Mi hija de 7 años ha tenido una mala experiencia con la comida, x lo q me ha sabido contar se medio
8
respuestas
Mi hija de 7 años ha tenido una mala experiencia con la comida, x lo q me ha sabido contar se medio atragantó comiendo y ahora rechaza casi todo, patatas, nuggets, hamburguesas, fideos.. mastica mucho la comida y la mezcla con agua hasta hacer una pasta en la boca pero la mayoría de las veces lo acaba escupiendo. No sé qué puedo hacer para q se le pase ese miedo. Gracias
Hola, siento mucho lo que estáis viviendo. He acompañado a niños con esta misma dificultad y sé que se pasa realmente mal, tanto ellos como la familia. Cuando un niño se atraganta o vive una experiencia desagradable comiendo, es bastante habitual que aparezca miedo a tragar y rechazo a muchos alimentos. No es un capricho ni una manía, es una respuesta de miedo que el cuerpo aprende para protegerse.
Por eso suelen aparecer conductas como masticar en exceso, mezclar la comida con agua o escupirla. En estos casos, mi recomendación es que acudáis cuanto antes al pediatra y a un profesional de la psicología infantil. El pediatra puede descartar cualquier problema físico, y desde la psicología se puede trabajar ese miedo antes de que se haga más grande.
Por mi experiencia, cuando no se aborda a tiempo, el rechazo a la comida puede ir ampliándose y volverse mucho más complicado. Mientras tanto, es importante no forzar ni presionar en las comidas y tratar de que no se conviertan en un momento de tensión. Un saludo!
Por eso suelen aparecer conductas como masticar en exceso, mezclar la comida con agua o escupirla. En estos casos, mi recomendación es que acudáis cuanto antes al pediatra y a un profesional de la psicología infantil. El pediatra puede descartar cualquier problema físico, y desde la psicología se puede trabajar ese miedo antes de que se haga más grande.
Por mi experiencia, cuando no se aborda a tiempo, el rechazo a la comida puede ir ampliándose y volverse mucho más complicado. Mientras tanto, es importante no forzar ni presionar en las comidas y tratar de que no se conviertan en un momento de tensión. Un saludo!
Consigue respuesta gracias a la consulta online
¿Necesitas el consejo de un especialista? Reserva una consulta online: recibirás todas las respuestas sin salir de casa.
Mostrar especialistas ¿Cómo funciona?
Lo que cuentas es muy comprensible después de un susto con la comida, y es importante que veas que no es un capricho, sino un miedo muy intenso que ella revive cada vez que se sienta a comer. Lo primero sería descartar con el pediatra que no haya ningún problema físico al tragar; si está todo bien, es más fácil explicarle que su cuerpo está preparado, pero el miedo le está engañando.
En casa ayuda mucho bajar la presión en las comidas (evitar amenazas o castigos) y valorar cualquier pequeño avance, aunque solo sea tocar o acercar un alimento nuevo. Podéis empezar por alimentos que ella viva como seguros y, poco a poco, ir introduciendo trocitos pequeños de otros, sin obligar y sin entrar en luchas de poder. A veces funciona jugar con la comida fuera de las comidas (cortar, dibujarla, hacer formas) para que vuelva a acercarse a ella sin tanta tensión.
Si ves que pasan las semanas y la situación no mejora, que cada vez come menos variedad o que las comidas se están volviendo muy angustiosas para todos, sería recomendable buscar ayuda de un/a psicólogo/a infantil. En terapia se trabaja con ella el miedo de forma muy gradual y también con vosotros, para que sepáis cómo acompañarla sin reforzar el temor. Un abrazo.
En casa ayuda mucho bajar la presión en las comidas (evitar amenazas o castigos) y valorar cualquier pequeño avance, aunque solo sea tocar o acercar un alimento nuevo. Podéis empezar por alimentos que ella viva como seguros y, poco a poco, ir introduciendo trocitos pequeños de otros, sin obligar y sin entrar en luchas de poder. A veces funciona jugar con la comida fuera de las comidas (cortar, dibujarla, hacer formas) para que vuelva a acercarse a ella sin tanta tensión.
Si ves que pasan las semanas y la situación no mejora, que cada vez come menos variedad o que las comidas se están volviendo muy angustiosas para todos, sería recomendable buscar ayuda de un/a psicólogo/a infantil. En terapia se trabaja con ella el miedo de forma muy gradual y también con vosotros, para que sepáis cómo acompañarla sin reforzar el temor. Un abrazo.
Gracias por compartir lo que estáis viviendo; es comprensible que esta situación genere mucha preocupación. A veces, una única experiencia desagradable o traumática con la comida, como un atragantamiento, puede ser suficiente para que un niño desarrolle miedo a comer determinados alimentos. Este tipo de reacción se debe a un proceso de condicionamiento: el cerebro asocia la comida con peligro, aunque antes no hubiera ningún problema.
Dicho esto, también es importante hacer una reflexión más amplia sobre la relación que tu hija ha tenido con la comida antes de este episodio y si ha habido otras experiencias previas que hayan podido influir. Valorar cuánto tiempo lleva manteniéndose este comportamiento, si el rechazo va en aumento o se mantiene estable, y cómo lo vive ella emocionalmente puede dar pistas importantes.
El hecho de que mastique en exceso, mezcle la comida con agua o termine escupiéndola suele indicar miedo a tragar más que un problema de conducta. Por ello, forzarla a comer o restarle importancia al miedo puede aumentar la ansiedad. En cambio, acompañarla desde la calma, validar su miedo y evitar presiones suele ser más beneficioso.
Dado que cada niño es diferente, lo más recomendable es consultar con un profesional (por ejemplo, un psicólogo infantil y, si es necesario, un especialista en alimentación). Así se podrá hacer una evaluación individualizada de su historia, sus recursos psicológicos y emocionales y sus habilidades cognitivas, y definir estrategias basadas en la evidencia que sean adecuadas para ella y para vuestra familia.
Buscar ayuda temprana no significa que el problema sea grave, sino que os permitirá contar con herramientas adecuadas para ayudar a tu hija a recuperar la confianza en la comida de forma progresiva y segura.
Dicho esto, también es importante hacer una reflexión más amplia sobre la relación que tu hija ha tenido con la comida antes de este episodio y si ha habido otras experiencias previas que hayan podido influir. Valorar cuánto tiempo lleva manteniéndose este comportamiento, si el rechazo va en aumento o se mantiene estable, y cómo lo vive ella emocionalmente puede dar pistas importantes.
El hecho de que mastique en exceso, mezcle la comida con agua o termine escupiéndola suele indicar miedo a tragar más que un problema de conducta. Por ello, forzarla a comer o restarle importancia al miedo puede aumentar la ansiedad. En cambio, acompañarla desde la calma, validar su miedo y evitar presiones suele ser más beneficioso.
Dado que cada niño es diferente, lo más recomendable es consultar con un profesional (por ejemplo, un psicólogo infantil y, si es necesario, un especialista en alimentación). Así se podrá hacer una evaluación individualizada de su historia, sus recursos psicológicos y emocionales y sus habilidades cognitivas, y definir estrategias basadas en la evidencia que sean adecuadas para ella y para vuestra familia.
Buscar ayuda temprana no significa que el problema sea grave, sino que os permitirá contar con herramientas adecuadas para ayudar a tu hija a recuperar la confianza en la comida de forma progresiva y segura.
Hola en este caso que planteas acudiría a un profesional de la psicología antes de que los rechazos se vayan incrementando. Un saludo
Tras un atragantamiento puede aparecer un miedo intenso a comer, especialmente en niños. Evita forzar o presionar y mantén un clima tranquilo en las comidas. Si el rechazo persiste, un psicólogo infantil puede ayudarla a trabajar el miedo de forma progresiva y segura. Mucho ánimo.
Hola, gracias por compartir lo que está ocurriendo. Es comprensible que esta situación te preocupe, especialmente cuando afecta a algo tan cotidiano como la alimentación.
Tras una experiencia desagradable como un atragantamiento, podría ocurrir que algunos niños desarrollen miedo o rechazo hacia ciertos alimentos o hacia el acto de comer en sí. Las conductas que describes —masticar en exceso, mezclar la comida con agua o escupirla— podrían entenderse como intentos de sentirse más segura y de reducir la sensación de riesgo, más que como un problema voluntario o una “manía”.
En estos casos, suele ser importante no forzar ni presionar para que coma, ya que esto podría aumentar el miedo. A veces puede ayudar:
• Mantener un clima tranquilo en las comidas, sin prisas ni exigencias.
• Ofrecer pequeñas cantidades y alimentos que ella perciba como más fáciles de manejar.
• Validar su miedo, transmitiéndole que lo que siente tiene sentido tras lo ocurrido.
• Evitar comentarios constantes sobre si come o no, priorizando que vuelva a sentirse segura.
Si el rechazo persiste o va en aumento, sería recomendable valorar la situación de manera individualizada con un profesional, que podría explorar tanto el componente emocional como otros aspectos implicados y orientar a la familia sobre cómo acompañarla.
Un saludo.
Tras una experiencia desagradable como un atragantamiento, podría ocurrir que algunos niños desarrollen miedo o rechazo hacia ciertos alimentos o hacia el acto de comer en sí. Las conductas que describes —masticar en exceso, mezclar la comida con agua o escupirla— podrían entenderse como intentos de sentirse más segura y de reducir la sensación de riesgo, más que como un problema voluntario o una “manía”.
En estos casos, suele ser importante no forzar ni presionar para que coma, ya que esto podría aumentar el miedo. A veces puede ayudar:
• Mantener un clima tranquilo en las comidas, sin prisas ni exigencias.
• Ofrecer pequeñas cantidades y alimentos que ella perciba como más fáciles de manejar.
• Validar su miedo, transmitiéndole que lo que siente tiene sentido tras lo ocurrido.
• Evitar comentarios constantes sobre si come o no, priorizando que vuelva a sentirse segura.
Si el rechazo persiste o va en aumento, sería recomendable valorar la situación de manera individualizada con un profesional, que podría explorar tanto el componente emocional como otros aspectos implicados y orientar a la familia sobre cómo acompañarla.
Un saludo.
Hola buenos días. En tu caso concreto entiendo que este problema se ha generado por un atragantamiento puntual. Lo ideal sería, de entrada, descartar que no haya ningún problema con el proceso de deglución. Una vez sepamos que físicamente tu hija puede tragar sin dificultad se abordaría este "bloqueo" psicológico.
Una de las maneras más útiles que se trabajan desde la psicología es partir de un tipo de alimento que sea cómodo para ella, que no le genere ansiedad (por ejemplo líquidos o purés) y poco a poco ir cambiado la consistencia de líquido a sólido de manera gradual y en que ella salga de su zona de confort pero sin generar una ansiedad tan elevada como para bloquearse de nuevo. Es importante tener en cuenta que cada persona es diferente, y hay algunas que necesitan que los cambios sean muy pequeños mientras que otras pueden pasar a consistencias sólidas de manera más rápida y con más facilidad.
Los tiempos para ir cambiando la consistencia los marca la misma persona, en este caso tu hija, ya que al inicio suele generar malestar comer algo con lo que no nos sentimos seguros, pero poco a poco el cerebro se acostumbra y tolera esa consistencia. En ese punto estará preparada para dar un pasito más y comer algo un poco más sólido.
La clave consiste en tener paciencia e ir subiendo escalones respetando el ritmo de la persona. Siempre en un inicio incómodo pero nunca con ansiedad y pasando al siguiente nivel cuando en el actual la persona se sienta 100% cómoda.
Espero que te sirva de ayuda. Un abrazo =)
Una de las maneras más útiles que se trabajan desde la psicología es partir de un tipo de alimento que sea cómodo para ella, que no le genere ansiedad (por ejemplo líquidos o purés) y poco a poco ir cambiado la consistencia de líquido a sólido de manera gradual y en que ella salga de su zona de confort pero sin generar una ansiedad tan elevada como para bloquearse de nuevo. Es importante tener en cuenta que cada persona es diferente, y hay algunas que necesitan que los cambios sean muy pequeños mientras que otras pueden pasar a consistencias sólidas de manera más rápida y con más facilidad.
Los tiempos para ir cambiando la consistencia los marca la misma persona, en este caso tu hija, ya que al inicio suele generar malestar comer algo con lo que no nos sentimos seguros, pero poco a poco el cerebro se acostumbra y tolera esa consistencia. En ese punto estará preparada para dar un pasito más y comer algo un poco más sólido.
La clave consiste en tener paciencia e ir subiendo escalones respetando el ritmo de la persona. Siempre en un inicio incómodo pero nunca con ansiedad y pasando al siguiente nivel cuando en el actual la persona se sienta 100% cómoda.
Espero que te sirva de ayuda. Un abrazo =)
Buenas tardes,
Lo que le está ocurriendo a tu hija es bastante coherente con una experiencia de atragantamiento. Cuando un niño vive una sensación de ahogo, aunque haya sido leve, el cerebro puede asociar la comida con peligro. A partir de ahí aparece el miedo, la hipervigilancia al tragar y conductas como masticar en exceso, mezclar con agua o escupir para evitar la sensación de riesgo. No es que no quiera comer, es que su sistema está intentando protegerla.
Lo primero es mantener mucha calma en las comidas. Evitar insistir, presionar o mostrar angustia, porque eso aumenta su tensión y refuerza el miedo. Conviene ofrecer alimentos muy seguros y fáciles de tragar, texturas blandas, pequeñas cantidades, y permitir que recupere confianza poco a poco. Es mejor avanzar de forma gradual que forzarla a “demostrar” que puede.
También ayuda verbalizar lo ocurrido de forma sencilla: explicarle que un día su garganta se asustó, pero que ahora está sana y sabe tragar, y que vais a ir despacio. El objetivo es que vuelva a sentir control.
Si el rechazo se mantiene, pierde peso, o la ansiedad en las comidas es muy intensa, sería recomendable consultar con un profesional de salud mental infantil habituado a trabajar miedos alimentarios post atragantamiento. Con intervención temprana suele resolverse bien.
Lo importante es que no lo viváis como una batalla, sino como un miedo que necesita tiempo y seguridad para desactivarse.
Mucho ánimo.
Lo que le está ocurriendo a tu hija es bastante coherente con una experiencia de atragantamiento. Cuando un niño vive una sensación de ahogo, aunque haya sido leve, el cerebro puede asociar la comida con peligro. A partir de ahí aparece el miedo, la hipervigilancia al tragar y conductas como masticar en exceso, mezclar con agua o escupir para evitar la sensación de riesgo. No es que no quiera comer, es que su sistema está intentando protegerla.
Lo primero es mantener mucha calma en las comidas. Evitar insistir, presionar o mostrar angustia, porque eso aumenta su tensión y refuerza el miedo. Conviene ofrecer alimentos muy seguros y fáciles de tragar, texturas blandas, pequeñas cantidades, y permitir que recupere confianza poco a poco. Es mejor avanzar de forma gradual que forzarla a “demostrar” que puede.
También ayuda verbalizar lo ocurrido de forma sencilla: explicarle que un día su garganta se asustó, pero que ahora está sana y sabe tragar, y que vais a ir despacio. El objetivo es que vuelva a sentir control.
Si el rechazo se mantiene, pierde peso, o la ansiedad en las comidas es muy intensa, sería recomendable consultar con un profesional de salud mental infantil habituado a trabajar miedos alimentarios post atragantamiento. Con intervención temprana suele resolverse bien.
Lo importante es que no lo viváis como una batalla, sino como un miedo que necesita tiempo y seguridad para desactivarse.
Mucho ánimo.
¿No has encontrado la respuesta que necesitabas? ¡Envía tu pregunta!
¿Tu caso es similar? Estos profesionales pueden ayudarte:
Todos los contenidos publicados en Doctoralia, especialmente preguntas y respuestas, son de carácter informativo y en ningún caso deben considerarse un sustituto de un asesoramiento médico.