Los ácidos grasos esenciales omega-3 y omega-6 son nutrientes indispensables para el buen funcionamiento del organismo. Se llaman “esenciales” porque el cuerpo no puede producirlos por sí mismo, razón por la cual los obtenemos a través de la alimentación.
El equilibrio entre ambos tipos de omegas es clave, ya que influye directamente en procesos como la inflamación, la salud cardiovascular, la función cerebral y la respuesta inmunitaria. En los últimos años, la dieta occidental ha perdido ese equilibrio incrementando el consumo de omega-6 y reducido el de omega-3.
Son ácidos grasos poliinsaturados con propiedades antiinflamatorias. Los más importantes son:
Las funciones principales del omega-3:
Son también ácidos grasos poliinsaturados, pero con un papel más complejo en la regulación de la inflamación. El más común es el ácido linoleico (LA), que está presente en aceites vegetales y alimentos procesados.
Las funciones principales de los omega-6 son:
En la inflamación los omega-3 tienden a reducir la inflamación, mientras que los omega-6 pueden favorecer procesos inflamatorios, especialmente cuando se consumen en exceso
El equilibrio entre omega-3 y omega-6 es esencial para mantener una buena salud y reducir la inflamación crónica.Alimentos ricos en omega-3:
Alimentos ricos en omega-6:
Proporción ideal:
Históricamente la relación omega-6/omega-3 era de 2:1 o 3:1
En la actualidad, encontramos que esa relación puede llegar al 15 o 20/1, por lo que se favorece la inflamación. Un objetivo razonable sería de un 4:1.
El exceso de omega-6 y falta de omega-3 puede hacer:
Para mejorar el equilibrio en la dieta podemos establecer una serie de recomendaciones sencillas:
Cuando la dieta no consigue cubrir nuestras necesidades diarias de omega-3 o en situaciones especiales (por ejemplo personas que no comen pescado por alergias al mismo, inflamación crónica, embarazo, etc), los suplementos pueden ser útiles. Sin embargo, no pueden suplir una dieta no saludable, es decir, lo importante es que la dieta sea adecuada y solo si es necesario cubrir lo que falte con suplementos, y siempre con consejo de un dietista-nutricionista que evalúe esa necesidad.
Los más comunes son:
Por regla general, deberemos seguir las siguientes recomendaciones generales para el uso de suplementos de omega3:
El equilibrio entre omega-3 y omega-6 es esencial para mantener una buena salud y reducir la inflamación crónica. El problema actual no es la presencia de omega-6 (que, tengámoslo claro, son necesarios), sino su exceso en comparación con los omega-3.
Adoptar hábitos como aumentar el consumo de pescado azul (siempre o casi siempre eligiendo aquellas especies más pequeñas, como la sardina o la caballa), semillas y frutos secos y reducir el uso de aceites vegetales como el de girasol y el consumo de ultraprocesados puede mejorar el equilibrio entre ambos tipos de omegas
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