A veces noto que mi mente tiende a clasificar a las personas de forma bastante rígida, casi como si
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A veces noto que mi mente tiende a clasificar a las personas de forma bastante rígida, casi como si hiciera “categorías” basadas en conductas concretas (por ejemplo: “esta persona hace esto” o “esta otra no lo hace”).
Me pasa especialmente en interacciones con profesionales, como en el chat del 024 Suicide & Crisis Lifeline Spain. Por ejemplo, he percibido diferencias en detalles como que algunas personas me indican que hay más usuarios esperando y otras no lo mencionan. A partir de ahí, mi mente tiende a generalizar y construir una especie de “perfil” de cada persona, como si fueran tipos muy definidos.
Soy consciente de que esto puede ser una forma de pensamiento poco ajustada o demasiado categórica, pero me cuesta saber hasta qué punto es algo habitual o si es una manera de pensar problemática.
¿Es común este tipo de pensamiento más “clasificador” o categórico en la forma de percibir a las personas? ¿Podría estar relacionado con algún estilo de pensamiento concreto o con la forma de procesar la información social?
Me pasa especialmente en interacciones con profesionales, como en el chat del 024 Suicide & Crisis Lifeline Spain. Por ejemplo, he percibido diferencias en detalles como que algunas personas me indican que hay más usuarios esperando y otras no lo mencionan. A partir de ahí, mi mente tiende a generalizar y construir una especie de “perfil” de cada persona, como si fueran tipos muy definidos.
Soy consciente de que esto puede ser una forma de pensamiento poco ajustada o demasiado categórica, pero me cuesta saber hasta qué punto es algo habitual o si es una manera de pensar problemática.
¿Es común este tipo de pensamiento más “clasificador” o categórico en la forma de percibir a las personas? ¿Podría estar relacionado con algún estilo de pensamiento concreto o con la forma de procesar la información social?
Hola, gracias por compartir esto.
Nuestra mente tiende de forma natural a categorizar y crear esquemas sobre los demás para procesar la información social de manera más eficiente, es un mecanismo cognitivo propio de nuestra mente.
Ahora bien, el pensamiento categórico o dicotómico (todo/nada, bueno/malo) se vuelve problemático cuando es tan rígido que no permite matices o genera malestar significativo en tus relaciones. Lo importante aquí es precisamente lo que estás haciendo: "observar y cuestionarlo". Que seas consciente de este patrón y te preguntes si es ajustado o no, es el primer paso para trabajarlo.
Nuestra mente tiende de forma natural a categorizar y crear esquemas sobre los demás para procesar la información social de manera más eficiente, es un mecanismo cognitivo propio de nuestra mente.
Ahora bien, el pensamiento categórico o dicotómico (todo/nada, bueno/malo) se vuelve problemático cuando es tan rígido que no permite matices o genera malestar significativo en tus relaciones. Lo importante aquí es precisamente lo que estás haciendo: "observar y cuestionarlo". Que seas consciente de este patrón y te preguntes si es ajustado o no, es el primer paso para trabajarlo.
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Sí, es relativamente frecuente que las personas clasifiquemos a los demás en categorías. De hecho, nuestro cerebro lo hace constantemente porque es una forma eficiente de procesar una enorme cantidad de información social. Si tuviéramos que analizar cada interacción desde cero, nos resultaría muy difícil movernos por el mundo.
El problema no está tanto en clasificar, sino en el grado de rigidez con el que mantenemos esas categorías y en cuánto peso damos a una información concreta para definir a una persona entera.
Por ejemplo, es diferente pensar:
“Esta persona suele ser más directa que otras.”
que pensar:
“Esta persona pertenece al tipo de gente fría y poco empática.”
En el primer caso la observación permanece abierta a nueva información. En el segundo, la categoría puede empezar a filtrar todo lo que venga después.
Por lo que describes, parece que tu mente no solo detecta diferencias entre personas (algo normal), sino que además construye modelos bastante definidos a partir de detalles relativamente pequeños. Eso no implica necesariamente ningún problema psicológico. Algunas personas tienen un estilo cognitivo más analítico, observan muchos matices y detectan patrones que otros pasan por alto.
Lo que suele marcar la diferencia es preguntarse:
* ¿Reviso mis conclusiones cuando aparece nueva información?
* ¿Acepto que una misma persona puede comportarse de formas distintas según el contexto?
* ¿Soy capaz de tolerar la incertidumbre sobre cómo es realmente alguien?
Las personas somos bastante menos consistentes de lo que solemos creer. Una misma persona puede parecer muy cálida en una conversación y muy distante en otra. Puede ser muy empática con un usuario y más breve con el siguiente porque está cansada, porque tiene limitaciones de tiempo o porque simplemente ha tenido un día difícil.
En tu ejemplo del 024, es posible que hayas observado una diferencia real entre profesionales. Probablemente cada uno tenga un estilo de comunicación distinto. Sin embargo, pasar de “esta persona me informó de que había más usuarios esperando” a “esta persona pertenece a una categoría concreta de profesionales” puede ser un salto mayor del que la información disponible permite hacer.
También es interesante que este tipo de clasificación suele aumentar cuando algo nos afecta emocionalmente. Cuando una interacción nos importa mucho, nuestro cerebro intenta comprenderla y predecirla mejor, por lo que busca patrones y construye explicaciones más rápidamente.
Por tanto, no diría que el hecho de clasificar sea problemático en sí mismo. Más bien la cuestión es si esas categorías te ayudan a comprender mejor la realidad o si, en ocasiones, te llevan a conclusiones muy firmes con información limitada.
Una pregunta útil podría ser:
“¿Estoy describiendo una conducta que he observado o estoy definiendo a toda la persona a partir de esa conducta?”
Esa diferencia suele ayudar a que el pensamiento sea más flexible y ajustado.
Si notas que esta tendencia a categorizar personas, interpretar señales sociales o extraer conclusiones sobre las intenciones de los demás te genera malestar frecuente, también podría ser interesante explorarlo en terapia. Puedes pedirme cita online si lo deseas y trabajaremos juntos cómo procesas la información social, cómo construyes esas impresiones sobre los demás y qué impacto tiene eso en tu bienestar emocional.
Un saludo.
El problema no está tanto en clasificar, sino en el grado de rigidez con el que mantenemos esas categorías y en cuánto peso damos a una información concreta para definir a una persona entera.
Por ejemplo, es diferente pensar:
“Esta persona suele ser más directa que otras.”
que pensar:
“Esta persona pertenece al tipo de gente fría y poco empática.”
En el primer caso la observación permanece abierta a nueva información. En el segundo, la categoría puede empezar a filtrar todo lo que venga después.
Por lo que describes, parece que tu mente no solo detecta diferencias entre personas (algo normal), sino que además construye modelos bastante definidos a partir de detalles relativamente pequeños. Eso no implica necesariamente ningún problema psicológico. Algunas personas tienen un estilo cognitivo más analítico, observan muchos matices y detectan patrones que otros pasan por alto.
Lo que suele marcar la diferencia es preguntarse:
* ¿Reviso mis conclusiones cuando aparece nueva información?
* ¿Acepto que una misma persona puede comportarse de formas distintas según el contexto?
* ¿Soy capaz de tolerar la incertidumbre sobre cómo es realmente alguien?
Las personas somos bastante menos consistentes de lo que solemos creer. Una misma persona puede parecer muy cálida en una conversación y muy distante en otra. Puede ser muy empática con un usuario y más breve con el siguiente porque está cansada, porque tiene limitaciones de tiempo o porque simplemente ha tenido un día difícil.
En tu ejemplo del 024, es posible que hayas observado una diferencia real entre profesionales. Probablemente cada uno tenga un estilo de comunicación distinto. Sin embargo, pasar de “esta persona me informó de que había más usuarios esperando” a “esta persona pertenece a una categoría concreta de profesionales” puede ser un salto mayor del que la información disponible permite hacer.
También es interesante que este tipo de clasificación suele aumentar cuando algo nos afecta emocionalmente. Cuando una interacción nos importa mucho, nuestro cerebro intenta comprenderla y predecirla mejor, por lo que busca patrones y construye explicaciones más rápidamente.
Por tanto, no diría que el hecho de clasificar sea problemático en sí mismo. Más bien la cuestión es si esas categorías te ayudan a comprender mejor la realidad o si, en ocasiones, te llevan a conclusiones muy firmes con información limitada.
Una pregunta útil podría ser:
“¿Estoy describiendo una conducta que he observado o estoy definiendo a toda la persona a partir de esa conducta?”
Esa diferencia suele ayudar a que el pensamiento sea más flexible y ajustado.
Si notas que esta tendencia a categorizar personas, interpretar señales sociales o extraer conclusiones sobre las intenciones de los demás te genera malestar frecuente, también podría ser interesante explorarlo en terapia. Puedes pedirme cita online si lo deseas y trabajaremos juntos cómo procesas la información social, cómo construyes esas impresiones sobre los demás y qué impacto tiene eso en tu bienestar emocional.
Un saludo.
Por supuesto que es común, nuestra mente tiende a clasificar a las personas a partir de conductas concretas: “esta persona hace esto”, “esta otra no lo hace”, “esta parece más fría”, “esta parece más cercana”. Y, a partir de pequeños detalles, podemos empezar a construir perfiles muy definidos sobre los demás.
Desde mi formación en constructivismo en la Universidad de Barcelona, entiendo este proceso como algo profundamente humano. No vemos el mundo de manera neutra: lo interpretamos, lo organizamos y le damos significado a través de nuestros propios esquemas. En cierto modo, construimos mapas internos para intentar comprender lo que ocurre y anticiparnos a lo que puede pasar.
Y eso no es algo extraño ni necesariamente patológico. Es una forma que tiene la mente de predecir el mundo. Nuestro cerebro busca regularidades, patrones, señales de seguridad o de amenaza. Necesita saber con quién puede relajarse, de quién debe protegerse, qué puede esperar de una interacción y cómo prepararse ante lo incierto.
El problema no está en observar. Observar es valioso. El problema aparece cuando una observación puntual se convierte demasiado rápido en una conclusión cerrada. Por ejemplo, una conducta concreta de una persona puede depender de muchos factores: su estilo comunicativo, el contexto, las normas del servicio, el cansancio, la presión del momento, el protocolo que sigue o incluso nuestra propia sensibilidad en ese instante. Pero, si nuestra mente cierra la interpretación demasiado pronto, podemos terminar creyendo que ya sabemos cómo es esa persona, cuando en realidad solo hemos visto una pequeña parte.
Ahí es donde el trabajo terapéutico puede ser muy útil. No se trata de dejar de percibir, ni de negar lo que sentimos, ni de forzarnos a pensar “todo está bien”. Se trata de aprender a construir interpretaciones más flexibles, más amplias y más ajustadas. Aprender a decirnos: “he observado esto”, “esto me ha hecho sentir así”, “mi mente está intentando darle un significado”, pero también “quizá me falta información”.
Para mí, esta es una parte muy importante del trabajo psicológico: ayudar a las personas a revisar los significados que construyen sobre sí mismas, sobre los demás y sobre el mundo. Porque muchas veces no sufrimos solo por lo que ocurre, sino por la interpretación rígida que se cierra alrededor de lo que ocurre.
Desde el constructivismo, trabajamos precisamente con esa idea: las personas no son simples receptoras de la realidad, sino constructoras activas de significado. Y cuando esos significados se vuelven muy rígidos, muy dolorosos o muy limitantes, podemos aprender a revisarlos, ampliarlos y transformarlos.
Quizá la clave no sea dejar de clasificar, porque todos necesitamos ordenar la realidad de alguna manera. La clave es aprender a hacerlo con más conciencia, con más matices y con menos prisa por cerrar la interpretación.
Porque a veces, cuando etiquetamos demasiado rápido, no solo dejamos de ver al otro: también dejamos de ver posibilidades nuevas en nosotros mismos.
Si sientes que tu mente tiende a interpretar, anticipar o protegerse de una forma que te genera malestar, desconfianza o agotamiento, puede ser un buen momento para trabajarlo en terapia. No para juzgarte, sino para comprender cómo construyes tu mundo interno y ayudarte a hacerlo de una manera más libre, más segura y más ajustada a la realidad. Un abrazo, Vanesssa
Desde mi formación en constructivismo en la Universidad de Barcelona, entiendo este proceso como algo profundamente humano. No vemos el mundo de manera neutra: lo interpretamos, lo organizamos y le damos significado a través de nuestros propios esquemas. En cierto modo, construimos mapas internos para intentar comprender lo que ocurre y anticiparnos a lo que puede pasar.
Y eso no es algo extraño ni necesariamente patológico. Es una forma que tiene la mente de predecir el mundo. Nuestro cerebro busca regularidades, patrones, señales de seguridad o de amenaza. Necesita saber con quién puede relajarse, de quién debe protegerse, qué puede esperar de una interacción y cómo prepararse ante lo incierto.
El problema no está en observar. Observar es valioso. El problema aparece cuando una observación puntual se convierte demasiado rápido en una conclusión cerrada. Por ejemplo, una conducta concreta de una persona puede depender de muchos factores: su estilo comunicativo, el contexto, las normas del servicio, el cansancio, la presión del momento, el protocolo que sigue o incluso nuestra propia sensibilidad en ese instante. Pero, si nuestra mente cierra la interpretación demasiado pronto, podemos terminar creyendo que ya sabemos cómo es esa persona, cuando en realidad solo hemos visto una pequeña parte.
Ahí es donde el trabajo terapéutico puede ser muy útil. No se trata de dejar de percibir, ni de negar lo que sentimos, ni de forzarnos a pensar “todo está bien”. Se trata de aprender a construir interpretaciones más flexibles, más amplias y más ajustadas. Aprender a decirnos: “he observado esto”, “esto me ha hecho sentir así”, “mi mente está intentando darle un significado”, pero también “quizá me falta información”.
Para mí, esta es una parte muy importante del trabajo psicológico: ayudar a las personas a revisar los significados que construyen sobre sí mismas, sobre los demás y sobre el mundo. Porque muchas veces no sufrimos solo por lo que ocurre, sino por la interpretación rígida que se cierra alrededor de lo que ocurre.
Desde el constructivismo, trabajamos precisamente con esa idea: las personas no son simples receptoras de la realidad, sino constructoras activas de significado. Y cuando esos significados se vuelven muy rígidos, muy dolorosos o muy limitantes, podemos aprender a revisarlos, ampliarlos y transformarlos.
Quizá la clave no sea dejar de clasificar, porque todos necesitamos ordenar la realidad de alguna manera. La clave es aprender a hacerlo con más conciencia, con más matices y con menos prisa por cerrar la interpretación.
Porque a veces, cuando etiquetamos demasiado rápido, no solo dejamos de ver al otro: también dejamos de ver posibilidades nuevas en nosotros mismos.
Si sientes que tu mente tiende a interpretar, anticipar o protegerse de una forma que te genera malestar, desconfianza o agotamiento, puede ser un buen momento para trabajarlo en terapia. No para juzgarte, sino para comprender cómo construyes tu mundo interno y ayudarte a hacerlo de una manera más libre, más segura y más ajustada a la realidad. Un abrazo, Vanesssa
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.
Lo que describes puede entenderse como una forma de pensamiento categórico o clasificatorio. La mente humana tiende a ordenar la realidad para reducir incertidumbre: observa conductas, detecta patrones y crea categorías. En sí mismo, esto no es raro. Todos hacemos inferencias sobre las personas a partir de pequeños datos.
El problema aparece cuando esas categorías se vuelven demasiado rígidas o cuando se construyen conclusiones amplias a partir de señales muy pequeñas.
Por ejemplo, que una persona del chat te diga “hay más usuarios esperando” y otra no lo mencione puede deberse a muchas cosas: estilo personal, protocolo, carga de trabajo, momento de la conversación, necesidad de cerrar, forma de comunicar límites o simplemente diferencias individuales. Pero si tu mente empieza a convertir ese detalle en un perfil completo (“este tipo de profesional es así”, “esta persona pertenece a tal categoría”, “los que dicen esto tienen esta intención”), ahí puede aparecer una generalización excesiva.
Desde la psicología, esto puede relacionarse con varios procesos... necesidad de entender y anticipar la conducta de los demás; ansiedad ante la ambigüedad social; tendencia a buscar patrones para sentir más control; pensamiento dicotómico o rígido; hipervigilancia interpersonal; experiencias previas en las que necesitaste leer muy bien a otros para protegerte; dificultad para tolerar que una persona sea ambigua, contradictoria o variable.
No significa necesariamente que tengas un problema grave. Pero sí puede volverse problemático si te genera ansiedad, desconfianza, rumiación o si te lleva a interpretar a las personas de forma demasiado cerrada.
Las personas no suelen ser tipos fijos tan definidos. Una misma persona puede ser amable en una situación, brusca en otra, cuidadosa en un momento y torpe en otro. También puede actuar diferente según su cansancio, su rol, el contexto o la presión que tenga. Cuando la mente categoriza demasiado rápido, pierde matices.
Una pregunta útil sería “¿Estoy observando un dato o estoy construyendo una identidad completa a partir de ese dato?”
Esa diferencia es muy importante. También puede ayudarte cambiar la formulación interna. En vez de decir “esta persona es de las que hacen esto”, podrías decir “En esta interacción, esta persona ha hecho esto.” “Este dato puede significar varias cosas.” “No tengo información suficiente para construir un perfil completo.” “Puedo observar el patrón sin cerrarlo demasiado pronto.” Esto permite que tu mente siga analizando, pero de una forma más flexible.
Cuando este tipo de pensamiento aparece en contextos de ayuda, como un chat de crisis o atención emocional, puede haber más sensibilidad. Si estás vulnerable, cada frase del profesional puede sentirse cargada de significado... si te escucha, si te corta, si te da tiempo, si menciona a otros usuarios, si parece distante. Esa sensibilidad es comprensible, pero puede hacer que analices demasiado detalles que quizá no tenían una intención personal hacia ti.
Trabajarlo en terapia implicaría aprender a diferenciar observación, interpretación y conclusión. Observar detalles puede ser útil. Interpretarlos con prudencia también. Convertirlos rápidamente en categorías rígidas suele aumentar el malestar.
La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Entender tu tendencia a clasificar personas y conductas.
• Reducir pensamiento rígido o categórico en relaciones sociales.
• Tolerar mejor la ambigüedad y los matices de las personas.
• Diferenciar datos reales de interpretaciones apresuradas.
• Trabajar hipervigilancia interpersonal y necesidad de control.
• Relacionarte con los demás desde una percepción más flexible, realista y menos agotadora.
Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
Lo que describes puede entenderse como una forma de pensamiento categórico o clasificatorio. La mente humana tiende a ordenar la realidad para reducir incertidumbre: observa conductas, detecta patrones y crea categorías. En sí mismo, esto no es raro. Todos hacemos inferencias sobre las personas a partir de pequeños datos.
El problema aparece cuando esas categorías se vuelven demasiado rígidas o cuando se construyen conclusiones amplias a partir de señales muy pequeñas.
Por ejemplo, que una persona del chat te diga “hay más usuarios esperando” y otra no lo mencione puede deberse a muchas cosas: estilo personal, protocolo, carga de trabajo, momento de la conversación, necesidad de cerrar, forma de comunicar límites o simplemente diferencias individuales. Pero si tu mente empieza a convertir ese detalle en un perfil completo (“este tipo de profesional es así”, “esta persona pertenece a tal categoría”, “los que dicen esto tienen esta intención”), ahí puede aparecer una generalización excesiva.
Desde la psicología, esto puede relacionarse con varios procesos... necesidad de entender y anticipar la conducta de los demás; ansiedad ante la ambigüedad social; tendencia a buscar patrones para sentir más control; pensamiento dicotómico o rígido; hipervigilancia interpersonal; experiencias previas en las que necesitaste leer muy bien a otros para protegerte; dificultad para tolerar que una persona sea ambigua, contradictoria o variable.
No significa necesariamente que tengas un problema grave. Pero sí puede volverse problemático si te genera ansiedad, desconfianza, rumiación o si te lleva a interpretar a las personas de forma demasiado cerrada.
Las personas no suelen ser tipos fijos tan definidos. Una misma persona puede ser amable en una situación, brusca en otra, cuidadosa en un momento y torpe en otro. También puede actuar diferente según su cansancio, su rol, el contexto o la presión que tenga. Cuando la mente categoriza demasiado rápido, pierde matices.
Una pregunta útil sería “¿Estoy observando un dato o estoy construyendo una identidad completa a partir de ese dato?”
Esa diferencia es muy importante. También puede ayudarte cambiar la formulación interna. En vez de decir “esta persona es de las que hacen esto”, podrías decir “En esta interacción, esta persona ha hecho esto.” “Este dato puede significar varias cosas.” “No tengo información suficiente para construir un perfil completo.” “Puedo observar el patrón sin cerrarlo demasiado pronto.” Esto permite que tu mente siga analizando, pero de una forma más flexible.
Cuando este tipo de pensamiento aparece en contextos de ayuda, como un chat de crisis o atención emocional, puede haber más sensibilidad. Si estás vulnerable, cada frase del profesional puede sentirse cargada de significado... si te escucha, si te corta, si te da tiempo, si menciona a otros usuarios, si parece distante. Esa sensibilidad es comprensible, pero puede hacer que analices demasiado detalles que quizá no tenían una intención personal hacia ti.
Trabajarlo en terapia implicaría aprender a diferenciar observación, interpretación y conclusión. Observar detalles puede ser útil. Interpretarlos con prudencia también. Convertirlos rápidamente en categorías rígidas suele aumentar el malestar.
La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Entender tu tendencia a clasificar personas y conductas.
• Reducir pensamiento rígido o categórico en relaciones sociales.
• Tolerar mejor la ambigüedad y los matices de las personas.
• Diferenciar datos reales de interpretaciones apresuradas.
• Trabajar hipervigilancia interpersonal y necesidad de control.
• Relacionarte con los demás desde una percepción más flexible, realista y menos agotadora.
Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
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