Me gustaría conocer una perspectiva psicológica sobre algo que me ocurre con frecuencia. A veces
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Me gustaría conocer una perspectiva psicológica sobre algo que me ocurre con frecuencia.
A veces tengo la sensación de que otras personas gestionan los conflictos, los rechazos o los desacuerdos de forma más asertiva de lo que hacen conmigo. Por ejemplo, hace años congenié con una mujer en un foro de Internet y terminé expresándole que me gustaba. Su respuesta fue algo parecida a: "¿Cómo puedes decir eso si no me conoces de nada y además tengo novio?". Aunque posteriormente me pidió disculpas porque consideró que había dado señales ambiguas, aquella respuesta me resultó bastante brusca.
Lo que me hace reflexionar es que después observé cómo esa misma persona rechazaba a otras personas de una forma que yo percibía como más amable o más asertiva. Eso me llevó a preguntarme si estoy interpretando correctamente estas situaciones o si existe algún sesgo por mi parte.
¿Puede ocurrir que, cuando una experiencia nos duele especialmente, percibamos un trato más duro del que realmente hubo? ¿O es razonable plantearse que algunas personas responden de forma diferente según el vínculo, la confianza o las emociones que les genera cada interlocutor?
También me pregunto si mi tendencia a fijarme en este tipo de diferencias puede tener algo de victimismo o si es simplemente una forma de intentar comprender experiencias que me han resultado dolorosas.
A veces tengo la sensación de que otras personas gestionan los conflictos, los rechazos o los desacuerdos de forma más asertiva de lo que hacen conmigo. Por ejemplo, hace años congenié con una mujer en un foro de Internet y terminé expresándole que me gustaba. Su respuesta fue algo parecida a: "¿Cómo puedes decir eso si no me conoces de nada y además tengo novio?". Aunque posteriormente me pidió disculpas porque consideró que había dado señales ambiguas, aquella respuesta me resultó bastante brusca.
Lo que me hace reflexionar es que después observé cómo esa misma persona rechazaba a otras personas de una forma que yo percibía como más amable o más asertiva. Eso me llevó a preguntarme si estoy interpretando correctamente estas situaciones o si existe algún sesgo por mi parte.
¿Puede ocurrir que, cuando una experiencia nos duele especialmente, percibamos un trato más duro del que realmente hubo? ¿O es razonable plantearse que algunas personas responden de forma diferente según el vínculo, la confianza o las emociones que les genera cada interlocutor?
También me pregunto si mi tendencia a fijarme en este tipo de diferencias puede tener algo de victimismo o si es simplemente una forma de intentar comprender experiencias que me han resultado dolorosas.
Hola, me parecen muy interesantes tu preguntas, obviamente no quiere restarles importancia por que entiendo que a ti te generan malestar pero digo que es interesante, por que el hecho de que te las hagas ya es un paso muy grande. Es cierto que algo de lo que esa persona haya dicho, el tono, o lo que sea, te haya resultado familiar y eso haya despertado algún recuerdo o una vivencia del pasado inconsciente que haya sido dolorosa. El hecho de que repares en ella habla mas bien de que estas mas atento de lo normal y podría estar indicando algo, que por supuesto no lo sabemos hasta que gracias a estas preguntas que te estas haciendo se pueda identificar el porque y por ende haya un cambio con respecto a eso
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Creo que tu reflexión tiene parte de razón en ambas direcciones. Por un lado, cuando una experiencia nos resulta especialmente dolorosa o significativa emocionalmente, es normal que la recordemos con más intensidad y que prestemos más atención a determinados detalles. Esto no significa que lo que percibimos sea falso, sino que el impacto emocional puede hacer que la experiencia ocupe un lugar más destacado en nuestra memoria.
Por otro lado, también es cierto que las personas no respondemos exactamente igual a todo el mundo. La forma en que reaccionamos puede variar en función del contexto, el vínculo que tengamos con la otra persona, nuestro estado emocional en ese momento o incluso las experiencias previas que hayamos tenido con ella. Por ello, es perfectamente posible que una misma persona muestre diferentes maneras de comunicarse según la situación o el interlocutor.
Respecto a si esto podría interpretarse como victimismo, personalmente no lo plantearía en esos términos. Lo que transmites en tu pregunta es más bien una actitud de observación y reflexión sobre experiencias que te han resultado dolorosas. Parece que intentas comprender lo que ocurrió y encontrar sentido a ello, más que situarte en una posición de victimización.
Quizá una cuestión interesante no sea únicamente si aquella persona fue más o menos amable contigo que con otras personas, sino qué hizo que esa experiencia te afectara de una forma tan significativa. A veces, cuando una situación nos deja una huella emocional importante, comprender por qué nos impactó tanto puede aportar más información sobre nosotros mismos que intentar determinar con total certeza si el trato fue objetivamente más duro o no.
En cualquier caso, ambas posibilidades pueden coexistir: es posible que hayas percibido la situación con mayor intensidad debido al dolor que te produjo y, al mismo tiempo, que aquella persona respondiera de manera diferente contigo que con otras personas. Una opción no excluye necesariamente a la otra.
Por otro lado, también es cierto que las personas no respondemos exactamente igual a todo el mundo. La forma en que reaccionamos puede variar en función del contexto, el vínculo que tengamos con la otra persona, nuestro estado emocional en ese momento o incluso las experiencias previas que hayamos tenido con ella. Por ello, es perfectamente posible que una misma persona muestre diferentes maneras de comunicarse según la situación o el interlocutor.
Respecto a si esto podría interpretarse como victimismo, personalmente no lo plantearía en esos términos. Lo que transmites en tu pregunta es más bien una actitud de observación y reflexión sobre experiencias que te han resultado dolorosas. Parece que intentas comprender lo que ocurrió y encontrar sentido a ello, más que situarte en una posición de victimización.
Quizá una cuestión interesante no sea únicamente si aquella persona fue más o menos amable contigo que con otras personas, sino qué hizo que esa experiencia te afectara de una forma tan significativa. A veces, cuando una situación nos deja una huella emocional importante, comprender por qué nos impactó tanto puede aportar más información sobre nosotros mismos que intentar determinar con total certeza si el trato fue objetivamente más duro o no.
En cualquier caso, ambas posibilidades pueden coexistir: es posible que hayas percibido la situación con mayor intensidad debido al dolor que te produjo y, al mismo tiempo, que aquella persona respondiera de manera diferente contigo que con otras personas. Una opción no excluye necesariamente a la otra.
Lo que planteas es una reflexión interesante y, desde la psicología, la respuesta probablemente esté en un punto intermedio.
Por una parte, es cierto que cuando una experiencia nos duele especialmente solemos recordarla con más intensidad emocional. El rechazo activa áreas cerebrales relacionadas con el dolor social, y eso puede hacer que determinadas frases o situaciones queden grabadas de una forma más vívida que otras. Con el paso del tiempo, además, tendemos a revisar una y otra vez los episodios que nos hicieron daño, intentando entender qué ocurrió o por qué ocurrió así.
Pero también es cierto que las personas no respondemos exactamente igual a todo el mundo. El estado emocional del momento, la confianza que tenemos con alguien, la sorpresa, la incomodidad, la historia previa o incluso el contexto pueden influir mucho en cómo formulamos una respuesta. Es perfectamente posible que una misma persona rechace a dos individuos de formas distintas sin que exista necesariamente mala intención o un juicio de valor sobre uno de ellos.
De hecho, en el ejemplo que comentas hay un detalle relevante: esa persona terminó pidiéndote disculpas porque consideró que había dado señales ambiguas. Eso sugiere que posteriormente revisó la situación y reconoció que su respuesta quizá fue más brusca de lo que habría querido. Es decir, incluso ella pareció percibir que había margen para haber gestionado el momento de otra manera.
Respecto a si esto podría considerarse victimismo, yo sería prudente con esa etiqueta. Intentar comprender una experiencia dolorosa no es necesariamente victimizarse. El problema aparecería si toda explicación posible terminara siempre en la conclusión de que los demás te tratan peor, te rechazan más o son injustos contigo de manera sistemática, sin dejar espacio a otras interpretaciones.
A veces la pregunta más útil no es si aquella persona fue objetivamente más amable con otros que contigo, sino qué significado tuvo para ti esa diferencia. En ocasiones, el sufrimiento no proviene únicamente de la frase en sí, sino de lo que sentimos que implica: “con otros fue más considerada”, “yo no merecí esa delicadeza”, “algo habrá en mí que provoca esas respuestas”. Ahí suele estar el núcleo emocional que merece ser explorado.
También conviene recordar que observar diferencias de trato no implica necesariamente que esas diferencias reflejen nuestro valor personal. Las personas somos inconsistentes. A veces respondemos mejor de lo que nos sale en otras ocasiones. A veces estamos más pacientes, más cansados o más defensivos. Y eso puede generar contrastes que quien los recibe interpreta de forma muy significativa.
Quizá una pregunta interesante sería: si hoy supieras con certeza que aquella respuesta tuvo más que ver con el momento emocional de ella que contigo, ¿cambiaría algo importante en cómo recuerdas esa experiencia? La respuesta a esa pregunta suele ofrecer información valiosa sobre qué parte del dolor sigue activa.
Si este tipo de situaciones se repiten en tu mente con frecuencia o notas que afectan a tu autoestima y a tu forma de relacionarte, trabajarlo en terapia puede ayudarte a diferenciar mejor entre lo que ocurrió, lo que interpretaste y lo que significó para ti. Si lo deseas, puedes pedirme una cita online.
Por una parte, es cierto que cuando una experiencia nos duele especialmente solemos recordarla con más intensidad emocional. El rechazo activa áreas cerebrales relacionadas con el dolor social, y eso puede hacer que determinadas frases o situaciones queden grabadas de una forma más vívida que otras. Con el paso del tiempo, además, tendemos a revisar una y otra vez los episodios que nos hicieron daño, intentando entender qué ocurrió o por qué ocurrió así.
Pero también es cierto que las personas no respondemos exactamente igual a todo el mundo. El estado emocional del momento, la confianza que tenemos con alguien, la sorpresa, la incomodidad, la historia previa o incluso el contexto pueden influir mucho en cómo formulamos una respuesta. Es perfectamente posible que una misma persona rechace a dos individuos de formas distintas sin que exista necesariamente mala intención o un juicio de valor sobre uno de ellos.
De hecho, en el ejemplo que comentas hay un detalle relevante: esa persona terminó pidiéndote disculpas porque consideró que había dado señales ambiguas. Eso sugiere que posteriormente revisó la situación y reconoció que su respuesta quizá fue más brusca de lo que habría querido. Es decir, incluso ella pareció percibir que había margen para haber gestionado el momento de otra manera.
Respecto a si esto podría considerarse victimismo, yo sería prudente con esa etiqueta. Intentar comprender una experiencia dolorosa no es necesariamente victimizarse. El problema aparecería si toda explicación posible terminara siempre en la conclusión de que los demás te tratan peor, te rechazan más o son injustos contigo de manera sistemática, sin dejar espacio a otras interpretaciones.
A veces la pregunta más útil no es si aquella persona fue objetivamente más amable con otros que contigo, sino qué significado tuvo para ti esa diferencia. En ocasiones, el sufrimiento no proviene únicamente de la frase en sí, sino de lo que sentimos que implica: “con otros fue más considerada”, “yo no merecí esa delicadeza”, “algo habrá en mí que provoca esas respuestas”. Ahí suele estar el núcleo emocional que merece ser explorado.
También conviene recordar que observar diferencias de trato no implica necesariamente que esas diferencias reflejen nuestro valor personal. Las personas somos inconsistentes. A veces respondemos mejor de lo que nos sale en otras ocasiones. A veces estamos más pacientes, más cansados o más defensivos. Y eso puede generar contrastes que quien los recibe interpreta de forma muy significativa.
Quizá una pregunta interesante sería: si hoy supieras con certeza que aquella respuesta tuvo más que ver con el momento emocional de ella que contigo, ¿cambiaría algo importante en cómo recuerdas esa experiencia? La respuesta a esa pregunta suele ofrecer información valiosa sobre qué parte del dolor sigue activa.
Si este tipo de situaciones se repiten en tu mente con frecuencia o notas que afectan a tu autoestima y a tu forma de relacionarte, trabajarlo en terapia puede ayudarte a diferenciar mejor entre lo que ocurrió, lo que interpretaste y lo que significó para ti. Si lo deseas, puedes pedirme una cita online.
Hola! Quizá la cuestión más interesante no sea determinar si aquella respuesta fue objetivamente más dura que otras, sino entender por qué tuvo tanto impacto en ti y qué significado adquirió esa comparación posterior. A veces el dolor no proviene solo de las palabras que nos dijeron, sino también de lo que esas palabras activaron en nosotros.
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.
Lo que planteas puede entenderse desde varios ángulos, y conviene no reducirlo a una sola explicación. Es posible que aquella respuesta fuera realmente brusca para ti. También es posible que, al haberte dolido especialmente, tu memoria emocional la haya dejado marcada con más intensidad que otras escenas parecidas.
Cuando alguien expresa interés afectivo y recibe una respuesta como “¿cómo puedes decir eso si no me conoces y tengo novio?”, puede sentirse rechazado, avergonzado o incluso ridiculizado. Aunque la otra persona no pretendiera hacer daño, el mensaje puede vivirse como una desautorización: “lo que sientes no tiene sentido”, “has interpretado mal”, “te has pasado”. Ese tipo de respuesta puede doler mucho, sobre todo si ya existe sensibilidad al rechazo.
También es razonable pensar que una persona puede responder de forma distinta según el vínculo, el contexto, el grado de confianza, la incomodidad que le produce la situación o cómo interpreta la intención del otro. No siempre tratamos igual todos los rechazos. A veces alguien responde con más suavidad a una persona porque no se siente presionada, porque tiene más distancia emocional o porque la situación le resulta menos incómoda. En otro caso, puede responder con más dureza porque se siente sorprendida, invadida, confundida o responsable de haber dado señales ambiguas.
Eso no significa que tú merecieras una respuesta peor. Significa que las respuestas humanas no dependen solo de lo que uno dice, sino también de cómo la otra persona lo interpreta y de lo que se le activa internamente.
La pregunta sobre el sesgo también es importante. Cuando una experiencia nos hiere, podemos quedar muy atentos a comparaciones posteriores: “a otros les responde mejor”, “conmigo fue más dura”, “a mí me trata distinto”. Esa observación puede tener parte de realidad, pero también puede convertirse en una forma de mantener viva la herida.
No es lo mismo intentar comprender una experiencia dolorosa que quedar atrapado en ella. La diferencia está en si la reflexión te ayuda a integrar lo ocurrido o si te deja revisando una y otra vez la escena para confirmar que fuiste tratado injustamente.
La palabra “victimismo” suele usarse de forma demasiado rápida. No llamaría victimismo a preguntarte por qué algo te dolió o por qué alguien te trató de cierta manera. Eso puede ser una búsqueda legítima de comprensión. El problema aparece si toda la lectura queda fijada en “a mí siempre me tratan peor”, sin revisar otros factores... tu forma de acercarte, la intensidad emocional, las expectativas, la interpretación de señales, la tolerancia al rechazo o el tipo de vínculo que existía realmente.
En terapia se trabajaría precisamente esa zona intermedia... validar que algo pudo dolerte y, al mismo tiempo, ayudarte a mirar tu patrón con más amplitud.
Podrías preguntarte:
• ¿Qué me dolió exactamente de esa respuesta?
• ¿Sentí rechazo, vergüenza, humillación o injusticia?
• ¿Había construido expectativas antes de saber si eran recíprocas?
• ¿Pude interpretar señales ambiguas como señales de interés?
• ¿Estoy comparando su respuesta conmigo y con otros para entender o para reabrir la herida?
• ¿Qué necesito aprender de esa experiencia para relacionarme con más calma?
También conviene recordar algo: que una persona te rechace de forma torpe o brusca no define tu valor. Y que después haya sido más amable con otros tampoco significa necesariamente que tú merecieras menos cuidado. Puede hablar de contexto, de incomodidad, de falta de habilidad de esa persona o de una dinámica concreta entre vosotros.
La clave sería no vivir cada diferencia de trato como una sentencia sobre ti. A veces hay datos útiles que revisar. Otras veces hay que aceptar que las personas no siempre responden con la justicia, la delicadeza o la coherencia que uno habría necesitado.
La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Trabajar sensibilidad al rechazo y a las respuestas bruscas.
• Diferenciar trato objetivamente duro de interpretación herida.
• Revisar idealización, expectativas y señales ambiguas en los vínculos.
• Reducir comparaciones que alimentan rumiación o sensación de agravio.
• Comprender cómo te perciben los demás sin caer en culpa ni victimismo.
• Relacionarte con más seguridad, realidad y menor dependencia de la respuesta ajena.
Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
Lo que planteas puede entenderse desde varios ángulos, y conviene no reducirlo a una sola explicación. Es posible que aquella respuesta fuera realmente brusca para ti. También es posible que, al haberte dolido especialmente, tu memoria emocional la haya dejado marcada con más intensidad que otras escenas parecidas.
Cuando alguien expresa interés afectivo y recibe una respuesta como “¿cómo puedes decir eso si no me conoces y tengo novio?”, puede sentirse rechazado, avergonzado o incluso ridiculizado. Aunque la otra persona no pretendiera hacer daño, el mensaje puede vivirse como una desautorización: “lo que sientes no tiene sentido”, “has interpretado mal”, “te has pasado”. Ese tipo de respuesta puede doler mucho, sobre todo si ya existe sensibilidad al rechazo.
También es razonable pensar que una persona puede responder de forma distinta según el vínculo, el contexto, el grado de confianza, la incomodidad que le produce la situación o cómo interpreta la intención del otro. No siempre tratamos igual todos los rechazos. A veces alguien responde con más suavidad a una persona porque no se siente presionada, porque tiene más distancia emocional o porque la situación le resulta menos incómoda. En otro caso, puede responder con más dureza porque se siente sorprendida, invadida, confundida o responsable de haber dado señales ambiguas.
Eso no significa que tú merecieras una respuesta peor. Significa que las respuestas humanas no dependen solo de lo que uno dice, sino también de cómo la otra persona lo interpreta y de lo que se le activa internamente.
La pregunta sobre el sesgo también es importante. Cuando una experiencia nos hiere, podemos quedar muy atentos a comparaciones posteriores: “a otros les responde mejor”, “conmigo fue más dura”, “a mí me trata distinto”. Esa observación puede tener parte de realidad, pero también puede convertirse en una forma de mantener viva la herida.
No es lo mismo intentar comprender una experiencia dolorosa que quedar atrapado en ella. La diferencia está en si la reflexión te ayuda a integrar lo ocurrido o si te deja revisando una y otra vez la escena para confirmar que fuiste tratado injustamente.
La palabra “victimismo” suele usarse de forma demasiado rápida. No llamaría victimismo a preguntarte por qué algo te dolió o por qué alguien te trató de cierta manera. Eso puede ser una búsqueda legítima de comprensión. El problema aparece si toda la lectura queda fijada en “a mí siempre me tratan peor”, sin revisar otros factores... tu forma de acercarte, la intensidad emocional, las expectativas, la interpretación de señales, la tolerancia al rechazo o el tipo de vínculo que existía realmente.
En terapia se trabajaría precisamente esa zona intermedia... validar que algo pudo dolerte y, al mismo tiempo, ayudarte a mirar tu patrón con más amplitud.
Podrías preguntarte:
• ¿Qué me dolió exactamente de esa respuesta?
• ¿Sentí rechazo, vergüenza, humillación o injusticia?
• ¿Había construido expectativas antes de saber si eran recíprocas?
• ¿Pude interpretar señales ambiguas como señales de interés?
• ¿Estoy comparando su respuesta conmigo y con otros para entender o para reabrir la herida?
• ¿Qué necesito aprender de esa experiencia para relacionarme con más calma?
También conviene recordar algo: que una persona te rechace de forma torpe o brusca no define tu valor. Y que después haya sido más amable con otros tampoco significa necesariamente que tú merecieras menos cuidado. Puede hablar de contexto, de incomodidad, de falta de habilidad de esa persona o de una dinámica concreta entre vosotros.
La clave sería no vivir cada diferencia de trato como una sentencia sobre ti. A veces hay datos útiles que revisar. Otras veces hay que aceptar que las personas no siempre responden con la justicia, la delicadeza o la coherencia que uno habría necesitado.
La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Trabajar sensibilidad al rechazo y a las respuestas bruscas.
• Diferenciar trato objetivamente duro de interpretación herida.
• Revisar idealización, expectativas y señales ambiguas en los vínculos.
• Reducir comparaciones que alimentan rumiación o sensación de agravio.
• Comprender cómo te perciben los demás sin caer en culpa ni victimismo.
• Relacionarte con más seguridad, realidad y menor dependencia de la respuesta ajena.
Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
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