Hola! Soy una chica joven egresada de medicina hace año y medio donde me “aleje” porque esperaba la

8 respuestas
Hola! Soy una chica joven egresada de medicina hace año y medio donde me “aleje” porque esperaba la homologación pero seguía estudiando para el examen de residencia.
A pesar de la poca experiencia encontré trabajo en un centro pero llevo 3 días allí y me siento insuficiente, no capaz de rellenar el lugar porque por primera vez no está el adjunto diciéndome que hacer, si no que la adjunta soy yo a pesar de que mayormente es labor administrativo, derivaciones o ajuste de medicación de casos puntuales. Pero justo eso me asusta no hacerlo bien porque me siento no apta. Tengo miedo de no hacerlo bien, o no saber qué hacer en esos momentos puntuales. En estos tres días apenas duermo 3h y desde las 3am no logro conciliar el sueño para nada, tampoco tengo apetito por el día que ni agua me pasa. Me despierto con ataques de pánico y la sensaciones de ansiedad, de no querer ir y durante todo el día que estoy allí tengo la sensación constante en el pecho de ansiedad hasta que llego a casa y me hecho a llorar. Siento que la cosa en vez de mejorar empeora pero no quisiera dejarlo y enfocarme solo estudiar para el examen de residencia porque temo defraudar a mi esposo quien nos ha mantenido hasta ahora. Pero no sé si esto se irá en algún momento o por lo menos disminuir.
 Jesús Seijas Queral
Psicólogo
Pozuelo de Alarcón
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.

Lo que describes parece una reacción de ansiedad muy intensa ante un cambio de rol profesional: has pasado de estar en una posición de aprendizaje supervisado a sentir que ahora “deberías saber responder” como responsable. Ese salto puede activar muchísimo miedo, especialmente en profesiones sanitarias, donde la responsabilidad se vive con mucha carga ética y emocional.

Tres días son muy pocos para concluir que no vales o que no eres capaz. Lo que sí muestran esos tres días es que tu sistema nervioso está en alarma: duermes muy poco, no tienes apetito, te despiertas con pánico, vas al trabajo con sensación constante de amenaza y al llegar a casa rompes a llorar. Eso no es simple nerviosismo de adaptación. Es un nivel de ansiedad que necesita atención y contención.

En medicina es bastante frecuente el llamado “síndrome del impostor”: sentir que una no está preparada, que en cualquier momento se va a notar su insuficiencia o que no tiene derecho a ocupar ese lugar. En tu caso parece intensificado por la poca experiencia, el tiempo alejada mientras esperabas la homologación y la presión de estar estudiando para la residencia.

Tu mente está haciendo una lectura muy dura:

“Si no sé resolver todo, no soy apta.”
“Si tengo miedo, significa que no estoy preparada.”
“Si me equivoco, voy a fallar como profesional.”
“Si dejo esto, voy a decepcionar a mi esposo.”

Ese tipo de pensamientos disparan ansiedad porque convierten un trabajo nuevo en una prueba absoluta de valor personal y profesional.

La realidad probablemente sea más matizada: estás empezando, necesitas orientación, protocolos, tiempo de adaptación y poder preguntar. Ser médica no significa tener que saberlo todo desde el primer día ni cargar en silencio con cada duda. La buena práctica profesional incluye reconocer límites, consultar, derivar y pedir supervisión cuando hace falta.

En este momento sería recomendable que hagas tres cosas.

Primero, habla con alguien del centro: responsable, coordinador/a o compañera con más experiencia. No hace falta presentarlo como incapacidad. Puedes decir algo como: “Estoy en fase de adaptación y me ayudaría tener claros los protocolos para derivaciones, ajustes puntuales y casos en los que debo consultar.” Eso es profesionalidad, no debilidad.

Segundo, habla con tu esposo desde la verdad, no desde la culpa. No estás eligiendo entre “ser fuerte” o “defraudarle”. Estás intentando sostener un nivel de ansiedad que ahora mismo te está desbordando. Si él te quiere, necesita saber cómo estás realmente.

Tercero, busca ayuda psicológica si esta intensidad continúa. Dormir 3 horas, no poder comer y tener ataques de pánico antes de ir al trabajo no conviene dejarlo avanzar. Cuanto antes lo trabajes, más fácil será evitar que se consolide una asociación entre trabajo y amenaza.

Puede disminuir, sí. Muchas reacciones de ansiedad laboral bajan cuando la persona gana estructura, apoyo, seguridad y experiencia. Pero no conviene esperar pasivamente a que “se vaya solo” mientras tu cuerpo está funcionando en modo emergencia.

No tomes una decisión definitiva desde el pánico. Ni “tengo que quedarme cueste lo que cueste”, ni “tengo que dejarlo ya porque no valgo”. Ahora necesitas regularte, pedir apoyo y valorar con más claridad si este trabajo es sostenible, si necesita ajustes o si conviene priorizar temporalmente el examen de residencia.

La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Manejar ansiedad intensa, ataques de pánico e insomnio.
• Trabajar síndrome del impostor y miedo a no estar a la altura.
• Diferenciar responsabilidad profesional de autoexigencia destructiva.
• Aprender a pedir ayuda y supervisión sin sentir fracaso.
• Ordenar la decisión entre trabajo, estudio y salud mental.
• Recuperar seguridad interna en una etapa profesional exigente.

Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.

Consigue respuesta gracias a la consulta online

¿Necesitas el consejo de un especialista? Reserva una consulta online: recibirás todas las respuestas sin salir de casa.

Mostrar especialistas ¿Cómo funciona?
Hola, por lo que comentas, entiendo que si es la primera vez que te expones a tu responsabilidad como medica, sin un adjunto que tenga responsabilidad sobre las decisiones, es normal que sientas ansiedad. En estos momentos al exponerte a la responsabilidad profesional, ha aparecido un miedo a no hacerlo bien o no saber que hacer. Cuando aparece un miedo y este miedo conecta con aspectos importantes para nosotros puede establecerse un sistema por el cual a través de los intentos para evitar lo que más tememos, el miedo esta todo el tiempo presente. Se trata de una paradoja, cuanto más pretendes evitar tu miedo, más presente se vuelve. Como ahora esta presente día y noche, tu cuerpo esta en sistema de alerta continuo y eso a su vez es muy agotador y estresante. El trabajo que hacemos en terapia habitualmente en estas situaciones, es primero ayudar a regular la intensidad del medio si este se ha establecido de forma muy intensa y después abordar una intervención que modifique el sistema para que puedas conectar con eso que temes, sin evitarlo, de forma que a través de diferentes estrategias, este sistema deje de funcionar como lo esta haciendo.
 Amador Manero Moreno
Psicólogo
Sant Andreu de la Barca
Hola, gracias por explicar con tanta claridad lo que te está pasando.

Lo primero que quiero decirte es que lo que describes no significa que no seas apta. Significa que tu sistema de alarma se ha activado de forma muy intensa justo en el momento en que has pasado de estar acompañada y supervisada a sentir que ahora eres tú quien debe sostener la responsabilidad. Es un cambio muy grande, especialmente en medicina, donde la exigencia interna suele ser altísima y donde muchas personas sienten que “si no lo sé todo, entonces no valgo”.

Pero aquí hay una trampa importante: estás confundiendo “no tener aún seguridad” con “no ser capaz”. Y no son lo mismo.

Cuando una persona entra en un nuevo rol profesional, sobre todo si implica responsabilidad clínica, es normal que aparezca miedo. El problema empieza cuando ese miedo, en vez de ayudarte a estar atenta, empieza a gobernarte. Entonces intentas anticiparlo todo, controlar cada posible error, demostrarte que puedes, exigirte funcionar como alguien con años de experiencia, y cuanto más intentas estar segura, más insegura te sientes. Es como si tu mente te dijera: “tengo que estar completamente preparada para poder ir tranquila”. Pero en la práctica ocurre lo contrario: cuanto más buscas la certeza absoluta, más aparece la duda.

Además, llevas solo tres días. Tres días no son una prueba de capacidad profesional. Son una fase de impacto, adaptación y choque con la responsabilidad. Tu cuerpo está reaccionando como si estuvieras ante un peligro real constante: duermes poco, no comes, te despiertas con pánico, tienes presión en el pecho y lloras al llegar a casa. Eso no debe minimizarse, porque cuando el cuerpo entra en ese estado, la mente interpreta todo como amenaza.

Ahora bien, tampoco conviene tomar una decisión definitiva desde el pánico. Cuando una persona decide en pleno ataque de ansiedad, no decide libremente: decide para escapar. Y escapar alivia al principio, pero muchas veces confirma la idea de “no pude”, y eso puede hacer que el miedo crezca para la siguiente situación parecida.

Por eso, antes de plantearte dejarlo, yo te sugeriría hacer algo más estratégico: no decidir todavía si puedes o no puedes. Decide solo sostenerlo durante un periodo muy breve y delimitado, por ejemplo una semana más, pero con una regla distinta: no tienes que demostrar que eres perfecta, solo tienes que observar qué cosas concretas sí puedes hacer y en qué momentos concretos necesitas consultar, derivar o pedir apoyo.

Una médica joven no tiene que saberlo todo. Tiene que saber trabajar con prudencia. Y la prudencia incluye preguntar, derivar, revisar, consultar protocolos y reconocer límites. Eso no te hace menos profesional; te hace más segura.

También sería importante que hables con alguien del centro, si es posible con una figura de referencia, y lo plantees de forma profesional, no desde la vergüenza. Algo como: “Estoy en fase de adaptación y quiero asegurarme de hacer bien los procedimientos. ¿Podemos revisar cuál es el circuito de consulta o derivación en casos dudosos?”. Esto no transmite incapacidad. Transmite responsabilidad.

Con tu esposo, intenta no plantearlo como “si lo dejo, lo defraudo”. Esa frase te encierra. Mejor sería decirle algo más real: “Estoy intentando adaptarme, pero mi ansiedad está siendo muy intensa y necesito apoyo para tomar una decisión con calma, no desde el miedo”. Si él te quiere, no necesita que seas invulnerable; necesita saber qué te está pasando.

Hay dos cosas que sí conviene atender pronto. Si llevas varios días durmiendo solo tres horas, sin apetito y con ataques de pánico al despertar, sería recomendable consultar con un profesional sanitario o de salud mental para valorar cómo estabilizar el sueño y la ansiedad. No porque estés “mal” como persona, sino porque un cuerpo sin sueño y sin alimento empieza a funcionar en modo emergencia, y desde ahí todo parece más amenazante.

Te propongo una tarea sencilla para estos próximos días.

Cada noche, antes de dormir, escribe en una hoja tres columnas.

En la primera: “Qué temía que ocurriera hoy”.

En la segunda: “Qué ocurrió realmente”.

En la tercera: “Qué hice para manejarlo, aunque fuera imperfectamente”.

No escribas grandes reflexiones. Solo hechos. El miedo vive de predicciones catastróficas; tú necesitas empezar a devolverle a tu mente datos reales.

Y durante el día, cuando aparezca la frase “no soy apta”, cámbiala por una más precisa: “Estoy aprendiendo a ocupar un lugar nuevo y todavía no tengo seguridad”. Esta segunda frase no te hunde; te orienta.

La pregunta no es si esto se irá solo. La pregunta es si vas a seguir alimentándolo con exigencia, anticipación y juicio, o si vas a empezar a tratarlo como lo que parece ser: una crisis de adaptación con ansiedad intensa ante una responsabilidad nueva.

No estás obligada a decidir hoy si sigues o no sigues. Hoy solo necesitas recuperar un poco de suelo: dormir, comer algo, pedir una referencia clara en el trabajo y dejar de exigirte funcionar como si llevaras años allí.

Si ves que el insomnio, el pánico o la falta de apetito continúan, o si aparecen ideas de hacerte daño o de no poder más, pide ayuda profesional cuanto antes o acude a urgencias. En estos casos no se espera a “ver si se pasa” cuando el cuerpo ya está tan activado.

Soy Amador Manero, de PSYAMM. Si quieres trabajarlo terapéuticamente, puedes consultarme a través de Doctoralia.es.
Hola, gracias por compartirlo con tanta honestidad. Se nota que estás atravesando un nivel de ansiedad y exigencia muy grande, y también cuánto te importa hacerlo bien y estar a la altura de la responsabilidad que asumiste.

Por lo que contás, pareciera que el impacto no viene solo del trabajo en sí, sino del cambio de posición: pasar de estar acompañada y supervisada a sentir que ahora “te toca responder”. Ese pasaje suele movilizar mucho, especialmente al inicio de la práctica profesional y más aún en profesiones donde la responsabilidad pesa tanto.

También me parece importante señalar algo: llevás solo tres días y ya estás durmiendo muy poco, con ataques de pánico, sin apetito y en un estado de alerta constante. Eso habla de un nivel de ansiedad importante que merece ser cuidado, no solo “aguantado”.

Quizás ahora mismo estás interpretando el miedo como prueba de que “no servís” o “no sos apta”, cuando muchas veces el comienzo laboral despierta justamente inseguridad, miedo a equivocarse y sensación de impostura, incluso en personas muy capaces.

Y algo que me resonó mucho es esto de no querer defraudar a tu esposo. Tal vez, además del miedo profesional, hay una presión muy fuerte por demostrar que ahora te toca sostener, responder o “compensar” algo.

No parece una situación para decidir apresuradamente ni para exigirte certezas inmediatas. Quizás la pregunta hoy no sea “¿sirvo o no sirvo para esto?”, sino:
- ¿Cómo puedo atravesar este comienzo sin destruirme en el intento?

Me parece importante que no quedes sola con este nivel de ansiedad. Buscar apoyo psicológico podría ayudarte mucho a ordenar lo que te está pasando y diferenciar el miedo inicial de una decisión más profunda sobre tu camino profesional.

Y sí, muchas veces esta intensidad disminuye cuando la persona empieza a ganar experiencia, referencias internas y confianza. Pero mientras tanto, necesitás cuidado y sostén, no solo exigencia.
 Sol Chipian
Psicólogo
Torremolinos
Hola, primero lamento mucho que te estes sintiendo de esta manera. Has dicho varias cosas en este párrafo, primero quiero decirte que estas siendo muy exigente contigo misma. Por supuesto que no es esta la vía para saber de donde viene este sentimiento de no sentirte apta o capaz pero lo que si creo es que es muy dificil que desempeñes bien tu trabajo si sufres de ansiedad y menos si no estas descansando bien, no solo que no lograras ayudar a nadie si no que cada vez te sentirás peor, tu marido te elige y te ama y seguramente quiera ayudarte y seguirte apoyando mas si no la estas pasando bien. La pregunta que deberías hacerte es por que tanta exigencia, son interrogantes para llevarlo a una consulta. Espero haber contribuido en algo aunque sea pequeño.
Hola! Lo primero que quiero decirte es que lo que estás viviendo tiene mucho sentido dentro del momento vital y profesional en el que te encuentras. Estás atravesando una transición muy exigente: pasar del rol de estudiante o supervisada al de profesional responsable suele generar un impacto emocional importante, especialmente en personas con un alto nivel de autoexigencia y responsabilidad, como suele ocurrir en medicina.
Por lo que describes, no parece que exista una falta real de capacidad, sino una percepción de insuficiencia muy alimentada por la ansiedad y por el miedo a cometer errores. Es frecuente que, al asumir por primera vez un lugar de responsabilidad, aparezca lo que clínicamente llamamos “síndrome del impostor”: la sensación de no estar preparada, de que en cualquier momento quedará en evidencia una supuesta incompetencia, aun cuando objetivamente sí existen conocimientos y criterios suficientes para ejercer el rol.
Además, tu sistema nervioso ahora mismo parece estar funcionando en un estado de alerta constante. El insomnio, la pérdida de apetito, la opresión en el pecho, el llanto frecuente, los despertares con pánico y la anticipación intensa al trabajo son señales de que tu ansiedad está sobrepasando tu capacidad actual de regulación. Y cuando el cuerpo entra en ese estado de hipervigilancia, la mente interpreta todo desde el miedo: cualquier duda se siente como prueba de incapacidad y cualquier responsabilidad como una amenaza.
También es importante entender que nadie empieza un trabajo sintiéndose completamente seguro. La seguridad profesional no aparece antes de ejercer, sino precisamente a través de la experiencia. Incluso médicos con años de trayectoria siguen consultando, dudando y revisando decisiones. La diferencia es que con el tiempo aprenden que no necesitan saberlo todo para ser competentes.
Ahora mismo tu ansiedad te está exigiendo una certeza imposible: sentirte completamente preparada antes de permitirte ejercer con tranquilidad. Pero la práctica clínica real no funciona desde la perfección absoluta, sino desde la capacidad de evaluar, consultar cuando es necesario y actuar con criterio y prudencia, y eso ya lo estás haciendo.
También percibo mucha presión interna respecto a “no defraudar” a tu esposo y a no abandonar el trabajo. Es importante que no conviertas esta experiencia en una prueba de valor personal. Necesitar tiempo de adaptación, apoyo emocional o incluso replantear ritmos no significa fracaso. Significa reconocer los límites actuales de tu sistema emocional.
La buena noticia es que este nivel de ansiedad sí puede disminuir. El cerebro no permanece indefinidamente en máxima activación, especialmente cuando empiezas a ganar experiencia, rutina y confianza. Sin embargo, dado el nivel de malestar físico y emocional que estás teniendo, sería muy recomendable que puedas buscar apoyo psicológico cuanto antes. No porque estés incapacitada, sino porque estás sosteniendo un nivel de sufrimiento muy alto y no deberías atravesarlo sola.
No tomes decisiones definitivas en medio del pico de ansiedad. Ahora mismo tu mente está intentando protegerte haciéndote creer que no puedes, cuando probablemente lo que necesitas es acompañamiento, descanso emocional y tiempo de adaptación. El hecho de que tengas miedo habla más de tu responsabilidad y compromiso que de una falta de capacidad.
Lo que estás describiendo es muchísimo más frecuente de lo que imaginas en profesionales sanitarios jóvenes, especialmente en el paso de “estar supervisada” a sentir que ahora eres tú quien tiene la responsabilidad final. Y además en medicina ocurre algo muy concreto: muchas personas llegan académicamente muy preparadas, pero emocionalmente nadie les enseña a tolerar la incertidumbre, la responsabilidad ni la sensación de “¿y si no sé suficiente?”.

Da la sensación de que tu sistema nervioso ha entrado en un estado de alerta máxima. No estás simplemente nerviosa. Estás en un nivel de ansiedad donde el cuerpo ya interpreta el trabajo como una amenaza: insomnio, despertar precoz con pánico, pérdida de apetito, presión en el pecho, llanto al llegar a casa, hipervigilancia constante… Todo eso encaja muchísimo con una respuesta de ansiedad intensa ante una situación nueva y muy exigente emocionalmente para ti.

Y además hay algo importante: probablemente estás interpretando que “tener dudas” significa “ser incompetente”. Pero en profesiones sanitarias responsables, precisamente quien revisa, duda y consulta suele ser quien intenta hacer las cosas bien. El problema es que ahora mismo tu cabeza no te deja distinguir entre:
“soy nueva y estoy adaptándome”
y
“soy un fraude y no debería estar aquí”.

Tu mente parece estar funcionando desde la exigencia de “debería saberlo todo ya”. Y eso es imposible. Llevas literalmente tres días. Tres días no son tiempo suficiente para sentirse segura en un puesto nuevo, menos aún después de un periodo donde estabas más centrada en homologación y residencia que en práctica clínica diaria.

También noto mucha presión interna relacionada con no “fallarle” a tu esposo. Y eso puede hacer que sientas que dejar el trabajo equivaldría a decepcionar, fracasar o no estar aportando suficiente. Pero ahora mismo el problema no es solo laboral. Es el nivel de ansiedad sostenida en el que estás entrando.

La buena noticia es que sí, esto muchas veces disminuye cuando el cerebro empieza a familiarizarse con el entorno y comprueba que puede sostener la situación. El inicio de muchos trabajos sanitarios se vive casi como un síndrome del impostor permanente. Pero también es importante no normalizar un nivel de sufrimiento tan alto sin pedir ayuda.

No tienes por qué decidir ahora mismo entre “aguantar destrozada” o “dejarlo todo”. A veces primero hay que estabilizar el sistema nervioso, dormir, recuperar sensación de control y aprender a diferenciar responsabilidad de autoexigencia extrema.

Y algo importante: no ser perfecta no te convierte en peligrosa ni en inútil. Los profesionales competentes también consultan, revisan protocolos, preguntan y necesitan tiempo para ganar seguridad.

Si lo necesitas, puedes pedirme cita online y trabajamos toda esta ansiedad, el miedo a no estar a la altura y la presión que estás sintiendo en esta etapa tan importante de tu vida profesional.
Hola,

Lo que describes le ocurre a muchos profesionales sanitarios al empezar a asumir responsabilidad real, especialmente en profesiones tan exigentes como medicina. Pasar de estar supervisada a sentir que ahora eres “la responsable” puede activar muchísimo miedo, autoexigencia y sensación de no estar preparada, incluso aunque sí tengas conocimientos y capacidad. De hecho, muchas veces las personas más responsables son precisamente las que más dudan de sí mismas al inicio.
También parece que ahora mismo tu cuerpo está entrando en un estado de ansiedad muy elevado: insomnio, ataques de pánico, falta de apetito, sensación constante de presión… y eso hace que cada día se viva todavía más amenazante. Cuando dormimos tan poco y vivimos con tanta activación, la mente empieza a interpretar todo desde el miedo y la inseguridad, por lo que es normal que sientas que “cada vez empeora”.
Es importante que no interpretes automáticamente esta reacción como señal de que “no vales para esto” o de que hayas tomado una mala decisión profesional. Muchas veces es una combinación de responsabilidad, presión acumulada, miedo a cometer errores y síndrome del impostor. Aun así, no deberías sostener este nivel de ansiedad tú sola. Buscar apoyo psicológico puede ayudarte mucho a gestionar esta transición, bajar la activación emocional y recuperar sensación de seguridad y confianza en ti misma antes de tomar decisiones impulsivas sobre dejar el trabajo o abandonar tus objetivos.

Un saludo,
David

Preguntas relacionadas

¿No has encontrado la respuesta que necesitabas? ¡Envía tu pregunta!

  • Tu pregunta se publicará de forma anónima.
  • Intenta que tu consulta médica sea clara y breve.
  • La pregunta irá dirigida a todos los especialistas de Doctoralia, no a uno específico.
  • Este servicio no sustituye a una consulta con un profesional de la salud. Si tienes un problema o una urgencia, acude a tu médico o a los servicios de urgencia.
  • No se permiten preguntas sobre casos específicos o segundas opiniones.
  • Por cuestiones de salud, no se publicarán cantidades ni dosis de medicamentos.

Este valor es demasiado corto. Debe contener __LIMIT__ o más caracteres.


Elige la especialidad de los médicos a los que quieres preguntar
Lo utilizaremos para notificarte la respuesta (en ningún momento aparecerá en Doctoralia)

¿Tu caso es similar? Estos profesionales pueden ayudarte:

Todos los contenidos publicados en Doctoralia, especialmente preguntas y respuestas, son de carácter informativo y en ningún caso deben considerarse un sustituto de un asesoramiento médico.