Hola, mi hijo va al CDIAP de Sabadell desde los 2 años, en febrero cumple 4 años. En ese periodo lo
Hola, mi hijo va al CDIAP de Sabadell desde los 2 años, en febrero cumple 4 años. En ese periodo lo ha visto solo 1 vez el pediatra neurólogo (que solo le llamo la atención Ecolalia, que indico podía disminuir con el tiempo o intensificarse. Yo creo que ha disminuido un poco un año después) y dijo que pareciera presentar rasgos de Asperger. Adicional, 2 veces la psicóloga lo ha evaluado con test, quien solo sostiene que la rigidez que manifiesta el niño, cause que el no funcione bien a medida que crezca. Yo me siento dudas como mamá y más cuando el proceso en el CDIAP es hasta los 4 años y aún no saben o están seguros si tiene algún trastorno. Siento que no se ajustan las terapias a lo que el necesita actualmente, por ejemplo esta más temeroso que hace un par de meses, o esta empezando a poner su voz más ronca cuando esta nervioso por un evento nuevo o se rasca en sus deditos hasta levantarse los cueritos por los nervios de algún evento nuevo o ansiedad. En cuanto a su maestra nueva de I3, me indica que lo ve normal como un niño de 3 años, que tiene un lenguaje muy amplio (habla muy claro desde los 2 años) y que es muy alto, aparenta de 5 ó 6 años. No sé si continuar con el resto de las terapias en el CDIAP por el impacto que pueda tener en el futuro o consultar una segunda opinión y que especialista buscar que nos faciliten herramientas que le sirvan a él y a nosotros como padres. Gracias por su opinión.
8 respuestas
Hola, Tu preocupación es totalmente válida. En este punto, lo más recomendable sería solicitar una segunda valoración diagnóstica, preferiblemente por un equipo interdisciplinar especializado en desarrollo infantil. Esto permitirá confirmar o descartar un posible trastorno del espectro autista (TEA) u otras condiciones del desarrollo, y ajustar las intervenciones a sus necesidades actuales. El hecho de que tu hijo muestre buena evolución en el lenguaje y una adaptación normal en la escuela es muy positivo, pero los signos de ansiedad y rigidez que mencionas merecen atención. Más allá del diagnóstico, el foco debería estar en fortalecer su regulación emocional y su seguridad frente a los cambios. Un psícólogo infantil podría orientarte y ofrecer estrategias prácticas también para la familia. Espero haberte podido ayudar. Saludos, Sara Colom
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Hola, entiendo muy bien cómo te sientes. A los 3-4 años aún es pronto para tener un diagnóstico claro, y muchos rasgos pueden cambiar con el tiempo. Yo mantendría las terapias del CDIAP hasta los 4 años, pero hablaría con el equipo sobre las nuevas preocupaciones que están apareciendo (ansiedad, miedo, rascarse los dedos…). Además, consultaría una segunda opinión, por ejemplo con un/a neuropsicólogo/a o psicólogo/a infantil, ya que aunque quizá sea pronto para un diagnóstico, tu niño muestra conductas que te preocupan y vale la pena revisarlas con calma. Pedir otra opinión puede darte más tranquilidad y nuevas ideas para acompañarlo mejor. Si todavía necesitas orientación, puedes reservar una llamada gratuita y con gusto intentaré guiarte
Entiendo tus dudas y miedos como mamá, pero también suele ser normal que siendo tan pequeño no se arriesguen a daros un diagnóstico, ya que como bien dices van evolucionando, y para diagnostican algunos trastornos necesitamos que sean algo mayores, para que no se confunda con algo evolutivo. Aún así y entendiendo que pronto os darán el alta del CDIAP, no está de más que acudáis a un profesional de psicología infantil o atención precoz que os puedan asesorar e incluso puedan pasarle pruebas para aclarar vuestras dudas.
Gracias por compartir tu situación. Es comprensible que tengas dudas, ya que en la etapa preescolar los diagnósticos a veces no son concluyentes y algunos rasgos se observan sin poder etiquetarlos definitivamente. Dado que percibes ansiedad, temores y conductas de autoconfort, sería recomendable solicitar una segunda opinión especializada, idealmente con un neuropediatra o psiquiatra infantil y un psicólogo clínico infantil con experiencia en trastornos del espectro autista y desarrollo emocional, incluyendo evaluación directa y pruebas estructuradas, así como orientaciones concretas para casa y la escuela. Mientras tanto, se puede mantener las terapias actuales del CDIAP, pero adaptándolas a sus necesidades actuales, enfocándose en manejo de ansiedad, regulación emocional y autoconfianza, lo que permitirá contar con un plan más ajustado a su desarrollo y herramientas prácticas para acompañarlo como familia.
Es comprensible que te sientas con dudas cuando, después de casi dos años de intervención, no existe una valoración clara y las señales que observas en tu hijo cambian con el tiempo. A los 3–4 años todavía es difícil establecer diagnósticos cerrados, y muchos niños sensibles, con lenguaje avanzado o con un desarrollo desigual pueden mostrar conductas como rigidez, ecolalia o respuestas físicas a la ansiedad sin que esto implique necesariamente un trastorno del neurodesarrollo. Lo importante es que, más allá de una etiqueta, recibáis orientación ajustada a lo que él necesita hoy: acompañamiento emocional, ayuda para regular la ansiedad y estrategias para manejar los momentos nuevos sin que se altere tanto. Si sientes que las intervenciones actuales no están respondiendo a estos cambios, es legítimo plantearte una revisión. Buscar una segunda opinión puede darte más claridad y también más herramientas. Puedes acudir a un neuropediatra con experiencia en desarrollo, a una psicóloga infantil especializada en neurodesarrollo o a un centro privado donde hagan una evaluación completa y actualizada. Esto no invalida el trabajo del CDIAP, pero sí puede complementar la mirada y ayudarte a decidir qué terapias continuar, ajustar o retirar sin miedo a “perder” algo importante para su futuro. La observación de su maestra de I3 también es relevante: si ella lo ve dentro de la variabilidad típica y con un lenguaje avanzado, vale la pena integrar esa información. Lo esencial es que tú te sientas acompañada, que las intervenciones tengan sentido para vuestro día a día y que él esté recibiendo apoyo proporcional a lo que muestra ahora, no solo a lo que se observó hace un año.
Buenas tardes Generalmente es muy complicado hacer un diagnóstico antes de los 6 o 7 años. Sin embargo, si ya habéis visto ciertas dificultades, y tiene rasgos que serían compatibles con Asperger, sería interesante buscar un centro más especializado en ese tema, donde os den pautas y herramientas más específicas para vosotros. Un saludo
Entiendo muy bien tu incertidumbre y tu cansancio emocional. Cuando un diagnóstico no es claro y el proceso se alarga, es normal que como madre aparezcan dudas y sensación de desajuste entre lo que recibe tu hijo y lo que tú percibes que necesita. A esta edad (3-4 años) muchos rasgos aún están en pleno desarrollo, y por eso es habitual que los profesionales hablen en términos de “rasgos” y no de diagnósticos cerrados. La ecolalia, la rigidez o ciertas conductas ante la novedad pueden formar parte tanto de un perfil neurodivergente como de un desarrollo sensible con ansiedad ante los cambios. Por eso, más que poner el foco en la etiqueta, es importante mirar cómo se siente tu hijo y cómo se adapta a su entorno. Ahora mismo estás observando: – más temor ante lo nuevo – señales físicas de ansiedad (voz, manos, rascado) – necesidad de mayor contención emocional Eso nos indica que su sistema emocional necesita sentirse más seguro, comprendido y acompañado. Mi recomendación es: priorizar profesionales especializados en neurodesarrollo infantil y regulación emocional buscar profesionales que te transmitan confianza y te expliquen el proceso que el trabajo terapéutico se centre en darle herramientas para gestionar la ansiedad y la rigidez, no solo en evaluar que os acompañen también a vosotros como familia Pedir una segunda opinión no es abandonar el proceso, es cuidarlo mejor. Es legítimo querer saber si lo que recibe ahora se ajusta a sus necesidades actuales. Y algo muy importante: si en la escuela lo ven funcional, con buen lenguaje y relaciones, eso es una fortaleza que hay que sostener. Cuando se trabaja desde el bienestar emocional y no desde la urgencia diagnóstica, el desarrollo evoluciona con más estabilidad.
Hola. Entiendo mucho tus dudas y el nivel de incertidumbre que puedes estar sintiendo como madre. Cuando un niño presenta algunas características particulares del desarrollo, pero al mismo tiempo tiene áreas muy preservadas o incluso avanzadas (como el lenguaje o ciertas capacidades cognitivas), muchas familias viven justamente esa sensación de: “hay cosas que me llaman la atención, pero nadie me da una respuesta clara”. Por lo que describes, sí parece que tu hijo presenta algunas características que merecen seguimiento: • rigidez, • ansiedad ante cambios o situaciones nuevas, • conductas repetitivas de regulación (rascarse dedos, cambiar tono de voz), • cierta sensibilidad emocional, • antecedentes de ecolalia, • y necesidad de predictibilidad. Pero también comentas aspectos muy positivos: • buen lenguaje desde muy pequeño, • buena adaptación escolar según la maestra, • interacción aparentemente adecuada, • y funcionamiento general bastante conservado. En perfiles compatibles con TEA nivel 1 o niños con rasgos del espectro, muchas veces las dificultades no siempre son evidentes a edades tempranas o pueden manifestarse más claramente conforme aumentan las demandas sociales, emocionales y de flexibilidad. Y algo importante: que ahora no exista un diagnóstico completamente definido no significa que lo que observáis no sea real. En desarrollo infantil a veces se necesita tiempo para ver cómo evolucionan ciertas características. También entiendo tu preocupación respecto a si las terapias actuales realmente están ajustándose a sus necesidades emocionales presentes, especialmente si ahora mismo lo que más observáis es ansiedad, temor o dificultades de regulación emocional. Personalmente, creo que buscar una segunda opinión especializada puede ser totalmente válido y no implica necesariamente abandonar el CDIAP. A veces otra valoración ayuda a: • aclarar dudas, • orientar mejor el perfil del niño, • y ofrecer herramientas más específicas tanto para él como para vosotros como padres. Probablemente os podría ayudar una valoración por profesionales especializados en neurodesarrollo infantil y TEA, pero con mirada amplia y respetuosa del desarrollo, no únicamente centrada en “etiquetar”. Y algo importante: más allá del diagnóstico concreto, lo fundamental es comprender qué necesita vuestro hijo para sentirse seguro, regulado y acompañado emocionalmente. El hecho de que estéis observando sus necesidades y buscando cómo ayudarle ya es algo muy valioso para su desarrollo. Mucho ánimo
Todo el contenido, en particular las preguntas y respuestas, es de carácter informativo y en ningún caso puede sustituir un diagnóstico médico.



