Concibo el ejercicio de la psicología desde una ética profesional basada en el respeto por la singularidad de cada persona. Mi práctica clínica se sostiene en tres pilares fundamentales: el tratamiento personal, la formación continua y la supervisión clínica, que orientan un acompañamiento responsable y comprometido.
Ofrezco un espacio de escucha cálido, empático y libre de juicios, que favorece la confianza y la apertura necesarias para que cada paciente pueda expresar lo que le sucede. Considero que el vínculo terapéutico es central en el proceso terapéutico y una herramienta clave para el cambio.
Acompaño a las personas en la construcción de una vida más saludable, ayudándolas a abandonar patrones, vínculos o comportamientos que no las favorecen, fortaleciendo sus recursos emocionales y promoviendo una mejora significativa de la autoestima. El objetivo es aliviar el sufrimiento, vivir con mayor liviandad y habilitar el disfrute sin culpa.
Mi experiencia como migrante enriquece mi mirada clínica y me permite comprender en profundidad los procesos de cambio, adaptación y duelo que implica vivir en otro país, aportando una escucha sensible y cercana a quienes atraviesan estas experiencias.
Mi empatía profesional se combina con una constante curiosidad intelectual, que me impulsa a seguir estudiando, formándome y revisando mi práctica clínica como parte del compromiso con cada paciente. Entiendo la terapia como un espacio de encuentro y trabajo conjunto, donde animarse a hablar y a probar nuevas formas de estar en el mundo puede abrir el camino hacia una vida más plena y auténtica.