He visto a algunas personas que han sido agresivas, maleducadas o hirientes conmigo mostrarse, en ca
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He visto a algunas personas que han sido agresivas, maleducadas o hirientes conmigo mostrarse, en cambio, cordiales, educadas y asertivas con otras personas. Eso me hace pensar que no es que no sepan comportarse de otra manera, sino que conmigo eligen tratarme así.
¿Hasta qué punto puede interpretarse esto como una decisión consciente de la otra persona, y hasta qué punto puede haber otros factores (contexto, dinámica relacional, percepción personal, etc.) que expliquen estas diferencias de trato?
¿Hasta qué punto puede interpretarse esto como una decisión consciente de la otra persona, y hasta qué punto puede haber otros factores (contexto, dinámica relacional, percepción personal, etc.) que expliquen estas diferencias de trato?
Es una reflexión muy comprensible, y además toca un tema complejo porque solemos intentar encontrar una explicación clara a algo que nos duele.
Cuando una persona se muestra educada, respetuosa y considerada con unas personas, pero agresiva, despectiva o hiriente con otras, es cierto que eso indica que tiene capacidad para comportarse de maneras diferentes según el contexto. Es decir, no estamos ante alguien que pierde el control de forma constante con todo el mundo. Sin embargo, de ahí no siempre se puede concluir que exista una decisión plenamente consciente del tipo: “voy a tratar mal a esta persona porque quiero hacerlo”.
Entre ambos extremos suele haber muchos matices.
A veces influyen factores relacionales. Hay personas que se contienen más con quienes perciben como figuras de autoridad, con quienes temen perder una relación o con quienes creen que les pondrán límites claros. En cambio, pueden mostrarse más impulsivas, críticas o agresivas con personas con las que sienten más confianza, más dependencia o menos riesgo de consecuencias.
También pueden influir patrones emocionales. Algunas personas proyectan frustraciones, inseguridades o conflictos internos sobre determinadas personas que les despiertan emociones concretas. No necesariamente se levantan por la mañana pensando en tratar mal a alguien, pero sí reaccionan de manera sistemáticamente más hostil con esa persona que con otras.
Por otra parte, conviene no descartar la influencia de la propia dinámica interpersonal. En ocasiones dos personas entran, sin querer, en un patrón donde una critica, la otra se defiende, la primera se siente cuestionada, vuelve a criticar, y así sucesivamente. Desde fuera puede parecer que una de ellas es amable con todo el mundo excepto con una persona concreta, cuando en realidad existe una dinámica específica entre ambas que favorece esas interacciones negativas.
Ahora bien, también es importante no caer en el extremo contrario y justificarlo todo. Si una persona es capaz de ser respetuosa con otros, sabe cómo hacerlo. Que no lo haga contigo de forma habitual es una información relevante. Quizá no sea una decisión plenamente deliberada en cada momento, pero sí puede reflejar que no está poniendo el mismo esfuerzo, consideración o autocontrol en la relación contigo que en otras relaciones.
A menudo la pregunta más útil no es si lo hace conscientemente al 100 % o inconscientemente al 100 %, sino observar el resultado: ¿cómo te hace sentir esa relación? ¿Has expresado tu malestar? ¿La persona intenta corregir esas conductas cuando se las señalas o las minimiza y las repite? Porque una conducta puede comenzar siendo impulsiva o poco consciente, pero si se señala repetidamente y la persona no muestra interés en cambiarla, entonces ya entra en juego un grado mayor de responsabilidad.
En definitiva, ver que alguien trata mejor a otras personas demuestra que posee la capacidad de hacerlo. Lo que no permite saber por sí solo es por qué contigo actúa de manera diferente. Para entenderlo habría que observar tanto las características de esa persona como la dinámica concreta que se ha establecido entre vosotros. Lo que sí es razonable es tomar en serio el impacto que ese trato tiene sobre ti, sin asumir automáticamente que todo se debe a una mala intención ni tampoco excusarlo sin más.
Si esta situación te está generando malestar o dudas persistentes, puedes pedirme cita online y valoraremos juntos tu caso concreto con más profundidad.
Cuando una persona se muestra educada, respetuosa y considerada con unas personas, pero agresiva, despectiva o hiriente con otras, es cierto que eso indica que tiene capacidad para comportarse de maneras diferentes según el contexto. Es decir, no estamos ante alguien que pierde el control de forma constante con todo el mundo. Sin embargo, de ahí no siempre se puede concluir que exista una decisión plenamente consciente del tipo: “voy a tratar mal a esta persona porque quiero hacerlo”.
Entre ambos extremos suele haber muchos matices.
A veces influyen factores relacionales. Hay personas que se contienen más con quienes perciben como figuras de autoridad, con quienes temen perder una relación o con quienes creen que les pondrán límites claros. En cambio, pueden mostrarse más impulsivas, críticas o agresivas con personas con las que sienten más confianza, más dependencia o menos riesgo de consecuencias.
También pueden influir patrones emocionales. Algunas personas proyectan frustraciones, inseguridades o conflictos internos sobre determinadas personas que les despiertan emociones concretas. No necesariamente se levantan por la mañana pensando en tratar mal a alguien, pero sí reaccionan de manera sistemáticamente más hostil con esa persona que con otras.
Por otra parte, conviene no descartar la influencia de la propia dinámica interpersonal. En ocasiones dos personas entran, sin querer, en un patrón donde una critica, la otra se defiende, la primera se siente cuestionada, vuelve a criticar, y así sucesivamente. Desde fuera puede parecer que una de ellas es amable con todo el mundo excepto con una persona concreta, cuando en realidad existe una dinámica específica entre ambas que favorece esas interacciones negativas.
Ahora bien, también es importante no caer en el extremo contrario y justificarlo todo. Si una persona es capaz de ser respetuosa con otros, sabe cómo hacerlo. Que no lo haga contigo de forma habitual es una información relevante. Quizá no sea una decisión plenamente deliberada en cada momento, pero sí puede reflejar que no está poniendo el mismo esfuerzo, consideración o autocontrol en la relación contigo que en otras relaciones.
A menudo la pregunta más útil no es si lo hace conscientemente al 100 % o inconscientemente al 100 %, sino observar el resultado: ¿cómo te hace sentir esa relación? ¿Has expresado tu malestar? ¿La persona intenta corregir esas conductas cuando se las señalas o las minimiza y las repite? Porque una conducta puede comenzar siendo impulsiva o poco consciente, pero si se señala repetidamente y la persona no muestra interés en cambiarla, entonces ya entra en juego un grado mayor de responsabilidad.
En definitiva, ver que alguien trata mejor a otras personas demuestra que posee la capacidad de hacerlo. Lo que no permite saber por sí solo es por qué contigo actúa de manera diferente. Para entenderlo habría que observar tanto las características de esa persona como la dinámica concreta que se ha establecido entre vosotros. Lo que sí es razonable es tomar en serio el impacto que ese trato tiene sobre ti, sin asumir automáticamente que todo se debe a una mala intención ni tampoco excusarlo sin más.
Si esta situación te está generando malestar o dudas persistentes, puedes pedirme cita online y valoraremos juntos tu caso concreto con más profundidad.
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Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.
Lo que planteas es muy comprensible. Cuando ves que una persona puede comportarse de forma correcta con otros, pero contigo se muestra brusca, hiriente o desconsiderada, es normal que aparezca una pregunta dolorosa: “¿por qué conmigo sí se permite tratarme así?”.
La respuesta no siempre es sencilla. Puede haber una parte consciente, pero también pueden intervenir muchos factores relacionales y emocionales.
En algunos casos, sí puede haber cierta elección. Hay personas que regulan muy bien su conducta cuando les interesa quedar bien, cuando sienten autoridad delante, cuando quieren agradar o cuando temen consecuencias. En cambio, con personas que perciben como más disponibles, más tolerantes, menos confrontativas o emocionalmente más seguras, se permiten descargar tensión, hablar peor o cruzar límites.
Eso no lo justifica. Simplemente ayuda a entender que la falta de respeto no siempre nace de “no saber hacerlo mejor”. A veces la persona sí sabe tratar bien, pero selecciona dónde se contiene y dónde no.
También puede haber factores de dinámica relacional. Algunas relaciones entran en patrones donde uno se acostumbra a ceder, explicar, justificar o evitar el conflicto, y el otro aprende que puede actuar de forma más brusca sin demasiadas consecuencias. No porque la víctima “tenga la culpa”, sino porque las dinámicas se consolidan cuando no se revisan los límites.
También puede influir el contexto. Una misma persona no se comporta igual en público que en privado, con desconocidos que con gente cercana, con alguien a quien quiere impresionar que con alguien a quien da por seguro. Esa variación forma parte del funcionamiento humano, pero cuando la diferencia implica agresividad, desprecio o humillación, ya no hablamos solo de estilos distintos.
Conviene incluir otra posibilidad: la percepción personal. Si una persona viene de experiencias de rechazo, crítica, humillación o invalidación, puede estar más atenta a señales de desprecio. Eso puede hacer que ciertos gestos se vivan con más intensidad. Pero esto no significa que lo que percibes sea falso. Significa que, además de mirar la conducta del otro, también conviene observar qué se activa en ti.
La clave sería no quedarte atrapado en la pregunta de si lo hace “a propósito” o no. A veces no podrás saber el grado exacto de conciencia de la otra persona. Lo que sí puedes evaluar es el impacto y el patrón:
• ¿Ocurre de forma repetida?
• ¿Te habla peor a ti que a otras personas?
• ¿Cuando se lo señalas, escucha o se defiende?
• ¿Cambia algo o vuelve a repetirlo?
• ¿Te quedas tú justificando demasiado su conducta?
• ¿Sientes que con esa persona tienes que medir todo lo que dices para no provocar una mala reacción?
Estas preguntas suelen dar más claridad que intentar entrar en la mente del otro.
Puedes decir algo sencillo y firme: “Veo que puedes comunicarte de otra manera en otros contextos. Conmigo este trato me resulta hiriente y no quiero normalizarlo.”
No hace falta acusar ni demostrar intención. Basta con marcar el límite.
Si la persona responde con apertura, hay posibilidad de ajustar la relación. Si responde con burla, minimización o culpándote por sentirte mal, entonces el problema deja de ser solo el comentario puntual y pasa a ser una dinámica de invalidación.
Tu dignidad no depende de que el otro reconozca que te ha tratado mal. Depende de que tú puedas reconocer cuándo algo te daña y actuar en consecuencia.
La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Diferenciar percepción sensible de trato realmente inadecuado.
• Identificar patrones de falta de respeto, manipulación o invalidación.
• Aprender a poner límites sin entrar en discusiones interminables.
• Trabajar autoestima, culpa y miedo al conflicto.
• Revisar por qué ciertas personas parecen permitirse tratarte peor.
• Fortalecer tu criterio para no dudar constantemente de lo que sientes.
Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
Lo que planteas es muy comprensible. Cuando ves que una persona puede comportarse de forma correcta con otros, pero contigo se muestra brusca, hiriente o desconsiderada, es normal que aparezca una pregunta dolorosa: “¿por qué conmigo sí se permite tratarme así?”.
La respuesta no siempre es sencilla. Puede haber una parte consciente, pero también pueden intervenir muchos factores relacionales y emocionales.
En algunos casos, sí puede haber cierta elección. Hay personas que regulan muy bien su conducta cuando les interesa quedar bien, cuando sienten autoridad delante, cuando quieren agradar o cuando temen consecuencias. En cambio, con personas que perciben como más disponibles, más tolerantes, menos confrontativas o emocionalmente más seguras, se permiten descargar tensión, hablar peor o cruzar límites.
Eso no lo justifica. Simplemente ayuda a entender que la falta de respeto no siempre nace de “no saber hacerlo mejor”. A veces la persona sí sabe tratar bien, pero selecciona dónde se contiene y dónde no.
También puede haber factores de dinámica relacional. Algunas relaciones entran en patrones donde uno se acostumbra a ceder, explicar, justificar o evitar el conflicto, y el otro aprende que puede actuar de forma más brusca sin demasiadas consecuencias. No porque la víctima “tenga la culpa”, sino porque las dinámicas se consolidan cuando no se revisan los límites.
También puede influir el contexto. Una misma persona no se comporta igual en público que en privado, con desconocidos que con gente cercana, con alguien a quien quiere impresionar que con alguien a quien da por seguro. Esa variación forma parte del funcionamiento humano, pero cuando la diferencia implica agresividad, desprecio o humillación, ya no hablamos solo de estilos distintos.
Conviene incluir otra posibilidad: la percepción personal. Si una persona viene de experiencias de rechazo, crítica, humillación o invalidación, puede estar más atenta a señales de desprecio. Eso puede hacer que ciertos gestos se vivan con más intensidad. Pero esto no significa que lo que percibes sea falso. Significa que, además de mirar la conducta del otro, también conviene observar qué se activa en ti.
La clave sería no quedarte atrapado en la pregunta de si lo hace “a propósito” o no. A veces no podrás saber el grado exacto de conciencia de la otra persona. Lo que sí puedes evaluar es el impacto y el patrón:
• ¿Ocurre de forma repetida?
• ¿Te habla peor a ti que a otras personas?
• ¿Cuando se lo señalas, escucha o se defiende?
• ¿Cambia algo o vuelve a repetirlo?
• ¿Te quedas tú justificando demasiado su conducta?
• ¿Sientes que con esa persona tienes que medir todo lo que dices para no provocar una mala reacción?
Estas preguntas suelen dar más claridad que intentar entrar en la mente del otro.
Puedes decir algo sencillo y firme: “Veo que puedes comunicarte de otra manera en otros contextos. Conmigo este trato me resulta hiriente y no quiero normalizarlo.”
No hace falta acusar ni demostrar intención. Basta con marcar el límite.
Si la persona responde con apertura, hay posibilidad de ajustar la relación. Si responde con burla, minimización o culpándote por sentirte mal, entonces el problema deja de ser solo el comentario puntual y pasa a ser una dinámica de invalidación.
Tu dignidad no depende de que el otro reconozca que te ha tratado mal. Depende de que tú puedas reconocer cuándo algo te daña y actuar en consecuencia.
La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Diferenciar percepción sensible de trato realmente inadecuado.
• Identificar patrones de falta de respeto, manipulación o invalidación.
• Aprender a poner límites sin entrar en discusiones interminables.
• Trabajar autoestima, culpa y miedo al conflicto.
• Revisar por qué ciertas personas parecen permitirse tratarte peor.
• Fortalecer tu criterio para no dudar constantemente de lo que sientes.
Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
Que una persona se comporte de forma diferente contigo que con otras no significa necesariamente que haya decidido tratarte mal de forma consciente. En las relaciones influyen la percepción que tiene de ti, las dinámicas que se han ido construyendo entre ambos, el contexto y los estados emocionales de cada momento.
Dicho esto, el hecho de que esa persona sea capaz de mostrarse respetuosa con otros sí indica que tiene recursos para relacionarse de otra manera. Eso es información relevante.
Más que buscar si hay intención consciente o no, suele ser más útil observar si ese patrón se repite en el tiempo y preguntarte cómo te afecta y qué lugar quieres darle a esa relación.
Dicho esto, el hecho de que esa persona sea capaz de mostrarse respetuosa con otros sí indica que tiene recursos para relacionarse de otra manera. Eso es información relevante.
Más que buscar si hay intención consciente o no, suele ser más útil observar si ese patrón se repite en el tiempo y preguntarte cómo te afecta y qué lugar quieres darle a esa relación.
Hola. Es comprensible que, al observar ese tipo de diferencias de trato, aparezca la sensación de “conmigo sí se comporta así, así que debe ser una elección consciente”. Esa es una interpretación bastante humana, porque intentamos dar coherencia a lo que vemos en las relaciones sociales.
Sin embargo, en la práctica, el comportamiento de las personas no depende solo de una decisión consciente de “tratar bien o mal a alguien”, sino de muchos factores que cambian según el contexto: el momento emocional en el que se encuentran, el nivel de estrés, la confianza que sienten con la otra persona, experiencias previas con alguien que les recuerda a ti, dinámicas relacionales que se han ido construyendo, o incluso malentendidos acumulados.
También influye mucho algo que en psicología se ve con frecuencia: no nos comportamos igual con todas las personas porque no todas las relaciones activan lo mismo en nosotros. A veces alguien puede ser educado y asertivo en un contexto, y en otro mostrarse más defensivo o irritable sin que eso signifique una intención clara de hacer daño.
Dicho esto, cuando uno empieza a interpretar de forma repetida que el otro “elige tratarme mal a mí”, suele ser importante no quedarse solo en la conducta del otro, sino explorar qué impacto emocional tiene esa interpretación en ti. Es decir, por qué esta lectura concreta te afecta de esa manera, qué significado le estás dando y qué experiencias previas pueden estar influyendo en esa sensibilidad.
Porque a veces no es solo lo que ocurre fuera, sino cómo lo interpretamos internamente, lo que hace que ciertas situaciones duelan más o se vivan con más intensidad.
Este tipo de patrones interpretativos y su carga emocional son precisamente cosas que se pueden trabajar en terapia, para ayudarte a tener una visión más ajustada de las relaciones y a reducir el malestar que generan este tipo de situaciones. Espero que esta respuesta haya servido como explicación posible a lo que te está pasando, pero si en algún momento decides dar el paso de trabajar en terapia cómo te afectan este tipo de situaciones, estaré encantada de ayudarte.
Un abrazo.
Sin embargo, en la práctica, el comportamiento de las personas no depende solo de una decisión consciente de “tratar bien o mal a alguien”, sino de muchos factores que cambian según el contexto: el momento emocional en el que se encuentran, el nivel de estrés, la confianza que sienten con la otra persona, experiencias previas con alguien que les recuerda a ti, dinámicas relacionales que se han ido construyendo, o incluso malentendidos acumulados.
También influye mucho algo que en psicología se ve con frecuencia: no nos comportamos igual con todas las personas porque no todas las relaciones activan lo mismo en nosotros. A veces alguien puede ser educado y asertivo en un contexto, y en otro mostrarse más defensivo o irritable sin que eso signifique una intención clara de hacer daño.
Dicho esto, cuando uno empieza a interpretar de forma repetida que el otro “elige tratarme mal a mí”, suele ser importante no quedarse solo en la conducta del otro, sino explorar qué impacto emocional tiene esa interpretación en ti. Es decir, por qué esta lectura concreta te afecta de esa manera, qué significado le estás dando y qué experiencias previas pueden estar influyendo en esa sensibilidad.
Porque a veces no es solo lo que ocurre fuera, sino cómo lo interpretamos internamente, lo que hace que ciertas situaciones duelan más o se vivan con más intensidad.
Este tipo de patrones interpretativos y su carga emocional son precisamente cosas que se pueden trabajar en terapia, para ayudarte a tener una visión más ajustada de las relaciones y a reducir el malestar que generan este tipo de situaciones. Espero que esta respuesta haya servido como explicación posible a lo que te está pasando, pero si en algún momento decides dar el paso de trabajar en terapia cómo te afectan este tipo de situaciones, estaré encantada de ayudarte.
Un abrazo.
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