He observado que, cuando me siento incómodo, presionado o molestado por alguien, a veces utilizo est

3 respuestas
He observado que, cuando me siento incómodo, presionado o molestado por alguien, a veces utilizo estrategias que yo mismo considero poco saludables, como intentar agradar en exceso, hacer la pelota o hablar de mis problemas buscando comprensión para que la otra persona cambie su actitud o me deje en paz.

Me pregunto por qué recurro a estas formas de actuar en lugar de expresar directamente lo que necesito o poner límites. ¿Puede estar relacionado con el miedo al conflicto, al rechazo o a la desaprobación?

¿Es más recomendable trabajar una comunicación más asertiva y aprender a poner límites de forma clara y respetuosa? ¿Cómo se puede empezar a hacerlo cuando uno está acostumbrado a reaccionar de otra manera?
 Beatriz Madrid Martínez
Psicólogo, Psicólogo infantil
Valdemoro
Hola. Si es posible que el miedo al conflicto haga que actúes recurriendo a bajar la tensión. La forma de afrontar estas situaciones es asumir que decir lo que uno piensa no es entrar en conflicto sino explicarle quien eres y como ves las cosas sin buscar que la otra persona cambie. Eso suele bajar nuestra propia angustia. Un saludo

Consigue respuesta gracias a la consulta online

¿Necesitas el consejo de un especialista? Reserva una consulta online: recibirás todas las respuestas sin salir de casa.

Mostrar especialistas ¿Cómo funciona?
 Jesús Seijas Queral
Psicólogo
Pozuelo de Alarcón
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.

Lo que describes es bastante importante, porque muestra que estás empezando a ver no solo lo que te hacen los demás, sino también qué estrategias usas tú cuando te sientes incómodo, presionado o amenazado emocionalmente.

Intentar agradar, hacer la pelota, explicar tus problemas o buscar que la otra persona te comprenda pueden ser formas indirectas de protección. No son “tonterías” ni simples fallos de carácter. Muchas veces son estrategias aprendidas para evitar conflicto, suavizar al otro, reducir tensión o conseguir que alguien deje de actuar de una forma que te hace daño.

El problema es que esas estrategias suelen funcionar mal a medio plazo. Pueden aliviar la situación durante unos minutos, pero te dejan con una sensación interna de haber cedido demasiado, de no haberte respetado o de haber tenido que ganarte un trato mínimamente correcto.

Es posible que esté relacionado con miedo al conflicto, al rechazo, a la desaprobación o a que el otro se enfade más. También puede tener que ver con una historia en la que expresar directamente un límite no fue bien recibido... quizá te invalidaron, se burlaron, te hicieron sentir culpable o aprendiste que era más seguro adaptarte que confrontar.

En psicología esto se parece a una respuesta de complacencia. Ante la tensión, algunas personas luchan, otras huyen, otras se bloquean y otras intentan agradar para calmar al otro. No es una elección consciente del todo; muchas veces aparece de forma automática.

El fondo suele ser este, “si consigo que le caiga bien, que me entienda o que me vea como alguien bueno, quizá dejará de presionarme o tratarme mal”.

Pero una relación sana no debería exigir que tú seduzcas emocionalmente al otro para que respete tus límites.

La alternativa es entrenar una comunicación más directa, breve y clara. No agresiva. No dura. Clara.

Por ejemplo, en lugar de explicar mucho tus problemas para que el otro te deje en paz, puedes decir... “Ahora no quiero hablar de esto.” "No me siento cómodo con esta conversación.” “Prefiero que no insistas.” “Necesito que me lo digas de otra manera.” “No voy a hacer eso.” “Lo pensaré y te responderé más tarde.”

Al principio puede sentirse raro, incluso culpable, porque estás dejando de usar una estrategia antigua. Pero poner límites no significa atacar. Significa darte un lugar.

Una clave práctica es no esperar a estar desbordado. Si solo pones límites cuando ya estás muy enfadado, es más probable que salgan de forma brusca o que luego te sientas culpable. Conviene intervenir antes, cuando notas las primeras señales de incomodidad... tensión corporal, ganas de justificarte, necesidad de caer bien, miedo a que se molesten o sensación de estar cediendo.

También ayuda preparar frases antes. Cuando estás bajo presión, no siempre puedes improvisar. Tener tres o cuatro respuestas aprendidas te permite no caer automáticamente en complacer.

Y después de usar un límite, es importante no entrar enseguida a repararlo con explicaciones excesivas. Muchas personas dicen “no” y luego se apresuran a suavizarlo tanto que el límite pierde fuerza. Puedes ser amable sin desmontar tu propio límite.

Una frase interna útil sería “No necesito agradar para merecer respeto.”

Trabajarlo en terapia puede ser muy útil, porque no se trata solo de aprender frases asertivas. Hay que revisar qué miedo aparece cuando dices “no”, qué imagen temes que el otro tenga de ti, qué culpa se activa y qué experiencias hicieron que complacer pareciera más seguro que protegerte.

La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Identificar estrategias de complacencia, evitación o búsqueda de aprobación.
• Entender por qué te cuesta poner límites en el momento.
• Trabajar miedo al conflicto, al rechazo o al enfado ajeno.
• Aprender una comunicación más asertiva, breve y firme.
• Reducir la necesidad de caer bien para sentirte seguro.
• Protegerte sin actuar desde la culpa, el miedo o la sumisión.

Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
Lo que describes es más frecuente de lo que parece. Muchas personas no responden al malestar expresando directamente lo que necesitan, sino intentando influir indirectamente en la conducta de la otra persona para recuperar una sensación de seguridad.

Por ejemplo, cuando alguien intenta agradar en exceso, justificar constantemente su posición o compartir su sufrimiento esperando que el otro cambie de actitud, muchas veces no lo hace por manipulación, sino porque ha aprendido que esa es una forma más segura de gestionar los conflictos que expresar un desacuerdo de manera directa.

Efectivamente, detrás de estas estrategias suelen aparecer temores como:

* Miedo al conflicto.
* Miedo al rechazo.
* Miedo a que la otra persona se enfade.
* Miedo a ser visto como egoísta, problemático o poco amable.
* Necesidad de mantener la aprobación o la buena imagen ante los demás.

En ese sentido, puede ocurrir algo así:

“Si consigo que entienda cuánto me afecta esto, quizá deje de hacerlo.”

o

“Si soy suficientemente amable, quizá me trate mejor.”

El problema es que estas estrategias colocan el bienestar propio en manos de la otra persona. La solución depende de que el otro comprenda, empatice o cambie.

La asertividad funciona de forma diferente. No intenta convencer al otro de que cambie necesariamente. Más bien consiste en comunicar con claridad dónde están tus límites y qué necesitas, aunque la otra persona no esté completamente de acuerdo.

Por ejemplo, en lugar de explicar durante mucho tiempo por qué algo te molesta con la esperanza de que el otro lo comprenda, una respuesta asertiva podría ser:

“Prefiero que no me hables de esa manera.”

o

“No me siento cómodo con eso.”

o

“No quiero continuar esta conversación.”

La diferencia parece pequeña, pero psicológicamente es importante. El foco deja de estar en conseguir que el otro piense distinto y pasa a estar en expresar tu posición.

También es normal que poner límites resulte difícil al principio. Si durante años has intentado evitar conflictos o has buscado protección mediante la comprensión de los demás, la comunicación directa puede sentirse incómoda, brusca o incluso injusta.

Por eso suele ser útil empezar por algo muy sencillo:

Antes de preguntarte cómo conseguir que la otra persona cambie, pregúntate qué necesitas expresar tú.

Ese pequeño cambio de foco suele ser el primer paso hacia una comunicación más asertiva.

Además, conviene recordar que poner límites no es lo mismo que ser agresivo. Muchas personas que tienen dificultades para defenderse imaginan que la única alternativa a agradar es enfrentarse. En realidad, existe un punto intermedio donde uno puede ser respetuoso y firme al mismo tiempo.

Si observas que este patrón aparece con frecuencia en tus relaciones o que te cuesta mucho expresar desacuerdo, enfado o necesidades personales, puede ser útil trabajarlo en terapia. A menudo no se trata solo de aprender técnicas de asertividad, sino de comprender qué temores hacen que resulte tan difícil utilizarlas.

Si lo deseas, puedes pedirme cita online y exploraremos juntos estas cuestiones con más profundidad.

Un saludo.

Preguntas relacionadas

¿No has encontrado la respuesta que necesitabas? ¡Envía tu pregunta!

  • Tu pregunta se publicará de forma anónima.
  • Intenta que tu consulta médica sea clara y breve.
  • La pregunta irá dirigida a todos los especialistas de Doctoralia, no a uno específico.
  • Este servicio no sustituye a una consulta con un profesional de la salud. Si tienes un problema o una urgencia, acude a tu médico o a los servicios de urgencia.
  • No se permiten preguntas sobre casos específicos o segundas opiniones.
  • Por cuestiones de salud, no se publicarán cantidades ni dosis de medicamentos.

Este valor es demasiado corto. Debe contener __LIMIT__ o más caracteres.


Elige la especialidad de los médicos a los que quieres preguntar
Lo utilizaremos para notificarte la respuesta (en ningún momento aparecerá en Doctoralia)

¿Tu caso es similar? Estos profesionales pueden ayudarte:

Todos los contenidos publicados en Doctoralia, especialmente preguntas y respuestas, son de carácter informativo y en ningún caso deben considerarse un sustituto de un asesoramiento médico.