Hola, Hace tres meses que estoy separada del padre de mi hijo que tiene 15 meses. Estamos teniendo
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Hola,
Hace tres meses que estoy separada del padre de mi hijo que tiene 15 meses. Estamos teniendo al niño unos 5 dias él y 5 yo, cosa que yo no queria y me preocupa por el bienestar del niño, ya que he leido que con esa edad deberia tener una figura de apego y una estabilidad... desde que el padre se fue y comenzamos con esta organización el niño ha comenzado a tocarse mucho el cuello y el de los demas, como para autoregularse y ahora estoy notando que cuando hacemos el cambio el niño no quiere despegarse de con quien haya pasado ese tiempo. Mi pregunta es, si esta organizacion es perjudicial para el peque? y alguna recomendacion de como organizarnos?
Muchas gracias.
Hace tres meses que estoy separada del padre de mi hijo que tiene 15 meses. Estamos teniendo al niño unos 5 dias él y 5 yo, cosa que yo no queria y me preocupa por el bienestar del niño, ya que he leido que con esa edad deberia tener una figura de apego y una estabilidad... desde que el padre se fue y comenzamos con esta organización el niño ha comenzado a tocarse mucho el cuello y el de los demas, como para autoregularse y ahora estoy notando que cuando hacemos el cambio el niño no quiere despegarse de con quien haya pasado ese tiempo. Mi pregunta es, si esta organizacion es perjudicial para el peque? y alguna recomendacion de como organizarnos?
Muchas gracias.
Buenas tardes,
Tu preocupación es muy comprensible. A los 15 meses el mundo emocional de un niño es todavía muy primario, y lo que más necesita es continuidad, previsibilidad y una sensación interna de seguridad. En esta etapa, las separaciones prolongadas y los cambios frecuentes de entorno pueden resultar confusos, porque el pequeño aún no tiene recursos para entender que mamá y papá siguen existiendo cuando no los ve.
Las conductas que describes (tocarse el cuello, buscar el contacto, aferrarse a quien está en ese momento) pueden ser intentos de autorregularse frente a un malestar que todavía no puede poner en palabras. No son “malas conductas”, son señales de que algo le está resultando intenso por dentro.
Más allá de lo legal o de lo práctico, a nivel emocional suele ser más adecuado que, a estas edades, haya una base principal y contactos frecuentes con el otro progenitor, pero sin separaciones tan largas. No se trata de quitar al padre, sino de organizar los tiempos de forma que el niño no tenga que “cambiar de mundo” cada pocos días. Estancias más cortas y más repetidas con cada uno, manteniendo rutinas parecidas, pueden ayudar mucho.
También es importante cómo vivís vosotros los cambios. Los niños perciben el estado emocional de sus padres. Si tú estás muy angustiada, él puede sentirlo y cargar inconscientemente con ello. Intentar transmitir calma, hablarle con cariño durante las transiciones y mostrarle que ambos estáis ahí para él, aunque estéis separados, es fundamental.
Si podéis, sería muy recomendable contar con el acompañamiento de un profesional de la salud mental infantil que os ayude a pensar una organización centrada en las necesidades emocionales del niño, no solo en el reparto de tiempos. A veces una pequeña reorganización a tiempo previene mucho sufrimiento después.
Te mando mucho ánimo.
Un cordial saludo.
Tu preocupación es muy comprensible. A los 15 meses el mundo emocional de un niño es todavía muy primario, y lo que más necesita es continuidad, previsibilidad y una sensación interna de seguridad. En esta etapa, las separaciones prolongadas y los cambios frecuentes de entorno pueden resultar confusos, porque el pequeño aún no tiene recursos para entender que mamá y papá siguen existiendo cuando no los ve.
Las conductas que describes (tocarse el cuello, buscar el contacto, aferrarse a quien está en ese momento) pueden ser intentos de autorregularse frente a un malestar que todavía no puede poner en palabras. No son “malas conductas”, son señales de que algo le está resultando intenso por dentro.
Más allá de lo legal o de lo práctico, a nivel emocional suele ser más adecuado que, a estas edades, haya una base principal y contactos frecuentes con el otro progenitor, pero sin separaciones tan largas. No se trata de quitar al padre, sino de organizar los tiempos de forma que el niño no tenga que “cambiar de mundo” cada pocos días. Estancias más cortas y más repetidas con cada uno, manteniendo rutinas parecidas, pueden ayudar mucho.
También es importante cómo vivís vosotros los cambios. Los niños perciben el estado emocional de sus padres. Si tú estás muy angustiada, él puede sentirlo y cargar inconscientemente con ello. Intentar transmitir calma, hablarle con cariño durante las transiciones y mostrarle que ambos estáis ahí para él, aunque estéis separados, es fundamental.
Si podéis, sería muy recomendable contar con el acompañamiento de un profesional de la salud mental infantil que os ayude a pensar una organización centrada en las necesidades emocionales del niño, no solo en el reparto de tiempos. A veces una pequeña reorganización a tiempo previene mucho sufrimiento después.
Te mando mucho ánimo.
Un cordial saludo.
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A los 15 meses, los niños no tienen noción del tiempo lineal (no saben qué es "dentro de 5 días"). Para él, cada vez que cambia de casa, vive una pérdida.Por otro lado, la "autorregulación" del cuello: Ese gesto que mencionas es una conducta de búsqueda de consuelo o un mecanismo de defensa ante el estrés. Al no tener la madurez para expresar "estoy ansioso", el cuerpo busca alivio físico.
Que no quiera despegarse es una señal clara de ansiedad por separación. Siente que si suelta a la figura de referencia actual, esta desaparecerá por un tiempo indefinido. Aunque los niños pueden tener múltiples figuras de apego (padre y madre), necesitan una base segura y previsible. Los periodos de 5 días suelen ser demasiado largos a esta edad, provocando que el niño "desconecte" emocionalmente de un progenitor para sobrevivir a la ausencia, lo que genera confusión al reencontrarse.
Recomendaciones para una mejor organización:
Los expertos en psicología infantil suelen recomendar un modelo de "Nidificación" o Calendarios de contacto frecuente, evitando ausencias largas. Por ejemplo:
-2 días con mamá, 2 con papá y 3 el fin de semana. Esto acorta mucho los tiempos de ausencia.
-El progenitor que no está con el niño debería tener una videollamada breve o un rato de juego físico si es posible, para mantener el vínculo "fresco".
-Un peluche, manta o camiseta con el olor del otro progenitor que lo acompañe siempre en los cambios.
-Si es posible, que el cambio sea en la guardería o un lugar neutral para evitar el "tironeo" emocional.
Que no quiera despegarse es una señal clara de ansiedad por separación. Siente que si suelta a la figura de referencia actual, esta desaparecerá por un tiempo indefinido. Aunque los niños pueden tener múltiples figuras de apego (padre y madre), necesitan una base segura y previsible. Los periodos de 5 días suelen ser demasiado largos a esta edad, provocando que el niño "desconecte" emocionalmente de un progenitor para sobrevivir a la ausencia, lo que genera confusión al reencontrarse.
Recomendaciones para una mejor organización:
Los expertos en psicología infantil suelen recomendar un modelo de "Nidificación" o Calendarios de contacto frecuente, evitando ausencias largas. Por ejemplo:
-2 días con mamá, 2 con papá y 3 el fin de semana. Esto acorta mucho los tiempos de ausencia.
-El progenitor que no está con el niño debería tener una videollamada breve o un rato de juego físico si es posible, para mantener el vínculo "fresco".
-Un peluche, manta o camiseta con el olor del otro progenitor que lo acompañe siempre en los cambios.
-Si es posible, que el cambio sea en la guardería o un lugar neutral para evitar el "tironeo" emocional.
Hola no es una mala organización lo que si hay que hacer es explicarle el porqué va con cada uno, permitirle que llame al otro progenitor cuando él quiera y plantearle que siempre podrá estar con vosotros cuando sea posible. Si ves que le cuesta mucho entender sería bueno acudir a una cita con un profesional de la psicología que os ayude. Espero os sirva de ayuda. Un saludo
Hola, gracias por compartir tu preocupación.
A los 15 meses, lo más relevante para tu hijo no es tanto el reparto exacto de días, sino cómo se siente sostenido dentro de su sistema familiar. La familia ha cambiado de forma, pero para él es fundamental percibir que no se rompe, que sigue habiendo adultos estables, disponibles y predecibles.
Las conductas que describes (tocarse el cuello, buscar más contacto físico, no querer separarse cuando hay cambios) son respuestas normales de autorregulación ante una etapa de cambio e incertidumbre. No indican daño ni un apego “mal construido”. Indican que tu hijo busca seguridad.
Es esperable que, tras pasar varios días con uno de los progenitores, quiera quedarse con quien está en ese momento. No es rechazo al otro, es vínculo, rutina y certidumbre.
Ahora mismo, lo que más le ayudaría es:
- Rituales muy estables en los cambios (misma frase, mismo gesto, mismo orden).
- Transiciones calmadas, sin prisas ni tensiones añadidas.
- Mantener rutinas similares en ambas casas (sueño, comidas, despedidas).
- Mucho contacto físico y presencia emocional en los momentos de cambio.
Todo lo que aumente la previsibilidad reduce la ansiedad del niño.
Si la inquietud persiste o aumenta, el acompañamiento psicológico temprano puede ser muy útil para orientar estas transiciones, no porque algo esté mal, sino para cuidar el vínculo en un momento sensible del desarrollo.
Estar atenta y preguntarte por su bienestar ya es, en sí mismo, un factor protector muy importante.
A los 15 meses, lo más relevante para tu hijo no es tanto el reparto exacto de días, sino cómo se siente sostenido dentro de su sistema familiar. La familia ha cambiado de forma, pero para él es fundamental percibir que no se rompe, que sigue habiendo adultos estables, disponibles y predecibles.
Las conductas que describes (tocarse el cuello, buscar más contacto físico, no querer separarse cuando hay cambios) son respuestas normales de autorregulación ante una etapa de cambio e incertidumbre. No indican daño ni un apego “mal construido”. Indican que tu hijo busca seguridad.
Es esperable que, tras pasar varios días con uno de los progenitores, quiera quedarse con quien está en ese momento. No es rechazo al otro, es vínculo, rutina y certidumbre.
Ahora mismo, lo que más le ayudaría es:
- Rituales muy estables en los cambios (misma frase, mismo gesto, mismo orden).
- Transiciones calmadas, sin prisas ni tensiones añadidas.
- Mantener rutinas similares en ambas casas (sueño, comidas, despedidas).
- Mucho contacto físico y presencia emocional en los momentos de cambio.
Todo lo que aumente la previsibilidad reduce la ansiedad del niño.
Si la inquietud persiste o aumenta, el acompañamiento psicológico temprano puede ser muy útil para orientar estas transiciones, no porque algo esté mal, sino para cuidar el vínculo en un momento sensible del desarrollo.
Estar atenta y preguntarte por su bienestar ya es, en sí mismo, un factor protector muy importante.
Es muy comprensible que estés preocupada, tu hijo es todavía muy pequeño y los cambios que está viviendo son muchos en poco tiempo. A esa edad los peques necesitan sobre todo estabilidad, rutinas previsibles y sentir que sus figuras de referencia están disponibles y son sensibles a lo que les pasa, más allá del reparto exacto de días. Tocar el cuello y el de los demás puede ser una forma de buscar consuelo y regularse en medio de esta nueva situación, y que le cueste separarse de quien ha estado esos días entra dentro de lo esperable.
En general, con 15 meses suele ayudar que los periodos de separación no sean demasiado largos y que los cambios de casa se hagan de la manera más calmada y parecida posible cada vez. A veces, en vez de bloques tan largos (5 y 5), se puede valorar con el otro progenitor un sistema algo más corto (por ejemplo 2–3 días) o introducir un ratito de contacto intermedio (videollamada, visita breve) para que el peque no viva los cambios como “desapariciones”. Más allá de la organización concreta, lo que más protege es que entre vosotros dos haya el máximo acuerdo posible, que no se hable mal del otro delante del niño y que los dos mantengáis rutinas parecidas (horarios, formas de calmarle, objetos de transición como un peluche o mantita que viaje con él).
Si ves que con el tiempo los signos de malestar aumentan mucho (sueño muy alterado, regresiones importantes, llanto intenso y prolongado en cada cambio, pérdida de apetito), puede ser buen momento para pedir una valoración con un/a psicólogo/a infantil especializado en apego y separaciones tempranas, para ajustar mejor el tipo de custodia a las necesidades de vuestro hijo y acompañaros en este proceso.
En general, con 15 meses suele ayudar que los periodos de separación no sean demasiado largos y que los cambios de casa se hagan de la manera más calmada y parecida posible cada vez. A veces, en vez de bloques tan largos (5 y 5), se puede valorar con el otro progenitor un sistema algo más corto (por ejemplo 2–3 días) o introducir un ratito de contacto intermedio (videollamada, visita breve) para que el peque no viva los cambios como “desapariciones”. Más allá de la organización concreta, lo que más protege es que entre vosotros dos haya el máximo acuerdo posible, que no se hable mal del otro delante del niño y que los dos mantengáis rutinas parecidas (horarios, formas de calmarle, objetos de transición como un peluche o mantita que viaje con él).
Si ves que con el tiempo los signos de malestar aumentan mucho (sueño muy alterado, regresiones importantes, llanto intenso y prolongado en cada cambio, pérdida de apetito), puede ser buen momento para pedir una valoración con un/a psicólogo/a infantil especializado en apego y separaciones tempranas, para ajustar mejor el tipo de custodia a las necesidades de vuestro hijo y acompañaros en este proceso.
Hola, gracias por compartir tu preocupación. Situaciones como una separación con un hijo tan pequeño suelen generar muchas dudas, y es comprensible que te plantees cómo puede estar viviéndolo.
A esta edad, podría ser especialmente relevante la previsibilidad y la continuidad en las figuras de referencia, ya que los niños pequeños parecen tener más dificultad para comprender ausencias prolongadas o cambios frecuentes. Esto no implica que no puedan vincularse con ambos progenitores, sino que el modo en que se organizan los tiempos podría influir en cómo viven las separaciones y los reencuentros.
Las conductas que comentas, como buscar contacto físico o mostrar mayor dificultad para separarse en los cambios, podrían entenderse como formas de autorregulación o de búsqueda de seguridad ante una situación nueva para él, más que como señales de un problema en sí mismas.
En algunos casos, se valora que las estancias sean más cortas y frecuentes, que las rutinas sean lo más similares posible en ambos hogares y que los intercambios se realicen de forma calmada y previsible. No obstante, cada familia y cada niño son diferentes, por lo que sería importante poder analizar la situación de manera individualizada y teniendo en cuenta el contexto concreto.
Un acompañamiento profesional podría ayudar a explorar qué organización se ajusta mejor al momento evolutivo del niño y a las necesidades de la familia.
Un saludo.
A esta edad, podría ser especialmente relevante la previsibilidad y la continuidad en las figuras de referencia, ya que los niños pequeños parecen tener más dificultad para comprender ausencias prolongadas o cambios frecuentes. Esto no implica que no puedan vincularse con ambos progenitores, sino que el modo en que se organizan los tiempos podría influir en cómo viven las separaciones y los reencuentros.
Las conductas que comentas, como buscar contacto físico o mostrar mayor dificultad para separarse en los cambios, podrían entenderse como formas de autorregulación o de búsqueda de seguridad ante una situación nueva para él, más que como señales de un problema en sí mismas.
En algunos casos, se valora que las estancias sean más cortas y frecuentes, que las rutinas sean lo más similares posible en ambos hogares y que los intercambios se realicen de forma calmada y previsible. No obstante, cada familia y cada niño son diferentes, por lo que sería importante poder analizar la situación de manera individualizada y teniendo en cuenta el contexto concreto.
Un acompañamiento profesional podría ayudar a explorar qué organización se ajusta mejor al momento evolutivo del niño y a las necesidades de la familia.
Un saludo.
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