Hola, soy un chico de 19 años quiero comentar algo que estoy pasando para ver qué consejo o como me
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Hola, soy un chico de 19 años quiero comentar algo que estoy pasando para ver qué consejo o como me pueden ayudar además de solo nombrar técnicamente. comencé con ansiedad sobre nuestra frágilidad, mortalidad y seguidamente extrañeza e impacto que me genera la concientización de nuestra biología interna de como somos y ahora compruebo especialmente algunos lugares más frágiles como mis dedos, nariz etc para comprobar que tanto duele y una duda de que se siente internamente, que al no hacerlo me da esa necesidad, pensamientos más fuertes que vuelvo a comprobar que suele interferir en mi dia. Gracias por leer , buen día.
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.
Lo que describes es un bucle de ansiedad + comprobación: aparece una idea (fragilidad del cuerpo) → sientes inquietud → compruebas (te haces daño leve) → alivio momentáneo → la idea vuelve con más fuerza. No es curiosidad normal, es un circuito que se está reforzando.
Claves prácticas:
-Deja de comprobar (aunque cueste). Es la pieza que mantiene el problema.
-Cuando aparezca la urgencia: pospón 10–15 minutos y haz otra acción (caminar, ducharte, llamar a alguien).
-Nombra el pensamiento: “esto es ansiedad, no necesito verificarlo”.
-Cuerpo al presente: respiración 4–6 (inhala 4, exhala 6) o cuenta pasos mientras caminas.
-Evita buscar información o sensaciones sobre “qué se siente por dentro”.
Si persiste varios días o interfiere en tu rutina, conviene trabajarlo en psicoterapia.
La terapia psicológica puede ayudarte a:
-Romper el ciclo pensamiento–comprobación.
-Tolerar la incertidumbre sin actuarla.
-Reducir la urgencia física y la rumiación.
-Recuperar control en tu día a día.
Es abordable si cortas la comprobación y trabajas el bucle.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
Lo que describes es un bucle de ansiedad + comprobación: aparece una idea (fragilidad del cuerpo) → sientes inquietud → compruebas (te haces daño leve) → alivio momentáneo → la idea vuelve con más fuerza. No es curiosidad normal, es un circuito que se está reforzando.
Claves prácticas:
-Deja de comprobar (aunque cueste). Es la pieza que mantiene el problema.
-Cuando aparezca la urgencia: pospón 10–15 minutos y haz otra acción (caminar, ducharte, llamar a alguien).
-Nombra el pensamiento: “esto es ansiedad, no necesito verificarlo”.
-Cuerpo al presente: respiración 4–6 (inhala 4, exhala 6) o cuenta pasos mientras caminas.
-Evita buscar información o sensaciones sobre “qué se siente por dentro”.
Si persiste varios días o interfiere en tu rutina, conviene trabajarlo en psicoterapia.
La terapia psicológica puede ayudarte a:
-Romper el ciclo pensamiento–comprobación.
-Tolerar la incertidumbre sin actuarla.
-Reducir la urgencia física y la rumiación.
-Recuperar control en tu día a día.
Es abordable si cortas la comprobación y trabajas el bucle.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
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Lo que describes no es raro, aunque sí puede volverse muy angustiante cuando empieza a ocupar tanto espacio en el día.
Por un lado, aparece una preocupación intensa por temas existenciales (fragilidad, mortalidad, cómo funciona el cuerpo), que a tu edad es algo que muchas personas empiezan a cuestionarse con más profundidad. El problema no es tener esos pensamientos, sino cómo tu mente se está relacionando con ellos.
Por otro lado, lo que cuentas de comprobar el dolor en los dedos, la nariz u otras zonas encaja con un patrón de ansiedad en el que aparece una duda (“¿qué se siente?”, “¿qué tan frágil es?”) y la necesidad de comprobar para calmarla. Esa comprobación alivia a corto plazo, pero en realidad refuerza el ciclo: cuanto más compruebas, más fuerte vuelve la duda y más necesidad sientes de repetirlo.
Es importante entender esto:
no es que necesites comprobar más para quedarte tranquilo, es que la propia comprobación está manteniendo el problema.
Además, esa sensación de “extrañeza” o impacto al pensar en tu propio cuerpo también suele aparecer cuando hay un nivel alto de activación mental. No significa que te esté pasando nada grave a nivel físico, sino que tu atención está hiperfocalizada en tu cuerpo y en esas ideas.
¿Qué te ayudaría empezar a hacer?
* Dejar de responder automáticamente a la necesidad de comprobar. Al principio aumenta la ansiedad, pero luego baja sola si no haces la conducta.
* Entender que no necesitas resolver todas esas dudas sobre el cuerpo para estar bien. La mente puede generar preguntas infinitas.
* Volver poco a poco a lo externo: actividades, rutina, movimiento, contacto con otras personas.
* No intentar “quitarte” los pensamientos a la fuerza, sino aprender a dejarlos pasar sin actuar sobre ellos.
Con la intensidad y la interferencia que describes, sería recomendable trabajarlo en terapia, porque este tipo de patrón se puede abordar muy bien con estrategias específicas y cuanto antes se intervenga, mejor evolución suele tener.
Si lo necesitas, puedes pedirme cita online y lo vemos contigo de forma más concreta y adaptada a tu caso.
Por un lado, aparece una preocupación intensa por temas existenciales (fragilidad, mortalidad, cómo funciona el cuerpo), que a tu edad es algo que muchas personas empiezan a cuestionarse con más profundidad. El problema no es tener esos pensamientos, sino cómo tu mente se está relacionando con ellos.
Por otro lado, lo que cuentas de comprobar el dolor en los dedos, la nariz u otras zonas encaja con un patrón de ansiedad en el que aparece una duda (“¿qué se siente?”, “¿qué tan frágil es?”) y la necesidad de comprobar para calmarla. Esa comprobación alivia a corto plazo, pero en realidad refuerza el ciclo: cuanto más compruebas, más fuerte vuelve la duda y más necesidad sientes de repetirlo.
Es importante entender esto:
no es que necesites comprobar más para quedarte tranquilo, es que la propia comprobación está manteniendo el problema.
Además, esa sensación de “extrañeza” o impacto al pensar en tu propio cuerpo también suele aparecer cuando hay un nivel alto de activación mental. No significa que te esté pasando nada grave a nivel físico, sino que tu atención está hiperfocalizada en tu cuerpo y en esas ideas.
¿Qué te ayudaría empezar a hacer?
* Dejar de responder automáticamente a la necesidad de comprobar. Al principio aumenta la ansiedad, pero luego baja sola si no haces la conducta.
* Entender que no necesitas resolver todas esas dudas sobre el cuerpo para estar bien. La mente puede generar preguntas infinitas.
* Volver poco a poco a lo externo: actividades, rutina, movimiento, contacto con otras personas.
* No intentar “quitarte” los pensamientos a la fuerza, sino aprender a dejarlos pasar sin actuar sobre ellos.
Con la intensidad y la interferencia que describes, sería recomendable trabajarlo en terapia, porque este tipo de patrón se puede abordar muy bien con estrategias específicas y cuanto antes se intervenga, mejor evolución suele tener.
Si lo necesitas, puedes pedirme cita online y lo vemos contigo de forma más concreta y adaptada a tu caso.
Es muy valiente que compartas esto con 19 años. Lo que describes es una forma de ansiedad en la que el cerebro, buscando protegernos, se queda 'atascado' observando nuestra propia fragilidad. El problema no es tu biología, sino que tu mente ha etiquetado el hecho de estar vivos como un peligro inminente.
Al 'comprobar' el dolor en tus dedos o nariz, intentas calmar la duda, pero eso solo alimenta la necesidad de volver a hacerlo; es como rascarse una picadura: alivia un segundo, pero luego pica más. El consejo práctico es no intentar que el pensamiento se vaya (porque volverá con más fuerza), sino entrenarte en no responder a la comprobación física. Poco a poco, tu sistema nervioso entenderá que, aunque somos seres biológicos, no estás en peligro real en este momento. Recuperar tu día a día es posible aprendiendo a convivir con estas ideas sin darles el control.
Al 'comprobar' el dolor en tus dedos o nariz, intentas calmar la duda, pero eso solo alimenta la necesidad de volver a hacerlo; es como rascarse una picadura: alivia un segundo, pero luego pica más. El consejo práctico es no intentar que el pensamiento se vaya (porque volverá con más fuerza), sino entrenarte en no responder a la comprobación física. Poco a poco, tu sistema nervioso entenderá que, aunque somos seres biológicos, no estás en peligro real en este momento. Recuperar tu día a día es posible aprendiendo a convivir con estas ideas sin darles el control.
Hay tres fenómenos que suelen mezclarse en experiencias como la tuya:
1. Ansiedad existencial
Cuando de repente tomamos conciencia de la fragilidad del cuerpo, la mortalidad o lo “raro” que es existir, el cerebro puede entrar en un estado de alerta.
Es más común de lo que parece, especialmente entre los 17 y 25 años.
2. Hipervigilancia corporal
La ansiedad hace que prestes atención exagerada a partes del cuerpo, sensaciones o fragilidades.
No porque estés en peligro, sino porque tu mente está buscando “certeza”.
3. Comprobación (checking)
Cuando te tocás, presionás o “probás” partes del cuerpo para ver qué se siente, eso funciona como un alivio momentáneo, pero después la duda vuelve más fuerte.
Esto es típico de la ansiedad y de patrones obsesivos, pero no significa que tengas un trastorno grave.
Tu cerebro está intentando responder a una pregunta imposible:
“¿Qué tan frágil soy? ¿Qué pasaría si…?”
Y como no puede resolverla, vuelve a comprobar.
1. Ansiedad existencial
Cuando de repente tomamos conciencia de la fragilidad del cuerpo, la mortalidad o lo “raro” que es existir, el cerebro puede entrar en un estado de alerta.
Es más común de lo que parece, especialmente entre los 17 y 25 años.
2. Hipervigilancia corporal
La ansiedad hace que prestes atención exagerada a partes del cuerpo, sensaciones o fragilidades.
No porque estés en peligro, sino porque tu mente está buscando “certeza”.
3. Comprobación (checking)
Cuando te tocás, presionás o “probás” partes del cuerpo para ver qué se siente, eso funciona como un alivio momentáneo, pero después la duda vuelve más fuerte.
Esto es típico de la ansiedad y de patrones obsesivos, pero no significa que tengas un trastorno grave.
Tu cerebro está intentando responder a una pregunta imposible:
“¿Qué tan frágil soy? ¿Qué pasaría si…?”
Y como no puede resolverla, vuelve a comprobar.
Hola, gracias por animarte a compartir lo que estás viviendo. Lo que describes puede resultar muy inquietante, y es comprensible que te esté afectando en tu día a día.
Por un lado, aparece una preocupación intensa sobre la fragilidad del cuerpo y la mortalidad, algo que muchas personas experimentan en ciertos momentos de la vida, especialmente cuando se toma mayor conciencia de uno mismo. Pero en tu caso, además, parece haberse unido a una necesidad de comprobar físicamente (por ejemplo, en dedos o nariz) qué se siente o cuánto duele, junto con pensamientos insistentes que te empujan a hacerlo aunque no quieras.
Esto que cuentas encaja bastante con lo que en psicología entendemos como un ciclo de ansiedad con pensamientos intrusivos y conductas de comprobación. Es importante que sepas algo:
no es que “necesites comprobar”, sino que la ansiedad genera esa urgencia y, al hacerlo, obtienes un alivio momentáneo… pero a medio plazo el ciclo se refuerza y vuelve con más fuerza.
Algunas ideas que pueden ayudarte a empezar a manejarlo:
Ponerle nombre a lo que ocurre: cuando aparezca el impulso, intenta decirte algo como “esto es ansiedad, no una necesidad real”. Esto ayuda a tomar distancia.
Retrasar la comprobación: no hace falta evitarla de golpe. Puedes proponerte esperar 5–10 minutos antes de hacerlo. Muchas veces el impulso baja solo.
Observar sin actuar: los pensamientos pueden ser muy intensos, pero no son peligrosos ni obligatorios. Puedes tener el pensamiento sin llevarlo a la acción.
Cuidar el foco de atención: cuando entras en ese bucle, tu atención se centra mucho en el cuerpo. Actividades que te saquen de ahí (moverte, hablar con alguien, hacer algo que te implique mentalmente) ayudan a “romper” el ciclo.
Dicho esto, por cómo lo describes, especialmente la interferencia en tu día a día y la necesidad de comprobar, sería muy recomendable que pudieras trabajar esto con un profesional. En terapia (por ejemplo, desde enfoques cognitivo-conductuales) se puede abordar de forma muy eficaz este tipo de pensamientos y conductas, ayudándote a recuperar sensación de control.
No estás solo en esto, y tiene solución. Buscar ayuda es un paso muy valiente y adecuado.
Un abrazo
Elbire Arana
PsicÓloga General Sanitaria
Colegiada M-42807
Por un lado, aparece una preocupación intensa sobre la fragilidad del cuerpo y la mortalidad, algo que muchas personas experimentan en ciertos momentos de la vida, especialmente cuando se toma mayor conciencia de uno mismo. Pero en tu caso, además, parece haberse unido a una necesidad de comprobar físicamente (por ejemplo, en dedos o nariz) qué se siente o cuánto duele, junto con pensamientos insistentes que te empujan a hacerlo aunque no quieras.
Esto que cuentas encaja bastante con lo que en psicología entendemos como un ciclo de ansiedad con pensamientos intrusivos y conductas de comprobación. Es importante que sepas algo:
no es que “necesites comprobar”, sino que la ansiedad genera esa urgencia y, al hacerlo, obtienes un alivio momentáneo… pero a medio plazo el ciclo se refuerza y vuelve con más fuerza.
Algunas ideas que pueden ayudarte a empezar a manejarlo:
Ponerle nombre a lo que ocurre: cuando aparezca el impulso, intenta decirte algo como “esto es ansiedad, no una necesidad real”. Esto ayuda a tomar distancia.
Retrasar la comprobación: no hace falta evitarla de golpe. Puedes proponerte esperar 5–10 minutos antes de hacerlo. Muchas veces el impulso baja solo.
Observar sin actuar: los pensamientos pueden ser muy intensos, pero no son peligrosos ni obligatorios. Puedes tener el pensamiento sin llevarlo a la acción.
Cuidar el foco de atención: cuando entras en ese bucle, tu atención se centra mucho en el cuerpo. Actividades que te saquen de ahí (moverte, hablar con alguien, hacer algo que te implique mentalmente) ayudan a “romper” el ciclo.
Dicho esto, por cómo lo describes, especialmente la interferencia en tu día a día y la necesidad de comprobar, sería muy recomendable que pudieras trabajar esto con un profesional. En terapia (por ejemplo, desde enfoques cognitivo-conductuales) se puede abordar de forma muy eficaz este tipo de pensamientos y conductas, ayudándote a recuperar sensación de control.
No estás solo en esto, y tiene solución. Buscar ayuda es un paso muy valiente y adecuado.
Un abrazo
Elbire Arana
PsicÓloga General Sanitaria
Colegiada M-42807
Hola,
Lo que describes encaja bastante con un patrón de ansiedad en el que la mente se engancha a ideas sobre el cuerpo, la fragilidad o la existencia, y luego intenta “resolver la duda” a través de comprobaciones físicas.
El problema es que esas comprobaciones (mirar, tocar, comprobar sensaciones, buscar “seguridad”) no suelen calmar la ansiedad de forma estable. Al contrario, le enseñan al cerebro que ese tema es importante y peligroso, y por eso la necesidad de comprobar vuelve cada vez con más fuerza.
Es decir, no es que estés buscando información útil sobre tu cuerpo, sino que la ansiedad te empuja a buscar una certeza que el cuerpo no puede darte de forma absoluta. Y ese intento de certeza es lo que mantiene el ciclo.
Algo importante aquí es entender esto: cuanto más intentas comprobar, más dudas aparecen después. Y cuanto más intentas resolver la sensación, más presente se vuelve.
El enfoque más útil suele ir en la dirección contraria a la comprobación. Es decir, aprender a notar el pensamiento o la sensación sin entrar a verificarla constantemente, y dejar que la incomodidad baje por sí sola sin hacerle caso inmediato. Al principio esto genera malestar, pero es lo que permite que el sistema de ansiedad se vaya desactivando con el tiempo.
Esto no es algo raro ni peligroso, pero sí es algo que puede volverse muy limitante si se mantiene el ciclo de comprobación.
Si quieres trabajarlo de forma más estructurada, es algo que en consulta suele mejorar bastante con herramientas específicas para ansiedad y pensamientos intrusivos.
Puedes hacerlo en consulta presencial en Tres Cantos (Madrid), en formato online o a domicilio en la zona norte de Madrid.
Un saludo.
Lo que describes encaja bastante con un patrón de ansiedad en el que la mente se engancha a ideas sobre el cuerpo, la fragilidad o la existencia, y luego intenta “resolver la duda” a través de comprobaciones físicas.
El problema es que esas comprobaciones (mirar, tocar, comprobar sensaciones, buscar “seguridad”) no suelen calmar la ansiedad de forma estable. Al contrario, le enseñan al cerebro que ese tema es importante y peligroso, y por eso la necesidad de comprobar vuelve cada vez con más fuerza.
Es decir, no es que estés buscando información útil sobre tu cuerpo, sino que la ansiedad te empuja a buscar una certeza que el cuerpo no puede darte de forma absoluta. Y ese intento de certeza es lo que mantiene el ciclo.
Algo importante aquí es entender esto: cuanto más intentas comprobar, más dudas aparecen después. Y cuanto más intentas resolver la sensación, más presente se vuelve.
El enfoque más útil suele ir en la dirección contraria a la comprobación. Es decir, aprender a notar el pensamiento o la sensación sin entrar a verificarla constantemente, y dejar que la incomodidad baje por sí sola sin hacerle caso inmediato. Al principio esto genera malestar, pero es lo que permite que el sistema de ansiedad se vaya desactivando con el tiempo.
Esto no es algo raro ni peligroso, pero sí es algo que puede volverse muy limitante si se mantiene el ciclo de comprobación.
Si quieres trabajarlo de forma más estructurada, es algo que en consulta suele mejorar bastante con herramientas específicas para ansiedad y pensamientos intrusivos.
Puedes hacerlo en consulta presencial en Tres Cantos (Madrid), en formato online o a domicilio en la zona norte de Madrid.
Un saludo.
Gracias por contarlo. Lo que describes suena bastante angustiante y también muy absorbente a nivel mental. Sin etiquetarlo, se entiende un patrón bastante claro: empiezas con pensamientos o sensaciones sobre la fragilidad del cuerpo, la mortalidad o la “extrañeza” de cómo somos por dentro, y eso te genera ansiedad. A partir de ahí aparece la necesidad de comprobar físicamente (tocar dedos, nariz, explorar sensaciones de dolor o percepción interna) para intentar entenderlo o calmar esa duda. El problema es que esa comprobación alivia solo un momento y después vuelve a activar la necesidad de seguir comprobando, interfiriendo en tu día.
Este tipo de bucle es bastante típico cuando la mente intenta resolver una incertidumbre interna a través de la comprobación corporal o mental. El cuerpo, sin embargo, no da una respuesta definitiva, y eso mantiene el circuito activo.
Si esto te está interfiriendo, sería recomendable trabajarlo con un profesional, porque este tipo de patrones suelen responder bien a terapia (especialmente enfoques como TCC o ACT).
Y mientras tanto, es importante tener en cuenta que no necesitas resolver la sensación ni comprobarla para que desaparezca. Puedes notar la urgencia de hacerlo sin seguirla automáticamente, aunque al principio genere incomodidad.
Este tipo de bucle es bastante típico cuando la mente intenta resolver una incertidumbre interna a través de la comprobación corporal o mental. El cuerpo, sin embargo, no da una respuesta definitiva, y eso mantiene el circuito activo.
Si esto te está interfiriendo, sería recomendable trabajarlo con un profesional, porque este tipo de patrones suelen responder bien a terapia (especialmente enfoques como TCC o ACT).
Y mientras tanto, es importante tener en cuenta que no necesitas resolver la sensación ni comprobarla para que desaparezca. Puedes notar la urgencia de hacerlo sin seguirla automáticamente, aunque al principio genere incomodidad.
Tienes razón, aquí va con ese hilo final:
---
Gracias por compartirlo, y por tomarte el tiempo de explicarlo tan bien porque no es fácil poner esto en palabras.
Lo que me cuentas me resulta muy familiar. Empieza con una pregunta filosófica, la fragilidad, la mortalidad, el hecho de tener un cuerpo, y de repente esa pregunta deja de ser solo mental y se instala en algún sitio más profundo. Y el cerebro, que no sabe qué hacer con esa angustia, encuentra una forma de intentar controlarla: comprobar. Tocar. Verificar que estás bien.
El problema es que funciona durante un segundo. Solo un segundo. Y después necesitas volver a comprobar.
Eso no dice nada malo de ti. Dice que tu sistema nervioso encontró una estrategia para manejar algo que le desbordó, y ahora esa estrategia se ha convertido en el problema. El cuerpo quedó atrapado en una respuesta que nunca terminó de resolverse, y desde ahí opera todo lo demás.
Lo interesante es que este tipo de patrones no se resuelven hablando de ellos, porque la cabeza ya sabe que no hay un peligro real y aun así el impulso aparece. Se trabaja directamente con el cuerpo, con esa sensación física que surge justo antes de que llegues a comprobar. Cuando aprendes a estar con ella sin actuar, el ciclo se rompe. Y cuando el ciclo se rompe, los pensamientos pierden su fuerza solos.
Con 19 años y la claridad con la que ya describes lo que te pasa, ese trabajo puede ir muy rápido.
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Gracias por compartirlo, y por tomarte el tiempo de explicarlo tan bien porque no es fácil poner esto en palabras.
Lo que me cuentas me resulta muy familiar. Empieza con una pregunta filosófica, la fragilidad, la mortalidad, el hecho de tener un cuerpo, y de repente esa pregunta deja de ser solo mental y se instala en algún sitio más profundo. Y el cerebro, que no sabe qué hacer con esa angustia, encuentra una forma de intentar controlarla: comprobar. Tocar. Verificar que estás bien.
El problema es que funciona durante un segundo. Solo un segundo. Y después necesitas volver a comprobar.
Eso no dice nada malo de ti. Dice que tu sistema nervioso encontró una estrategia para manejar algo que le desbordó, y ahora esa estrategia se ha convertido en el problema. El cuerpo quedó atrapado en una respuesta que nunca terminó de resolverse, y desde ahí opera todo lo demás.
Lo interesante es que este tipo de patrones no se resuelven hablando de ellos, porque la cabeza ya sabe que no hay un peligro real y aun así el impulso aparece. Se trabaja directamente con el cuerpo, con esa sensación física que surge justo antes de que llegues a comprobar. Cuando aprendes a estar con ella sin actuar, el ciclo se rompe. Y cuando el ciclo se rompe, los pensamientos pierden su fuerza solos.
Con 19 años y la claridad con la que ya describes lo que te pasa, ese trabajo puede ir muy rápido.
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