Artículos 30 junio 2026

¿Cómo se aplica la terapia EMDR?

Cristina Saiz Manceñido Psicólogo
Cristina Saiz Manceñido
Psicólogo
Ideas clave de este artículo
  • El trauma psicológico abarca experiencias cotidianas como el rechazo o el acoso, no limitándose solo a grandes catástrofes o accidentes.
  • La terapia EMDR utiliza la estimulación bilateral para desbloquear recuerdos traumáticos y convertirlos en un aprendizaje adaptativo.
  • El proceso terapéutico EMDR sigue un protocolo de ocho fases diseñado para garantizar la seguridad del paciente y una sanación profunda.
  • Los beneficios del EMDR incluyen cambios neurobiológicos reales que mejoran la regulación del miedo y la resincronización de los hemisferios.
  • La evidencia científica respalda el EMDR como una herramienta eficaz para tratar el sufrimiento anclado en memorias fragmentadas del pasado.

A lo largo de mis años de experiencia en la práctica clínica, he visto cómo la psicología ha evolucionado enormemente en su forma de entender y aliviar el sufrimiento humano. A menudo, los pacientes llegan a consulta sintiendo que ciertas emociones, miedos o bloqueos dominan su vida actual, sin entender muy bien por qué. En muchos de estos casos, la respuesta se encuentra en nuestro pasado, en lo que en psicología denominamos “trauma”.

Etimológicamente, trauma significa “herida”. Ya en 1919, autores clásicos lo definían como el resultado de estar expuestos a un acontecimiento estresante que sobrepasa nuestros mecanismos naturales de afrontamiento. Sin embargo, existe un gran mito, y es que solemos pensar que para estar traumatizados hemos tenido que vivir una guerra, un accidente grave o una catástrofe natural. La realidad es que eventos cotidianos, como la desatención en la infancia, el rechazo, el maltrato psicológico continuado, el acoso escolar o las humillaciones, pueden dejar secuelas igual de profundas en nuestro sistema nervioso.

Para sanar estas heridas, una de las herramientas más revolucionarias y respaldadas por la ciencia actual es la terapia EMDR. En este artículo abordaremos cómo funciona esta técnica, cómo se aplica paso a paso en la consulta y cuáles son sus beneficios, para resolver las dudas más comunes y arrojar luz sobre el proceso de recuperación.

¿Qué es el EMDR y cómo funciona?

EMDR es el acrónimo en inglés de Eye Movement Desensitization and Reprocessing, que en español se traduce como Desensibilización y Reprocesamiento por medio de los Movimientos Oculares. Fue desarrollado a finales de la década de 1980 por la psicóloga Francine Shapiro tras observar, de forma casual, que los movimientos oculares rápidos reducían la carga emocional de sus propios pensamientos perturbadores.

Para comprender cómo actúa, en consulta suelo utilizar el Modelo de Procesamiento Adaptativo de la Información (PAI). Imagina que nuestro cerebro funciona como una compleja red de carreteras por la que viajan las experiencias. En situaciones normales, los estímulos se procesan y se almacenan en nuestra memoria a largo plazo de forma adaptativa. Sin embargo, cuando vivimos un evento que nos desborda emocionalmente, este sistema se colapsa. La experiencia traumática queda “congelada” con las mismas imágenes, sonidos, pensamientos y sensaciones físicas del momento original, sin poder conectarse con otra información más útil o racional.

El EMDR utiliza la estimulación bilateral (que puede ser visual mediante movimientos oculares, táctil mediante suaves golpecitos o auditiva) para reactivar este sistema de autosanación del cerebro. Esta estimulación ayuda a sincronizar ambos hemisferios cerebrales y permite que el recuerdo bloqueado vuelva a circular por la red neuronal, perdiendo su carga emocional dolorosa y transformándose en un aprendizaje adaptativo.

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Cómo se aplica la terapia EMDR: Las 8 fases

La terapia EMDR no consiste simplemente en mover los ojos de un lado a otro, es un protocolo estructurado y riguroso que consta de 8 fases bien diferenciadas:

  1. Historia del paciente: En esta primera fase, el terapeuta evalúa la biografía del paciente para identificar los eventos pasados que están en el origen del problema actual. Se realiza una línea de vida para seleccionar los recuerdos “diana” que serán el blanco del tratamiento.

  2. Preparación: Antes de abordar los recuerdos dolorosos, es fundamental que el paciente se sienta seguro. Se establece la alianza terapéutica y se instalan recursos de estabilización emocional, como el ejercicio del “Lugar Seguro”, para que la persona pueda autorregularse en todo momento.

  3. Medición: Accedemos al recuerdo seleccionado y lo diseccionamos. El psicólogo pide al paciente que identifique la peor imagen del suceso, la creencia negativa que tiene sobre sí mismo hoy al recordarlo (ej. “soy débil”), la creencia positiva que le gustaría instaurar (ej. “estoy a salvo”), las emociones que siente y en qué parte del cuerpo las nota. También se mide el nivel de perturbación subjetiva del 0 al 10.

  4. Desensibilización: Comienza el reprocesamiento. Para explicarlo, suelo usar la metáfora del tren, el terapeuta invita al paciente a subirse a un tren que arranca en la estación del recuerdo traumático. Mientras se aplica la estimulación bilateral, el tren avanza y el paciente deja que su mente asocie libremente imágenes, emociones o sensaciones físicas. El terapeuta no interrumpe ni dirige, solo acompaña y facilita que el propio cerebro del paciente haga el trabajo, hasta que el nivel de perturbación (molestia) se reduce a cero.

  5. Instalación: Una vez que el recuerdo ya no genera dolor, nos aseguramos de que el paciente interiorice la creencia positiva elegida en la fase 3. Se consolida mediante estimulación bilateral hasta que la persona la siente como totalmente verdadera (un 7 en una escala del 1 al 7).

  6. Examen corporal: El paciente escanea mentalmente su cuerpo mientras piensa en el recuerdo original y la nueva creencia positiva. Si queda alguna tensión o sensación residual, se procesa hasta que desaparece por completo.

  7. Cierre: Al finalizar cada sesión, el terapeuta se asegura de que el paciente recupere la estabilidad y el equilibrio mediante técnicas de contención. Además, se le informa de que su cerebro podría seguir procesando información durante los días siguientes.

  8. Reevaluación: En la siguiente sesión, se revisan los progresos obtenidos y se comprueba si han surgido nuevos recuerdos o información que deba ser abordada.

Beneficios de esta terapia y evidencia científica

El EMDR es una técnica basada en la evidencia científica, altamente recomendada por organizaciones sanitarias de primer nivel, incluyendo la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) , el Instituto Nacional para la Excelencia en la Salud y la Atención del Reino Unido (NICE) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Actualmente, existen más de 30 estudios controlados aleatorizados que avalan su eficacia tanto en población adulta como infanto-juvenil. Lo más fascinante es que las mejoras no son solo subjetivas, sino observables a nivel neurobiológico. Estudios de neuroimagen han confirmado que la terapia EMDR produce modificaciones biológicas reales en el cerebro de los pacientes:

  • Aumento del volumen del hipocampo: Se ha comprobado un incremento de hasta un 6% en el volumen de esta estructura vital para la memoria (Bossini et al., 2012).

    • Mejora en la coherencia interhemisférica: Se produce una resincronización de los hemisferios cerebrales (Propper y Christman, 2008).
    • Regulación cerebral: Se aprecian cambios positivos en el flujo sanguíneo cerebral (Lansing et al., 2005) y una disminución notable en la hiperactivación de la amígdala, nuestro “centro del miedo”, además de cambios funcionales en el córtex prefrontal y el sistema límbico (Pagani et al., 2015).

La terapia EMDR ha supuesto un antes y un después en el abordaje clínico del sufrimiento psicológico. Entender que nuestras reacciones presentes muchas veces están ancladas en redes de memoria fragmentadas del pasado nos libera de la culpa y nos abre la puerta a una sanación profunda y biológicamente constatable, con cambios que se mantienen a largo plazo.

El trauma y sus secuelas son complejos y requieren la intervención de un profesional certificado y con experiencia clínica. Si te sientes identificado con lo que hemos descrito en estas líneas, te animo a buscar ayuda psicológica. En este mismo blog podrás encontrar otros artículos que exploran el impacto de la ansiedad y el trauma, y que pueden guiarte en tu proceso. No dudes en pedir cita con un psicólogo si crees que necesitas ayuda.


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