Hola cuando era niña de unos 6 o 7 años jugaba con otros niños de edad como de 8 o 9 y tambien con u

14 respuestas
Hola cuando era niña de unos 6 o 7 años jugaba con otros niños de edad como de 8 o 9 y tambien con un primo que devia tener como unos 11 o 12 años como por tres ocasiones jugabamos al papa y la mama y los niños terminaban colocando el pene en mi vagina como intentando penetrar pero jamas me obligaron todo lo que haciamos hacia parte de un juego nunca me obligaron nunca senti dolor tampoco nunca me forzaron todo era consentido nunca lo vi como algo inmoral solo hasta ahora y me pregunto aveces por que esta conducta a esa edad si esto fue normal, por que aveces siento como verguenza de haberme puesto en esas cosas.
Hola
Lo que describes encaja con exploración sexual infantil, algo relativamente frecuente entre niños de edades cercanas cuando juegan y sienten curiosidad por el cuerpo.
Según cuentas, no hubo coerción, dolor ni sensación de abuso en ese momento, lo cual es un dato importante. La vergüenza que sientes ahora suele aparecer al reinterpretar la experiencia desde la mirada adulta y las normas aprendidas después.
Eras una niña. La responsabilidad nunca recae en un menor. Si hoy no te genera síntomas ni malestar significativo, probablemente fue una conducta exploratoria propia del desarrollo. Si la vergüenza es intensa o persistente, puede ser útil trabajarlo en terapia.

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Es comprensible que al recordarlo desde la mirada adulta aparezcan preguntas, dudas o incluso vergüenza.

En la infancia existe lo que llamamos conducta sexual exploratoria. A ciertas edades, los niños pueden jugar a “papá y mamá”, mirarse, tocarse o imitar conductas que han visto en adultos, sin comprender realmente su significado sexual. Desde ese punto de vista, parte de la curiosidad corporal puede considerarse dentro del desarrollo evolutivo.

Ahora bien, hay un matiz importante: cuando existe diferencia de edad significativa (por ejemplo, 6–7 años frente a 11–12), hablamos de una asimetría en el nivel de desarrollo. Aunque tú no lo vivieras como forzado ni doloroso, a esa edad no se tiene la madurez emocional ni cognitiva para comprender plenamente lo que implica ese tipo de conducta. Eso no significa que “hicieras algo malo”. Significa que eras una niña actuando desde la curiosidad y el contexto en el que estabas.

La vergüenza que aparece ahora suele estar relacionada con la reinterpretación adulta de una experiencia infantil. Es frecuente que, al crecer, miremos el pasado con otros valores y nos juzguemos con criterios que no corresponden a la edad que teníamos. Pero la responsabilidad nunca recae en la niña.

Si estos recuerdos te generan malestar, culpa o confusión persistente, puede ser útil trabajarlos en terapia para resignificarlos desde un lugar más compasivo contigo misma. Entender qué sentías entonces y qué sientes ahora puede ayudarte a integrar esa experiencia sin cargar con una culpa que no te pertenece.

Si lo deseas, puedes pedirme cita online y lo vemos con calma en un espacio seguro.
Muy buenas,

Por lo que cuentas, estabas en una edad muy pequeña. A los 6 o 7 años no hay una comprensión real de lo que significa todo eso, ni de los límites o implicaciones como los entendemos de adultos. Los niños se mueven desde la curiosidad y el juego, y desde ahí ocurren muchas cosas que después, vistas con ojos adultos, se sienten diferentes.

Que ahora te aparezca vergüenza o incomodidad es bastante habitual. Muchas veces el cerebro revisa recuerdos de la infancia con la mentalidad que tenemos hoy y les da un significado nuevo. Eso puede hacer que surjan dudas o sensaciones raras, pero no significa que hicieras algo malo ni que haya algo incorrecto en ti.

En EMDR vemos con frecuencia que experiencias tempranas pueden quedarse sin procesar del todo y años después generan culpa o vergüenza. Lo positivo es que el cerebro tiene capacidad para reprocesar esas vivencias y que pierdan esa carga, pudiendo recordarlas con más calma y comprensión hacia uno mismo.

Intenta mirarte con cariño y con la misma comprensión que tendrías hacia cualquier niña de esa edad. Si ves que el tema te sigue removiendo, hablarlo en terapia puede ayudarte a darle más tranquilidad y cierre.
Hola, gracias por compartir algo tan íntimo y delicado.

Lo que describes entra dentro de lo que en psicología entendemos como conductas de exploración sexual infantil. En la infancia es relativamente frecuente que niños y niñas jueguen a “papá y mamá” o exploren el cuerpo por curiosidad e imitación, sin comprender el significado adulto de lo que están haciendo.

A esa edad no existe una intención sexual como en la vida adulta. Suele tratarse de curiosidad, juego y aprendizaje corporal. El hecho de que no hubiera fuerza, dolor ni coerción es un elemento importante dentro de lo que relatas.

Es bastante común que, al mirar esas experiencias desde la adultez, aparezcan sentimientos como vergüenza, incomodidad o cuestionamientos. Eso no significa que hicieras algo malo o inmoral. Significa que ahora interpretas lo vivido desde una comprensión adulta que antes no tenías.

La vergüenza muchas veces surge cuando reinterpretamos el pasado con valores actuales. Pero es importante recordar que eras una niña. La responsabilidad emocional y moral nunca recae en una niña pequeña.

Si estas dudas o emociones aparecen con frecuencia o te generan malestar, puede ser muy útil explorarlas en un espacio terapéutico seguro para comprender qué significado tienen hoy para ti y trabajarlo con calma.

Puedo atenderte de forma presencial en Tres Cantos (Madrid), también a domicilio en Madrid Norte, o en modalidad online si te resulta más cómodo.
Lo que relatas puede generar mucha confusión y vergüenza al mirarlo desde la adultez, y es importante decir algo con claridad: la vergüenza que aparece ahora no significa que hicieras algo mal.

En la infancia pueden darse conductas sexuales entre niños que surgen desde la curiosidad y el juego, sin la comprensión adulta de lo que eso implica. Sin embargo, cuando hay diferencias de edad, aunque en ese momento no lo hayas vivido como forzado, es normal que con el tiempo aparezcan preguntas, incomodidad o sentimientos difíciles.

Que hoy lo mires distinto habla de tu madurez actual, no de una culpa pasada. Muchas personas que vivieron experiencias confusas en la infancia sienten vergüenza retrospectiva, aunque en su momento no lo hayan percibido como algo dañino.

Si estos recuerdos te generan malestar, vergüenza persistente o dudas sobre ti, hablarlo en un espacio terapéutico puede ayudarte a resignificar lo vivido con más cuidado y sin juzgarte. No para etiquetar la experiencia, sino para que deje de pesarte.

No estás sola en sentir esto, y no es extraño que estas preguntas aparezcan con los años. Poder mirarlo con acompañamiento suele traer alivio.
Gracias por confiar en compartir esto; entiendo que pueda generar vergüenza al recordarlo, pero lo que describes es un ejemplo de exploración sexual infantil, algo que es bastante común y que forma parte del descubrimiento del propio cuerpo y la curiosidad sobre la sexualidad.
El hecho de que haya sido consentido y sin dolor indica que era un juego entre niños, y no significa que hayas hecho algo “malo” o inmoral. Muchas personas reflexionan sobre estas experiencias más tarde y sienten curiosidad o cierta vergüenza, y eso es completamente normal.
Si quieres, en un espacio seguro podemos hablar sobre estas experiencias, cómo te impactaron emocionalmente y cómo procesarlas para que no sigan generando culpa ni incomodidad
Lo primero que quiero decirte con claridad es esto: a los 6 o 7 años no hay responsabilidad subjetiva en el sentido adulto del término. La sexualidad infantil existe —eso lo sabemos desde Freud—, pero no tiene el mismo estatuto que la sexualidad adulta. Son juegos, curiosidades, intentos de comprender el cuerpo y la diferencia entre los sexos. No hay allí “culpa” en el sentido moral.

Dicho esto, también es importante señalar algo con cuidado: cuando hay diferencias de edad, aunque sean de pocos años, la situación deja de ser completamente simétrica. Un niño mayor puede tener un saber distinto sobre el cuerpo y eso introduce una asimetría, aunque en ese momento no se haya vivido como forzado ni doloroso.

La vergüenza que aparece ahora no habla de que “hiciste algo malo”. Habla de que hoy, desde tu posición adulta, resignificas esa escena. Lo que en la infancia fue vivido como juego, hoy se lee con otros significantes: moral, sexualidad, consentimiento, límites. No cambia lo que ocurrió; cambia la lectura que haces de ello.

En psicoanálisis no trabajamos desde la condena sino desde la pregunta:
• ¿Qué lugar ocupa hoy ese recuerdo en tu historia?
A veces la vergüenza no proviene del acto en sí, sino de la mirada imaginada del Otro. Y eso merece ser escuchado sin juicio.

Si este recuerdo aparece con insistencia o te genera malestar, hablarlo en un espacio terapéutico puede ayudarte a ponerle palabras propias y no quedarte atrapada en una lectura culposa.

No hay nada “dañado” en ti por haber participado en juegos infantiles. Lo importante es cómo eso se inscribe hoy en tu subjetividad.…
 Patricia Leal Muñoz
Psicólogo
Jerez de la Frontera
Hola, gracias por compartir tu experiencia.

Lo que describes es comportamiento sexual infantil exploratorio, que es bastante común entre niños y niñas en la etapa de 5 a 12 años. A esa edad, los niños y niñas exploran sus cuerpos y los de otros por curiosidad, sin que eso implique daño, coerción ni mala intención. Que lo recuerdes ahora con cierta vergüenza es normal, pero no significa que hayas hecho algo “malo”.

Es importante diferenciar entre exploración consentida propia de la infancia y situaciones de abuso, que implican coerción, miedo o dolor. Según lo que cuentas, nunca hubo imposición ni sufrimiento, y por eso se considera una fase de curiosidad y aprendizaje natural.

Si estos recuerdos generan malestar intenso o culpa, puede ser útil trabajarlos con un profesional, para normalizarlos y liberar la vergüenza, comprendiendo que tu vivencia fue parte del desarrollo natural.
muchas veces los niños exploran su sexualidad de forma natural. Luego como adultos le damos un significado que puede despertar ciertas emociones. Puedes contactar con un profesional para tratar de integrar estos hechos en tu historia de vida y darles otro significado
 Carmen Alonso Ecenarro
Psicólogo, Terapeuta complementario
Madrid
Quiero decirte, ante todo, que NO FUE TU CULPA. Eras una niña muy pequeña y no tenías la capacidad de comprender el significado ni las implicaciones de esas conductas. A esa edad, los niños muchas veces participan en juegos sin entender su dimensión, guiados por la curiosidad o la imitación, no por una decisión consciente como la de un adulto.
El hecho de que no sintieras dolor o no te sintieras obligada no cambia que tú eras menor y no podías entender realmente lo que estaba ocurriendo.
Es completamente normal que ahora, al mirarlo desde tu perspectiva adulta, te surjan dudas, vergüenza o confusión. Esos sentimientos no significan que hicieras algo malo; solo reflejan que ahora sí tienes la comprensión que entonces no podías tener.

Gracias por compartir algo tan personal. Si en algún momento quieres hablar más sobre cómo te sientes, aquí estoy para escucharte. Te mando un abrazo
Lo primero, comentarte que siento lo que cuentas. Hay muchos elementos de la experiencia que tuviste (de manera repetida en el tiempo) que no reflejan una conducta exploratoria habitual en la infancia y adolescencia. Estamos hablando de una conducta sexual inapropiada, con una diferencia de edad y de ciclo de la etapa vital muy clara. La vergüenza es resultado de la imposibilidad de poder integrar lo sucedido por la edad que tenías. Creo que mereces poder trabajar esto que te pasó desde la mirada adulta. Un abrazo.
Hola, gracias por compartir algo tan delicado.

Es importante nombrarlo con claridad: lo que describes entra dentro de lo que se considera abuso sexual infantil (ASI), aunque en su momento lo vivieras como un juego y no hubiera sensación de obligación o dolor.

El motivo es que, en la infancia, no existe una capacidad real de consentimiento informado, y menos aún cuando hay diferencias de edad o conductas sexuales explícitas como las que comentas. Aunque tú no lo vivieras como algo negativo en ese momento, eso no cambia la naturaleza de la situación.

Dicho esto, hay algo muy importante: tú no tienes ninguna culpa. Eras una niña, y no podías comprender ni decidir sobre ese tipo de experiencias. La responsabilidad nunca recae en el menor.

La vergüenza que sientes ahora es bastante habitual. Suele aparecer cuando, ya desde la mirada adulta, reinterpretas lo ocurrido y lo comparas con lo que hoy entiendes como adecuado o no. Pero esa vergüenza no significa que hicieras algo mal, sino que estás procesando la experiencia desde otro lugar.

También es frecuente que este tipo de recuerdos generen dudas o confusión con el paso del tiempo, especialmente si en su momento no se identificaron como algo problemático.

Puede ayudarte:

* dejar de juzgar a tu “yo niña” con criterios actuales
* entender que no hubo responsabilidad por tu parte
* permitirte sentir lo que aparezca sin castigarte por ello

Si notas que este tema te genera malestar, vergüenza persistente o muchas dudas, hablarlo con un/a profesional puede ayudarte a procesarlo de forma más segura y sin culpa.

No hay nada “malo” en ti por lo que pasó. Lo que estás haciendo ahora es intentar entenderlo, y eso es un paso importante.
Lo que cuentas genera mucha confusión cuando lo miras con ojos de adulta, pero es importante colocarlo en su contexto. A esas edades (6–12 años) existe lo que llamamos exploración sexual infantil, que forma parte del desarrollo. Los niños sienten curiosidad por el cuerpo y, cuando no hay límites claros ni educación sobre ello, pueden aparecer juegos como “papá y mamá”.

Ahora bien, hay un matiz importante: aunque tú lo vivieras como un juego y sin sensación de obligación, había una diferencia de edad y de desarrollo. Eso hace que no se pueda hablar de un consentimiento como el de un adulto. No porque tú hicieras algo mal, sino porque a esas edades no se tiene la capacidad de comprender lo que se está haciendo.

Aquí es donde suele aparecer la vergüenza en la adultez. No por lo que ocurrió en sí, sino porque ahora lo interpretas desde valores y conocimientos que antes no tenías. Y entonces te juzgas con una mirada que no corresponde a la niña que eras.

La clave es esta: tú no fuiste responsable de esa situación. Participaste desde la curiosidad propia de la infancia, sin intención de hacer nada inapropiado. No hay nada “inmoral” en ti. Lo que hubo fue una falta de límites adecuados en ese contexto.

La vergüenza que sientes ahora es más un efecto de esa reinterpretación que un reflejo de lo que realmente fuiste o hiciste. Y trabajarla implica justamente eso: poder mirar a esa niña con más comprensión y menos juicio.

No necesitas castigarte ni etiquetarte por algo que ocurrió en una etapa donde no tenías las herramientas para entenderlo como ahora.

Si ves que ese tema te genera malestar recurrente, hablarlo en terapia puede ayudarte mucho a recolocarlo emocionalmente y soltar esa carga.

No define quién eres hoy. Es una experiencia infantil que ahora estás intentando integrar con tu mirada adulta. Y eso, aunque remueva, es parte de sanar.
Hola, gracias por compartir algo tan personal. Es comprensible que al recordarlo ahora, aparezcan dudas, vergüenza o confusión. Cuando estas experiencias ocurren en la infancia, es habitual que se vivan como un “juego”, ya que a esas edades no existe una comprensión clara del significado sexual ni de los límites. El hecho de que no lo percibieras como algo inmoral en ese momento también es frecuente.

Sin embargo, que se viviera como un juego no significa que la situación fuera adecuada para tu edad. En ocasiones, este tipo de conductas entre menores pueden aparecer por curiosidad, imitación o exposición previa a contenidos o experiencias que no correspondían a ese momento evolutivo. Con el paso del tiempo, al reinterpretarlo, pueden surgir sentimientos de vergüenza, duda o incluso cuestionamientos sobre la propia responsabilidad.

Es importante subrayar que, siendo niña, no tenías la madurez ni la información necesarias para comprender plenamente lo que ocurría, por lo que no es útil analizarlo desde una responsabilidad adulta. La vergüenza que aparece ahora suele estar más relacionada con esa reinterpretación posterior que con lo vivido en sí.

Hablar de estas experiencias en un espacio terapéutico puede ayudarte a comprender mejor lo ocurrido, elaborar las emociones asociadas y resignificarlo desde una perspectiva más amable contigo misma. Muchas personas encuentran alivio al poder abordarlo con acompañamiento profesional.

Un saludo.

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