Carrer de Sardenya, 326, ENT - 3, Barcelona 08025
¡Cuidado: persona sin límites! Cómo relacionarte con gente difícil.
Entran sin llamar. Cogen tus cosas sin pedir permiso. Y, si tienes una relación con una persona así, todo lo que es tuyo o pertenece a tu intimidad pasa automáticamente a considerarse también suyo.
Además, no tienen ningún reparo en hacerte partícipe de todos los detalles de su vida.
Da igual que seas su pareja, su amiga, su hija, su subordinada o, simplemente, una compañera de trabajo.
Su comportamiento no siempre es una muestra de descaro ni el resultado de una mala educación.
Puede tratarse de una persona con los límites personales difusos o, como solemos decir, de alguien «sin límites».
Le cuesta distinguir dónde terminan sus pensamientos, emociones y necesidades, y dónde empiezan los de los demás.
Estas personas no perciben al otro como alguien separado e independiente, sino como una prolongación de sí mismas. Y, la mayoría de las veces, ni siquiera son conscientes de ello.
En su mundo, todo es muy sencillo:
* si no adivinas lo que pienso o deseo;
* si tienes una opinión diferente;
* si quieres algo distinto;
* si no te gusta lo mismo que a mí;
* si no sacrificas tus intereses por mí;
* si no apruebas alguna de las cosas que hago;
* o si rechazas lo que te propongo…
«Algo va mal contigo y eres tú quien tiene que cambiar cuanto antes.
Piensa de otra manera, siente otra cosa, haz lo que te digo y dame siempre la razón».
Incluso hablar de límites personales dentro de la pareja puede provocar su indignación:
«¿Y eso qué es? ¿Cómo va a haber límites entre personas que se quieren?»
Cuando se trata de alguien a quien acabas de conocer o de un compañero de trabajo al que ves cada seis meses, probablemente intentarás reducir el contacto.
Pero ¿qué ocurre cuando se trata de alguien cercano? ¿Qué puedes hacer cuando romper la relación sin más no es una opción?
Es difícil establecer límites con las personas que invaden constantemente tu espacio porque, en su forma de entender las relaciones, las diferencias no existen.
Viven en una situación de fusión en la que no hay una relación entre iguales, sino una persona que manda y otra que se somete.
Invitarlas a respetar los límites significa invitarlas a mantener una relación de igualdad. Y muchas de ellas no están preparadas para ello.
¿Qué puedes hacer?
En primer lugar, recuerda que los límites no son para la otra persona: son para ti.
Si tienes una casa con un terreno, sabes dónde empieza y dónde acaba tu propiedad. Tú decides qué tipo de valla quieres poner y cómo se puede entrar.
Los vecinos ya se ocuparán de organizar su propio terreno.
En segundo lugar, mantén siempre presentes tus deseos, intereses y valores.
En cuanto empiezas a dudar de la importancia de tus propios intereses o, peor aún, de tu propio valor, pierdes estabilidad y te resulta mucho más difícil sostener tus límites.
Mantente firme. No se trata de ser una persona fría, insensible o humillante, sino de mantener tu posición. Defenderla cuando sea necesario y expresarla de manera clara, directa, educada y tranquila, aunque tengas que repetirla una y otra vez.
Por ejemplo:
«Gracias por el tiempo que hemos compartido. Me sabe mal decirlo, pero no quiero continuar con esta relación. Por favor, no vuelvas a llamarme ni a escribirme».
«En mi trabajo, solicito el pago de mis servicios por adelantado. No lo hago para demostrar que desconfío de usted, sino para proteger mis intereses profesionales».
«Habíamos quedado a las cinco. No has venido ni me has avisado. No es la primera vez que ocurre. Por eso, no quiero volver a quedar contigo. Quizá tenías otros asuntos importantes, pero yo no quiero seguir perdiendo mi tiempo».
¿Cómo puedes aprender a establecer límites de forma rápida y eficaz, especialmente cuando las personas difíciles forman parte de tu entorno más cercano?
Reserva una consulta y descubre tu propia manera, única y efectiva, de proteger tus límites.
03/08/2026