recomiendo para nada el restringir ni prohibir alimentos dado que, como habéis mencionado anteriormente, puede generar ansiedad hacia ellos y conllevar a problemas en la relación con la alimentación.
Es por ello, que como profesional os recomiendo el trabajar el conocimiento y la relación en la alimentación, para así que ella sepa escoger lo que es mejor.
¡Espero que resulte de ayuda la respuesta!
La preocupación que expresan es muy frecuente en familias comprometidas con la crianza consciente, y el solo hecho de que se la formulen ya habla de una mirada reflexiva y cuidadosa.
En términos generales, las prohibiciones rígidas y absolutas suelen generar más deseo que autocontrol, especialmente en niños curiosos y en etapas donde el entorno social comienza a tener mucho peso, como ocurre a esta edad. Cuando algo se vive como totalmente “prohibido”, puede adquirir un valor simbólico mayor y despertar ansiedad, culpa o conductas de exceso cuando se presenta la oportunidad.
Dicho esto, tampoco se trata de “ceder sin límites”. Lo más saludable suele estar en un modelo intermedio, donde los adultos siguen siendo referentes claros, pero ayudan a la niña a aprender a autorregularse.
Algunas ideas clave que pueden orientarlos:
La base que ustedes ya ofrecen en casa es muy sólida. Una alimentación casera, cuidada y sin ultraprocesados constituye el mayor factor protector. Que ocasionalmente pruebe otros alimentos fuera de casa no invalida ese sostén.
Más que prohibir, suele ser más útil explicar y enseñar. Ayudarla a comprender, con un lenguaje acorde a su edad, qué alimentos nutren el cuerpo y cuáles pueden generar malestar si se consumen en exceso. No desde el miedo, sino desde el cuidado.
Permitir consumos ocasionales, hablados y anticipados, puede disminuir la ansiedad y el atractivo de “lo prohibido”. Por ejemplo, que sepa que en ciertos contextos puede elegir, y que luego puedan conversar sobre cómo se sintió físicamente.
Es importante diferenciar entre elección y presión social. Pueden trabajar con ella frases simples para decir “no, gracias” cuando no tiene ganas, y también enseñarle a registrar las señales de su cuerpo (si algo le cae mal, si se siente pesada, con dolor de panza, etc.).
Respecto a su temor a futuro, es muy pertinente. La evidencia clínica muestra que los niños que crecen con adultos que acompañan, explican y confían, en lugar de controlar de forma rígida, suelen desarrollar mayor capacidad de autocuidado en la adolescencia. No se trata solo de alimentos, sino del mensaje implícito: “puedo elegir y hacerme responsable de lo que me pasa”.
En síntesis, no parece necesario endurecer más las prohibiciones. Mantener el marco que ya tienen, flexibilizar de manera consciente y acompañar con diálogo y reflexión es, a largo plazo, más preventivo que una postura tajante. Están sembrando no solo hábitos saludables, sino también criterio y autonomía, que es lo que verdaderamente protege en las etapas posteriores del desarrollo.
En términos generales, las prohibiciones rígidas y absolutas suelen generar más deseo que autocontrol, especialmente en niños curiosos y en etapas donde el entorno social comienza a tener mucho peso, como ocurre a esta edad. Cuando algo se vive como totalmente “prohibido”, puede adquirir un valor simbólico mayor y despertar ansiedad, culpa o conductas de exceso cuando se presenta la oportunidad.
Dicho esto, tampoco se trata de “ceder sin límites”. Lo más saludable suele estar en un modelo intermedio, donde los adultos siguen siendo referentes claros, pero ayudan a la niña a aprender a autorregularse.
Algunas ideas clave que pueden orientarlos:
La base que ustedes ya ofrecen en casa es muy sólida. Una alimentación casera, cuidada y sin ultraprocesados constituye el mayor factor protector. Que ocasionalmente pruebe otros alimentos fuera de casa no invalida ese sostén.
Más que prohibir, suele ser más útil explicar y enseñar. Ayudarla a comprender, con un lenguaje acorde a su edad, qué alimentos nutren el cuerpo y cuáles pueden generar malestar si se consumen en exceso. No desde el miedo, sino desde el cuidado.
Permitir consumos ocasionales, hablados y anticipados, puede disminuir la ansiedad y el atractivo de “lo prohibido”. Por ejemplo, que sepa que en ciertos contextos puede elegir, y que luego puedan conversar sobre cómo se sintió físicamente.
Es importante diferenciar entre elección y presión social. Pueden trabajar con ella frases simples para decir “no, gracias” cuando no tiene ganas, y también enseñarle a registrar las señales de su cuerpo (si algo le cae mal, si se siente pesada, con dolor de panza, etc.).
Respecto a su temor a futuro, es muy pertinente. La evidencia clínica muestra que los niños que crecen con adultos que acompañan, explican y confían, en lugar de controlar de forma rígida, suelen desarrollar mayor capacidad de autocuidado en la adolescencia. No se trata solo de alimentos, sino del mensaje implícito: “puedo elegir y hacerme responsable de lo que me pasa”.
En síntesis, no parece necesario endurecer más las prohibiciones. Mantener el marco que ya tienen, flexibilizar de manera consciente y acompañar con diálogo y reflexión es, a largo plazo, más preventivo que una postura tajante. Están sembrando no solo hábitos saludables, sino también criterio y autonomía, que es lo que verdaderamente protege en las etapas posteriores del desarrollo.
El enfoque más saludable suele ser el equilibrio y no la prohibición rígida. Mantener una alimentación sana en casa es un gran factor protector, y permitir consumos ocasionales en contextos sociales no la perjudica. Lo importante es educar, explicar por qué algunos alimentos hacen mal y ayudarla a escuchar las señales de su cuerpo. La flexibilidad con límites claros reduce la ansiedad y el deseo por lo “prohibido”. Los niños aprenden más del ejemplo que de la imposición. A largo plazo, el diálogo y la autorregulación protegen más que el control estricto.
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