Claudia Castilla
Especialista en Contenido Médico
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La movilidad es una de las funciones más determinantes para la calidad de vida de las personas. Dentro del sistema musculoesquelético, la articulación de la cadera desempeña un papel fundamental al soportar el peso del cuerpo y permitir el movimiento de las extremidades inferiores. Sin embargo, con el paso del tiempo o debido a diversos factores, esta estructura puede sufrir un proceso degenerativo (conozca aquí más sobre qué es la artrosis y sus implicaciones) conocido como artrosis de cadera o coxartrosis. Esta condición no solo afecta la capacidad de desplazamiento, sino que también tiene un impacto significativo en la autonomía personal y el bienestar emocional de quienes la padecen. A través de este artículo, se presenta una visión integral sobre su naturaleza, sus manifestaciones y las alternativas disponibles para su manejo.
La artrosis de cadera se define como una enfermedad degenerativa de carácter crónico que afecta a la articulación coxofemoral. Esta articulación une la cabeza del fémur con el acetábulo de la pelvis y está recubierta por un tejido elástico y resistente denominado cartílago hialino. La función principal de este cartílago es amortiguar las cargas y facilitar un deslizamiento suave entre las superficies óseas durante el movimiento.
Cuando se produce la coxartrosis, el cartílago comienza a desgastarse de manera progresiva, perdiendo su grosor y elasticidad. En etapas avanzadas, el tejido protector puede llegar a desaparecer por completo, lo que provoca un roce directo entre los huesos. Esta fricción genera una respuesta inflamatoria y la formación de nuevas estructuras óseas anómalas llamadas osteofitos. A diferencia de otras patologías inflamatorias, la artrosis se considera un proceso de desgaste mecánico, aunque en la actualidad se reconoce que existen componentes metabólicos y biológicos que influyen en su progresión; por ello, es fundamental saber distinguir la diferencia entre artritis y artrosis.
La identificación temprana de los síntomas permite un abordaje terapéutico más efectivo. A menudo, las señales de la artrosis de cadera se confunden con problemas musculares o lumbares, incluyendo cuadros de artrosis lumbar, por lo que es esencial prestar atención a la localización y naturaleza del dolor.
La degeneración del cartílago no responde a una única causa, sino que es el resultado de una combinación de factores que incrementan el estrés sobre la articulación.
El control del peso es un pilar fundamental en la prevención. La siguiente tabla, basada en los estándares de salud general, permite identificar el nivel de riesgo asociado al peso corporal:
| Clasificación | IMC (kg/m²) | Riesgo para la articulación |
|---|---|---|
| Bajo peso | < 18.5 | Bajo, pero riesgo de fragilidad ósea |
| Peso saludable | 18.5 – 24.9 | Mínimo |
| Sobrepeso | 25.0 – 29.9 | Moderado |
| Obesidad grado I | 30.0 – 34.9 | Alto |
| Obesidad grado II | 35.0 – 39.9 | Muy alto |
| Obesidad grado III | > 40.0 | Extremo |
La artrosis representa un desafío de salud pública en el territorio español debido a su alta prevalencia y al coste sociosanitario que conlleva. Según los datos proporcionados por el estudio EPISER, realizado por la Sociedad Española de Reumatología (SER), se estima que la prevalencia de la artrosis de cadera en la población adulta se sitúa entre el 4% y el 5%.
Este impacto no es uniforme en toda la población. Se observa que la incidencia es significativamente mayor en mujeres a partir de los 55 años, lo cual podría estar relacionado con cambios hormonales tras la menopausia que afectan la densidad ósea y la salud articular. El diagnóstico temprano se ha vuelto una prioridad en el sistema nacional de salud para minimizar las bajas laborales y mejorar la funcionalidad de los ciudadanos en etapas avanzadas de la vida.
Antes de considerar una intervención quirúrgica, se priorizan las estrategias conservadoras con el fin de aliviar el dolor y mantener la función articular el mayor tiempo posible.Para establecer un diagnóstico preciso de coxartrosis, el especialista debe realizar una evaluación exhaustiva que combine la historia clínica con pruebas de soporte.
La gravedad de la enfermedad se categoriza habitualmente mediante la Escala de Kellgren y Lawrence, la cual clasifica el daño radiológico en cinco niveles:
| Grado | Descripción | Hallazgos radiológicos |
|---|---|---|
| Grado 0 | Normal | Ausencia de características de artrosis |
| Grado 1 | Dudosa | Dudoso estrechamiento del espacio articular y posibles osteofitos |
| Grado 2 | Leve | Osteofitos definidos y posible estrechamiento del espacio articular |
| Grado 3 | Moderada | Múltiples osteofitos, estrechamiento moderado del espacio y deformidad ósea |
| Grado 4 | Severa | Grandes osteofitos, estrechamiento marcado, esclerosis severa y deformidad |
Antes de considerar una intervención quirúrgica, se priorizan las estrategias conservadoras con el fin de aliviar el dolor y mantener la función articular el mayor tiempo posible.
La constancia en la actividad física es esencial. Se recomiendan ejercicios que no impliquen impacto severo sobre la articulación:
Cuando las medidas higiénico-dietéticas no son suficientes para controlar el dolor, se introducen opciones farmacológicas que deben ser supervisadas por un facultativo.
La cirugía se considera el último escalón terapéutico, reservado para casos donde la calidad de vida se ve seriamente comprometida.
Aunque el desgaste es un proceso natural, existen hábitos que pueden ralentizar la progresión de la artrosis o incluso prevenir su aparición temprana.
El manejo de la artrosis de cadera requiere un enfoque multidisciplinar que considere tanto la salud física como la emocional del individuo. Ante la presencia de dolor persistente o rigidez que afecte la rutina diaria, se debe buscar la asistencia de un médico especialista o un fisioterapeuta, quienes podrán diseñar un plan de cuidado adaptado a cada etapa de la vida. Asimismo, dado que el dolor crónico puede impactar la salud mental, el acompañamiento de profesionales de la psicología puede resultar beneficioso para afrontar las limitaciones funcionales con una actitud proactiva y resiliente.
Referencias
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