Artículos 06 abril 2026

Artrosis de cadera: Claves para identificar la coxartrosis a tiempo

Claudia Castilla Especialista en Contenido Médico
Claudia Castilla
Especialista en Contenido Médico

La movilidad es una de las funciones más determinantes para la calidad de vida de las personas. Dentro del sistema musculoesquelético, la articulación de la cadera desempeña un papel fundamental al soportar el peso del cuerpo y permitir el movimiento de las extremidades inferiores. Sin embargo, con el paso del tiempo o debido a diversos factores, esta estructura puede sufrir un proceso degenerativo (conozca aquí más sobre qué es la artrosis y sus implicaciones) conocido como artrosis de cadera o coxartrosis. Esta condición no solo afecta la capacidad de desplazamiento, sino que también tiene un impacto significativo en la autonomía personal y el bienestar emocional de quienes la padecen. A través de este artículo, se presenta una visión integral sobre su naturaleza, sus manifestaciones y las alternativas disponibles para su manejo.

Qué es la artrosis de cadera

La artrosis de cadera se define como una enfermedad degenerativa de carácter crónico que afecta a la articulación coxofemoral. Esta articulación une la cabeza del fémur con el acetábulo de la pelvis y está recubierta por un tejido elástico y resistente denominado cartílago hialino. La función principal de este cartílago es amortiguar las cargas y facilitar un deslizamiento suave entre las superficies óseas durante el movimiento.

Cuando se produce la coxartrosis, el cartílago comienza a desgastarse de manera progresiva, perdiendo su grosor y elasticidad. En etapas avanzadas, el tejido protector puede llegar a desaparecer por completo, lo que provoca un roce directo entre los huesos. Esta fricción genera una respuesta inflamatoria y la formación de nuevas estructuras óseas anómalas llamadas osteofitos. A diferencia de otras patologías inflamatorias, la artrosis se considera un proceso de desgaste mecánico, aunque en la actualidad se reconoce que existen componentes metabólicos y biológicos que influyen en su progresión; por ello, es fundamental saber distinguir la diferencia entre artritis y artrosis.

Síntomas principales y señales de alerta

La identificación temprana de los síntomas permite un abordaje terapéutico más efectivo. A menudo, las señales de la artrosis de cadera se confunden con problemas musculares o lumbares, incluyendo cuadros de artrosis lumbar, por lo que es esencial prestar atención a la localización y naturaleza del dolor.

  • Dolor mecánico: Se caracteriza por manifestarse principalmente al iniciar una actividad, como caminar, levantarse de una silla o subir escaleras. Una característica distintiva es que el dolor suele localizarse en la zona de la ingle, pudiendo irradiarse hacia la parte anterior del muslo o incluso hasta la rodilla. En estos casos, también es frecuente que el paciente presente signos de artrosis de rodilla. Habitualmente, esta molestia mejora o desaparece cuando la persona se encuentra en reposo.
  • Rigidez matutina: Es común experimentar una sensación de entumecimiento o dificultad para mover la articulación tras el descanso nocturno. Generalmente, esta rigidez es de corta duración (menos de 30 minutos) y tiende a ceder a medida que la articulación “calienta” con el movimiento suave.
  • Limitación funcional: Con el avance de la enfermedad, se pierde el rango de movimiento. Acciones cotidianas como ponerse los calcetines, cortarse las uñas de los pies o entrar y salir de un vehículo se vuelven progresivamente difíciles debido a la falta de flexibilidad en la cadera.
  • Crepitación: En fases donde el cartílago está muy deteriorado, se puede percibir una sensación de chasquido o roce interno. Este fenómeno ocurre por la irregularidad de las superficies óseas que entran en contacto.

Causas y factores de riesgo

La degeneración del cartílago no responde a una única causa, sino que es el resultado de una combinación de factores que incrementan el estrés sobre la articulación.

  • Envejecimiento: Es el factor de riesgo más prevalente. Con la edad, la capacidad de reparación del cartílago disminuye, lo que facilita su desgaste. En España, el incremento de la esperanza de vida ha derivado en un aumento de los casos diagnosticados en la población mayor de 65 años.
  • Factores genéticos: Existe una predisposición hereditaria que influye en la calidad del cartílago y en la morfología de la articulación, lo que puede acelerar los procesos degenerativos en ciertos grupos familiares, manifestándose también en otras áreas como la artrosis en las manos o la artrosis cervical.
  • Sobrepeso y obesidad: El exceso de masa corporal genera una sobrecarga mecánica constante sobre la cadera. Se estima que cada kilogramo adicional de peso corporal multiplica la presión ejercida sobre la articulación durante la marcha.
  • Lesiones previas: Las fracturas antiguas, las luxaciones o patologías del desarrollo como la displasia de cadera (una alteración en la forma de la articulación) son antecedentes frecuentes que predisponen a la aparición de artrosis prematura.

Clasificación según el índice de masa corporal (imc)

El control del peso es un pilar fundamental en la prevención. La siguiente tabla, basada en los estándares de salud general, permite identificar el nivel de riesgo asociado al peso corporal:

Clasificación IMC (kg/m²) Riesgo para la articulación
Bajo peso < 18.5 Bajo, pero riesgo de fragilidad ósea
Peso saludable 18.5 – 24.9 Mínimo
Sobrepeso 25.0 – 29.9 Moderado
Obesidad grado I 30.0 – 34.9 Alto
Obesidad grado II 35.0 – 39.9 Muy alto
Obesidad grado III > 40.0 Extremo

Estadísticas de la artrosis de cadera en españa

La artrosis representa un desafío de salud pública en el territorio español debido a su alta prevalencia y al coste sociosanitario que conlleva. Según los datos proporcionados por el estudio EPISER, realizado por la Sociedad Española de Reumatología (SER), se estima que la prevalencia de la artrosis de cadera en la población adulta se sitúa entre el 4% y el 5%.

Este impacto no es uniforme en toda la población. Se observa que la incidencia es significativamente mayor en mujeres a partir de los 55 años, lo cual podría estar relacionado con cambios hormonales tras la menopausia que afectan la densidad ósea y la salud articular. El diagnóstico temprano se ha vuelto una prioridad en el sistema nacional de salud para minimizar las bajas laborales y mejorar la funcionalidad de los ciudadanos en etapas avanzadas de la vida.

hombre mediana edad tocándose la cadera con expresión de dolor mujer a su lado Antes de considerar una intervención quirúrgica, se priorizan las estrategias conservadoras con el fin de aliviar el dolor y mantener la función articular el mayor tiempo posible.
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Diagnóstico médico y pruebas clínicas

Para establecer un diagnóstico preciso de coxartrosis, el especialista debe realizar una evaluación exhaustiva que combine la historia clínica con pruebas de soporte.

  • Exploración física: El médico evalúa la marcha del paciente, la fuerza muscular y los arcos de movimiento (flexión, extensión y rotación). Se busca identificar el “signo del zapato”, que es la incapacidad de inclinarse para manipular el calzado.
  • Pruebas de imagen: La radiografía simple es la herramienta estándar de oro. En ella se pueden observar signos inequívocos como el estrechamiento del espacio entre el fémur y la pelvis, la presencia de osteofitos (picos de hueso) y la esclerosis subcondral (un aumento de la densidad del hueso justo debajo del cartílago).
  • Diagnóstico diferencial: En situaciones donde el dolor es atípico o las radiografías no muestran daños severos a pesar de la sintomatología, se puede recurrir a la Resonancia Magnética (RM) o a la Tomografía Axial Computarizada (TAC). Estas pruebas permiten observar tejidos blandos, edema óseo o pequeñas lesiones que no son visibles en placas convencionales.

Grados de la artrosis de cadera

La gravedad de la enfermedad se categoriza habitualmente mediante la Escala de Kellgren y Lawrence, la cual clasifica el daño radiológico en cinco niveles:

Grado Descripción Hallazgos radiológicos
Grado 0 Normal Ausencia de características de artrosis
Grado 1 Dudosa Dudoso estrechamiento del espacio articular y posibles osteofitos
Grado 2 Leve Osteofitos definidos y posible estrechamiento del espacio articular
Grado 3 Moderada Múltiples osteofitos, estrechamiento moderado del espacio y deformidad ósea
Grado 4 Severa Grandes osteofitos, estrechamiento marcado, esclerosis severa y deformidad

Tratamientos conservadores y fisioterapia

Antes de considerar una intervención quirúrgica, se priorizan las estrategias conservadoras con el fin de aliviar el dolor y mantener la función articular el mayor tiempo posible.

  • Control del peso: Es la medida no farmacológica más eficaz. Reducir el peso corporal disminuye directamente la carga mecánica y los mediadores inflamatorios asociados al tejido adiposo que pueden degradar el cartílago.
  • Fisioterapia: Un programa personalizado de rehabilitación ayuda a estabilizar la articulación. El fortalecimiento de los músculos periféricos, especialmente los abductores y los glúteos, permite que la musculatura absorba parte del impacto que de otro modo recibiría el hueso.

Ejercicios recomendados para realizar en casa

La constancia en la actividad física es esencial. Se recomiendan ejercicios que no impliquen impacto severo sobre la articulación:

  • Fortalecimiento:
    1. Abductor lateral: Tumbado de lado, elevar la pierna superior manteniendo la rodilla estirada. Ayuda a dar estabilidad a la pelvis.
    2. Puente de glúteo: Tumbado boca arriba con las rodillas flexionadas, elevar la pelvis hacia el techo.
  • Estiramiento:
    1. Estiramiento de psoas: En posición de zancada, llevar la pelvis hacia adelante para relajar la musculatura flexora.
    2. Estiramiento piramidal: Cruce una pierna sobre la otra mientras está sentado y aplique una ligera presión hacia adelante.
  • Movilidad: Se aconsejan actividades como la natación o el aquagym, donde la flotabilidad reduce el peso sobre la cadera. El uso de la bicicleta estática con una resistencia baja también es excelente para fomentar la lubricación articular sin traumatismo.

Tratamientos farmacológicos e infiltraciones

Cuando las medidas higiénico-dietéticas no son suficientes para controlar el dolor, se introducen opciones farmacológicas que deben ser supervisadas por un facultativo.

  • Medicamentos: El uso de analgésicos como el paracetamol o antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) es habitual para gestionar los brotes de dolor. No obstante, su uso prolongado debe ser monitorizado para evitar efectos secundarios gastrointestinales or renales.
  • Infiltraciones de ácido hialurónico: Se trata de la inyección de una sustancia viscosa directamente en la articulación. Su objetivo es la viscosuplementación, actuando como un lubricante y amortiguador que reduce la fricción.
  • Medicina regenerativa: El uso de Plasma Rico en Plaquetas (PRP) ha ganado relevancia. Consiste en utilizar la propia sangre del paciente, procesarla para concentrar factores de crecimiento e inyectarla en la zona para intentar modular el ambiente inflamatorio y mejorar la sintomatología.

Tratamiento quirúrgico: la prótesis de cadera

La cirugía se considera el último escalón terapéutico, reservado para casos donde la calidad de vida se ve seriamente comprometida.

  • Criterios para la cirugía: Se recomienda cuando el dolor es persistente a pesar del tratamiento conservador, cuando existe dolor en reposo o nocturno que impide el sueño, y cuando la limitación impide realizar actividades básicas de la vida diaria.
  • Tipos de prótesis: La artroplastia total de cadera consiste en sustituir tanto la cabeza del fémur como el acetábulo por componentes artificiales (generalmente de titanio, cerámica o polietileno de alta densidad). En casos muy específicos, se puede optar por una prótesis parcial.
  • Recuperación postoperatoria: Gracias a las técnicas de cirugía mínimamente invasiva, la deambulación suele iniciarse en las primeras 24-48 horas tras la intervención. El proceso completo de rehabilitación puede durar entre 3 y 6 meses, permitiendo a la mayoría de los pacientes recuperar una vida activa y sin dolor.

Recomendaciones y prevención

Aunque el desgaste es un proceso natural, existen hábitos que pueden ralentizar la progresión de la artrosis o incluso prevenir su aparición temprana.

  • Calzado adecuado: Es fundamental utilizar zapatos que proporcionen una buena amortiguación y soporte para el arco plantar. Esto ayuda a distribuir las fuerzas de impacto de manera uniforme desde el pie hasta la cadera. Se deben evitar los tacones excesivamente altos o el calzado totalmente plano y sin sujeción.
  • Higiene postural: Al sentarse, es recomendable utilizar sillas con reposabrazos y evitar sofás demasiado bajos o blandos de los que sea difícil levantarse. Mantener la espalda recta y no cruzar las piernas por periodos prolongados reduce la tensión sobre la articulación coxofemoral.
  • Actividades prohibidas o limitadas: En personas con diagnóstico de artrosis, es preferible evitar deportes de alto impacto como el running sobre superficies duras, el fútbol o deportes que requieran saltos repetitivos. Estas actividades pueden acelerar la degradación del cartílago remanente. En su lugar, se debe fomentar el senderismo por terrenos llanos o el uso de elípticas.

Orientación profesional

El manejo de la artrosis de cadera requiere un enfoque multidisciplinar que considere tanto la salud física como la emocional del individuo. Ante la presencia de dolor persistente o rigidez que afecte la rutina diaria, se debe buscar la asistencia de un médico especialista o un fisioterapeuta, quienes podrán diseñar un plan de cuidado adaptado a cada etapa de la vida. Asimismo, dado que el dolor crónico puede impactar la salud mental, el acompañamiento de profesionales de la psicología puede resultar beneficioso para afrontar las limitaciones funcionales con una actitud proactiva y resiliente.

Referencias

  1. Texas Heart Institute. Calculadora del Índice de Masa Corporal (IMC)
  2. Revista de la Sociedad Española del Dolor. Tratamiento farmacológico de la artrosis

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