Claudia Castilla
Especialista en Contenido Médico
Especialista en Contenido Médico
La columna cervical es una estructura anatómica de gran complejidad que cumple funciones determinantes en el organismo humano. No solo sostiene el peso del cráneo, sino que también protege la médula espinal y permite un amplio rango de movimiento para la cabeza. Con el paso del tiempo, esta región puede verse afectada por procesos degenerativos como la artrosis, específicamente la artrosis cervical o cervicoartrosis. Esta patología representa una de las consultas más frecuentes en los servicios de reumatología y fisioterapia, impactando significativamente en la calidad de vida de quienes la padecen debido al dolor y la limitación funcional que genera.
La artrosis cervical es una enfermedad degenerativa crónica, a menudo confundida con la artritis, que afecta al cartílago de las articulaciones de la columna cervical. Este cartílago funciona como una almohadilla que evita el roce directo entre las vértebras y facilita el deslizamiento suave durante el movimiento. Cuando el tejido cartilaginoso comienza a desgastarse, las superficies óseas entran en contacto, lo que provoca inflamación, dolor y la formación de osteofitos, que son pequeños crecimientos óseos en los bordes de las vértebras.
Este proceso no solo involucra al cartílago, sino que también afecta a los discos intervertebrales. A medida que estos discos pierden hidratación y altura, la capacidad de amortiguación de la columna disminuye, lo que altera la alineación vertebral y somete a los ligamentos y músculos circundantes a una tensión excesiva. Aunque la degeneración articular es un proceso natural asociado al envejecimiento, en la artrosis cervical este desgaste se manifiesta de forma más severa o prematura, limitando la movilidad del cuello en diferentes planos de movimiento.
La incidencia de la artrosis cervical en la población española es elevada y muestra una tendencia creciente debido al aumento de la esperanza de vida. Los datos epidemiológicos permiten comprender la magnitud de esta condición como un problema de salud pública de primer orden. Según el estudio EPISER realizado por la Sociedad Española de Reumatología (SER), la artrosis cervical presenta una prevalencia del 10,10% en la población adulta en España, cifras que también son elevadas en otros tipos de desgaste como la artrosis de rodilla o de cadera.
La distribución por sexos revela una disparidad notable en la afectación. La enfermedad es significativamente más frecuente en mujeres, con una tasa del 13,6%, frente al 6,2% registrado en los hombres. Estas cifras sugieren la influencia de factores hormonales y biológicos en el desarrollo de la degeneración articular. Además, los registros indican que la presencia de cambios radiológicos compatibles con la artrosis aumenta de forma drástica a partir de los 50 años, llegando a afectar a más del 80% de las personas mayores de 70 años, aunque no todos presenten síntomas clínicos evidentes.
El origen de la artrosis cervical es multifactorial, lo que significa que suele ser el resultado de la combinación de diversos elementos que aceleran el deterioro de las articulaciones. Identificar estos factores es de gran importancia para el manejo preventivo y terapéutico de la enfermedad.
| Factor de riesgo | Descripción |
|---|---|
| Edad | El riesgo aumenta significativamente a partir de los 50 años. |
| Sexo | Mayor incidencia en mujeres tras la menopausia. |
| Postura | Uso excesivo de dispositivos móviles y malas posturas frente al ordenador. |
| Actividad física | Tanto el sedentarismo como el deporte de impacto extremo. |
La sintomatología de la artrosis cervical puede variar considerablemente entre individuos. Mientras que algunas personas presentan hallajos radiológicos sin dolor, otras experimentan cuadros clínicos que interfieren con sus actividades cotidianas. El síntoma más característico es la cervicalgia o dolor de cuello. Este dolor suele ser de tipo mecánico, lo que significa que aumenta con la actividad física y los movimientos del cuello, y tiende a aliviarse con el reposo.
Otro signo habitual es la rigidez matutina. Los pacientes suelen describir una sensación de pesadez o dificultad para girar la cabeza al despertar, la cual mejora gradualmente a medida que la persona comienza a moverse. Asimismo, la presencia de cefaleas es frecuente; se trata de dolores de cabeza que se originan en la nuca y se irradian hacia la zona frontal o los ojos. En estadios más avanzados, pueden aparecer parestesias, consistentes en hormigueos, entumecimiento o debilidad que desciende por los hombros hasta los brazos y las manos, lo cual indica que el desgaste está afectando a las raíces nerviosas que emergen de la columna.
Los pacientes suelen describir una sensación de pesadez o dificultad para girar la cabeza al despertar.Cuando la degeneración de las vértebras y los discos intervertebrales progresa sin control, pueden surgir complicaciones de mayor gravedad que requieren una vigilancia médica estrecha. Una de las consecuencias del crecimiento de los osteofitos y el engrosamiento de los ligamentos es la estenosis cervical, que consiste en el estrechamiento del canal por donde transcurre la médula espinal (un fenómeno similar al que ocurre en la artrosis lumbar) o los agujeros de conjunción por donde salen los nervios.
Este estrechamiento puede derivar en una mielopatía cervical, una condición seria que implica el sufrimiento de la médula espinal debido a la compresión mecánica. Los síntomas de esta complicación incluyen la pérdida de destreza en las manos (dificultad para abotonarse la camisa o escribir), problemas de equilibrio al caminar y una debilidad generalizada en las extremidades inferiores. Además, la artrosis cervical está estrechamente vinculada a episodios de mareos e inestabilidad, causados a menudo por la irritación del sistema simpático cervical o por la afectación de la propiocepción de los músculos del cuello, lo que genera una sensación de vértigo muy molesta para el paciente.
El proceso diagnóstico se inicia con una exploración física detallada por parte del especialista. Durante esta evaluación, se analiza el rango de movimiento del cuello, se palpan las zonas dolorosas y se realizan pruebas neurológicas para verificar la fuerza muscular, la sensibilidad y los reflejos en los brazos. Esta fase es esencial para determinar el impacto funcional de la artrosis.
Posteriormente, las pruebas de imagen son fundamentales para confirmar el diagnóstico y valorar la extensión del daño:
El diagnóstico diferencial es un paso obligatorio, ya que los síntomas de la artrosis pueden confundirse con hernias discales agudas, fibromialgia o problemas musculares de origen tensional.
El objetivo principal del tratamiento no es revertir el desgaste articular, ya que el cartílago no tiene capacidad de regeneración espontánea, sino controlar el dolor, mejorar la movilidad y prevenir la progresión de las complicaciones. El abordaje suele ser conservador en la mayoría de los casos.
La medicación se emplea principalmente durante las fases de agudización del dolor o cuando los síntomas impiden la realización de la vida normal. Los analgésicos, como el paracetamol, suelen ser la primera opción para dolores leves. En casos de inflamación más acusada, se prescriben antiinflamatorios no esteroides (AINEs), los cuales deben utilizarse bajo supervisión médica debido a sus posibles efectos secundarios gastrointestinales y renales. Cuando el dolor se acompaña de una tensión muscular severa, los relajantes musculares pueden ser de utilidad durante periodos breves para romper el ciclo de dolor-contractura-dolor.
La rehabilitación física es un pilar fundamental en el manejo de la artrosis cervical a largo plazo. Un programa de fisioterapia bien diseñado ayuda a mantener la flexibilidad de los tejidos y a fortalecer la musculatura de soporte del cuello. Las terapias manuales, realizadas por profesionales cualificados, incluyen movilizaciones articulares suaves y técnicas de masaje terapéutico para reducir la sobrecarga miofascial. Además, el uso de la termoterapia (aplicación de calor local) resulta muy beneficioso para relajar los músculos antes de los ejercicios, mientras que el frío puede aplicarse en fases muy agudas para reducir la inflamación localizada.
La cirugía se reserva únicamente para un porcentaje reducido de pacientes. Se considera esta opción cuando el tratamiento conservador no ha dado resultados tras varios meses de aplicación o cuando existe un compromiso neurológico grave, como una compresión medular progresiva que ponga en riesgo la movilidad del paciente. Entre las técnicas más comunes se encuentran la discectomía, para retirar un disco dañado, y la artrodesis cervical, que consiste en la fusión de dos o más vértebras para estabilizar el segmento y eliminar el dolor producido por el movimiento anormal.
La actividad física controlada es necesaria para conservar la función articular. Sin embargo, no todos los movimientos son adecuados cuando existe un desgaste vertebral.
Ejercicios recomendados:
Ejercicios prohibidos:
La adaptación del entorno cotidiano es una estrategia de gran valor para minimizar el impacto de la cervicoartrosis. La higiene postural es el primer aspecto a revisar: se debe asegurar que, al trabajar frente a un ordenador, la pantalla esté a la altura de los ojos para evitar mantener el cuello en flexión constante.
En cuanto al descanso, la elección de la almohada adecuada es determinante. Esta debe tener una altura que permita mantener la columna alineada con el resto de la espalda; en ocasiones, saber cómo dormir con tortícolis u otras afecciones cervicales ofrece pautas útiles para el reposo. Las posiciones recomendadas para dormir son el decúbito lateral (de lado) o el decúbito supino (boca arriba). Finalmente, el control del peso corporal contribuye a reducir la carga sistémica y la inflamación de bajo grado en el organismo, favoreciendo un mejor estado general de las articulaciones.
El manejo de la artrosis cervical requiere un enfoque proactivo que combine el conocimiento de la patología con cambios específicos en los hábitos diarios. El compromiso con la higiene postural y la realización de ejercicios específicos permite a la mayoría de las personas convivir con la enfermedad de forma satisfactoria. No obstante, ante la aparición de dolor persistente o síntomas neurológicos, se recomienda acudir a un traumatólogo o fisioterapeuta para recibir un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento personalizado que asegure el bienestar a largo plazo.
Referencias
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