Cuando salgo a la calle algunas personas se me quedan observando. Cuando me doy cuenta y les miro qu
9
respuestas
Cuando salgo a la calle algunas personas se me quedan observando. Cuando me doy cuenta y les miro quitan la mirada, pero me miran con asombro. Al ver eso siento ansiedad y empiezo a mirarme yo mismo y pensar tan poco agraciado soy joder. Pues digamos que si que tengo ciertas asimetrías en mi cara que hacen que me vea horrible. La cosa es que yo me acepto y pienso en este mundo tiene que haber de todo. Feos guapos, gordos, flacos, etc. Pero la cosa es cuando te sientas a comer en restaurante y empiezan a clavarte la mirada observándote a tal punto que te das cuenta. Les miras y siguen haciendolo, o gente que pasa a tu lado y luego se ríen. O comentarios de que feo y risas. Hablas con personas desconocidas como por ejemplo en un cajero comprando y no te dirigen la mirada o ves que te hablan rápido para que te quites de su vista lo antes posible. Personas cercanas evitan mirarte en gran parte del tiempo que pasas con ellos. Son contadas las veces que te avisan para que estés presente. La cosa no es que sean percepciones mías, es que gente conocida, desconocida se han metido conmigo llamándome feo y que aparte mi cara de su vista. Escuchar muchas veces cosas diferentes al pasar al lao de la gente, como comentarios en plan como sale ese a la calle con esa cara. O dios santo vaya cara tiene ese. Y miles de cosas más que he oído, es como un sin vivir que el día que sales a la calle y no oyes algo malo, ni te miran mal es algo raro. Intento pasar de todo el mundo pero llega un punto que te da miedo salir a la calle o te produce un estrés diario que o me da ganas de cargarme a alguien o me da por hundirme en la miseria misma. Que nunca he tenido problemas con nadie porque se que el día que reaccione a lo que haga, acabaré mal y eso no es bueno. Pero yo pienso joder si no hago malo a nadie porque me tienen que joder la vida. Es que son miles de ejemplos de cosas que me han pasado. Como ir al médico a vacunarme y na más entrar estar la enfermera, señora mayor y dos niñas en prácticas na más que riéndose, las dos niñas sin dirigirme la mirada para nada y la mujer mayor diciéndome lo típico de las vacunas. Ponerme la vacuna, salir por la puerta para afuera y oír otra vez risas. Te das cuenta que se ríen de ti y no sabes cómo enfrentar esa situación y piensas que no puede ser sobre tí. No me conocen de nada. No pueden estarse riendo de mi. Pero me das vueltas a la cabeza y te das cuenta que muy probablemente. Luego mis colegas que al salir aveces a cenar. Han visto y oído que gente se estaba metiendo conmigo y encararse para que paren. No sé en que mundo vivimos sinceramente.
Lo que describes es una experiencia muy dolorosa que, mantenida en el tiempo, puede generar ansiedad, hipervigilancia y un gran desgaste emocional. Cuando alguien ha vivido críticas o burlas repetidas, es normal que el cerebro se ponga en alerta y tienda a interpretar miradas o gestos como amenaza, afectando también a la autoimagen y acumulando rabia o tristeza.
Es importante recordar algo clave: ser diferente no es algo negativo en sí mismo. Hay personas que han pasado por situaciones similares y han transformado esa vivencia en fortaleza, llegando incluso a dar ponencias y siendo reconocidas por su resiliencia.
Si en este momento no puedes acudir a un profesional, puede ayudarte: intentar no centrar toda tu atención en las reacciones externas, cuestionar los pensamientos automáticos (“¿es 100% seguro que es por mí?”), cuidar tu diálogo interno, canalizar la rabia de forma saludable y apoyarte en personas que sí te tratan con respeto.
Nada justifica que alguien falte al respeto. El problema está en quien ridiculiza, no en tu valor como persona.
Es importante recordar algo clave: ser diferente no es algo negativo en sí mismo. Hay personas que han pasado por situaciones similares y han transformado esa vivencia en fortaleza, llegando incluso a dar ponencias y siendo reconocidas por su resiliencia.
Si en este momento no puedes acudir a un profesional, puede ayudarte: intentar no centrar toda tu atención en las reacciones externas, cuestionar los pensamientos automáticos (“¿es 100% seguro que es por mí?”), cuidar tu diálogo interno, canalizar la rabia de forma saludable y apoyarte en personas que sí te tratan con respeto.
Nada justifica que alguien falte al respeto. El problema está en quien ridiculiza, no en tu valor como persona.
Consigue respuesta gracias a la consulta online
¿Necesitas el consejo de un especialista? Reserva una consulta online: recibirás todas las respuestas sin salir de casa.
Mostrar especialistas ¿Cómo funciona?
Gracias por compartir tu experiencia.
Ojalá llegue un día en que consigamos educar más en empatía y en respeto a las diferencias. Vivimos en una sociedad muy centrada en el aspecto físico, donde se opina con demasiada facilidad, tanto para criticar como para alabar. Incluso personas con un aspecto normativo sufren por ello, influenciadas por estándares irreales.
Cuando alguien se aleja de esos cánones —por obesidad, problemas en la piel, asimetrías faciales u otras características visibles, incluida la diversidad de género— puede estar más expuesto a miradas de extrañeza o, en algunos casos, a comentarios o burlas. Esto no debería ocurrir, pero ocurre. Y es importante decirlo así de claro.
También es cierto que quienes hacen esos comentarios suelen ser una minoría: una minoría muy ruidosa y dañina, pero no la mayoría de las personas.
Hay cosas que no dependen de ti: la educación, la sensibilidad o el comportamiento de los demás. Eso escapa a tu control. Probablemente, como le ocurre a muchas personas en situaciones similares, en algún momento hayas deseado poder pasar desapercibido. Sin embargo, eso no está realmente en tu mano.
Donde sí tienes margen es en lo contrario: aprender a que los demás —especialmente quienes no son importantes para ti— pierdan peso en tu día a día. Poco a poco, puedes entrenar esto con ideas sencillas:
Céntrate en lo que estás haciendo. Vuelve a tu acción (comprar, caminar, hablar), no a lo que hacen otros.
No compruebes constantemente. Notar algo (miradas, risitas, etc.) no obliga a verificarlo.
Sigue con tu plan. Aunque haya incomodidad, continúa.
Postura tranquila. Mirada al frente, ritmo estable.
Puedes pensar en esto como una merienda en el campo: a veces hay moscas o alguna avispa. Molestan, sí, pero no tienen por qué quitarte la merienda ni el disfrute. La idea es no dejar que ese “ruido” ocupe todo el espacio.
Aún así, es normal que no todos los días te afecte igual. Hay momentos en los que el cansancio y el desgaste acumulado hace que todo pese más. Es humano. Esos días puedes apoyarte más en los que te quieren o desahogarte de la forma que más te ayude.
Si el malestar es muy intenso, un profesional puede ayudarte a gestionarlo mejor y a recuperar tranquilidad en tu día a día.
Un abrazo.
Ojalá llegue un día en que consigamos educar más en empatía y en respeto a las diferencias. Vivimos en una sociedad muy centrada en el aspecto físico, donde se opina con demasiada facilidad, tanto para criticar como para alabar. Incluso personas con un aspecto normativo sufren por ello, influenciadas por estándares irreales.
Cuando alguien se aleja de esos cánones —por obesidad, problemas en la piel, asimetrías faciales u otras características visibles, incluida la diversidad de género— puede estar más expuesto a miradas de extrañeza o, en algunos casos, a comentarios o burlas. Esto no debería ocurrir, pero ocurre. Y es importante decirlo así de claro.
También es cierto que quienes hacen esos comentarios suelen ser una minoría: una minoría muy ruidosa y dañina, pero no la mayoría de las personas.
Hay cosas que no dependen de ti: la educación, la sensibilidad o el comportamiento de los demás. Eso escapa a tu control. Probablemente, como le ocurre a muchas personas en situaciones similares, en algún momento hayas deseado poder pasar desapercibido. Sin embargo, eso no está realmente en tu mano.
Donde sí tienes margen es en lo contrario: aprender a que los demás —especialmente quienes no son importantes para ti— pierdan peso en tu día a día. Poco a poco, puedes entrenar esto con ideas sencillas:
Céntrate en lo que estás haciendo. Vuelve a tu acción (comprar, caminar, hablar), no a lo que hacen otros.
No compruebes constantemente. Notar algo (miradas, risitas, etc.) no obliga a verificarlo.
Sigue con tu plan. Aunque haya incomodidad, continúa.
Postura tranquila. Mirada al frente, ritmo estable.
Puedes pensar en esto como una merienda en el campo: a veces hay moscas o alguna avispa. Molestan, sí, pero no tienen por qué quitarte la merienda ni el disfrute. La idea es no dejar que ese “ruido” ocupe todo el espacio.
Aún así, es normal que no todos los días te afecte igual. Hay momentos en los que el cansancio y el desgaste acumulado hace que todo pese más. Es humano. Esos días puedes apoyarte más en los que te quieren o desahogarte de la forma que más te ayude.
Si el malestar es muy intenso, un profesional puede ayudarte a gestionarlo mejor y a recuperar tranquilidad en tu día a día.
Un abrazo.
Lo que describes encaja con un cuadro de ansiedad social con hipervigilancia y una herida acumulada por experiencias reales de burla o rechazo, donde tu sistema se ha puesto en alerta constante y tiende a anticipar juicio en cada mirada, mezclando situaciones objetivas con interpretaciones que aumentan el malestar; no es que estés “equivocado” ni “débil”, sino que estás saturado emocionalmente y tu mente intenta protegerte exagerando el riesgo social, lo que explica tanto la ansiedad como la rabia e impotencia que sientes, por lo que el foco terapéutico estaría en reducir esa hipervigilancia, trabajar la autoimagen más allá del físico, diferenciar con calma qué es evidencia real y qué es interpretación, y darte herramientas para manejar la activación sin aislarte ni explotar, porque esto es tratable y no tienes por qué seguir viviéndolo así.
Lo que estás contando es muy duro, y es completamente comprensible que te genere ansiedad, rabia y ganas de evitar salir. No es una situación fácil de sostener día tras día.
Aquí hay dos cosas importantes que conviene separar con cuidado:
Por un lado, sí puede haber experiencias reales de rechazo o burlas. Algunas personas hacen comentarios hirientes, miradas incómodas o conductas irrespetuosas. Eso no habla de ti, habla del nivel de empatía y educación de quien lo hace. Y cuando esto ocurre repetidamente, deja huella.
Pero por otro lado, también suele aparecer un proceso psicológico que amplifica mucho el impacto: la hipervigilancia social. Cuando has vivido varias experiencias negativas, tu mente empieza a escanear constantemente el entorno buscando señales de rechazo. Entonces:
• Detectas más miradas que antes
• Interpretas más fácilmente que están relacionadas contigo
• Tu cuerpo entra en alerta (ansiedad, tensión)
• Y tu cabeza empieza a darle vueltas para intentar explicarlo
Esto no significa que “te lo inventes”, sino que tu sistema está sensibilizado y cualquier señal ambigua (una risa, alguien que mira y aparta la vista, alguien que va rápido) se interpreta en la dirección más dolorosa.
Además, hay otro punto clave: la identidad que se va construyendo alrededor de esto. Cuando uno escucha comentarios negativos sobre su físico o se siente observado, puede empezar a mirarse a sí mismo desde fuera, como si estuviera constantemente evaluado. Eso desgasta muchísimo y refuerza pensamientos como “soy horrible” o “todo el mundo se fija en mí”.
Sobre lo que cuentas de la enfermera o de gente que se ríe, es importante introducir una duda razonable: no todo lo que ocurre alrededor tiene que ver contigo, aunque tu mente lo conecte automáticamente. Cuando estamos activados, el cerebro tiende a personalizar.
También quiero decir algo claro:
Lo que te está pasando no se resuelve solo con “pasar de la gente”. Porque no es solo lo que hacen los demás, sino cómo eso se está procesando dentro de ti y cómo está afectando a tu forma de vivir.
Y aquí hay señales importantes:
• Miedo a salir
• Estrés constante
• Pensamientos de rabia intensa
• Sensación de estar observado continuamente
Esto merece trabajarse en profundidad, porque no tienes por qué vivir así.
El objetivo no sería convencerte de que “todo está en tu cabeza”, sino ayudarte a:
• Reducir esa alerta constante
• Diferenciar mejor lo que es real de lo interpretado
• Fortalecer tu autopercepción (sin depender de la reacción de otros)
• Y recuperar tranquilidad al estar en espacios públicos
Si te apetece, podemos trabajar esto de forma más personalizada y con herramientas concretas para tu caso. Puedes pedirme cita online y lo vemos con calma.
Aquí hay dos cosas importantes que conviene separar con cuidado:
Por un lado, sí puede haber experiencias reales de rechazo o burlas. Algunas personas hacen comentarios hirientes, miradas incómodas o conductas irrespetuosas. Eso no habla de ti, habla del nivel de empatía y educación de quien lo hace. Y cuando esto ocurre repetidamente, deja huella.
Pero por otro lado, también suele aparecer un proceso psicológico que amplifica mucho el impacto: la hipervigilancia social. Cuando has vivido varias experiencias negativas, tu mente empieza a escanear constantemente el entorno buscando señales de rechazo. Entonces:
• Detectas más miradas que antes
• Interpretas más fácilmente que están relacionadas contigo
• Tu cuerpo entra en alerta (ansiedad, tensión)
• Y tu cabeza empieza a darle vueltas para intentar explicarlo
Esto no significa que “te lo inventes”, sino que tu sistema está sensibilizado y cualquier señal ambigua (una risa, alguien que mira y aparta la vista, alguien que va rápido) se interpreta en la dirección más dolorosa.
Además, hay otro punto clave: la identidad que se va construyendo alrededor de esto. Cuando uno escucha comentarios negativos sobre su físico o se siente observado, puede empezar a mirarse a sí mismo desde fuera, como si estuviera constantemente evaluado. Eso desgasta muchísimo y refuerza pensamientos como “soy horrible” o “todo el mundo se fija en mí”.
Sobre lo que cuentas de la enfermera o de gente que se ríe, es importante introducir una duda razonable: no todo lo que ocurre alrededor tiene que ver contigo, aunque tu mente lo conecte automáticamente. Cuando estamos activados, el cerebro tiende a personalizar.
También quiero decir algo claro:
Lo que te está pasando no se resuelve solo con “pasar de la gente”. Porque no es solo lo que hacen los demás, sino cómo eso se está procesando dentro de ti y cómo está afectando a tu forma de vivir.
Y aquí hay señales importantes:
• Miedo a salir
• Estrés constante
• Pensamientos de rabia intensa
• Sensación de estar observado continuamente
Esto merece trabajarse en profundidad, porque no tienes por qué vivir así.
El objetivo no sería convencerte de que “todo está en tu cabeza”, sino ayudarte a:
• Reducir esa alerta constante
• Diferenciar mejor lo que es real de lo interpretado
• Fortalecer tu autopercepción (sin depender de la reacción de otros)
• Y recuperar tranquilidad al estar en espacios públicos
Si te apetece, podemos trabajar esto de forma más personalizada y con herramientas concretas para tu caso. Puedes pedirme cita online y lo vemos con calma.
Está situación que cuentas es muy dura, y pocas personas podemos ponernos en tu lugar y en tu sufrimiento. Recibir bullying todo el tiempo nunca ha sido agradable, aunque de adulto no te ataquen fisicamente. Estar alerta a las miradas y a los comentarios en todos los lugares hace que te prepare pero al final pierdes lo más valioso que es estar en la vida porque tooodo gira alrededor de las miradas. Has comentado que tienes amigos que además te defienden, eso dice de la persona tan importante que tienes que ser. La cosa es, las miradas van a seguir siempre pero tú decides si la vida la quieres pasar alerta o la quieres pasar llenándola de lo que realmente es valioso para ti. Ahí te puede ayudar la Psicoterapia
Hola, gracias por contarlo con tanto detalle. Se nota el nivel de desgaste que llevas encima y lo injusto que se siente todo esto.
Hay algo importante aquí. Por un lado, has tenido experiencias reales de burlas y comentarios, y eso duele, marca y hace que salgas a la calle en alerta constante. Cualquiera en tu situación acabaría sintiendo ansiedad, rabia o ganas de evitar a la gente. Eso es totalmente comprensible.
Por otro lado, cuando se repiten este tipo de experiencias, el cerebro entra en un modo de hipervigilancia muy fuerte. Empieza a escanear continuamente el entorno buscando señales de rechazo, miradas o gestos, y muchas veces interpreta como dirigidas hacia uno cosas que pueden no tener que ver. No porque estés “imaginando sin más”, sino porque tu mente está intentando protegerte después de lo que has vivido.
El problema es que se crea un círculo muy duro. Sales con tensión, notas miradas, tu mente las interpreta como juicio, tu cuerpo reacciona con ansiedad o rabia… y eso refuerza aún más la sensación de que todo el mundo está pendiente de ti.
También es muy importante lo que dices sobre la rabia acumulada. Que sientas ganas de explotar o de hundirte no te hace mala persona, habla del nivel de saturación que llevas. Y haces bien en no reaccionar de forma impulsiva, porque sabes que eso te puede traer problemas.
Más allá de si algunas situaciones son objetivas o no, lo que está claro es que esto te está afectando mucho en tu día a día, hasta el punto de condicionarte salir, estar en sitios públicos o relacionarte. Y eso es algo que se puede trabajar.
Se puede aprender a bajar esa hipervigilancia, a manejar lo que piensas cuando notas miradas, a reducir la ansiedad en esos momentos y, sobre todo, a que recuperes una sensación de seguridad al estar fuera. También a procesar todo lo que has vivido, para que deje de tener tanto peso.
No tienes por qué seguir viviendo así ni adaptarte a este nivel de malestar. Con el enfoque adecuado, esto mejora mucho.
Si en algún momento lo necesitas, podemos verlo con más detalle en consulta presencial en Tres Cantos (Madrid), también online o a domicilio por la zona norte de Madrid, y trabajar paso a paso para que puedas volver a salir con más tranquilidad y sentirte más en control.
Hay algo importante aquí. Por un lado, has tenido experiencias reales de burlas y comentarios, y eso duele, marca y hace que salgas a la calle en alerta constante. Cualquiera en tu situación acabaría sintiendo ansiedad, rabia o ganas de evitar a la gente. Eso es totalmente comprensible.
Por otro lado, cuando se repiten este tipo de experiencias, el cerebro entra en un modo de hipervigilancia muy fuerte. Empieza a escanear continuamente el entorno buscando señales de rechazo, miradas o gestos, y muchas veces interpreta como dirigidas hacia uno cosas que pueden no tener que ver. No porque estés “imaginando sin más”, sino porque tu mente está intentando protegerte después de lo que has vivido.
El problema es que se crea un círculo muy duro. Sales con tensión, notas miradas, tu mente las interpreta como juicio, tu cuerpo reacciona con ansiedad o rabia… y eso refuerza aún más la sensación de que todo el mundo está pendiente de ti.
También es muy importante lo que dices sobre la rabia acumulada. Que sientas ganas de explotar o de hundirte no te hace mala persona, habla del nivel de saturación que llevas. Y haces bien en no reaccionar de forma impulsiva, porque sabes que eso te puede traer problemas.
Más allá de si algunas situaciones son objetivas o no, lo que está claro es que esto te está afectando mucho en tu día a día, hasta el punto de condicionarte salir, estar en sitios públicos o relacionarte. Y eso es algo que se puede trabajar.
Se puede aprender a bajar esa hipervigilancia, a manejar lo que piensas cuando notas miradas, a reducir la ansiedad en esos momentos y, sobre todo, a que recuperes una sensación de seguridad al estar fuera. También a procesar todo lo que has vivido, para que deje de tener tanto peso.
No tienes por qué seguir viviendo así ni adaptarte a este nivel de malestar. Con el enfoque adecuado, esto mejora mucho.
Si en algún momento lo necesitas, podemos verlo con más detalle en consulta presencial en Tres Cantos (Madrid), también online o a domicilio por la zona norte de Madrid, y trabajar paso a paso para que puedas volver a salir con más tranquilidad y sentirte más en control.
Hola de lo que indicas se deduce que la gente es muy maleducada y en ocasiones con ninguna tolerancia a la diferencia. Lo importante es que tu seas capaz de darte el valor que tienes y asumas que la gente de la que hablas no te conoce. Un abrazo
Gracias por compartir cómo te sientes. Lo que describes puede generar mucha ansiedad y malestar, y es comprensible que te afecte tanto a nivel emocional como físico. Que otras personas se rían o miren de manera incómoda puede ser doloroso y activar pensamientos negativos sobre uno mismo, incluso si no tienen nada que ver contigo personalmente. Aprender a manejar estas situaciones y las emociones que despiertan lleva tiempo, y con acompañamiento profesional se puede reducir la ansiedad y fortalecer la confianza en ti mismo. Estoy para ayudarte en lo que necesites.
Hola paciente anónimo. En primer lugar, siento mucho que percibas esa falta de empatía y de respeto en tu entorno. En segundo lugar, lo que comentas tiene mucha carga emocional y deja ver una mezcla de sentimientos y pensamientos muy variantes y que como bien apuntas, “no acabaré bien” o “paso de todo” o “un día explotaré”. Te invito a que tomes el control y que, en un espacio seguro (como es la terapia) trabajes la regulación emocional, la marcación de límites, la autoestima y pongas a prueba tus pensamientos limitantes.
Quedo a tu disposición.
Un saludo.
Quedo a tu disposición.
Un saludo.
¿No has encontrado la respuesta que necesitabas? ¡Envía tu pregunta!
¿Tu caso es similar? Estos profesionales pueden ayudarte:
Todos los contenidos publicados en Doctoralia, especialmente preguntas y respuestas, son de carácter informativo y en ningún caso deben considerarse un sustituto de un asesoramiento médico.