Artículos 15 julio 2025

Felicidad y salud mental: cómo se conectan (y cómo fortalecerlas)

Álex Melic Montañés Psicólogo
Álex Melic Montañés
Psicólogo

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Vivimos en una época donde la búsqueda de la felicidad parece ser la meta principal del ser humano. Fotos y comentarios en redes sociales, libros de autoayuda sobre cómo alcanzar la felicidad, consejos diarios de gurús del bienestar… todos parecen tener la fórmula idónea para alcanzarla, en función de tus necesidades y proyectos de vida. Pero ¿qué papel juega realmente la felicidad en nuestra salud mental? ¿Y cómo se relacionan estas dos dimensiones del bienestar humano?

Más allá de eslóganes atrayentes o recetas mágicas propias del marketing y la publicidad, comprender la relación entre felicidad y salud mental nos permite abordar el bienestar desde una perspectiva más integradora, realista y compasiva con el ser humano. No se trata de eliminar el malestar a toda costa (algo imposible), ni tampoco de vivir en un estado de euforia permanente, sino de cultivar los recursos psicosociales que nos permiten vivir con más equilibrio, sentido y conexión.

¿Qué entendemos por felicidad?

Aunque el término “felicidad” puede parecer universal, en realidad engloba múltiples significados estudiados a fondo en la psicología, la filosofía y la religión. Tradicionalmente, se ha diferenciado entre dos formas principales (Ryan & Deci, 2001):

  • La felicidad hedónica es aquel tipo de felicidad centrada exclusivamente en el placer inmediato, la comodidad o la gratificación a corto plazo. En psicología se relaciona con la aplicación de reforzadores positivos (recompensas) que nos resultan agradables y que pueden concederse a corto plazo.
  • La felicidad eudaimónica, en cambio, está relacionada con el sentido de la vida, el crecimiento personal, los valores y la conexión con algo más allá de uno mismo. Suele entenderse como una felicidad a largo plazo, teniendo en cuenta nuestra historia vital al completo. En psicología se relaciona con la auto-realización personal.

Ambos tipos de felicidad difieren entre los seres humanos, pero las dos se complementan entre sí. No obstante, las investigaciones en psicología (especialmente en la psicología positiva nos muestran que, si bien ambas dimensiones pueden ser valiosas, es la felicidad eudaimónica la que se asocia de forma más duradera con una mejor salud mental. Cultivar propósito, relaciones significativas y congruencia con nuestros valores puede ofrecernos un bienestar más profundo que la simple acumulación de momentos agradables a corto plazo.

¿El motivo? La satisfacción de nuestras necesidades personales con reforzadores positivos a corto plazo, proporciona satisfacción a corto plazo. Algo que promueve el bienestar personal. Pero la satisfacción de nuestras metas de vida, generarán un bienestar mayor, más duradero y vinculado con nuestra realización como seres humanos.

mujer hombre chocando mano sentado sofa Hay que tener en cuenta que el sufrimiento humano es inevitable en la vida de la persona.

¿Qué es la salud mental?

Durante mucho tiempo se ha entendido la salud mental como la ausencia de trastornos psicológicos. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud define este concepto como un estado de bienestar en el cual la persona:

  • Identifica claramente sus necesidades y las capacidades para satisfacerlas, con plena consciencia.
  • Dispone de estrategias de afrontamiento del estrés cotidiano y los acontecimientos negativos que puedan alterar su bienestar.
  • Es capaz de vivir y trabajar de manera productiva, sin un perjuicio o deterioro en su calidad de vida.
  • Contribuye asiduamente a sus grupos de referencia (familia, amistades…), incluyendo a la comunidad donde reside.

Es decir, la salud mental implica no solo evitar el sufrimiento, sino también disponer de herramientas para afrontar la vida de manera flexible, equilibrada y significativa.

La conexión entre felicidad y salud mental

Hay que tener en cuenta que el sufrimiento humano es inevitable en la vida de la persona. Los textos budistas mencionan que la enfermedad, la vejez y la muerte son tres hechos ineludibles en nuestra existencia. Por lo que la aceptación de estos tres hechos contribuye a asentar nuestra salud mental.

Mientras tanto, estudios en psicología han demostrado que la relación entre felicidad y salud mental es estrecha, de tal manera que las personas que sienten emociones positivas de manera frecuente o continuada tienen menor probabilidad de sufrir trastornos psicológicos de índole ansioso-depresiva. Y en el mismo sentido, estos estudios recalcan que estas personas generan asiduamente una mayor resiliencia ante el estrés y acontecimientos negativos de su historia vital.

La relación entre felicidad y salud mental es bidireccional: una buena salud mental favorece la capacidad de disfrutar de la vida, mientras que el cultivo de la felicidad contribuye a proteger y fortalecer nuestra mente.

En términos de la psicobiología, las emociones positivas activan circuitos cerebrales relacionados con la motivación, la empatía y la regulación emocional, así como neurotransmisores o mensajeros químicos de nuestro organismo (especialmente, la dopamina, la serotonina, la oxitocina, las endorfinas y la noradrenalina). Igualmente, es frecuente que las personas más felices, generen menor activación del cortisol, una hormona relacionada con el estrés emocional.

Factores que vinculan la felicidad con la salud mental

Existen diversos factores psicosociales que nos ayudan a sentirnos más felices y, por tanto, con una mejor salud física y psicológica. Los más importantes son tener relaciones significativas con otras personas, tener un propósito de vida, disponer de estrategias de afrontamiento del estrés, ser agradecidos y tener un estilo de vida saludable.

  • Por un lado, tener relaciones significativas implica que nuestro cerebro se sienta acompañado, amado y respetado, contribuyendo a nuestra felicidad personal. Asimismo, hay que tener en cuenta que las relaciones auténticas nos ofrecen validación emocional y sentido de pertenencia a grupos de referencia.
  • Por otro lado, tener un propósito de vida nos ayuda a incrementar nuestra felicidad eudaimónica, amortiguando el impacto del sufrimiento emocional y generando la motivación que necesitamos para conseguir nuestras metas vitales.
  • En cuanto al autoconocimiento y regulación emocional, disponer de capacidades para identificar, validar, aceptar y expresar nuestras emociones, nos ayuda a proteger nuestra salud mental.
  • La gratitud respecto a las metas, espacios, objetos y personas que disponemos en nuestro día a día permite que vivamos con más consciencia del presente, disminuyendo la probabilidad de sufrir sintomatología ansioso-depresiva. En este sentido, el mindfulness y la meditación pueden ayudar a este propósito.
  • Finalmente, disponer de un estilo de vida saludable implica pequeñas metas diarias como tener una buena calidad de sueño, mantener una alimentación equilibrada o realizar actividad física de manera recurrente. Tales metas contribuyen no sólo a nuestra salud física sino también a nuestra salud mental.

Cómo fortalecer la salud mental a través de la felicidad

Desde la psicología, existen intervenciones concretas que han demostrado eficacia clínica para mejorar el bienestar y reforzar la salud mental a través del cultivo de la felicidad:

  • Terapias basadas en la psicología positiva, como la terapia focalizada en el bienestar o intervenciones breves centradas en fortalezas personales, gratitud o actos de bondad. La terapia centrada en la compasión puede ser una buena alternativa.
  • Mindfulness y meditación, que nos ayudan a incrementar nuestra presencia. Pueden realizarse a solas o en grupo y permiten reducir nuestra sintomatología ansioso-depresiva, siempre y cuando se practiquen con regularidad.
  • Terapias contextuales, como por ejemplo, la Terapia de Aceptación y Compromiso o la Terapia centrada en la Compasión, antes referida. Ambas nos permiten vivir con mayor coherencia respecto nuestros principios morales y facilitan nuestra autocompasión.
  • Disponer de ciertos hábitos cotidianos, como escribir un diario de reforzadores positivos, dedicar tiempo a una actividad espiritual, participar en un voluntariado o contactar con la naturaleza.

Estas prácticas no tienen como objetivo eliminar el sufrimiento, sino cultivar una vida más rica, plena y flexible, incluso en medio de las dificultades.

¿Es obligatorio ser feliz para estar bien?

En la cultura del bienestar, a veces se impone la idea de que debemos ser felices a toda costa, algo que provoca un enorme sufrimiento, simplemente por invalidar nuestras emociones negativas y generar una mayor autoinculpación.

Aceptar que la tristeza, la frustración o la ansiedad forman parte de la experiencia humana también es salud mental. Por ello, hay que tener en cuenta que el bienestar no es una línea recta, sino un proceso lleno de zonas de alza (picos) y zonas de bajada (valle), donde la flexibilidad, la aceptación y la compasión han de tener más valor que la búsqueda de un estado permanente de euforia.

Felicidad y salud mental son dos conceptos diferenciados, pero estrechamente vinculados. La primera puede basarse en nuestras recompensas y en nuestras metas vitales, actuando como una semilla, mientras que la segunda actúa como un terreno fértil que hace que nuestra búsqueda tenga sentido y sea sostenible en el tiempo.

Ayudar a una, fortalece a la otra. Y aunque no siempre podamos sentirnos felices, sí podemos trabajar día a día por una vida con más significado, conexión y equilibrio, donde incluyamos momentos de validación emocional de nuestro sufrimiento. Porque la verdadera salud mental no se mide en sonrisas forzadas, sino en tener compasión por nosotros mismos y los demás, ser resilientes y disponer de la capacidad de aceptar que no hay salud mental sin humanidad. Pide cita con un psicólogo para que pueda ayudarte en lo que necesites.

Referencias:
  • Ryan, R. M. & Deci, E. L. (2001). On happiness and human potencials: A review of research on hedonic and eudaimonic well-being. Annual Review of Psychology, 55: 68-78.

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