Soy un hombre cuyo diagnóstico principal no es, en principio, uno de los que necesariamente requiere
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Soy un hombre cuyo diagnóstico principal no es, en principio, uno de los que necesariamente requieren medicación, aunque a lo largo de mi vida he recibido varios diagnósticos y he tomado distintos tratamientos.
A veces me pregunto hasta qué punto es normal desear que exista una medicación que me ayude no solo a reducir síntomas concretos, sino a sentirme mejor conmigo mismo y con la vida en general. Soy consciente de que ninguna pastilla puede enseñarme a poner límites, alejarme de personas tóxicas o resolver por sí sola mis problemas personales. Sin embargo, cuando tomé determinados medicamentos, tuve la sensación de que me defendía mejor, tenía menos miedos y menos pensamientos que me hacían sufrir.
Al mismo tiempo, me surgía la duda de si esa versión de mí mismo era realmente yo o si estaba siendo modificado artificialmente por la medicación.
Mi pregunta es: ¿es razonable esperar que una medicación pueda ayudarme a sentirme más seguro, más estable o más capaz de afrontar la vida, incluso cuando mis principales dificultades tienen que ver con mi personalidad, mis relaciones o mi forma de interpretar las cosas? ¿Cómo diferencian los profesionales entre una mejoría genuina y una sensación de bienestar producida por la medicación?
A veces me pregunto hasta qué punto es normal desear que exista una medicación que me ayude no solo a reducir síntomas concretos, sino a sentirme mejor conmigo mismo y con la vida en general. Soy consciente de que ninguna pastilla puede enseñarme a poner límites, alejarme de personas tóxicas o resolver por sí sola mis problemas personales. Sin embargo, cuando tomé determinados medicamentos, tuve la sensación de que me defendía mejor, tenía menos miedos y menos pensamientos que me hacían sufrir.
Al mismo tiempo, me surgía la duda de si esa versión de mí mismo era realmente yo o si estaba siendo modificado artificialmente por la medicación.
Mi pregunta es: ¿es razonable esperar que una medicación pueda ayudarme a sentirme más seguro, más estable o más capaz de afrontar la vida, incluso cuando mis principales dificultades tienen que ver con mi personalidad, mis relaciones o mi forma de interpretar las cosas? ¿Cómo diferencian los profesionales entre una mejoría genuina y una sensación de bienestar producida por la medicación?
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.
Lo que planteas es muy comprensible. Muchas personas que han sufrido ansiedad, rumiación, inseguridad, miedo, bloqueo o dificultades relacionales desean encontrar una medicación que les ayude a sentirse más estables y con más capacidad para vivir. No es una fantasía extraña ni una señal de debilidad. Es el deseo de aliviar un sufrimiento que se ha vuelto pesado.
Ahora bien, conviene colocar la medicación en su lugar adecuado.
Una medicación puede ayudar a reducir ansiedad, impulsividad, ánimo bajo, obsesiones, irritabilidad, insomnio, activación corporal o pensamientos repetitivos. Cuando esos síntomas bajan, la persona puede sentirse más capaz de defenderse, pensar con más claridad, no engancharse tanto a ciertas ideas o afrontar mejor situaciones que antes la desbordaban.
En ese sentido, sí puede ayudarte a sentirte más seguro o más estable. Pero no porque la pastilla “cree” una personalidad nueva, sino porque reduce interferencias que quizá estaban impidiendo que pudieras funcionar mejor.
A veces la persona dice... “con esta medicación soy más yo”. Y eso puede tener sentido. Si la ansiedad, el miedo o la rumiación ocupan demasiado espacio, la medicación puede permitir que aparezcan recursos que ya estaban ahí, pero bloqueados.
La duda de “¿soy yo o es la medicación?” también es habitual. Pero podríamos formularlo de otra manera: si unas gafas te permiten ver mejor, no significa que estés viendo una realidad falsa; significa que se ha corregido algo que dificultaba tu visión. Con la medicación puede ocurrir algo parecido: puede ayudarte a tener más margen interno. Lo importante es que ese margen se utilice para trabajar, aprender y construir cambios reales.
Si la medicación solo produce una sensación de alivio momentáneo, pero no cambia tus patrones, no mejora tu funcionamiento, no aumenta tu capacidad de responsabilizarte de tu vida o te lleva a evitar el trabajo psicológico, entonces sería una ayuda incompleta.
Por eso, cuando las dificultades tienen que ver con personalidad, relaciones, autoestima, límites o forma de interpretar las cosas, lo más útil suele ser combinar tratamiento médico, si está indicado, con psicoterapia. La medicación puede bajar el ruido. La terapia ayuda a entender qué haces con tu vida cuando ese ruido baja.
También es importante no buscar una pastilla como solución total. Ningún medicamento sustituye aprender a defenderte, elegir mejor tus vínculos, tolerar la frustración, trabajar heridas antiguas o cambiar patrones de relación. Pero puede facilitar el terreno para que ese trabajo sea posible.
La decisión sobre tomar, ajustar o retirar medicación debe hacerse siempre con un psiquiatra. No conviene hacerlo por ensayo propio ni desde la desesperación. Lo adecuado es hablar con claridad de lo que buscas: menos ansiedad, más estabilidad, menos pensamientos intrusivos, más capacidad para afrontar la vida, y revisar con el profesional qué es realista esperar.
La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Diferenciar qué parte de tu malestar puede mejorar con medicación y qué parte necesita trabajo psicológico.
• Entender la relación entre síntomas, personalidad, autoestima y vínculos.
• Aprovechar la estabilidad que pueda darte la medicación para hacer cambios reales.
• Trabajar límites, miedo, rumiación, inseguridad y dependencia de la aprobación.
• Reducir la sensación de que necesitas “otra versión de ti” para estar bien.
• Construir seguridad interna desde recursos propios, no solo desde el alivio farmacológico.
Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
Lo que planteas es muy comprensible. Muchas personas que han sufrido ansiedad, rumiación, inseguridad, miedo, bloqueo o dificultades relacionales desean encontrar una medicación que les ayude a sentirse más estables y con más capacidad para vivir. No es una fantasía extraña ni una señal de debilidad. Es el deseo de aliviar un sufrimiento que se ha vuelto pesado.
Ahora bien, conviene colocar la medicación en su lugar adecuado.
Una medicación puede ayudar a reducir ansiedad, impulsividad, ánimo bajo, obsesiones, irritabilidad, insomnio, activación corporal o pensamientos repetitivos. Cuando esos síntomas bajan, la persona puede sentirse más capaz de defenderse, pensar con más claridad, no engancharse tanto a ciertas ideas o afrontar mejor situaciones que antes la desbordaban.
En ese sentido, sí puede ayudarte a sentirte más seguro o más estable. Pero no porque la pastilla “cree” una personalidad nueva, sino porque reduce interferencias que quizá estaban impidiendo que pudieras funcionar mejor.
A veces la persona dice... “con esta medicación soy más yo”. Y eso puede tener sentido. Si la ansiedad, el miedo o la rumiación ocupan demasiado espacio, la medicación puede permitir que aparezcan recursos que ya estaban ahí, pero bloqueados.
La duda de “¿soy yo o es la medicación?” también es habitual. Pero podríamos formularlo de otra manera: si unas gafas te permiten ver mejor, no significa que estés viendo una realidad falsa; significa que se ha corregido algo que dificultaba tu visión. Con la medicación puede ocurrir algo parecido: puede ayudarte a tener más margen interno. Lo importante es que ese margen se utilice para trabajar, aprender y construir cambios reales.
Si la medicación solo produce una sensación de alivio momentáneo, pero no cambia tus patrones, no mejora tu funcionamiento, no aumenta tu capacidad de responsabilizarte de tu vida o te lleva a evitar el trabajo psicológico, entonces sería una ayuda incompleta.
Por eso, cuando las dificultades tienen que ver con personalidad, relaciones, autoestima, límites o forma de interpretar las cosas, lo más útil suele ser combinar tratamiento médico, si está indicado, con psicoterapia. La medicación puede bajar el ruido. La terapia ayuda a entender qué haces con tu vida cuando ese ruido baja.
También es importante no buscar una pastilla como solución total. Ningún medicamento sustituye aprender a defenderte, elegir mejor tus vínculos, tolerar la frustración, trabajar heridas antiguas o cambiar patrones de relación. Pero puede facilitar el terreno para que ese trabajo sea posible.
La decisión sobre tomar, ajustar o retirar medicación debe hacerse siempre con un psiquiatra. No conviene hacerlo por ensayo propio ni desde la desesperación. Lo adecuado es hablar con claridad de lo que buscas: menos ansiedad, más estabilidad, menos pensamientos intrusivos, más capacidad para afrontar la vida, y revisar con el profesional qué es realista esperar.
La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Diferenciar qué parte de tu malestar puede mejorar con medicación y qué parte necesita trabajo psicológico.
• Entender la relación entre síntomas, personalidad, autoestima y vínculos.
• Aprovechar la estabilidad que pueda darte la medicación para hacer cambios reales.
• Trabajar límites, miedo, rumiación, inseguridad y dependencia de la aprobación.
• Reducir la sensación de que necesitas “otra versión de ti” para estar bien.
• Construir seguridad interna desde recursos propios, no solo desde el alivio farmacológico.
Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
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Hola,
La pregunta que planteas es muy interesante porque toca una preocupación bastante frecuente: si una mejoría que aparece con medicación es una mejoría “real” o simplemente el efecto artificial de un fármaco.
En primer lugar, me parece importante señalar que no hay nada extraño en desear que exista una medicación que ayude a sentirse mejor con uno mismo y con la vida. Cuando una persona lleva años conviviendo con ansiedad, inseguridad, miedo, rumiación o sufrimiento emocional, es natural preguntarse si existe algo que pueda aliviar esa carga.
Además, la frontera entre “síntomas” y “forma de ser” no siempre es tan clara como parece. Por ejemplo, una persona que vive con niveles elevados de ansiedad puede llegar a pensar que es tímida, insegura o incapaz de defenderse. Sin embargo, cuando la ansiedad disminuye, descubre que algunas de esas características estaban amplificadas por el sufrimiento que arrastraba.
Por eso, cuando alguien dice: “Con aquella medicación tenía menos miedo, me defendía mejor y me sentía más capaz”, no necesariamente significa que estuviera siendo convertido en otra persona. En muchos casos significa que había menos interferencias emocionales dificultando el acceso a recursos que ya estaban presentes.
Los profesionales solemos fijarnos en algo importante: si la medicación acerca a la persona a sus valores, objetivos y forma habitual de funcionar, o si por el contrario la aleja de ellos.
Por ejemplo, suele considerarse una buena señal cuando una persona:
* Sigue reconociéndose a sí misma.
* Mantiene su capacidad de reflexión.
* Conserva sus valores y preferencias.
* Se siente más libre para actuar como desea.
En cambio, puede preocupar más cuando aparecen sensaciones de desconexión emocional, apatía intensa, indiferencia generalizada o la impresión de estar funcionando en “piloto automático”.
Otra cuestión relevante es que la medicación y el trabajo psicológico no cumplen exactamente la misma función. Una medicación puede reducir el miedo, la hiperactivación, la tristeza o determinados pensamientos repetitivos. Eso puede facilitar que la persona ponga límites, tome decisiones o se exponga a situaciones que antes evitaba. Sin embargo, las habilidades para gestionar conflictos, construir relaciones sanas o desarrollar una autoestima más sólida suelen requerir también experiencias, aprendizaje y trabajo personal.
A veces utilizo una comparación sencilla: la medicación puede disminuir el ruido de fondo. Pero que haya menos ruido no significa que la música aparezca sola. Una vez que la interferencia baja, la persona sigue necesitando desarrollar recursos propios y construir una vida acorde a lo que valora.
Por eso, la pregunta quizá no sea:
“¿Era realmente yo o era la medicación?”
sino más bien:
“¿La medicación me permitió acceder a una versión de mí con menos sufrimiento y menos obstáculos internos?”
En muchas ocasiones la respuesta es que ambas cosas son compatibles.
Si estas dudas aparecen con frecuencia o te gustaría entender mejor cómo han influido los distintos tratamientos que has recibido a lo largo de tu vida, puede ser útil explorarlo en terapia. Puedes pedirme cita online si lo deseas y valoraremos juntos qué parte de tus dificultades podría beneficiarse de un abordaje psicológico, qué papel ha tenido la medicación en tu historia y cómo construir una sensación de bienestar más estable y duradera.
Un saludo.
La pregunta que planteas es muy interesante porque toca una preocupación bastante frecuente: si una mejoría que aparece con medicación es una mejoría “real” o simplemente el efecto artificial de un fármaco.
En primer lugar, me parece importante señalar que no hay nada extraño en desear que exista una medicación que ayude a sentirse mejor con uno mismo y con la vida. Cuando una persona lleva años conviviendo con ansiedad, inseguridad, miedo, rumiación o sufrimiento emocional, es natural preguntarse si existe algo que pueda aliviar esa carga.
Además, la frontera entre “síntomas” y “forma de ser” no siempre es tan clara como parece. Por ejemplo, una persona que vive con niveles elevados de ansiedad puede llegar a pensar que es tímida, insegura o incapaz de defenderse. Sin embargo, cuando la ansiedad disminuye, descubre que algunas de esas características estaban amplificadas por el sufrimiento que arrastraba.
Por eso, cuando alguien dice: “Con aquella medicación tenía menos miedo, me defendía mejor y me sentía más capaz”, no necesariamente significa que estuviera siendo convertido en otra persona. En muchos casos significa que había menos interferencias emocionales dificultando el acceso a recursos que ya estaban presentes.
Los profesionales solemos fijarnos en algo importante: si la medicación acerca a la persona a sus valores, objetivos y forma habitual de funcionar, o si por el contrario la aleja de ellos.
Por ejemplo, suele considerarse una buena señal cuando una persona:
* Sigue reconociéndose a sí misma.
* Mantiene su capacidad de reflexión.
* Conserva sus valores y preferencias.
* Se siente más libre para actuar como desea.
En cambio, puede preocupar más cuando aparecen sensaciones de desconexión emocional, apatía intensa, indiferencia generalizada o la impresión de estar funcionando en “piloto automático”.
Otra cuestión relevante es que la medicación y el trabajo psicológico no cumplen exactamente la misma función. Una medicación puede reducir el miedo, la hiperactivación, la tristeza o determinados pensamientos repetitivos. Eso puede facilitar que la persona ponga límites, tome decisiones o se exponga a situaciones que antes evitaba. Sin embargo, las habilidades para gestionar conflictos, construir relaciones sanas o desarrollar una autoestima más sólida suelen requerir también experiencias, aprendizaje y trabajo personal.
A veces utilizo una comparación sencilla: la medicación puede disminuir el ruido de fondo. Pero que haya menos ruido no significa que la música aparezca sola. Una vez que la interferencia baja, la persona sigue necesitando desarrollar recursos propios y construir una vida acorde a lo que valora.
Por eso, la pregunta quizá no sea:
“¿Era realmente yo o era la medicación?”
sino más bien:
“¿La medicación me permitió acceder a una versión de mí con menos sufrimiento y menos obstáculos internos?”
En muchas ocasiones la respuesta es que ambas cosas son compatibles.
Si estas dudas aparecen con frecuencia o te gustaría entender mejor cómo han influido los distintos tratamientos que has recibido a lo largo de tu vida, puede ser útil explorarlo en terapia. Puedes pedirme cita online si lo deseas y valoraremos juntos qué parte de tus dificultades podría beneficiarse de un abordaje psicológico, qué papel ha tenido la medicación en tu historia y cómo construir una sensación de bienestar más estable y duradera.
Un saludo.
Buenas!.
Interesantes y útiles reflexiones y preguntas que te haces y que considero muy acertadas.
Diferencias muy bien, y esto no se lo plantea mucha gente, entre lo que es "sentirse mejor" y "estar mejor".
Pocas dudas tengo en que encontrarás esta diferencia en ti mismo tarde o temprano.
Estarás mejor (con o sin medicación) cuando percibas que tu bienestar es fruto de tu autodeterminación.
Si es sin medicación mejor, pero la medicación no te define.
Sigue buscando el estar mejor contigo mismo, coherente con tus metas y valores y en ese proceso encontrarás la respuesta que buscas ahora sin la necesidad de que te la de la percepción de los demás.
Saludos cordiales.
Interesantes y útiles reflexiones y preguntas que te haces y que considero muy acertadas.
Diferencias muy bien, y esto no se lo plantea mucha gente, entre lo que es "sentirse mejor" y "estar mejor".
Pocas dudas tengo en que encontrarás esta diferencia en ti mismo tarde o temprano.
Estarás mejor (con o sin medicación) cuando percibas que tu bienestar es fruto de tu autodeterminación.
Si es sin medicación mejor, pero la medicación no te define.
Sigue buscando el estar mejor contigo mismo, coherente con tus metas y valores y en ese proceso encontrarás la respuesta que buscas ahora sin la necesidad de que te la de la percepción de los demás.
Saludos cordiales.
Gracias por compartir. Lo que planteas es muy humano y, de hecho, es una duda bastante frecuente en personas que han tomado medicación psicológica o psiquiátrica en algún momento de su vida. Muchas veces existe la idea de que los fármacos solo deberían “quitar síntomas”, pero en la práctica, cuando una persona sufre menos ansiedad, menos miedo, menos pensamientos obsesivos o menos sensación de amenaza, también puede sentirse más segura, más capaz de poner límites y más conectada consigo misma. Eso no significa necesariamente que la medicación esté creando una personalidad artificial.
Los profesionales solemos entender la medicación como algo que puede modificar ciertas condiciones internas que interfieren en la manera de vivir y relacionarse. Por ejemplo, una persona con mucha ansiedad, hipervigilancia o inseguridad puede interpretar el mundo desde el miedo constante. Si un tratamiento reduce ese nivel de sufrimiento, no “inventa” otra personalidad, sino que a veces permite que aparezcan recursos que ya estaban ahí, pero bloqueados por el malestar.
La pregunta que te haces “¿esa versión soy yo o es la medicación?” es muy profunda. Y probablemente la respuesta no sea blanca o negra. Todos estamos influidos por muchas cosas: nuestras experiencias, vínculos, descanso, estrés, hormonas, contexto vital… y también, en algunos casos, la medicación. Lo importante no suele ser si el cambio es “químico” o “natural”, sino cómo te sientes tú con esa versión de ti mismo: si te reconoces más libre, más estable, más coherente con tus valores y con menos sufrimiento.
También es cierto que los profesionales diferenciamos entre una mejoría genuina y ciertos efectos de bienestar más superficiales o artificiales. Por ejemplo, una mejoría saludable suele acompañarse de mayor capacidad de reflexión, vínculos más sanos, más libertad para decidir y mejor funcionamiento en la vida cotidiana. En cambio, si la medicación produce euforia, desconexión emocional, impulsividad o una sensación de invulnerabilidad poco realista, entonces se valora con más cautela.
En cualquier caso, la medicación y la psicoterapia no son caminos opuestos. La mayoría de las veces el tratamiento farmacológico no resuelve por sí solo los conflictos personales o relacionales, pero sí puede dar la estabilidad suficiente para trabajarlos de otra manera, con menos sufrimiento y más capacidad de elección.
Tu reflexión transmite mucha conciencia y honestidad contigo mismo. Y eso ya es un punto muy valioso para poder encontrar un equilibrio entre aceptar ayuda externa y seguir construyendo una vida más propia y auténtica.
Elbire Arana
Psicóloga General Sanitaria
Colegiada M-42807
Los profesionales solemos entender la medicación como algo que puede modificar ciertas condiciones internas que interfieren en la manera de vivir y relacionarse. Por ejemplo, una persona con mucha ansiedad, hipervigilancia o inseguridad puede interpretar el mundo desde el miedo constante. Si un tratamiento reduce ese nivel de sufrimiento, no “inventa” otra personalidad, sino que a veces permite que aparezcan recursos que ya estaban ahí, pero bloqueados por el malestar.
La pregunta que te haces “¿esa versión soy yo o es la medicación?” es muy profunda. Y probablemente la respuesta no sea blanca o negra. Todos estamos influidos por muchas cosas: nuestras experiencias, vínculos, descanso, estrés, hormonas, contexto vital… y también, en algunos casos, la medicación. Lo importante no suele ser si el cambio es “químico” o “natural”, sino cómo te sientes tú con esa versión de ti mismo: si te reconoces más libre, más estable, más coherente con tus valores y con menos sufrimiento.
También es cierto que los profesionales diferenciamos entre una mejoría genuina y ciertos efectos de bienestar más superficiales o artificiales. Por ejemplo, una mejoría saludable suele acompañarse de mayor capacidad de reflexión, vínculos más sanos, más libertad para decidir y mejor funcionamiento en la vida cotidiana. En cambio, si la medicación produce euforia, desconexión emocional, impulsividad o una sensación de invulnerabilidad poco realista, entonces se valora con más cautela.
En cualquier caso, la medicación y la psicoterapia no son caminos opuestos. La mayoría de las veces el tratamiento farmacológico no resuelve por sí solo los conflictos personales o relacionales, pero sí puede dar la estabilidad suficiente para trabajarlos de otra manera, con menos sufrimiento y más capacidad de elección.
Tu reflexión transmite mucha conciencia y honestidad contigo mismo. Y eso ya es un punto muy valioso para poder encontrar un equilibrio entre aceptar ayuda externa y seguir construyendo una vida más propia y auténtica.
Elbire Arana
Psicóloga General Sanitaria
Colegiada M-42807
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