Buenas tardes, hace poco me han diagnosticado con personalidad histérica, estoy preocupada porque ha

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Buenas tardes, hace poco me han diagnosticado con personalidad histérica, estoy preocupada porque hay rasgos que se que tengo pero hay cosas que no estoy para nada de acuerdo.

por ejemplo se dice que son personas que necesitan atención, yo no es que necesiten atención, es solo que me gusta que me reconozcan mis logros y que me tomen en cuenta para ejercer actividades que necesiten apoyo.

No considero que soy manipuladora
Si soy dramática, eso su creo que si
Mis emociones son fuerte y a veces no las se controlar
exploto cuando me guardo mucho durante mucho tiempo
Suelo observar mucho a las personas y y no suelo equivoarme cuando persivo algo.. en fin son muchas cosas estoy buscando una segunda opinion
 Mariola Moreno Quesada
Psicólogo, Sexólogo
Sevilla
Es comprensible que te sientas preocupada tras recibir un diagnóstico de trastorno de personalidad histriónica, especialmente cuando no te reconoces en todos los rasgos que aparecen descritos. Es importante aclarar algo fundamental desde el inicio: los diagnósticos de personalidad no son etiquetas cerradas ni definiciones absolutas de quién eres, sino hipótesis clínicas que deben contextualizarse y revisarse con cuidado.

En psicología, los trastornos de personalidad se describen como patrones de funcionamiento, no como listas rígidas de características que deban cumplirse todas. Muchas personas presentan rasgos sin que eso implique un trastorno estructurado. Además, conceptos como “necesidad de atención” suelen malinterpretarse. Desear reconocimiento, validación o que se tengan en cuenta tus capacidades no es patológico; es una necesidad humana básica. La diferencia está en cómo se busca ese reconocimiento y si genera un malestar significativo o dificultades relacionales persistentes.

Que te describas como una persona emocionalmente intensa, expresiva o con emociones fuertes no implica manipulación. La intensidad emocional, cuando no se ha aprendido a regular, puede llevar a explosiones emocionales tras periodos largos de contención, algo que vemos con frecuencia en personas sensibles, empáticas y observadoras. Esto habla más de dificultades en la regulación emocional que de un trastorno de personalidad en sí mismo.

También es importante señalar que la capacidad de percibir bien a los demás, captar matices emocionales o “leer el ambiente” no es un rasgo patológico; al contrario, suele estar presente en personas con alta sensibilidad emocional y buena intuición interpersonal.

Por todo ello, buscar una segunda opinión profesional es una decisión muy adecuada. Un diagnóstico de personalidad debería realizarse tras una evaluación profunda, longitudinal y contextualizada, no basarse solo en entrevistas puntuales o listas de síntomas. En muchos casos, lo que inicialmente se etiqueta como un trastorno de personalidad puede corresponder a estilos emocionales, historias relacionales complejas o aprendizajes tempranos que son trabajables en terapia.

Mi recomendación es que acudas a un/a psicólogo/a con experiencia en evaluación de personalidad, que pueda ayudarte a comprender tus rasgos desde una mirada integradora, sin juicios ni etiquetas rígidas, y que valore no solo lo que te ocurre, sino cómo te ha ocurrido. En Sevilla existen profesionales especializados en este tipo de abordajes.

Un diagnóstico no define tu identidad.
Entenderte mejor puede ser, en cambio, una gran oportunidad de crecimiento.

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Es comprensible que te genere inquietud recibir un diagnóstico y no sentirte identificada con todo lo que se describe. En los trastornos o rasgos de personalidad no se trata de “encajar” al cien por cien en una etiqueta, sino de identificar patrones predominantes que ayudan a orientar el trabajo terapéutico.

Por ejemplo, necesitar reconocimiento no es lo mismo que “buscar atención” de forma manipuladora. Valorar que se reconozcan tus logros o shows tener en cuenta es algo humano y saludable. Del mismo modo, ser expresiva emocionalmente o vivir las emociones con intensidad no implica necesariamente manipulación, sino una forma concreta de regular (o intentar regular) lo que sientes. Explotar tras mucho tiempo de contención suele indicar dificultad para expresar el malestar a tiempo, más que un rasgo intencional.

Los diagnósticos de personalidad describen tendencias, no definen a la persona ni son inamovibles. Por eso, buscar una segunda opinión y una valoración clínica completa es una decisión muy adecuada, especialmente si sientes que algunas características no te representan o están matizadas.

Si lo deseas, puedes pedirme cita online para valorar tu caso de forma individual, revisar el diagnóstico con calma y ayudarte a entender mejor qué te ocurre y cómo trabajarlo.
Antes de nada, es comprensible que este diagnóstico te haya generado inquietud y muchas preguntas. Conviene recordar que un diagnóstico psicológico no es una sentencia ni una definición de quién eres, sino una hipótesis clínica, una forma orientativa de entender ciertas dificultades para poder abordarlas mejor.

También es importante aclarar algo: el término “personalidad histérica” no es una categoría actual ni oficial. Es un concepto antiguo que hoy en día ya no se utiliza en los manuales diagnósticos, porque resulta impreciso y puede ser estigmatizante. En las clasificaciones actuales (como el DSM-5), lo más cercano sería el llamado trastorno histriónico de la personalidad, pero incluso ahí hablamos de rasgos, no de una etiqueta rígida que describa a una persona en su totalidad.

Los diagnósticos, cuando se usan bien, se basan en patrones generales, no en descripciones exactas de cada individuo. Por eso es totalmente normal que reconozcas algunos aspectos y otros no tengan nada que ver contigo. No todas las personas presentan los mismos rasgos ni con la misma intensidad.

Por ejemplo, desear que se reconozcan tus logros o que se te tenga en cuenta no implica una necesidad patológica de atención; es una necesidad humana básica. Y tener emociones intensas o expresarlas con fuerza no te convierte automáticamente en una persona manipuladora. En muchas ocasiones se trata más bien de dificultades en la regulación emocional, sobre todo cuando se acumulan tensiones durante mucho tiempo.

Otro punto clave es cómo se ha llegado a ese diagnóstico. Para que tenga verdadero valor clínico, debería surgir de un proceso de evaluación serio, que incluya entrevistas en profundidad y, en muchos casos, pruebas específicas. Una impresión rápida o un comentario aislado —especialmente si no proviene de una evaluación formal— no es suficiente para definir algo tan complejo.

Más allá de la etiqueta, lo verdaderamente importante es entender tu experiencia emocional, tus relaciones y tus modos de reaccionar, y eso suele explorarse mejor dentro de un proceso terapéutico, donde no se trata de encajar a la persona en un diagnóstico, sino de ayudarla a comprenderse y a desarrollar recursos propios.

Si estás buscando una segunda opinión o un espacio donde revisar todo esto con calma y sin juicios, trabajar estos temas en terapia puede ser un paso muy valioso, y desde ahí se pueden aclarar muchas de las dudas que ahora mismo te generan malestar.
Es importante que sepas que los diagnósticos no definen a la persona, sino que son herramientas orientativas que ayudan a comprender ciertos patrones y guiar el tratamiento. No son verdades absolutas ni etiquetas cerradas.

En los diagnósticos de personalidad, especialmente, hablamos de rasgos en distintos grados, no de características que tengan que cumplirse todas ni de la misma manera en cada persona. Que te reconozcas en algunos aspectos y no en otros es algo completamente esperable.

Más allá del nombre del diagnóstico, lo verdaderamente importante es tu malestar emocional, qué situaciones te hacen sufrir, cómo gestionas tus emociones y qué recursos tienes —o puedes desarrollar— para afrontarlas de una manera que te haga sentir mejor. El trabajo terapéutico se centra en aumentar la conciencia emocional, entender qué te afecta, aprender a regular emociones intensas y encontrar formas más saludables de expresarlas.

Buscar una segunda opinión también es una opción válida si sientes que necesitas mayor claridad o no te has sentido comprendida. El proceso terapéutico debe ser un espacio donde te sientas escuchada, respetada y acompañada.
Buenas tardes. Gracias por compartir cómo te sientes. Es normal que, tras recibir un diagnóstico, te identifiques con algunos rasgos y con otros no. Los diagnósticos en salud mental son guías clínicas, no etiquetas rígidas, y cada persona los manifiesta de forma diferente.

Que te guste que reconozcan tus logros o que te tengan en cuenta no implica necesariamente una necesidad patológica de atención. Lo que comentas sobre emociones intensas o dificultad para regularlas cuando se acumulan es algo que puede trabajarse muy bien en terapia.

Es importante recordar que, aunque la medicación puede ayudar a estabilizar síntomas, la terapia es fundamental para trabajar el origen del malestar, desarrollar herramientas emocionales y favorecer cambios estables en el tiempo. No necesariamente tienes que depender de un medicamento a largo plazo.

Buscar una segunda opinión es totalmente válido si sientes que la necesitas.

Si en algún momento consideras que necesitas acompañamiento psicológico, puedo ayudarte. Atiendo en consulta en Tres Cantos (Madrid), también online y a domicilio en Madrid Norte.
Buenas tardes, encantado de saludarte,

Gracias por compartir lo que estás sintiendo con tanta claridad. Es muy comprensible que un diagnóstico así genere preocupación, dudas e incluso rechazo hacia algunas descripciones. Quiero empezar por algo importante: un diagnóstico no define quién eres, ni recoge toda tu complejidad como persona. Es una herramienta clínica, no una descripción total de tu identidad.

Cuando se habla de “personalidad histérica” (o rasgos histriónicos), muchas veces se utilizan descripciones generales que pueden resultar simplificadas o incluso injustas si se toman al pie de la letra. En la práctica clínica, no significa que una persona sea manipuladora, superficial o que “necesite atención” en el sentido negativo que suele entenderse. Con frecuencia, lo que hay detrás es una alta sensibilidad emocional y relacional.

Querer que se reconozcan tus logros, sentirte tenida en cuenta o valorada no es patológico. Eso es una necesidad humana básica. Se vuelve problemático solo cuando la validación externa es la única forma de sostener la autoestima, y eso no es algo que se determine con una lista de rasgos, sino observando cómo se vive por dentro.

El hecho de que reconozcas que tus emociones son intensas, que a veces se acumulan y luego explotan, habla más de dificultades en la regulación emocional que de manipulación. Muchas personas muy emocionales aprenden a contener durante mucho tiempo hasta que el cuerpo ya no puede más. Eso no es dramatizar por llamar la atención, sino una forma aprendida —aunque costosa— de manejar lo que se siente.

También es importante lo que dices sobre tu capacidad de observar a los demás. La intuición y la sensibilidad interpersonal suelen estar muy desarrolladas en personas con este tipo de rasgos. A veces eso se etiqueta erróneamente como “exageración” o “teatralidad”, cuando en realidad es una percepción emocional fina del entorno.

Buscar una segunda opinión no solo es válido, sino saludable, especialmente cuando un diagnóstico genera más angustia que comprensión. Un buen proceso terapéutico no debería hacerte sentir encasillada, sino ayudarte a entenderte mejor, identificar tus recursos y trabajar aquello que te hace sufrir.

Más que preguntarnos si “encajas o no” en una etiqueta, puede ser más útil explorar preguntas como:

¿Qué me pasa cuando siento que no me tienen en cuenta?

¿Cómo manejo mis emociones intensas?

¿Qué necesito para expresarme sin tener que explotar?

Eso es lo verdaderamente terapéutico.

Espero que mi respuesta te haya sido de utilidad, un saludo.
Hola! Las categorías diagnósticas describen rasgos generales, no te define a ti como persona.. Te sugiero hacerle todas las preguntas que creas conveniente al psicólogo, es su deber informarte sobre esto que te genera inquietud. Lo importante es trabajar sobre aquello que te está generando malestar, más allá de la etiqueta que se utilice para describir el estado actual de una persona.
 María Fernanda Martinez
Psicólogo
Valencia
[12:06 PM, 1/31/2026] María Fernanda: Entiendo la angustia que estás atravesando. Los síntomas que describís suelen generar mucho miedo y malestar, especialmente cuando hay cambios en la medicación.

Desde la psicología, es importante aclarar que las decisiones sobre inicio, suspensión o reducción de psicofármacos deben ser siempre acompañadas y pautadas por un/a psiquiatra, ya que la retirada brusca de benzodiacepinas puede generar síntomas como los que mencionás.

En paralelo, el espacio terapéutico puede ayudarte a transitar este proceso con mayor contención, trabajando la ansiedad, el miedo a los síntomas y los recursos personales para atravesar la reducción de medicación de forma gradual y cuidada.

Te sugeriría retomar o reforzar el diálogo con tu psiquiatra y, si no lo estás haciendo ya, contar con un acompañamiento psicológico que contemple tu experiencia subjetiva, no solo el síntoma.
[12:15 PM, 1/31/2026] María Fernanda: Gracias por compartir lo que te está pasando. Es comprensible que un diagnóstico genere dudas, especialmente cuando sentís que no refleja del todo tu experiencia.

En psicología, los diagnósticos no buscan definir a una persona ni reducirla a una lista de rasgos, sino orientar la comprensión clínica. Muchas veces se trata de configuraciones de funcionamiento, no de características fijas o identidades.

Rasgos como la intensidad emocional, la necesidad de reconocimiento o la expresividad no son en sí mismos problemáticos; adquieren sentido según el contexto, la historia personal y cómo impactan en el bienestar.

Pedir una segunda opinión es válido, y trabajar estos temas en un espacio terapéutico puede ayudarte a comprender mejor tus emociones, tus vínculos y la manera en que expresás lo que te pasa, más allá de una etiqueta diagnóstica
 Cristina Cruz
Psicólogo
Salamanca
Hola! Gracias por compartir tu experiencia con tanta honestidad.

Desde una mirada actual y contextual, es importante aclarar que términos como “personalidad histérica” pertenecen a modelos diagnósticos antiguos y muy cargados de estereotipos. Hoy en día se entiende que los llamados “rasgos de personalidad” no son etiquetas cerradas, sino patrones de comportamiento y de regulación emocional que se desarrollan a lo largo de la vida y que aparecen en determinados contextos, no en todos ni de la misma forma.

Por ejemplo, desear reconocimiento por los propios logros (cosa normal como seres sociales a los que nos gusta agradar) no es lo mismo que “necesitar atención” de forma patológica. Todas las personas buscamos validación y pertenencia; el punto clave es qué función cumple esa búsqueda en tu vida y si te acerca o te aleja de lo que valoras. Del mismo modo, expresar emociones intensas o ser una persona sensible no implica manipulación: muchas veces tiene más que ver con una historia de aprendizaje donde las emociones no pudieron ser reguladas o expresadas de otra manera.

En relación a lo que comentas sobre “explotar” tras guardarte mucho tiempo las cosas, desde terapias como La de Aceptación y Compromiso (ACT) se trabaja precisamente el desarrollo de habilidades de regulación emocional, validación interna y expresión emocional flexible, sin necesidad de reprimir ni desbordarse.

Que observes mucho a las personas y tengas una buena percepción interpersonal también es un recurso, no un defecto. En terapia contextual no se trata de “quitar rasgos”, sino de aprender a relacionarte de otra manera con ellos, de forma que no te generen sufrimiento.

Buscar una segunda opinión es una decisión muy saludable, y absolutamente recomendable en tu caso. Te animo a que acudas a un/a profesional que trabaje desde enfoques actuales y que pueda evaluar tu caso más allá de una etiqueta diagnóstica en la que encorsetarte, ayudándote a entender cómo funcionan tus emociones, tus conductas y tus necesidades en tu contexto, y qué cambios te permitirían vivir con mayor bienestar.

Quedo a tu disposición.
Hola, gracias por compartirlo.
Como psicóloga clínica sanitaria te puedo decir que un diagnóstico no es una etiqueta cerrada ni una definición de quién eres. Tener rasgos no significa encajar en todo el perfil. Querer reconocimiento por el esfuerzo, sentir emociones intensas o expresarlas con intensidad no te hace manipuladora ni “necesitada de atención” en el sentido patológico.
La llamada personalidad histérica (o histriónica) se diagnostica cuando los rasgos son muy persistentes, rígidos y generan un malestar claro en muchas áreas, no solo porque una persona sea emocional, expresiva o sensible. Lo que describes también puede encajar con alta sensibilidad emocional, aprendizaje de contención prolongada y estallidos posteriores, sin que eso sea un trastorno de personalidad.
Buscar una segunda opinión es totalmente adecuado y saludable. Un buen profesional valorará tu historia completa, el contexto y cómo te afectan esos rasgos en tu vida diaria.
Un saludo,
Pilar Rapela
Tu psicóloga amiga
Lo primero es decirte que es muy comprensible que te preocupe un diagnóstico de ‘personalidad histérica’ o ‘histriónica’, sobre todo si sientes que encajas en algunas cosas pero en otras no.
Los diagnósticos de personalidad describen tendencias (formas habituales de sentir, relacionarte y reaccionar), no definen quién eres ni se tienen que cumplir al pie de la letra en todos los puntos.
Que te guste que reconozcan tus logros o que cuenten contigo no es, en sí mismo, algo patológico; es una necesidad bastante humana de ser vista y valorada. En el trastorno histriónico se habla más bien de una búsqueda de atención muy intensa, casi constante, que genera sufrimiento y problemas en las relaciones.
Lo que sí señalas y que parece importante es que vives las emociones de forma muy intensa, que a veces se vuelven dramáticas o difíciles de controlar, y que puedes explotar cuando acumulas demasiado. Eso sí puede ser un eje de trabajo: aprender a entender qué te pasa por dentro, poner palabras antes de llegar al límite y encontrar formas de expresarte que no te dejen luego con culpa o sensación de descontrol.
También es interesante que digas que sueles observar mucho a las personas y que confías bastante en tus percepciones. En terapia, más que discutir si eres o no ‘manipuladora’ o si encajas al 100 % en una etiqueta, se trata de comprender tu manera particular de sentir, relacionarte y protegerte, y ver qué de eso te ayuda y qué te hace daño.
Buscar una segunda opinión es totalmente válido cuando un diagnóstico no termina de encajar o te deja intranquila; lo importante es que esa valoración se haga con calma, mirando tu historia, tus relaciones y tu día a día, no solo una lista de rasgos. Para que esa segunda opinión sea realmente útil, normalmente es necesario iniciar un proceso terapéutico y/o una evaluación más detallada, en el que podamos conocerte mejor y entender tu caso en profundidad.
Buenas tardes,
gracias por compartir lo que te está pasando, es comprensible que un diagnóstico así genere dudas e inquietud.
Es importante saber que cuando hablamos de personalidad histriónica no nos referimos a una “etiqueta cerrada” ni a que todas las características descritas tengan que encajar contigo al cien por cien. Los manuales recogen tendencias generales, pero cada persona las vive de forma única.
Por ejemplo, necesitar atención no es lo mismo que valorar el reconocimiento, sentirse tenida en cuenta o desear que se aprecien los propios esfuerzos y logros. Eso, en sí mismo, es algo humano y saludable. Tampoco todas las personas con este tipo de rasgos son manipuladoras; muchas veces lo que hay es una forma intensa de expresar emociones o de buscar conexión con los demás, no una intención de manipular.
Lo que comentas sobre vivir las emociones con mucha intensidad, contenerte durante tiempo y luego explotar, suele estar más relacionado con dificultades en la regulación emocional que con una “forma de ser defectuosa”. Esto se puede trabajar en terapia con muy buenos resultados. También tu capacidad de observación y sensibilidad hacia los demás puede ser una fortaleza, aunque a veces genere sobrecarga emocional.
Buscar una segunda opinión es una decisión muy acertada, sobre todo si sientes que el diagnóstico no termina de representarte. Un buen proceso terapéutico debería ayudarte a comprenderte mejor, integrar tus rasgos, potenciar tus recursos y aprender a manejar aquello que te causa malestar, siempre desde el respeto a tu dignidad y a tu historia personal.
Si lo deseas, un profesional puede acompañarte para aclarar este diagnóstico y, sobre todo, para ayudarte a vivir con más equilibrio, serenidad y confianza en ti misma.
Un saludo cordial.
Buenas tardes. En primer lugar, es completamente comprensible que te sientas inquieta o en desacuerdo con un diagnóstico. Las etiquetas diagnósticas son herramientas para nosotros los profesionales, pero tú eres mucho más que un nombre técnico, y es muy común no sentirse identificada con todos los rasgos de un manual.
Lo que describes —el deseo de reconocimiento, la intensidad emocional y esa intuición aguda al observar a los demás— son rasgos que, bien canalizados, hablan de una gran sensibilidad. A veces, esa 'explosión' que mencionas ocurre simplemente porque el sistema emocional se satura al intentar gestionar mucha información o contención durante mucho tiempo.
Te animo a buscar un espacio donde te sientas segura para explorar estos rasgos desde la aceptación y no desde la etiqueta. Quedo a tu entera disposición si deseas profundizar…

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