Tengo una relación de casi 10 años de matrimonio metiendo el noviazgo y me siento agotada , anímicam

8 respuestas
Tengo una relación de casi 10 años de matrimonio metiendo el noviazgo y me siento agotada , anímicamente , mi pareja lleva varios años sin un trabajo fijo . No sé vincula a ningún tipo de régimen de salud ni la del gobierno tampoco le sale un trabajo que sea respetable en cuanto a que com ese trabajo se pueda pagar todas las cosas ..llevamos varios años viviendo en la casa de mis papás en un apartamento. El vive el dia a día. No tiene un salario fijo ni nada y tenemos dos hijos ya está creciendo
Yo trabajo independente en la temporada de turismo y ya estoy exhausta aparte.como pareja no nos logramos comunicar como debería , ya estoy pensando que lo q tengo es resignación
El es una persona terca e algunas cosas y yo me desespero porque ya necesito cambiar mi estilo de vida y que mis hijos puedan crecer de una forma más estable pero ahora estoy estudiando otra carrera que me impide trabajar en una empresa y tampoco quiero dejar a mis hijos al cuidado de otra persona . Ahora prácticamente estamos en un ultimátum. Yo debo decidir si sigo o no con la relación porque yo creo que ya no hay ese afecto que yo tenía por el y el respeto ha ido mermando y ya me puso prácticamente contra la pared porque yo le dije que no podíamos seguir en esta situación que debía conseguir un buen trabajo y me dijo q en una semana si no conseguía debíamos hablar y si fue ahora yo soy la q debe decidir . Y yo siempre que estoy volviendo una persona amargada por ratos y también dice el q soy intransigente.
Vaya, siento leer que no describes una simple “crisis puntual”, sino un agotamiento profundo, emocional y vital, que se ha ido acumulando durante años. Y es normal que ahora empieces a planteártelo muy en serio.

Da la sensación de que has estado funcionando durante mucho tiempo desde la responsabilidad, el esfuerzo y la espera: esperando a que él se estabilice, a que la situación mejore, a que llegue un momento más favorable para la familia. Mientras tanto, tú has trabajado cuando has podido, has cuidado de tus hijos, has seguido formándote, has convivido en casa de tus padres… Todo eso tiene un coste enorme y es lógico que ahora te sientas exhausta, irritable, menos paciente y con menos afecto disponible. Eso no te convierte en una mala pareja ni en una persona “amargada”; suele ser la consecuencia de vivir demasiado tiempo sin apoyo real y sin un proyecto compartido.

Por lo que cuentas, el conflicto ya no es solo económico, aunque eso pese mucho. Es un problema de asimetría: tú estás pensando en estabilidad, en el futuro de tus hijos, en cambiar de etapa vital; él parece instalado en el día a día, sin una estructura clara ni compromisos sostenidos. Cuando en una pareja uno avanza y el otro no, la distancia emocional suele crecer, y con ella la pérdida de respeto y de admiración, que son pilares básicos del vínculo.

También es importante señalar algo: poner límites y pedir cambios no es ser intransigente. A veces, cuando una persona ya no puede más, los límites suenan duros porque llegan tarde, después de mucho aguantar. El ultimátum no nace del capricho, sino del agotamiento. Y que ahora la decisión esté en tus manos no significa que todo sea “culpa tuya”; significa que has llegado a un punto en el que necesitas decidir qué vida quieres y qué modelo estás ofreciendo a tus hijos.

A veces los ultimátum son la manera que tenemos de transmitir a las personas que traspasan nuestros límites que ya está bien, que no vamos a pasar por eso ni una sola vez más. Y como resultado de ello hay personas que "espabilan" y se ponen las pilas y otras que siguen igual. No es que dar un ultimátum sea la única y mejor estrategia, pero a veces es una forma de ponerle la realidad bien de frente a la otra persona y cómo reaccionan nos da una clara respuesta sobre si quieren cambiar, si van a poner de su parte o preferirían seguir así eternamente.

La pregunta clave quizá no sea solo si sigues o no con la relación, sino: ¿Qué necesitarías tú para no seguir viviendo desde la resignación? ¿Qué tipo de estabilidad, de colaboración y de comunicación son innegociables para ti ahora?

Tomar una decisión en este punto es muy difícil hacerlo sola y con tanta carga emocional encima. Un proceso terapéutico puede ayudarte a ordenar lo que sientes, diferenciar el cansancio del desamor, revisar qué has ido perdiendo por el camino y decidir desde un lugar más claro, no desde el límite o la culpa. También puede ayudarte a comunicarte mejor, tanto si decides intentar un cambio real en la relación como si decides cerrarla.

Para terminar, déjame decirte que no estás exagerando ni siendo egoísta por querer una vida más estable para ti y para tus hijos. Estás pidiendo algo muy básico. Sea cual sea el camino que elijas, mereces hacerlo con acompañamiento y sin seguir cargando sola con todo.

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La situación que describes refleja un desgaste emocional y relacional importante, sostenido durante varios años y agravado por la falta de estabilidad económica, la convivencia prolongada en casa de tus padres, la crianza de dos hijos y la ausencia de un proyecto compartido que avance. El cansancio que expresas no es puntual, sino acumulado, y suele aparecer cuando una persona ha estado sosteniendo más de lo que le corresponde durante demasiado tiempo.

En muchas parejas, cuando uno de los miembros vive “al día” y el otro asume la responsabilidad económica, organizativa y emocional, se genera una dinámica de desigualdad que acaba erosionando el afecto y el respeto. En ese contexto, la dificultad para comunicarse, la sensación de resignación, la irritabilidad y el verse a uno mismo “amargado” suelen ser señales de agotamiento, no necesariamente de falta de valores o de intransigencia.

Los ultimátums, aunque a veces nacen de la desesperación, suelen aumentar la tensión y desplazar el foco del problema hacia “quién decide” en lugar de abordar lo esencial:
• qué necesidades tuyas no están siendo atendidas,
• qué responsabilidad real asume tu pareja,
• y si existe o no voluntad y capacidad de cambio por ambas partes.

Antes de tomar una decisión definitiva, es importante poder pensar con claridad, diferenciar el cansancio de una decisión libre y revisar si la relación puede transformarse o si efectivamente estás sosteniendo algo que ya no te permite vivir con la estabilidad que deseas para ti y para tus hijos.

Este tipo de situaciones se benefician mucho de un espacio terapéutico donde poder ordenar ideas, trabajar la culpa, el miedo y la ambivalencia, y tomar decisiones desde un lugar más sereno y consciente.

Si lo deseas, puedes solicitar cita online a través de mi perfil para valorar tu caso con más detalle y acompañarte en este proceso.
Entiendo que es una situación difícil. Quizá os iría bien ir a terapia de forma individual y de pareja. para poder poner orden en los diferentes temas que comentas.
Hola. Llevas muchos años sosteniendo mucha carga emocional por lo que lo que estás sintiendo es comprensible. Cuando no hay cambios reales ni corresponsabilidad suele aparecer agotamiento, resignación y pérdida de afecto. Antes de decidir, es importante que aclares qué necesitas para seguir (condiciones concretas, no promesas), y evalúes si él puede y quiere asumirlas de forma sostenida. Valora pros y contras de la relación e intentad llegar a acuerdos que os sirvan a los dos. En este caso creo que tener una primera sesión con un terapeuta de pareja os podría ayudar a encontrar ese equilibrio.
Hola, lo primero darte las gracias por compartir una situación tan dura. Lo que describes refleja un agotamiento emocional profundo tras años de inestabilidad, sobrecarga y falta de proyecto común. Cuando una persona sostiene casi todo —económico, familiar y emocional— es normal que aparezcan resignación, irritabilidad y pérdida de afecto.

No es que te estés volviendo “amargada” o “intransigente”; es que has llegado a tu límite. Antes de tomar una decisión definitiva, es importante que puedas clarificar qué necesitas tú para estar bien y qué condiciones son imprescindibles para continuar la relación.

La terapia psicológica, especialmente desde un enfoque cognitivo-conductual, puede ayudarte a ordenar ideas, mejorar la comunicación y tomar decisiones desde la calma y no desde el desgaste. Cuidarte a ti también es cuidar a tus hijos.

Un abrazo,
Pilar Rapela, tu psicóloga amiga
Hola, gracias por compartir una situación tan compleja y tan desgastante.

Lo que describes refleja un cansancio emocional muy profundo. Llevar tantos años sosteniendo la carga económica, familiar y emocional, vivir en una situación de inestabilidad prolongada y sentir que no hay un proyecto de vida compartido termina pasando factura a cualquier relación.

No es extraño que te sientas agotada, frustrada y que empieces a notar que el afecto y el respeto se han ido debilitando. Cuando una persona vive durante años con la sensación de que todo depende de ella, aparece el desgaste, la irritabilidad y la sensación de estar atrapada.

Es comprensible que necesites un cambio de vida, mayor estabilidad para tus hijos y una pareja que pueda asumir responsabilidades. Pedir eso no es ser intransigente, es una necesidad legítima.

Las decisiones que estás planteándote son muy importantes y remueven muchas emociones: culpa, miedo, tristeza, rabia y dudas. No es fácil decidir desde el cansancio acumulado.

En este momento sería muy importante que no tengas que afrontarlo sola. Un acompañamiento psicológico puede ayudarte a ordenar todo lo que estás sintiendo, a clarificar qué quieres realmente y a tomar una decisión desde un lugar más sereno y consciente.

Sea cual sea el camino que tomes, mereces una vida con mayor estabilidad, respeto y bienestar emocional.

Un saludo.
Lo que estás viviendo no es una crisis puntual, es un agotamiento profundo y sostenido en el tiempo, y tu malestar tiene sentido. Has cargado durante años con inestabilidad económica, crianza, trabajo y estudios, sin una corresponsabilidad real de tu pareja, y eso desgasta el afecto y el respeto. No estás siendo intransigente: estás llegando al límite de lo que puedes sostener sin perderte. La decisión que tengas que tomar no va de querer o no querer, sino de si esta relación, tal como es hoy, permite una vida mínimamente estable y cuidada para ti y para tus hijos.
Hola,

Lo que describes refleja un desgaste profundo y sostenido en el tiempo, no un mal momento puntual. Vivir durante años con inestabilidad económica, falta de corresponsabilidad y una comunicación deteriorada termina afectando no solo al ánimo, sino también al afecto y al respeto dentro de la pareja. Que te sientas agotada, irritable o “amargada por ratos” no es un defecto de carácter, sino muchas veces la consecuencia de cargar sola con demasiadas responsabilidades.
Es importante diferenciar entre exigir control y pedir estabilidad. Desear un proyecto de vida más seguro para ti y para tus hijos es legítimo, y no te convierte en intransigente. El problema no es solo que él no tenga un trabajo fijo, sino que parece no haber un plan claro, un compromiso sostenido ni una comunicación efectiva para afrontar esta etapa juntos. Cuando una relación se mantiene más por resignación que por elección, es normal que aparezcan dudas tan serias como las que estás teniendo ahora.
Antes de tomar una decisión definitiva, puede ser muy útil contar con un espacio terapéutico (individual o de pareja) donde puedas aclarar qué necesitas, qué límites son negociables y cuáles no, y desde dónde estás decidiendo: desde el cansancio o desde una reflexión más serena. Pensar en el bienestar de tus hijos también incluye cuidar tu propio equilibrio emocional. Acompañarte en este proceso puede ayudarte a tomar una decisión más consciente y menos cargada de culpa.

Un saludo,
David

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