Hay personas que, cuando hacen comentarios o actitudes que resultan hirientes o irrespetuosas, luego

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Hay personas que, cuando hacen comentarios o actitudes que resultan hirientes o irrespetuosas, luego lo justifican diciendo que fue un ‘malentendido’ o que ‘era una broma’. Siento que a veces eso se usa para minimizar lo ocurrido o evitar responsabilizarse. ¿Cómo se puede diferenciar un malentendido real de una falta de respeto disfrazada? ¿Y cómo sería recomendable manejar este tipo de situaciones sin caer en discusiones constantes o en dudar de la propia percepción?
Hola,

Sí que puede ser que, cómo práctica socialmente aceptada, se intente minimizar el problema o la ofensa de esa manera que comentas. Obviamente no es la mejor forma de tratar el problema o malentendido. Un ejemplo parecido podría ser, si estás triste por la razón que sea y alguien te dice "no estés triste". Se intenta minimizar la gravedad o hacerte sentir mejor pero no es la manera más sana o acertada.

Las faltas de respeto suelen ser más fáciles de detectar, porque tienen una intencionalidad. Por otra parte, si dudas de ti mismo@a habría que averiguar si es por un autoconcepto bajo.

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 Jesús Seijas Queral
Psicólogo
Pozuelo de Alarcón
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.

Esta es una duda muy útil, porque muchas personas se quedan atrapadas en la misma pregunta: “¿Estoy exagerando o realmente me han faltado al respeto?”. Y cuando la otra persona responde con un “era broma” o “lo has entendido mal”, la confusión aumenta.

Un malentendido real suele tener algunas señales bastante claras:

• La persona escucha tu malestar.
• No se burla de tu reacción.
• Intenta aclarar lo que quiso decir.
• Puede disculparse por el impacto, aunque no hubiera mala intención.
• Ajusta su forma de hablar contigo si ve que algo te hiere.

En cambio, una falta de respeto disfrazada suele tener otro tono:

• La persona te ridiculiza por haberte molestado.
• Convierte tu reacción en el problema principal.
• Usa “era broma” para no asumir nada.
• Repite la conducta aunque ya le hayas dicho que te molesta.
• Te hace sentir culpable por poner un límite.
• Te deja dudando constantemente de tu percepción.

La diferencia no está solo en la frase original. Está en lo que ocurre después.

Alguien puede equivocarse, hacer una broma torpe o expresarse mal. Eso forma parte de las relaciones humanas. Lo que marca la diferencia es si, al saber que te ha dolido, puede hacerse cargo del impacto o necesita invalidarte para quedar por encima.

Una forma sana de manejarlo es no entrar en debates interminables sobre la intención. Porque ahí muchas conversaciones se atascan:

“Yo no quería decir eso.”
“Pero me ha dolido.”
“Pues eres demasiado sensible.”
“Pero fue irrespetuoso.”
“Era una broma.”

Ese tipo de intercambio suele desgastar mucho y rara vez aclara algo.

Puede ser más útil responder de forma breve y firme:

“Puede que para ti fuera una broma, pero a mí me resultó desagradable.”
“No estoy diciendo que quisieras hacer daño, estoy diciendo que así me llegó.”
“No necesito discutir la intención; necesito que no se repita.”
“Si te digo que algo me molesta, me gustaría que lo respetaras.”
“Prefiero no seguir esta conversación si vas a invalidar cómo me he sentido.”

Estas frases ayudan porque no intentan demostrar que el otro es culpable. Simplemente marcan un límite.

También conviene mirar el patrón. Una situación aislada puede ser torpeza. Una conducta repetida ya habla de una dinámica. Si cada vez que te duele algo la otra persona lo convierte en “malentendido”, “broma” o “exageración tuya”, probablemente el problema no es tu sensibilidad, sino la falta de responsabilidad emocional del otro.

Al mismo tiempo, también es sano revisar la propia parte: si tiendes a interpretar muchas bromas como ataques, si te quedas rumiando durante días, si necesitas certezas absolutas o si te cuesta tolerar la ambigüedad, puede haber una herida de fondo relacionada con vergüenza, rechazo o inseguridad. Eso no invalida tu percepción, pero ayuda a comprender por qué algunas situaciones se quedan tan activadas por dentro.

La clave está en sostener dos ideas a la vez: tus emociones merecen ser escuchadas, y también puedes aprender a responder sin quedarte atrapado en la duda, la defensa o la necesidad de convencer al otro.

La terapia psicológica puede ayudarte a:

• Diferenciar intuición, sensibilidad y sesgos de interpretación.
• Poner límites sin culpa ni agresividad.
• Reducir rumiación después de comentarios hirientes.
• Trabajar miedo al ridículo, rechazo o invalidación.
• Fortalecer seguridad interna para no depender tanto de la reacción del otro.
• Aprender a relacionarte sin entrar en discusiones circulares.

Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
Es una duda muy razonable, porque no todas las bromas son iguales ni todas las personas utilizan el humor de la misma manera. Hay diferencias importantes entre un malentendido genuino y una actitud donde alguien intenta cubrir una falta de respeto bajo la etiqueta de “solo era una broma”.

Normalmente, en un malentendido real, la otra persona puede no haber calculado el impacto de lo que dijo, pero cuando percibe que te ha dolido suele aparecer cierta empatía espontánea. No solo dice “era una broma”, sino que intenta entender por qué te sentó mal, ajusta la conducta y no necesita invalidar tu reacción para protegerse.

En cambio, cuando alguien utiliza constantemente el humor para lanzar pullas, ridiculizar, colocarse por encima o incomodar, y después responde con frases como “no aguantas una broma”, “todo te lo tomas mal” o “estás exagerando”, muchas veces ya no estamos hablando solo de humor, sino de una manera de desresponsabilizarse y desplazar el problema hacia la sensibilidad de quien recibe el comentario.

Aun así, también es importante no quedarse únicamente en “¿tenía mala intención o no?”. Porque a veces la mente entra en un análisis infinito intentando descifrar la intención exacta del otro, y eso puede generar muchísimo desgaste. En muchos casos, la pregunta más útil no es “¿quiso hacerme daño?”, sino:
“¿Cómo me hace sentir repetidamente esta interacción?”
“¿Puedo expresar incomodidad sin ser ridiculizado?”
“¿La relación tiene espacio para el respeto mutuo?”

Respecto a cómo manejarlo, suele ayudar mucho responder desde la claridad y no desde la escalada. Algo breve y firme suele ser más efectivo que entrar en discusiones eternas intentando demostrar que tienes razón. Por ejemplo:
“Entiendo que para ti fuera una broma, pero a mí me incomodó.”
“No creo que haya mala intención necesariamente, pero prefiero que conmigo no se hagan ese tipo de comentarios.”

Eso permite marcar un límite sin necesidad de entrar en una guerra sobre quién interpreta la realidad “correctamente”.

Y algo importante: escuchar tu percepción no significa asumir automáticamente que el otro es una mala persona. Pero tampoco significa obligarte a invalidarte continuamente para mantener la paz. Hay personas que, por ansiedad, inseguridad o experiencias previas, dudan muchísimo de sus propias sensaciones y terminan preguntándose constantemente si tienen derecho a sentirse heridas. Recuperar confianza en la propia percepción es una parte importante del equilibrio psicológico.

Si sientes que este tipo de situaciones se te quedan muy enganchadas emocionalmente, te generan mucha rumiación o acabas dudando constantemente de ti mismo, trabajar esto en terapia puede ayudarte muchísimo. Si lo necesitas, puedes pedirme cita online.
Muchas veces la diferencia no está tanto en si la otra persona “quería” hacer daño o no, sino en cómo responde cuando expresas que algo te ha dolido. En un malentendido real suele haber interés por comprender, reparar y cuidar el vínculo. En cambio, cuando alguien minimiza constantemente lo que sientes, le da la vuelta a la situación o hace que acabes dudando de tu propia percepción, eso suele generar mucho desgaste emocional.

También es importante recordar que algo puede haberse dicho “en broma” y aun así resultar hiriente. El humor no borra el impacto emocional que algo tiene.

Y respecto a cómo manejar estas situaciones, suele ayudar comunicar cómo te has sentido de forma clara y tranquila, sin necesidad de justificar constantemente tu emoción. A veces observar los patrones dice más que una conversación aislada: cómo te sientes habitualmente con esa persona, si hay espacio para el diálogo o si acabas sintiéndote confundida, culpable o invalidada con frecuencia.

Tu percepción también merece ser escuchada y tenida en cuenta
A veces realmente hay malentendidos, pero otras veces la frase “era una broma” o “me has entendido mal” puede utilizarse para minimizar el impacto de lo ocurrido.

La diferencia suele verse en la actitud posterior: cuando hay un malentendido genuino, la persona intenta aclarar, escucha y muestra cierta empatía. En cambio, cuando hay falta de respeto encubierta, suele aparecer minimización, repetición de la conducta o hacer sentir al otro “demasiado sensible”.

Para manejar estas situaciones, suele ayudar centrarse más en cómo te hizo sentir la conducta que en discutir la intención: “Puede que no fuera tu intención, pero a mí me resultó hiriente”. También es importante observar patrones, poner límites y no invalidar constantemente la propia percepción. En relaciones sanas puede haber errores, pero también capacidad de reparación y respeto hacia el malestar del otro.
 Miguel Rojas Cásares
Psicólogo, Sexólogo, Psicólogo infantil
Madrid
Es importante trabajar la comunicación asertiva. Puedes solicitar cita tanto presencial como online, esta´re encantado de atentederte.
Un salud
La diferencia entre un malentendido real y una falta de respeto disfrazada suele verse más en la actitud posterior que en el comentario inicial. En un malentendido genuino, la otra persona intenta comprender el impacto que tuvo en ti, muestra apertura y valida tu malestar aunque no fuera su intención herirte. En cambio, cuando alguien usa constantemente “era broma” o “lo entendiste mal” para invalidar lo que sentiste, minimizarlo o evitar responsabilizarse, suele aparecer una dinámica más defensiva y poco empática. Es importante confiar también en tu percepción emocional: si algo te hiere de forma repetida, merece ser hablado aunque el otro no lo vea igual. La mejor forma de manejarlo suele ser expresar cómo te hizo sentir la situación sin entrar en una lucha por demostrar quién tiene razón, observando después si la otra persona escucha y repara o si sistemáticamente te hace dudar de tu propia experiencia.

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