Una cosa que me extraña de mí es que no haya llegado un punto en el que diga "se acabó". Me han pasa
3
respuestas
Una cosa que me extraña de mí es que no haya llegado un punto en el que diga "se acabó". Me han pasado un montón de cosas malas, he sufrido un abuso de un vigilante, vino la poli a mi casa una vez que me alteré mucho, he estado atado a una cama, me han maltratado en urgencias de psiquiatría, y me han ocurrido todo tipo de cosas malas, y no ha llegado un punto en el que diga "se acabó, hasta aquí". Es un poco raro. Parece que estoy más concentrado en odiar a la gente, en pensar que vivimos en una asquerosidad de sociedad y en llevar la razón, que en estar bien y feliz.
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.
Lo que describes es muy importante, porque hay un nivel alto de sufrimiento acumulado, experiencias vividas como abuso o maltrato, rabia, sensación de injusticia y una especie de bloqueo interno que te impide decir; “hasta aquí, necesito cambiar la dirección de mi vida”.
A veces una persona ha pasado por tantas situaciones dolorosas que, en vez de aparecer una reacción clara de protección, aparece una mezcla de agotamiento, rabia y fijación en la injusticia. La mente se queda intentando demostrar que tiene razón, que la sociedad es cruel, que los demás han fallado, que el daño fue real. Y quizá todo eso tenga parte de verdad. Pero si tu energía queda atrapada ahí, el dolor sigue gobernando tu vida.
La rabia puede tener una función protectora. Puede ayudarte a no minimizar lo que ocurrió, a no negar el daño, a no justificar a quienes te trataron mal. Pero cuando la rabia se instala como lugar principal desde el que vivir, empieza a volverse contra ti. Te mantiene conectado a las personas, instituciones o situaciones que te hicieron daño, aunque ya no estén delante.
Es comprensible que después de experiencias tan duras haya desconfianza, odio, rechazo social, hipervigilancia o sensación de vivir en un mundo hostil. Pero conviene preguntarse algo con mucha honestidad: ¿esta forma de mirar el mundo me está protegiendo o me está dejando atrapado?
Porque llevar razón sobre el daño recibido no siempre cura. A veces solo mantiene abierta la herida.
Decir “se acabó” no tiene por qué significar rendirse, romper con todo o explotar. Puede significar algo más profundo y más útil... “Se acabó vivir organizado alrededor del daño.” “Se acabó esperar que los demás reconozcan todo para yo empezar a cuidarme.” “Se acabó repetir mentalmente escenas que me destruyen.” “Se acabó dejar que mi vida quede definida por quienes me trataron mal.”
Ese “hasta aquí” no debería ir dirigido contra ti. Debería ir dirigido contra el patrón que te mantiene sufriendo.
También es posible que haya trauma. Cuando alguien ha vivido situaciones de abuso, contención física, ingresos difíciles, trato humillante o experiencias de amenaza, el sistema nervioso puede quedar en modo defensa. En ese estado, cuesta confiar, relativizar, descansar, disfrutar o sentirse seguro. La persona no vive solo el presente; vive desde un cuerpo que recuerda peligro.
Por eso no basta con decirte “piensa en positivo” o “pasa página”. Sería superficial. Hay que trabajar lo vivido con cuidado, con un profesional que sepa manejar trauma, regulación emocional, rabia, vergüenza, sensación de injusticia y desconfianza hacia figuras de autoridad.
También conviene tomar en serio una parte de tu frase, si en algún momento “se acabó” significa ganas de hacerte daño, desaparecer o no seguir viviendo, pide ayuda urgente. Llama a emergencias, acude a urgencias o contacta con una persona de confianza ahora mismo. No te quedes solo con ese nivel de angustia.
Si lo que quieres decir es que necesitas un cambio interno, entonces ese punto puede ser muy valioso. Puede ser el inicio de una decisión: dejar de vivir únicamente en reacción al daño y empezar a construir una vida donde tu bienestar sea más importante que ganar mentalmente cada batalla contra el mundo.
La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Elaborar experiencias traumáticas, abusivas o humillantes.
• Trabajar rabia, odio, impotencia y sensación de injusticia.
• Reducir rumiación y necesidad constante de demostrar que tienes razón.
• Recuperar seguridad interna después de experiencias con figuras de autoridad.
• Construir límites y protección sin vivir en estado de guerra.
• Volver a poner el foco en estar bien, no solo en sobrevivir al daño recibido.
Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
Lo que describes es muy importante, porque hay un nivel alto de sufrimiento acumulado, experiencias vividas como abuso o maltrato, rabia, sensación de injusticia y una especie de bloqueo interno que te impide decir; “hasta aquí, necesito cambiar la dirección de mi vida”.
A veces una persona ha pasado por tantas situaciones dolorosas que, en vez de aparecer una reacción clara de protección, aparece una mezcla de agotamiento, rabia y fijación en la injusticia. La mente se queda intentando demostrar que tiene razón, que la sociedad es cruel, que los demás han fallado, que el daño fue real. Y quizá todo eso tenga parte de verdad. Pero si tu energía queda atrapada ahí, el dolor sigue gobernando tu vida.
La rabia puede tener una función protectora. Puede ayudarte a no minimizar lo que ocurrió, a no negar el daño, a no justificar a quienes te trataron mal. Pero cuando la rabia se instala como lugar principal desde el que vivir, empieza a volverse contra ti. Te mantiene conectado a las personas, instituciones o situaciones que te hicieron daño, aunque ya no estén delante.
Es comprensible que después de experiencias tan duras haya desconfianza, odio, rechazo social, hipervigilancia o sensación de vivir en un mundo hostil. Pero conviene preguntarse algo con mucha honestidad: ¿esta forma de mirar el mundo me está protegiendo o me está dejando atrapado?
Porque llevar razón sobre el daño recibido no siempre cura. A veces solo mantiene abierta la herida.
Decir “se acabó” no tiene por qué significar rendirse, romper con todo o explotar. Puede significar algo más profundo y más útil... “Se acabó vivir organizado alrededor del daño.” “Se acabó esperar que los demás reconozcan todo para yo empezar a cuidarme.” “Se acabó repetir mentalmente escenas que me destruyen.” “Se acabó dejar que mi vida quede definida por quienes me trataron mal.”
Ese “hasta aquí” no debería ir dirigido contra ti. Debería ir dirigido contra el patrón que te mantiene sufriendo.
También es posible que haya trauma. Cuando alguien ha vivido situaciones de abuso, contención física, ingresos difíciles, trato humillante o experiencias de amenaza, el sistema nervioso puede quedar en modo defensa. En ese estado, cuesta confiar, relativizar, descansar, disfrutar o sentirse seguro. La persona no vive solo el presente; vive desde un cuerpo que recuerda peligro.
Por eso no basta con decirte “piensa en positivo” o “pasa página”. Sería superficial. Hay que trabajar lo vivido con cuidado, con un profesional que sepa manejar trauma, regulación emocional, rabia, vergüenza, sensación de injusticia y desconfianza hacia figuras de autoridad.
También conviene tomar en serio una parte de tu frase, si en algún momento “se acabó” significa ganas de hacerte daño, desaparecer o no seguir viviendo, pide ayuda urgente. Llama a emergencias, acude a urgencias o contacta con una persona de confianza ahora mismo. No te quedes solo con ese nivel de angustia.
Si lo que quieres decir es que necesitas un cambio interno, entonces ese punto puede ser muy valioso. Puede ser el inicio de una decisión: dejar de vivir únicamente en reacción al daño y empezar a construir una vida donde tu bienestar sea más importante que ganar mentalmente cada batalla contra el mundo.
La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Elaborar experiencias traumáticas, abusivas o humillantes.
• Trabajar rabia, odio, impotencia y sensación de injusticia.
• Reducir rumiación y necesidad constante de demostrar que tienes razón.
• Recuperar seguridad interna después de experiencias con figuras de autoridad.
• Construir límites y protección sin vivir en estado de guerra.
• Volver a poner el foco en estar bien, no solo en sobrevivir al daño recibido.
Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
Consigue respuesta gracias a la consulta online
¿Necesitas el consejo de un especialista? Reserva una consulta online: recibirás todas las respuestas sin salir de casa.
Mostrar especialistas ¿Cómo funciona?
Hola. En ocasiones es difícil poder mirar a la parte positiva de las cosas y centrarnos en construir en lugar de mirar aquello que nos destruye. Hay un cuento que se llama "Quien senha llevado mi queso", que es posible que te ayude. Esta en la Red. Un saludo
Lo que describes no me parece raro. De hecho, cuando una persona ha vivido experiencias que ha percibido como humillantes, injustas, traumáticas o profundamente dolorosas, es bastante frecuente que una parte importante de su energía mental quede atrapada intentando entender lo ocurrido, encontrar responsables o demostrar que aquello estuvo mal.
Hay algo que quizá merezca la pena considerar: a veces el problema no es que una persona no haya dicho “se acabó”, sino que sigue esperando que algo quede resuelto antes de poder seguir adelante.
Por ejemplo, puede existir la esperanza —muchas veces inconsciente— de que algún día se reconozca el daño sufrido, de que alguien admita que actuó mal, de que se comprenda realmente lo que pasó o de que se encuentre una explicación que haga justicia a la experiencia vivida. Mientras eso no ocurre, la mente sigue regresando al mismo lugar.
El odio, el resentimiento o la indignación cumplen una función. No aparecen porque sí. Muchas veces son una forma de decir:
“Lo que me hicieron no estuvo bien.”
Y esa parte es legítima.
El problema es que, con el tiempo, puede ocurrir que la lucha por demostrar que aquello fue injusto ocupe más espacio que la construcción de una vida propia en el presente.
Me ha llamado especialmente la atención una frase que has escrito:
“Parece que estoy más concentrado en odiar a la gente, en pensar que vivimos en una asquerosidad de sociedad y en llevar la razón, que en estar bien y feliz.”
Esa reflexión me parece muy valiosa porque introduce una pregunta distinta.
No es:
“¿Tengo motivos para estar enfadado?”
Probablemente sí.
La pregunta es:
“¿Qué me está aportando hoy seguir dedicando tanta energía a ese enfado?”
Porque son cuestiones diferentes.
A veces el resentimiento da una sensación de identidad, de coherencia o incluso de protección. Si concluyo que el problema está fuera, en la sociedad o en determinadas personas, no tengo que enfrentarme a otras preguntas más difíciles relacionadas con mi presente, mis necesidades actuales o la vida que quiero construir.
Y esto no significa negar lo que te ocurrió. No significa justificarlo. Tampoco significa olvidar.
Significa preguntarte si quieres que las personas que te hicieron daño sigan ocupando tanto espacio dentro de tu vida emocional años después.
Quizá una reflexión útil sería:
“Si mañana desapareciera completamente mi necesidad de demostrar que tuve razón y que me trataron injustamente, ¿en qué invertiría toda esa energía?”
A veces esa pregunta resulta incómoda porque obliga a mirar hacia delante en lugar de seguir mirando hacia atrás.
Y, por cierto, el hecho de que no hayas llegado a decir “se acabó” también puede interpretarse de otra manera. Quizá no sea una señal de debilidad. Quizá sea una señal de que, a pesar de todo lo que has vivido, has seguido intentando comprender, buscar ayuda y encontrar una forma de encajar lo ocurrido.
Si notas que estas experiencias siguen teniendo mucho peso en tu vida actual, puede ser útil trabajarlas en terapia. No para discutir si fueron justas o injustas, sino para que dejen de ocupar una posición tan central en tu presente y puedas dedicar más energía a construir una vida que no esté definida principalmente por el daño que recibiste.
Si lo deseas, puedes pedirme cita online y exploraremos juntos estas cuestiones con más profundidad.
Un saludo.
Hay algo que quizá merezca la pena considerar: a veces el problema no es que una persona no haya dicho “se acabó”, sino que sigue esperando que algo quede resuelto antes de poder seguir adelante.
Por ejemplo, puede existir la esperanza —muchas veces inconsciente— de que algún día se reconozca el daño sufrido, de que alguien admita que actuó mal, de que se comprenda realmente lo que pasó o de que se encuentre una explicación que haga justicia a la experiencia vivida. Mientras eso no ocurre, la mente sigue regresando al mismo lugar.
El odio, el resentimiento o la indignación cumplen una función. No aparecen porque sí. Muchas veces son una forma de decir:
“Lo que me hicieron no estuvo bien.”
Y esa parte es legítima.
El problema es que, con el tiempo, puede ocurrir que la lucha por demostrar que aquello fue injusto ocupe más espacio que la construcción de una vida propia en el presente.
Me ha llamado especialmente la atención una frase que has escrito:
“Parece que estoy más concentrado en odiar a la gente, en pensar que vivimos en una asquerosidad de sociedad y en llevar la razón, que en estar bien y feliz.”
Esa reflexión me parece muy valiosa porque introduce una pregunta distinta.
No es:
“¿Tengo motivos para estar enfadado?”
Probablemente sí.
La pregunta es:
“¿Qué me está aportando hoy seguir dedicando tanta energía a ese enfado?”
Porque son cuestiones diferentes.
A veces el resentimiento da una sensación de identidad, de coherencia o incluso de protección. Si concluyo que el problema está fuera, en la sociedad o en determinadas personas, no tengo que enfrentarme a otras preguntas más difíciles relacionadas con mi presente, mis necesidades actuales o la vida que quiero construir.
Y esto no significa negar lo que te ocurrió. No significa justificarlo. Tampoco significa olvidar.
Significa preguntarte si quieres que las personas que te hicieron daño sigan ocupando tanto espacio dentro de tu vida emocional años después.
Quizá una reflexión útil sería:
“Si mañana desapareciera completamente mi necesidad de demostrar que tuve razón y que me trataron injustamente, ¿en qué invertiría toda esa energía?”
A veces esa pregunta resulta incómoda porque obliga a mirar hacia delante en lugar de seguir mirando hacia atrás.
Y, por cierto, el hecho de que no hayas llegado a decir “se acabó” también puede interpretarse de otra manera. Quizá no sea una señal de debilidad. Quizá sea una señal de que, a pesar de todo lo que has vivido, has seguido intentando comprender, buscar ayuda y encontrar una forma de encajar lo ocurrido.
Si notas que estas experiencias siguen teniendo mucho peso en tu vida actual, puede ser útil trabajarlas en terapia. No para discutir si fueron justas o injustas, sino para que dejen de ocupar una posición tan central en tu presente y puedas dedicar más energía a construir una vida que no esté definida principalmente por el daño que recibiste.
Si lo deseas, puedes pedirme cita online y exploraremos juntos estas cuestiones con más profundidad.
Un saludo.
Preguntas relacionadas
- BUENOS DIAS TOME NAPROXENO DE 550 Y AHORA SIENTO UN ARDOR FUERTE CON DOLOR EN EL ESTOMAGO
- Porque cuando hay erección y penetras de rato se desvanece y no termina y cuando se masturba si logra terminar es persona adulta de 50 años
- Me genera mucho malestar hacer favores o aceptar peticiones de personas con las que he tenido experiencias negativas o que siento que no me han tratado bien. En dos situaciones recientes me he encontrado en esa posición: cambiar una cita a una psicóloga que previamente me había faltado al respeto,…
- Hla tomo aplazolan de 1mg y quiero dejarlo lo tome xq fallecio m papa y n podia drmir ahora ya no quiero tomarlo siento q sin esa pastilla no puedo dormir y lo tomo y duermo bien... que ago xq yo lo tome sin indicacion medica xq pase por ese duelo.
- He cambiado de insulina lantus a toujeo, de lantus me colocaba 40 y mí endocrino me dijo que de toujeo me ponga 32 es correcto?
- Sí estoy tomando naproxeno y amoxicilina, en qué momento es conveniente tomar el Omeprazol?
- Buen día llevo 4 semana de una nefrectomia abierta al principio no sentía dolor solo me incomodaba al caminar como q presionado solo una parte del abdomen donde terminan los puntos ahora ya no lo siento precionado pero me duele al caminar
- Siempre he sufrido de estreñimiento, però llevo 2 años y medio tonando IdeosUnidia por prescripción de mi doctora de família, tengo 78 años y ahora tengo estreñimiento severo, tengo que tomar laxantes a diario. Que puedo hacer ???
- Se dice que la asertividad consiste en expresar las propias necesidades de forma clara y respetuosa, sin agredir al otro. Sin embargo, en algunas situaciones con mi médico de cabecera he intentado hacerlo y no he sentido una respuesta acorde. Por ejemplo, le comenté que necesitaba más recetas de un…
- En un supermercado, una persona me tocó sin mi consentimiento mientras yo hablaba con una empleada. Cuando le dije que no me tocara, me respondió: “pues no te pongas en medio”. Yo no creo que estuviera bloqueando el paso de forma intencionada, y la situación me generó mucha incomodidad. Puse el límite…
¿No has encontrado la respuesta que necesitabas? ¡Envía tu pregunta!
¿Tu caso es similar? Estos profesionales pueden ayudarte:
Todos los contenidos publicados en Doctoralia, especialmente preguntas y respuestas, son de carácter informativo y en ningún caso deben considerarse un sustituto de un asesoramiento médico.