Tengo 25 años y siempre he sido una persona más bien reservada y poco sociable. De adolescente y lue
13
respuestas
Tengo 25 años y siempre he sido una persona más bien reservada y poco sociable. De adolescente y luego en la universidad fui al psicólogo por ansiedad social, aunque lo acabé dejando durante la pandemia.
Llevo muchos años recibiendo comentarios sobre mi físico, y lo que más me duele es que no han venido solo de compañeros inmaduros en el instituto, sino también de adultos mayores de edad, gente ya crecida, tanto en el entorno universitario como incluso dentro de mi propia familia.
Por ejemplo, en una fiesta de Halloween de la residencia universitaria donde vivía, un tipo me soltó que en mi caso no me hacía falta disfrazarme para dar miedo. Me quedé bloqueado y no supe reaccionar. No fue algo aislado: otras personas a quienes consideraba colegas también hacían bromas similares con tono irónico.
En mi familia tampoco me libro. Hay una familiar que cada vez que me ve suele lanzarme alguna pulla delante de los demás para ridiculizarme o sentirse por encima. Más de una vez he tenido ganas de responderle y soltarle alguna barbaridad, pero siempre me he contenido.
Todo esto me ha ido afectando con los años. Me comparo constantemente con los demás y siento que la gente me juzga con solo mirarme. Soy bien consciente de que no soy Brad Pitt, pero tampoco creo merecer este tipo de trato.
No sé si el problema es que soy demasiado sensible o que simplemente he acumulado demasiada frustración. Hay días en los que me hundo bastante y pienso en quitarme de en medio, y otros en los que me embarga la rabia y el rencor al recordar estas humillaciones pasadas y me entran ganas de cometer locuras. Me paso horas dándole vueltas a situaciones antiguas y pensando en lo que debería haber dicho o hecho.
¿Algún consejo sobre cómo gestionar esto o cómo dejar de darle tanta importancia?
Gracias de antemano.
Llevo muchos años recibiendo comentarios sobre mi físico, y lo que más me duele es que no han venido solo de compañeros inmaduros en el instituto, sino también de adultos mayores de edad, gente ya crecida, tanto en el entorno universitario como incluso dentro de mi propia familia.
Por ejemplo, en una fiesta de Halloween de la residencia universitaria donde vivía, un tipo me soltó que en mi caso no me hacía falta disfrazarme para dar miedo. Me quedé bloqueado y no supe reaccionar. No fue algo aislado: otras personas a quienes consideraba colegas también hacían bromas similares con tono irónico.
En mi familia tampoco me libro. Hay una familiar que cada vez que me ve suele lanzarme alguna pulla delante de los demás para ridiculizarme o sentirse por encima. Más de una vez he tenido ganas de responderle y soltarle alguna barbaridad, pero siempre me he contenido.
Todo esto me ha ido afectando con los años. Me comparo constantemente con los demás y siento que la gente me juzga con solo mirarme. Soy bien consciente de que no soy Brad Pitt, pero tampoco creo merecer este tipo de trato.
No sé si el problema es que soy demasiado sensible o que simplemente he acumulado demasiada frustración. Hay días en los que me hundo bastante y pienso en quitarme de en medio, y otros en los que me embarga la rabia y el rencor al recordar estas humillaciones pasadas y me entran ganas de cometer locuras. Me paso horas dándole vueltas a situaciones antiguas y pensando en lo que debería haber dicho o hecho.
¿Algún consejo sobre cómo gestionar esto o cómo dejar de darle tanta importancia?
Gracias de antemano.
Buenos días. Te iría bien trabajar tú autoestima, haciendo algunas sesiones de psicoterapia. Practicar la asertividad en situaciones más simples, poco a poco.
Consigue respuesta gracias a la consulta online
¿Necesitas el consejo de un especialista? Reserva una consulta online: recibirás todas las respuestas sin salir de casa.
Mostrar especialistas ¿Cómo funciona?
Buenos días,
Creo que el camino pasa por darle más importancia a tu potencial. Nuestro potencial es muy grande pero a veces invertimos nuestra energía en otras cosas. Parece que hay mucha rumiación en tu casa, habría que hacer un trabajo para aprender a trabajar esos pensamientos obsesivos.
También te recomiendo que no te olvides de lo importante, de lo que valoras en esta vida, de lo que te impulsa, te motiva ( como quieras jeje) que muchas veces perdemos de vista y es una fuerza importante. " Quien tiene un para qué encuentra casi siempre el como". Te deseo un buen día!
Creo que el camino pasa por darle más importancia a tu potencial. Nuestro potencial es muy grande pero a veces invertimos nuestra energía en otras cosas. Parece que hay mucha rumiación en tu casa, habría que hacer un trabajo para aprender a trabajar esos pensamientos obsesivos.
También te recomiendo que no te olvides de lo importante, de lo que valoras en esta vida, de lo que te impulsa, te motiva ( como quieras jeje) que muchas veces perdemos de vista y es una fuerza importante. " Quien tiene un para qué encuentra casi siempre el como". Te deseo un buen día!
Hola, gracias por contar todo esto con tanta sinceridad. Lo que describes no es menor, y tiene mucho sentido que te esté afectando después de años acumulando experiencias de humillación y comentarios dañinos, especialmente cuando han venido de personas del entorno cercano o de gente adulta que debería haber tenido más cuidado.
Cuando alguien vive repetidamente este tipo de situaciones, es muy común que el cerebro empiece a anticipar el juicio constante de los demás, a interpretarlo todo desde esa mirada crítica y a quedarse “enganchado” a recuerdos pasados intentando encontrar cómo defenderse o reparar lo que en su momento no pudo responder. Eso que comentas de repasar escenas una y otra vez es muy típico en cuadros de ansiedad social y experiencias prolongadas de invalidación.
También es importante señalar que la combinación que describes (tristeza profunda con ideas de desaparecer en algunos momentos, y rabia intensa en otros) indica que estás cargando con un nivel de malestar emocional significativo. No significa que haya “algo malo en ti”, sino que hay una sobrecarga emocional que necesita ser atendida de forma adecuada y no en soledad.
En relación con esas ideas de hacerte daño o de perder el control en momentos de rabia, es importante no dejarlas pasar sin apoyo. Aunque puedan aparecer como pensamientos pasajeros en momentos de saturación, cuando están presentes es recomendable buscar ayuda profesional para poder contener ese malestar y trabajar herramientas que te den más estabilidad emocional. Si en algún momento sientes que estas ideas aumentan o se vuelven difíciles de manejar, es importante pedir ayuda de inmediato a un servicio de urgencias (en España, el 112 o la línea 024 de atención a la conducta suicida).
Desde un punto de vista terapéutico, aquí habría que trabajar varias cosas: la huella que han dejado esas experiencias de humillación, la forma en la que estás interpretando la mirada de los demás, la autoestima, y también la regulación de la rabia y la rumiación. No es algo que tengas que seguir cargando solo.
Si lo necesitas, puedo ayudarte a trabajar todo esto en consulta. Atiendo de forma presencial en Tres Cantos (Madrid), también en modalidad online, y en algunos casos a domicilio en la zona norte de Madrid, según lo que te resulte más cómodo.
Un saludo.
Cuando alguien vive repetidamente este tipo de situaciones, es muy común que el cerebro empiece a anticipar el juicio constante de los demás, a interpretarlo todo desde esa mirada crítica y a quedarse “enganchado” a recuerdos pasados intentando encontrar cómo defenderse o reparar lo que en su momento no pudo responder. Eso que comentas de repasar escenas una y otra vez es muy típico en cuadros de ansiedad social y experiencias prolongadas de invalidación.
También es importante señalar que la combinación que describes (tristeza profunda con ideas de desaparecer en algunos momentos, y rabia intensa en otros) indica que estás cargando con un nivel de malestar emocional significativo. No significa que haya “algo malo en ti”, sino que hay una sobrecarga emocional que necesita ser atendida de forma adecuada y no en soledad.
En relación con esas ideas de hacerte daño o de perder el control en momentos de rabia, es importante no dejarlas pasar sin apoyo. Aunque puedan aparecer como pensamientos pasajeros en momentos de saturación, cuando están presentes es recomendable buscar ayuda profesional para poder contener ese malestar y trabajar herramientas que te den más estabilidad emocional. Si en algún momento sientes que estas ideas aumentan o se vuelven difíciles de manejar, es importante pedir ayuda de inmediato a un servicio de urgencias (en España, el 112 o la línea 024 de atención a la conducta suicida).
Desde un punto de vista terapéutico, aquí habría que trabajar varias cosas: la huella que han dejado esas experiencias de humillación, la forma en la que estás interpretando la mirada de los demás, la autoestima, y también la regulación de la rabia y la rumiación. No es algo que tengas que seguir cargando solo.
Si lo necesitas, puedo ayudarte a trabajar todo esto en consulta. Atiendo de forma presencial en Tres Cantos (Madrid), también en modalidad online, y en algunos casos a domicilio en la zona norte de Madrid, según lo que te resulte más cómodo.
Un saludo.
Lo que cuentas no tiene nada que ver con ser “demasiado sensible”. Son comentarios lamentables, y más viniendo de gente adulta o incluso de tu propia familia. No es ninguna broma inocente, son faltas de respeto. Y claro que eso duele, sobre todo cuando se repite en el tiempo.
Además, no es solo lo que te dijeron, es todo lo que has ido acumulando y cómo eso se te ha quedado dentro.
Gestionar todo esto en soledad es muy complicado. Por eso, más que intentar “aguantar” o convencerte de que no te afecte, yo te animaría a retomar la terapia. Ya la conoces, sabes cómo funciona, y puede ser un espacio clave para trabajar todo ese dolor, la rabia y también la forma en la que te estás mirando a ti mismo.
Y sobre todo, acompañarte en esto. Un abrazo!
Además, no es solo lo que te dijeron, es todo lo que has ido acumulando y cómo eso se te ha quedado dentro.
Gestionar todo esto en soledad es muy complicado. Por eso, más que intentar “aguantar” o convencerte de que no te afecte, yo te animaría a retomar la terapia. Ya la conoces, sabes cómo funciona, y puede ser un espacio clave para trabajar todo ese dolor, la rabia y también la forma en la que te estás mirando a ti mismo.
Y sobre todo, acompañarte en esto. Un abrazo!
Buenos días. Por lo que cuentas no parece que seas “demasiado sensible”, sino que llevas mucho tiempo acumulando experiencias de humillación, crítica y dolor, y es comprensible que eso termine afectando a tu autoestima, a tu forma de relacionarte y a cómo te sientes contigo mismo. Siento que estés pasando por algo así.
Cuando una persona vive este tipo de situaciones continuamente es normal que aparezcan comparaciones, miedo al juicio, tristeza, rabia, impotencia... Que te esté afectando no significa debilidad, sino que hay un malestar importante que merece ser atendido.
Lo más recomendable sería que pudieras comenzar un proceso terapéutico, especialmente teniendo en cuenta que comentas pensamientos de hacerte daño o de “quitarte de en medio”. En esos momentos no conviene quedarse solo con ello. Buscar ayuda profesional cuanto antes puede ayudarte a entender mejor lo que te está pasando, aliviar el sufrimiento y aprender herramientas para manejarlo de una forma más segura… Y si en algún momento sientes que esos pensamientos aumentan o que podrías actuar impulsivamente, busca ayuda urgente en tu entorno o en los servicios de emergencia de tu zona.
Un abrazo, Cecilia
Cuando una persona vive este tipo de situaciones continuamente es normal que aparezcan comparaciones, miedo al juicio, tristeza, rabia, impotencia... Que te esté afectando no significa debilidad, sino que hay un malestar importante que merece ser atendido.
Lo más recomendable sería que pudieras comenzar un proceso terapéutico, especialmente teniendo en cuenta que comentas pensamientos de hacerte daño o de “quitarte de en medio”. En esos momentos no conviene quedarse solo con ello. Buscar ayuda profesional cuanto antes puede ayudarte a entender mejor lo que te está pasando, aliviar el sufrimiento y aprender herramientas para manejarlo de una forma más segura… Y si en algún momento sientes que esos pensamientos aumentan o que podrías actuar impulsivamente, busca ayuda urgente en tu entorno o en los servicios de emergencia de tu zona.
Un abrazo, Cecilia
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.
Lo que cuentas no es un tema de “ser demasiado sensible”.
Has estado expuesto durante años a comentarios despectivos repetidos, y eso tiene un impacto real en la autoestima y en la forma en que uno se percibe y percibe a los demás.
Voy a ordenarte lo importante.
Primero, el problema no es tu físico
El problema es el trato que has recibido. Que además haya venido de adultos o incluso de familia lo hace más dañino, porque rompe la idea de seguridad. Con el tiempo, ese tipo de experiencias se internalizan y aparece lo que describes: comparación constante, sensación de ser juzgado, anticipación negativa.
Segundo, lo que te pasa ahora tiene lógica:
Te bloqueas en el momento → porque no estabas preparado para ese tipo de ataque.
Luego rumias durante horas → intentando “reparar” mentalmente lo que no pudiste hacer.
Alternas tristeza con rabia → dos respuestas habituales ante humillación acumulada.
No estás fallando. Estás reaccionando a una historia de exposición repetida.
Tercero, hay dos cosas que conviene cortar cuanto antes.
La rumiación:
Darle vueltas a lo que deberías haber dicho no te protege, te mantiene enganchado. No se trata de eliminar pensamientos, sino de no seguir desarrollándolos cuando aparecen.
La idea de que “los demás tienen razón”:
Aunque racionalmente sepas que no, emocionalmente lo has ido comprando. Y desde ahí, cualquier comentario confirma esa narrativa.
Cuarto, algo clave que no puedes dejar pasar:
Dices que hay días en los que piensas en quitarte de en medio y otros en los que la rabia te desborda. Esto ya no es solo malestar, es un nivel de activación que necesita ser atendido.
Aquí voy a ser claro contigo:
no es recomendable que sigas intentando manejar esto solo.
Lo que arrastras no es superficial. Es una combinación de:
Ansiedad social previa.
Heridas de autoestima.
Experiencias de humillación.
Un patrón de pensamiento muy repetitivo.
Esto se trabaja bien en terapia, pero con enfoque. No con consejos generales.
Un proceso terapéutico te puede ayudar a:
Desmontar esa imagen negativa que has ido construyendo.
Trabajar respuestas en el momento (para no quedarte bloqueado).
Reducir la rumiación y canalizar esa rabia sin que te desborde.
Y algo importante:
No se trata de “dejar de darle importancia” sin más.
Se trata de que deje de definirte.
Porque ahora mismo, esas experiencias están ocupando demasiado espacio en tu identidad.
Te diría que busques un psicólogo con experiencia en ansiedad social y autoestima. Si en algún momento esos pensamientos de hacerte daño aumentan, no lo dejes pasar: habla con alguien de confianza o busca ayuda inmediata en tu entorno sanitario.
No estás roto.
Estás cargando con algo que no has podido procesar bien.
Y eso, bien trabajado, cambia mucho más de lo que parece.
Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo. Un saludo.
Lo que cuentas no es un tema de “ser demasiado sensible”.
Has estado expuesto durante años a comentarios despectivos repetidos, y eso tiene un impacto real en la autoestima y en la forma en que uno se percibe y percibe a los demás.
Voy a ordenarte lo importante.
Primero, el problema no es tu físico
El problema es el trato que has recibido. Que además haya venido de adultos o incluso de familia lo hace más dañino, porque rompe la idea de seguridad. Con el tiempo, ese tipo de experiencias se internalizan y aparece lo que describes: comparación constante, sensación de ser juzgado, anticipación negativa.
Segundo, lo que te pasa ahora tiene lógica:
Te bloqueas en el momento → porque no estabas preparado para ese tipo de ataque.
Luego rumias durante horas → intentando “reparar” mentalmente lo que no pudiste hacer.
Alternas tristeza con rabia → dos respuestas habituales ante humillación acumulada.
No estás fallando. Estás reaccionando a una historia de exposición repetida.
Tercero, hay dos cosas que conviene cortar cuanto antes.
La rumiación:
Darle vueltas a lo que deberías haber dicho no te protege, te mantiene enganchado. No se trata de eliminar pensamientos, sino de no seguir desarrollándolos cuando aparecen.
La idea de que “los demás tienen razón”:
Aunque racionalmente sepas que no, emocionalmente lo has ido comprando. Y desde ahí, cualquier comentario confirma esa narrativa.
Cuarto, algo clave que no puedes dejar pasar:
Dices que hay días en los que piensas en quitarte de en medio y otros en los que la rabia te desborda. Esto ya no es solo malestar, es un nivel de activación que necesita ser atendido.
Aquí voy a ser claro contigo:
no es recomendable que sigas intentando manejar esto solo.
Lo que arrastras no es superficial. Es una combinación de:
Ansiedad social previa.
Heridas de autoestima.
Experiencias de humillación.
Un patrón de pensamiento muy repetitivo.
Esto se trabaja bien en terapia, pero con enfoque. No con consejos generales.
Un proceso terapéutico te puede ayudar a:
Desmontar esa imagen negativa que has ido construyendo.
Trabajar respuestas en el momento (para no quedarte bloqueado).
Reducir la rumiación y canalizar esa rabia sin que te desborde.
Y algo importante:
No se trata de “dejar de darle importancia” sin más.
Se trata de que deje de definirte.
Porque ahora mismo, esas experiencias están ocupando demasiado espacio en tu identidad.
Te diría que busques un psicólogo con experiencia en ansiedad social y autoestima. Si en algún momento esos pensamientos de hacerte daño aumentan, no lo dejes pasar: habla con alguien de confianza o busca ayuda inmediata en tu entorno sanitario.
No estás roto.
Estás cargando con algo que no has podido procesar bien.
Y eso, bien trabajado, cambia mucho más de lo que parece.
Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo. Un saludo.
Hola, gracias por compartir algo tan personal.
Lo que estás describiendo no es “ser demasiado sensible”. Es la consecuencia de haber estado expuesto durante años a comentarios humillantes y descalificadores, además en contextos donde uno espera respeto (familia, universidad). Ese tipo de experiencias, repetidas en el tiempo, suelen dejar huella: afectan a la autoestima, aumentan la autovigilancia (“me están mirando”, “me están juzgando”) y favorecen la rumiación constante sobre lo ocurrido.
Hay varios puntos importantes a tener en cuenta:
Primero, el problema no es tu físico ni tu valor personal, sino el comportamiento de quienes han hecho esos comentarios. Ridiculizar a alguien, especialmente de forma repetida, habla más de la otra persona (necesidad de sentirse por encima, falta de empatía, dinámica de grupo) que de ti. Entender esto no es solo algo “racional”, es algo que hay que trabajar para que realmente lo sientas así.
Segundo, lo que te pasa a nivel mental tiene bastante lógica: cuando alguien no puede defenderse en el momento (te quedas bloqueado), el cerebro intenta “resolverlo después”, repitiendo la escena una y otra vez, buscando la respuesta que no salió. Esa rumiación no es debilidad, es un intento fallido de cerrar una herida abierta. El problema es que, en lugar de aliviar, mantiene el malestar activo.
Tercero, la mezcla que describes (tristeza profunda, comparación constante, sensación de ser juzgado y momentos de rabia intensa) indica que esto ya no es solo algo puntual, sino un patrón que está afectando a tu bienestar de forma importante. Y aquí conviene no minimizarlo.
Hay algunas líneas de trabajo que pueden ayudarte:
– Aprender a poner límites, aunque sea de forma sencilla. No hace falta responder con agresividad. Frases como “no me hace gracia ese comentario” o “prefiero que no hables así de mí” son más potentes de lo que parecen. No es tanto lo que dices, sino que dejas de quedarte en el silencio que te deja expuesto.
– Trabajar la autopercepción. Ahora mismo estás mirándote a través del filtro de años de comentarios negativos. Eso distorsiona mucho cómo te ves y cómo interpretas la mirada de los demás.
– Reducir la rumiación. No se trata de “dejar de pensar” (eso no funciona), sino de aprender a cortar ese bucle cuando empieza, porque cuanto más entras en él, más se intensifica la emoción.
– Dar espacio a la rabia de forma segura. La rabia que sientes tiene sentido, pero si no se canaliza bien, se vuelve contra ti o se acumula.
Hay algo que no quiero pasar por alto: mencionas pensamientos de “quitarte de en medio” y también impulsos de “cometer locuras”. Esto es importante. Aunque no los hayas llevado a cabo, indica que el nivel de malestar es alto y merece atención directa. No es algo que debas gestionar solo.
Si en algún momento esos pensamientos se intensifican o sientes que puedes perder el control, es importante que contactes con alguien de tu entorno o con servicios de ayuda inmediata en tu país. No lo dejes pasar.
Dicho esto, este es un caso claro para trabajarlo en profundidad, porque hay varios niveles implicados: autoestima, ansiedad social, gestión de la rabia, límites y procesamiento de experiencias pasadas. Se puede mejorar, pero no suele resolverse solo con consejos generales.
Si lo necesitas, puedes pedirme cita online y vemos tu caso con calma para ayudarte a salir de este bucle y que esto deje de tener tanto peso en tu día a día.
Lo que estás describiendo no es “ser demasiado sensible”. Es la consecuencia de haber estado expuesto durante años a comentarios humillantes y descalificadores, además en contextos donde uno espera respeto (familia, universidad). Ese tipo de experiencias, repetidas en el tiempo, suelen dejar huella: afectan a la autoestima, aumentan la autovigilancia (“me están mirando”, “me están juzgando”) y favorecen la rumiación constante sobre lo ocurrido.
Hay varios puntos importantes a tener en cuenta:
Primero, el problema no es tu físico ni tu valor personal, sino el comportamiento de quienes han hecho esos comentarios. Ridiculizar a alguien, especialmente de forma repetida, habla más de la otra persona (necesidad de sentirse por encima, falta de empatía, dinámica de grupo) que de ti. Entender esto no es solo algo “racional”, es algo que hay que trabajar para que realmente lo sientas así.
Segundo, lo que te pasa a nivel mental tiene bastante lógica: cuando alguien no puede defenderse en el momento (te quedas bloqueado), el cerebro intenta “resolverlo después”, repitiendo la escena una y otra vez, buscando la respuesta que no salió. Esa rumiación no es debilidad, es un intento fallido de cerrar una herida abierta. El problema es que, en lugar de aliviar, mantiene el malestar activo.
Tercero, la mezcla que describes (tristeza profunda, comparación constante, sensación de ser juzgado y momentos de rabia intensa) indica que esto ya no es solo algo puntual, sino un patrón que está afectando a tu bienestar de forma importante. Y aquí conviene no minimizarlo.
Hay algunas líneas de trabajo que pueden ayudarte:
– Aprender a poner límites, aunque sea de forma sencilla. No hace falta responder con agresividad. Frases como “no me hace gracia ese comentario” o “prefiero que no hables así de mí” son más potentes de lo que parecen. No es tanto lo que dices, sino que dejas de quedarte en el silencio que te deja expuesto.
– Trabajar la autopercepción. Ahora mismo estás mirándote a través del filtro de años de comentarios negativos. Eso distorsiona mucho cómo te ves y cómo interpretas la mirada de los demás.
– Reducir la rumiación. No se trata de “dejar de pensar” (eso no funciona), sino de aprender a cortar ese bucle cuando empieza, porque cuanto más entras en él, más se intensifica la emoción.
– Dar espacio a la rabia de forma segura. La rabia que sientes tiene sentido, pero si no se canaliza bien, se vuelve contra ti o se acumula.
Hay algo que no quiero pasar por alto: mencionas pensamientos de “quitarte de en medio” y también impulsos de “cometer locuras”. Esto es importante. Aunque no los hayas llevado a cabo, indica que el nivel de malestar es alto y merece atención directa. No es algo que debas gestionar solo.
Si en algún momento esos pensamientos se intensifican o sientes que puedes perder el control, es importante que contactes con alguien de tu entorno o con servicios de ayuda inmediata en tu país. No lo dejes pasar.
Dicho esto, este es un caso claro para trabajarlo en profundidad, porque hay varios niveles implicados: autoestima, ansiedad social, gestión de la rabia, límites y procesamiento de experiencias pasadas. Se puede mejorar, pero no suele resolverse solo con consejos generales.
Si lo necesitas, puedes pedirme cita online y vemos tu caso con calma para ayudarte a salir de este bucle y que esto deje de tener tanto peso en tu día a día.
Hola, gracias por compartir algo tan personal. Lo que describes no es una cuestión de “ser demasiado sensible”, sino la consecuencia de haber estado expuesto durante años a comentarios hirientes y humillaciones. Ese tipo de experiencias, especialmente cuando se repiten y vienen incluso de personas cercanas, afectan directamente a la autoestima y a la forma en que uno se percibe a sí mismo.
Es muy comprensible que te compares, que sientas que te juzgan o que revivas situaciones pasadas pensando qué podrías haber dicho. Tu mente está intentando “cerrar” esas experiencias que en su momento no pudiste gestionar, y por eso vuelven una y otra vez.
También es importante atender a algo que mencionas: hay momentos en los que te sientes muy hundido e incluso aparecen pensamientos de hacerte daño, y otros en los que sientes mucha rabia. Ambas reacciones (tristeza intensa y enfado acumulado) son señales de que hay un malestar emocional importante que necesita ser atendido, no minimizado.
Más allá de aprender a “darle menos importancia”, aquí hay varias claves:
-No se trata de aguantar o normalizar faltas de respeto, sino de aprender a poner límites. El hecho de que no hayas respondido no significa debilidad, pero sí puede estar dejando ese malestar dentro de ti.
-Trabajar la autoestima desde un lugar más profundo, no basado solo en la opinión externa.
Aprender a gestionar esos pensamientos repetitivos sobre el pasado, que suelen mantener el malestar activo.
-Dar espacio a esa rabia de una forma saludable, sin que se vuelva contra ti ni contra otros.
Dado el tiempo que llevas arrastrando esto y la intensidad de lo que sientes en algunos momentos, sería muy recomendable retomar apoyo psicológico. Ya tuviste una experiencia previa, y ahora podrías retomarla con un enfoque más centrado en autoestima, habilidades sociales y gestión emocional.
Y algo importante: si en algún momento esos pensamientos de hacerte daño aumentan o se vuelven más intensos, no los afrontes solo. Buscar ayuda en ese momento es fundamental.
No hay nada en ti que justifique el trato que has recibido. Pero sí hay mucho que puedes trabajar para dejar de cargar con ese peso y sentirte más seguro contigo mismo.
Si lo deseas, puedo acompañarte en ese proceso. Soy psicóloga clínica y también pasé por un proceso de fobia social durante mis estudios. A día de hoy ayudo a muchas personas con este problema. Entiendo perfectamente el infierno por el que estás pasando; pero hay salida. Confía y pide ayuda¡¡¡
Es muy comprensible que te compares, que sientas que te juzgan o que revivas situaciones pasadas pensando qué podrías haber dicho. Tu mente está intentando “cerrar” esas experiencias que en su momento no pudiste gestionar, y por eso vuelven una y otra vez.
También es importante atender a algo que mencionas: hay momentos en los que te sientes muy hundido e incluso aparecen pensamientos de hacerte daño, y otros en los que sientes mucha rabia. Ambas reacciones (tristeza intensa y enfado acumulado) son señales de que hay un malestar emocional importante que necesita ser atendido, no minimizado.
Más allá de aprender a “darle menos importancia”, aquí hay varias claves:
-No se trata de aguantar o normalizar faltas de respeto, sino de aprender a poner límites. El hecho de que no hayas respondido no significa debilidad, pero sí puede estar dejando ese malestar dentro de ti.
-Trabajar la autoestima desde un lugar más profundo, no basado solo en la opinión externa.
Aprender a gestionar esos pensamientos repetitivos sobre el pasado, que suelen mantener el malestar activo.
-Dar espacio a esa rabia de una forma saludable, sin que se vuelva contra ti ni contra otros.
Dado el tiempo que llevas arrastrando esto y la intensidad de lo que sientes en algunos momentos, sería muy recomendable retomar apoyo psicológico. Ya tuviste una experiencia previa, y ahora podrías retomarla con un enfoque más centrado en autoestima, habilidades sociales y gestión emocional.
Y algo importante: si en algún momento esos pensamientos de hacerte daño aumentan o se vuelven más intensos, no los afrontes solo. Buscar ayuda en ese momento es fundamental.
No hay nada en ti que justifique el trato que has recibido. Pero sí hay mucho que puedes trabajar para dejar de cargar con ese peso y sentirte más seguro contigo mismo.
Si lo deseas, puedo acompañarte en ese proceso. Soy psicóloga clínica y también pasé por un proceso de fobia social durante mis estudios. A día de hoy ayudo a muchas personas con este problema. Entiendo perfectamente el infierno por el que estás pasando; pero hay salida. Confía y pide ayuda¡¡¡
Gracias por compartirlo; lo que has vivido no es “ser demasiado sensible”, sino el impacto de años de comentarios hirientes que afectan a la autoestima. Es normal que ahora aparezcan comparación, rabia y pensamientos repetitivos; no hablan de tu valor, sino de lo que has tenido que soportar. Puede ayudarte empezar a cuestionar esas ideas negativas, poner límites con frases simples y firmes, y cortar la rumiación redirigiendo tu atención al presente. Retomar apoyo psicológico sería muy recomendable para trabajar tu seguridad y ansiedad social. Y si en algún momento esos pensamientos de hacerte daño aumentan, por favor busca ayuda inmediata y no te quedes solo.
Hola, gracias por expresar lo que estás viviendo con tanta honestidad.
Lo primero que me gustaría señalarte es que, por lo que describes, no parece que estés siendo “demasiado sensible”, sino que probablemente llevas muchos años acumulando experiencias de humillación, crítica y exposición emocional que han ido dejando una huella profunda en cómo te percibes a ti mismo. Cuando una persona recibe de forma repetida comentarios descalificadores —especialmente en etapas importantes del desarrollo— es frecuente que termine interiorizando una mirada muy dura hacia sí misma, hasta el punto de empezar a anticipar el juicio incluso cuando nadie está diciendo nada.
Lo que relatas encaja con un patrón en el que poco a poco pueden aparecer varias cosas al mismo tiempo:
una autoestima cada vez más vulnerable
una hipervigilancia social (“sentir que los demás te miran o te valoran”)
tendencia a la rumiación sobre situaciones pasadas
bloqueo en el momento
y después una mezcla de dolor, rabia y sensación de indefensión
Muchas veces el sufrimiento no viene solo del comentario en sí, sino de la repetición de experiencias en las que uno siente que no pudo defenderse, poner freno o sentirse protegido.
Y aquí hay un aspecto importante: además de trabajar la herida emocional que esto ha ido dejando, también sería muy valioso empezar a aprender a incorporar en tu vida límites más sanos, porque cuando una persona ha vivido durante mucho tiempo callando para evitar conflicto, a veces termina soportando más de lo que debería. Aprender a reconocer cuándo alguien cruza una línea y desarrollar una manera de responder sin dañarte ni dañarle puede ser una parte muy reparadora del proceso.
Del mismo modo, sería importante trabajar en estrategias orientadas a:
fortalecer tu autoestima
reducir la comparación constante
desmontar la voz interna crítica
y recuperar una percepción más justa de ti mismo
Porque el problema no parece estar únicamente en lo que otros te dijeron, sino en el efecto que eso ha ido teniendo en tu mundo interno.
Y algo importante: cuando mencionas pensamientos de hacerte daño o “quitarte de en medio”, eso indica que el malestar merece ser atendido cuanto antes y no deberías cargar con ello en soledad. En estos casos, un proceso psicológico puede ayudarte no solo a comprender lo que te está pasando, sino también a desarrollar herramientas concretas para sentirte más seguro contigo mismo y en tus relaciones.
A veces no se trata de dejar de darle importancia, sino de dejar de cargar solo con ello. Un abrazo.
Lo primero que me gustaría señalarte es que, por lo que describes, no parece que estés siendo “demasiado sensible”, sino que probablemente llevas muchos años acumulando experiencias de humillación, crítica y exposición emocional que han ido dejando una huella profunda en cómo te percibes a ti mismo. Cuando una persona recibe de forma repetida comentarios descalificadores —especialmente en etapas importantes del desarrollo— es frecuente que termine interiorizando una mirada muy dura hacia sí misma, hasta el punto de empezar a anticipar el juicio incluso cuando nadie está diciendo nada.
Lo que relatas encaja con un patrón en el que poco a poco pueden aparecer varias cosas al mismo tiempo:
una autoestima cada vez más vulnerable
una hipervigilancia social (“sentir que los demás te miran o te valoran”)
tendencia a la rumiación sobre situaciones pasadas
bloqueo en el momento
y después una mezcla de dolor, rabia y sensación de indefensión
Muchas veces el sufrimiento no viene solo del comentario en sí, sino de la repetición de experiencias en las que uno siente que no pudo defenderse, poner freno o sentirse protegido.
Y aquí hay un aspecto importante: además de trabajar la herida emocional que esto ha ido dejando, también sería muy valioso empezar a aprender a incorporar en tu vida límites más sanos, porque cuando una persona ha vivido durante mucho tiempo callando para evitar conflicto, a veces termina soportando más de lo que debería. Aprender a reconocer cuándo alguien cruza una línea y desarrollar una manera de responder sin dañarte ni dañarle puede ser una parte muy reparadora del proceso.
Del mismo modo, sería importante trabajar en estrategias orientadas a:
fortalecer tu autoestima
reducir la comparación constante
desmontar la voz interna crítica
y recuperar una percepción más justa de ti mismo
Porque el problema no parece estar únicamente en lo que otros te dijeron, sino en el efecto que eso ha ido teniendo en tu mundo interno.
Y algo importante: cuando mencionas pensamientos de hacerte daño o “quitarte de en medio”, eso indica que el malestar merece ser atendido cuanto antes y no deberías cargar con ello en soledad. En estos casos, un proceso psicológico puede ayudarte no solo a comprender lo que te está pasando, sino también a desarrollar herramientas concretas para sentirte más seguro contigo mismo y en tus relaciones.
A veces no se trata de dejar de darle importancia, sino de dejar de cargar solo con ello. Un abrazo.
Lo que describes no es ser demasiado sensible, sino el efecto acumulado de años de comentarios humillantes y situaciones en las que has recibido falta de respeto, algo que va afectando poco a poco a la autoestima y genera una mezcla muy desgastante de vergüenza, hipervigilancia y rabia contenida. Es comprensible que aparezca esa sensación de que los demás te están juzgando o que te quedes dándole vueltas a lo que ocurrió, porque la mente intenta encontrar una forma de protegerte o de “reparar” lo que en su momento no pudiste responder, aunque eso acabe manteniendo el malestar activo. También encaja con un fondo de ansiedad social previo, donde la atención se centra mucho en la mirada externa. A nivel práctico, suele ayudar empezar a trabajar tanto la rumiación (aprendiendo a cortar esos bucles mentales cuando aparecen) como la forma en que estás interpretando tu valor personal, que no debería depender de este tipo de comentarios de otros. Y en paralelo, es importante ir recuperando respuestas más firmes ante situaciones de falta de respeto, porque contenerlo todo puede estar alimentando esa rabia que luego aparece en forma de malestar intenso. En cuanto a los momentos en los que aparecen ideas de hacerte daño o de “quitarte de en medio”, es importante no dejarlos pasar en soledad y buscar apoyo profesional cuanto antes cuando surgen, porque son una señal de que estás sobrepasado emocionalmente. Un trabajo terapéutico puede ayudarte a reducir esa carga interna, a sentirte más seguro en lo social y a salir de esa dinámica de quedarte atrapado en lo que otros dijeron o hicieron.
Hola, gracias por compartir algo tan doloroso y arrastrado durante tanto tiempo. Recibir burlas, humillaciones o comentarios hirientes de forma repetida, especialmente en etapas importantes y también dentro del entorno cercano, puede dejar una huella profunda en la autoestima, la seguridad personal y la forma de relacionarse con los demás. No es extraño que hoy sigas sintiendo dolor, rabia o quedes atrapado en recuerdos de esas situaciones.
Esto no habla de ser “demasiado sensible”, sino del impacto acumulado de experiencias que han herido. Además, cuando mencionas pensamientos de hacerte daño o de cometer locuras, es importante tomar ese malestar en serio y buscar apoyo cuanto antes. No tienes por qué cargar con todo esto solo.
Con acompañamiento psicológico es posible trabajar la autoestima, sanar esas heridas y recuperar tranquilidad mental. Si lo deseas, estaré encantado de acompañarte en este proceso. Cuídate mucho.
Esto no habla de ser “demasiado sensible”, sino del impacto acumulado de experiencias que han herido. Además, cuando mencionas pensamientos de hacerte daño o de cometer locuras, es importante tomar ese malestar en serio y buscar apoyo cuanto antes. No tienes por qué cargar con todo esto solo.
Con acompañamiento psicológico es posible trabajar la autoestima, sanar esas heridas y recuperar tranquilidad mental. Si lo deseas, estaré encantado de acompañarte en este proceso. Cuídate mucho.
Buenas tardes, siento que lleves tiempo sintiéndote ultrajado. Mi consejo es que reanudes YA terapia psicológica para trabajar tu AUTOESTIMA, cómo defenderte de las agresiones que sientes sufrir. La terapia psicológica será de gran ayuda para tu vida. ANÍMATE y retoma la TERAPIA. Saludos.
Preguntas relacionadas
- Me hicieron hace 6 días una timoanoplastia con mastoidectomía por un colesteatoma, y me han puesto un injerto en el tímpano y prótesis para yunque y martillo. No me dijeron nada de la masturbación pero acabo de leer que puede ser peligrosa. La he liado?
- He tenido durante 20 años hashimoto he tomado mis pastillas y bien todo el año pasado pasé al hiper me quitaron la medicación y me subió la TSH a 150 a partir de hay me subieron la dosis en un mes de de 50 75 y 100a partir de ahí muchos temblores nervios y no poder parar me sale la TSH alta pero tengo…
- Hola tuve relaciones ayer estoy en mis días fértiles mi novio terminó a dentro pero al día siguiente tuve relaciones nuevamente pero terminó afuera , mi pregunta es pude quedar embarazada el día que eyaculo adentro o el día que termino afuera ya que es con dos personas distintas porfavor ayuda
- Buenas. El Bisoprolol me puede estar provocando falta de erección?
- He estado tomando Pylera para la bacteria helicobaster y ya terminado el tratamiento tengo después de las comidas acidez por lo cual mi doctora me ha mandado Esoxx One un sobre después de las comidas principales y también Mycostatin ya que tengo la lengua completamente blanca y me ha dicho que son hongos. Mi…
- Buen día mi mujer dejo de tomarla pero ahora tiene náuseas ??
- Hola buenas tardes empiezo con la perimenopausia y me recomendaron MENOPAUSIA de Gineprotect pero tengo factor vleiden lo puedo tomar
- Se que no se debe, pero si tomara alcohol por accidente, que pasaría con el duodart que tome en la mañana
- Borea no me ha aumentado el apetito, se puede dejar?
- Se puede tomar Viagra cada cuánto tiempo, y tendré erecciones y hay riesgos cardiovasculares me pueden aconsejar por favor
¿No has encontrado la respuesta que necesitabas? ¡Envía tu pregunta!
¿Tu caso es similar? Estos profesionales pueden ayudarte:
Todos los contenidos publicados en Doctoralia, especialmente preguntas y respuestas, son de carácter informativo y en ningún caso deben considerarse un sustituto de un asesoramiento médico.