Hola cuando era niña de unos 6 o 7 años jugaba con otros niños de edad como de 8 o 9 y tambien con u
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Hola cuando era niña de unos 6 o 7 años jugaba con otros niños de edad como de 8 o 9 y tambien con un primo que devia tener como unos 11 o 12 años como por tres ocasiones jugabamos al papa y la mama y los niños terminaban colocando el pene en mi vagina como intentando penetrar pero jamas me obligaron todo lo que haciamos hacia parte de un juego nunca me obligaron nunca senti dolor tampoco nunca me forzaron todo era consentido nunca lo vi como algo inmoral solo hasta ahora y me pregunto aveces por que esta conducta a esa edad si esto fue normal, por que aveces siento como verguenza de haberme puesto en esas cosas.
Hola
Lo que describes encaja con exploración sexual infantil, algo relativamente frecuente entre niños de edades cercanas cuando juegan y sienten curiosidad por el cuerpo.
Según cuentas, no hubo coerción, dolor ni sensación de abuso en ese momento, lo cual es un dato importante. La vergüenza que sientes ahora suele aparecer al reinterpretar la experiencia desde la mirada adulta y las normas aprendidas después.
Eras una niña. La responsabilidad nunca recae en un menor. Si hoy no te genera síntomas ni malestar significativo, probablemente fue una conducta exploratoria propia del desarrollo. Si la vergüenza es intensa o persistente, puede ser útil trabajarlo en terapia.
Lo que describes encaja con exploración sexual infantil, algo relativamente frecuente entre niños de edades cercanas cuando juegan y sienten curiosidad por el cuerpo.
Según cuentas, no hubo coerción, dolor ni sensación de abuso en ese momento, lo cual es un dato importante. La vergüenza que sientes ahora suele aparecer al reinterpretar la experiencia desde la mirada adulta y las normas aprendidas después.
Eras una niña. La responsabilidad nunca recae en un menor. Si hoy no te genera síntomas ni malestar significativo, probablemente fue una conducta exploratoria propia del desarrollo. Si la vergüenza es intensa o persistente, puede ser útil trabajarlo en terapia.
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Es comprensible que al recordarlo desde la mirada adulta aparezcan preguntas, dudas o incluso vergüenza.
En la infancia existe lo que llamamos conducta sexual exploratoria. A ciertas edades, los niños pueden jugar a “papá y mamá”, mirarse, tocarse o imitar conductas que han visto en adultos, sin comprender realmente su significado sexual. Desde ese punto de vista, parte de la curiosidad corporal puede considerarse dentro del desarrollo evolutivo.
Ahora bien, hay un matiz importante: cuando existe diferencia de edad significativa (por ejemplo, 6–7 años frente a 11–12), hablamos de una asimetría en el nivel de desarrollo. Aunque tú no lo vivieras como forzado ni doloroso, a esa edad no se tiene la madurez emocional ni cognitiva para comprender plenamente lo que implica ese tipo de conducta. Eso no significa que “hicieras algo malo”. Significa que eras una niña actuando desde la curiosidad y el contexto en el que estabas.
La vergüenza que aparece ahora suele estar relacionada con la reinterpretación adulta de una experiencia infantil. Es frecuente que, al crecer, miremos el pasado con otros valores y nos juzguemos con criterios que no corresponden a la edad que teníamos. Pero la responsabilidad nunca recae en la niña.
Si estos recuerdos te generan malestar, culpa o confusión persistente, puede ser útil trabajarlos en terapia para resignificarlos desde un lugar más compasivo contigo misma. Entender qué sentías entonces y qué sientes ahora puede ayudarte a integrar esa experiencia sin cargar con una culpa que no te pertenece.
Si lo deseas, puedes pedirme cita online y lo vemos con calma en un espacio seguro.
En la infancia existe lo que llamamos conducta sexual exploratoria. A ciertas edades, los niños pueden jugar a “papá y mamá”, mirarse, tocarse o imitar conductas que han visto en adultos, sin comprender realmente su significado sexual. Desde ese punto de vista, parte de la curiosidad corporal puede considerarse dentro del desarrollo evolutivo.
Ahora bien, hay un matiz importante: cuando existe diferencia de edad significativa (por ejemplo, 6–7 años frente a 11–12), hablamos de una asimetría en el nivel de desarrollo. Aunque tú no lo vivieras como forzado ni doloroso, a esa edad no se tiene la madurez emocional ni cognitiva para comprender plenamente lo que implica ese tipo de conducta. Eso no significa que “hicieras algo malo”. Significa que eras una niña actuando desde la curiosidad y el contexto en el que estabas.
La vergüenza que aparece ahora suele estar relacionada con la reinterpretación adulta de una experiencia infantil. Es frecuente que, al crecer, miremos el pasado con otros valores y nos juzguemos con criterios que no corresponden a la edad que teníamos. Pero la responsabilidad nunca recae en la niña.
Si estos recuerdos te generan malestar, culpa o confusión persistente, puede ser útil trabajarlos en terapia para resignificarlos desde un lugar más compasivo contigo misma. Entender qué sentías entonces y qué sientes ahora puede ayudarte a integrar esa experiencia sin cargar con una culpa que no te pertenece.
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Lo primero que quiero transmitirte es algo muy importante: lo que describes entra dentro de lo que en psicología evolutiva se conoce como conductas sexuales infantiles exploratorias. En la infancia, especialmente entre los 3 y los 9 años aproximadamente, es relativamente frecuente que los niños jueguen a “papá y mamá”, que exploren sus cuerpos o que imiten conductas que han observado sin comprender plenamente su significado adulto. A esa edad no existe la misma representación de la sexualidad que tenemos en la adultez; suele tratarse de curiosidad, imitación y juego simbólico.
Ahora bien, hay dos elementos relevantes en lo que cuentas. La diferencia de edad es uno de ellos. Aunque todos eran menores, un primo de 11 o 12 años ya se encuentra en una etapa evolutiva distinta a una niña de 6 o 7. Eso introduce una asimetría de desarrollo, aunque tú no lo vivieras como forzado. El segundo elemento es la interpretación actual. En su momento no lo viviste como algo inmoral, ni doloroso, ni impuesto. Sin embargo, hoy aparece la vergüenza.
Y aquí es donde está el núcleo importante. La vergüenza que sientes ahora no habla de que hicieras algo malo entonces. Habla de que hoy, con tu marco adulto, reinterpretas una experiencia infantil con categorías morales y sexuales que entonces no tenías. Es frecuente que cuando una persona revisa su infancia desde la adultez aparezcan preguntas como por qué hice eso, si eso fue normal o si significa algo de mí. La clave es entender que la mente infantil no funciona con la lógica moral ni sexual del adulto. La intención, la conciencia y la comprensión eran completamente diferentes.
También puede estar ocurriendo algo más profundo. A veces la vergüenza no proviene del acto en sí, sino de sentir que yo participé, pensar que yo lo permití o temer que eso diga algo negativo sobre uno mismo. Eso merece ser explorado con cuidado, no desde el juicio sino desde la comprensión.
Puede ayudarte reflexionar sobre si la vergüenza aparece cuando piensas en el pasado o cuando imaginas que otros podrían saberlo, si te genera dudas sobre tu identidad, tu valor o tu moral, y si hay algún malestar actual en tu vida que haya activado este recuerdo. No hay nada en tu relato que, por sí mismo, indique que hubiera algo patológico en ti. Pero sí es importante reconocer que la diferencia evolutiva con el primo puede generar hoy preguntas legítimas. Si este recuerdo viene acompañado de ansiedad, culpa persistente, pensamientos intrusivos o malestar significativo, merece trabajarse más en profundidad, no para etiquetarlo, sino para integrar la experiencia sin que quede cargada de vergüenza. Muchas veces la vergüenza aparece cuando miramos el pasado con los ojos del presente, y el trabajo terapéutico consiste en poder mirarlo también con los ojos de la niña que eras en ese momento.
Ahora bien, hay dos elementos relevantes en lo que cuentas. La diferencia de edad es uno de ellos. Aunque todos eran menores, un primo de 11 o 12 años ya se encuentra en una etapa evolutiva distinta a una niña de 6 o 7. Eso introduce una asimetría de desarrollo, aunque tú no lo vivieras como forzado. El segundo elemento es la interpretación actual. En su momento no lo viviste como algo inmoral, ni doloroso, ni impuesto. Sin embargo, hoy aparece la vergüenza.
Y aquí es donde está el núcleo importante. La vergüenza que sientes ahora no habla de que hicieras algo malo entonces. Habla de que hoy, con tu marco adulto, reinterpretas una experiencia infantil con categorías morales y sexuales que entonces no tenías. Es frecuente que cuando una persona revisa su infancia desde la adultez aparezcan preguntas como por qué hice eso, si eso fue normal o si significa algo de mí. La clave es entender que la mente infantil no funciona con la lógica moral ni sexual del adulto. La intención, la conciencia y la comprensión eran completamente diferentes.
También puede estar ocurriendo algo más profundo. A veces la vergüenza no proviene del acto en sí, sino de sentir que yo participé, pensar que yo lo permití o temer que eso diga algo negativo sobre uno mismo. Eso merece ser explorado con cuidado, no desde el juicio sino desde la comprensión.
Puede ayudarte reflexionar sobre si la vergüenza aparece cuando piensas en el pasado o cuando imaginas que otros podrían saberlo, si te genera dudas sobre tu identidad, tu valor o tu moral, y si hay algún malestar actual en tu vida que haya activado este recuerdo. No hay nada en tu relato que, por sí mismo, indique que hubiera algo patológico en ti. Pero sí es importante reconocer que la diferencia evolutiva con el primo puede generar hoy preguntas legítimas. Si este recuerdo viene acompañado de ansiedad, culpa persistente, pensamientos intrusivos o malestar significativo, merece trabajarse más en profundidad, no para etiquetarlo, sino para integrar la experiencia sin que quede cargada de vergüenza. Muchas veces la vergüenza aparece cuando miramos el pasado con los ojos del presente, y el trabajo terapéutico consiste en poder mirarlo también con los ojos de la niña que eras en ese momento.
Muy buenas,
Por lo que cuentas, estabas en una edad muy pequeña. A los 6 o 7 años no hay una comprensión real de lo que significa todo eso, ni de los límites o implicaciones como los entendemos de adultos. Los niños se mueven desde la curiosidad y el juego, y desde ahí ocurren muchas cosas que después, vistas con ojos adultos, se sienten diferentes.
Que ahora te aparezca vergüenza o incomodidad es bastante habitual. Muchas veces el cerebro revisa recuerdos de la infancia con la mentalidad que tenemos hoy y les da un significado nuevo. Eso puede hacer que surjan dudas o sensaciones raras, pero no significa que hicieras algo malo ni que haya algo incorrecto en ti.
En EMDR vemos con frecuencia que experiencias tempranas pueden quedarse sin procesar del todo y años después generan culpa o vergüenza. Lo positivo es que el cerebro tiene capacidad para reprocesar esas vivencias y que pierdan esa carga, pudiendo recordarlas con más calma y comprensión hacia uno mismo.
Intenta mirarte con cariño y con la misma comprensión que tendrías hacia cualquier niña de esa edad. Si ves que el tema te sigue removiendo, hablarlo en terapia puede ayudarte a darle más tranquilidad y cierre.
Por lo que cuentas, estabas en una edad muy pequeña. A los 6 o 7 años no hay una comprensión real de lo que significa todo eso, ni de los límites o implicaciones como los entendemos de adultos. Los niños se mueven desde la curiosidad y el juego, y desde ahí ocurren muchas cosas que después, vistas con ojos adultos, se sienten diferentes.
Que ahora te aparezca vergüenza o incomodidad es bastante habitual. Muchas veces el cerebro revisa recuerdos de la infancia con la mentalidad que tenemos hoy y les da un significado nuevo. Eso puede hacer que surjan dudas o sensaciones raras, pero no significa que hicieras algo malo ni que haya algo incorrecto en ti.
En EMDR vemos con frecuencia que experiencias tempranas pueden quedarse sin procesar del todo y años después generan culpa o vergüenza. Lo positivo es que el cerebro tiene capacidad para reprocesar esas vivencias y que pierdan esa carga, pudiendo recordarlas con más calma y comprensión hacia uno mismo.
Intenta mirarte con cariño y con la misma comprensión que tendrías hacia cualquier niña de esa edad. Si ves que el tema te sigue removiendo, hablarlo en terapia puede ayudarte a darle más tranquilidad y cierre.
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