Artículos 26 febrero 2024

Cómo afecta el consumo de cerveza en personas con hígado graso

María del Mar Silva Rivera Dietista Nutricionista
María del Mar Silva Rivera
Dietista Nutricionista

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El hígado representa cerca de un 3% del peso corporal en un adulto, recibe casi el 28% del flujo de sangre y consume el 20% del oxígeno total. Es por tanto un órgano clave que metaboliza y transforma, a la vez que almacena y libera, un montón de macro y micronutrientes que, provenientes de la absorción desde el intestino, llegan al hígado mediante la circulación.

Es un órgano fundamental en todos los procesos del metabolismo: el metabolismo de los carbohidratos, el de los lípidos, el de las proteínas, el de las vitaminas, la formación de bilis, la detoxificación y es un filtro de sustancias que deben ser eliminadas.

Funciones del hígado graso

Si nos centramos en las funciones de detoxificación, se encarga de transformar sustancias tóxicas exógenas y endógenas, y también los fármacos, mediante procesos bioquímicos que se realizan en dos fases, las llamadas Fase I y Fase II.

En la fase I, participan unas enzimas, llamadas enzimas del citocromo P450. Si estas enzimas están sobrecargadas, es decir, hay más sustratos que enzimas o bien éstas no pueden eliminar los tóxicos a la velocidad necesaria, éstos se acumulan en el tejido hepático produciendo alteraciones del mismo.

Una vez que se produce la detoxificación de fase I, se producen una serie de metabolitos intermedios que pueden ser más tóxicos y producir alteraciones del ADN. Pasan entonces a la Fase II, de conjugación, en la que las células hepáticas transforman esos metabolitos intermedios añadiendo grupos químicos que hacen que esas sustancias sean solubles en agua y puedan ser eliminados por el riñón. Por regla general nuestro hígado funciona perfectamente y no es necesario someter al organismo a ningún tipo de tratamiento de detoxificación, como hay muchos que se publicitan por ahí.

Ahora bien, puede suceder que el hígado esté alterado porque haya acumulado mucha grasa, bien porque estemos comiendo demasiada energía o bien porque lo estemos sometiendo a estrés mediante el consumo de alcohol. En el primer caso tendremos lo que se llama Hígado Graso No Alcohólico (HGNA) y en el segundo caso tendremos una enfermedad hepática ligada al consumo de alcohol que es la Esteatosis Hepática Alcohólica (EHA).

En ambos casos, si seguimos sobrecargando el hígado podemos llegar a desarrollar cirrosis, que ya implicaría la muerte del tejido hepático y cuyo desenlace suele ser la necesidad de someterse a un trasplante.

Relación consumo de alcohol e hígado graso

Como lo indica el nombre, la EHA se debe a consumir un exceso de alcohol. Cuando llega el alcohol al hígado éste lo descompone como el resto de los tóxicos, produciendo sustancias dañinas que producen daño en las células hepáticas y dando lugar a inflamación del tejido.

El hígado graso es la etapa temprana de la hepatopatía alcohólica. Después, evolucionará a hepatitis alcohólica y posteriormente a cirrosis, que es una etapa que presenta daño permanente en el hígado. Cuanto mayor es el daño mayor será el riesgo de tener que llegar a someterse a un trasplante hepático.

No existe un consumo adecuado de alcohol. De acuerdo a la OMS, el consumo de alcohol debe ser cero debido a que aumenta el riesgo para desarrollar enfermedades como el alcoholismo, cirrosis hepática, algunos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares, obesidad y síndrome metabólico.

amigos brindando cervezas jarras Si ya nos han diagnosticado hígado graso o si no queremos desarrollarlo, la mejor opción es no tomar nada de alcohol.

La cerveza y el hígado graso

Si ya nos han diagnosticado hígado graso o si no queremos desarrollarlo, la mejor opción es no tomar nada de alcohol. A ese respecto existen en el mercado las cervezas 0.0, que son de elección frente a las llamadas “cervezas sin alcohol”.

La razón es que una cerveza sin alcohol debe contener menos de un 1% de alcohol (muy por debajo del contenido de alcohol de la cerveza que puede estar entre 3 y 11 grados alcohólicos), mientras que las cervezas 0.0 no pueden tener una graduación superior al 0,04 grados. Elegir estas últimas disminuye el riesgo para que aparezca el hígado graso.

Hepatitis alcohólica

La hepatitis alcohólica es el estadío siguiente al hígado graso. Se produce una inflamación a medida que el hígado va acumulando grasa y las células hepáticas, los hepatocitos, van muriendo y apareciendo cicatrices llamadas fibrosis. Cuando aparece la fibrosis tendremos un hígado cirrótico.

En este estado, el de cirrosis, el hígado no puede realizar correctamente sus funciones, pudiendo aparecer insuficiencia hepática y/o cáncer hepático. Una comorbilidad peligrosa es la encefalopatía hepática, cuando ya se tiene insuficiencia hepática grave.

Hígado graso no alcohólico

Si la acumulación de grasa se produce por una ingesta inadecuada, en la que estamos comiendo un exceso de energía, no hay una medicación específica para solucionarlo.

El único tratamiento posible es tratar las comorbilidades (hipertensión, colesterol y triglicéridos mediante medicación a juicio del médico) y, además, si hay obesidad o sobrepeso, lo que es muy habitual, es importante bajar de peso. Bajar de peso puede disminuir la inflamación y la grasa acumulados en el hígado y es importante ayudarse de un dietista-nutricionista que se asegure de que esa pérdida de peso se hará en condiciones que no estresen aún más al hígado.

El hígado graso es una enfermedad silente, en la que no se manifiestan síntomas. Su diagnóstico se realiza cuando en una analítica aparecen alteraciones en las enzimas hepáticas (GOT, GTP, GGP) o bien, si no nos estamos haciendo un control de salud anual, cuando el hígado empieza a producir problemas de salud.

Si nuestro médico detecta que tenemos hígado graso, seguramente nos dirá en primer lugar que bajemos peso. El trabajo del dietista-nutricionista es conseguir que la persona consiga esa bajada de peso sin estresar el hígado y aportando los nutrientes necesarios para facilitar las funciones detoxificadoras del hígado.

La peor idea del mundo es intentar revertir un hígado graso con el uso de preparados fitoterápicos sin el control del especialista, ya que esto puede empeorar aún más la salud del hígado. Tampoco es buena idea intentar hacer “detoxificaciones” como se ven por Internet, a base de bebidas o mejunjes supuestamente “naturales”. Todas estas operaciones pueden, a medio plazo, provocar inflamación en el hígado.

Por regla general, si tenemos hígado graso, evitar el alcohol, bajar de peso y eliminar alimentos ultraprocesados, así como alimentos muy grasos y frituras, suele ser suficiente para que el hígado se recupere. La fortuna es que el hígado es un órgano muy agradecido que, con poco cariño con que lo tratemos, nos va a regalar una muy buena salud.

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