Mi esposa y yo somos swinger, pero ella no quiere q comparta con más mujeres, solo con ella, ella es

2 respuestas
Mi esposa y yo somos swinger, pero ella no quiere q comparta con más mujeres, solo con ella, ella es bisexual. Ella me dice egoísta porque, según ella, lo que yo quiero es tener dos mujeres, y creo q la egoísta es ella por querer tener marido y mujer pero sin que nadie pueda interactuar.... Comenzamos recién una relación con una chica muy buena, pero es bisexual, no lesbiana, por ende pide q yo participe para poder satisfacerse a plenitud, eso es algo q desde el primer momento puso incomoda a mi esposa pero igual accedió, le expliqué q no veía racional q si su esposo soy yo, con quién lleva 13 años de matrimonio me quiera excluir a la hora del sexo.
Esto Nunca fue un problema, ese cambio vino a raíz de una infidelidad q cometí, accedí q las mujeres solo serían para ella comi una forma de castigo por mi traición, así se mantuvo en palabras hasta q llegó una chica después de 3 años y desde el inicio mi esposa quiso q interactuara con ella, a lo q yo me negué, pero ella insistió... Al final se enamoro de esa chica pero la relación no funcionó.
Comenzamos luego una nueva relación, con la chica actual, ella dejo claro sus preferencias y mi esposa accedió, después de casi un mes comenzaron los problemas, ahora no quiere q toque a la chica, ni que interactuemos sexualmente, incluso el sexo entre mi esposa y yo a decaído, ya q al jugar el rol activo con las mujeres no sabe cambiar al rol pasivo cuando entro yo a la ecuación...
Por favor ayúdenme, creo q mi relación es una bomba de tiempo y no quisiera q acabará..
Muchas gracias
 Andrea Del Pozo de la Cruz
Psicólogo
Villanueva de la Serena
Gracias por explicar vuestra situación con tanta honestidad. Más allá de la parte sexual, lo que se percibe en vuestro relato es una relación que lleva tiempo intentando reorganizarse después de una herida importante, y eso suele ser mucho más complejo de lo que parece desde fuera.

Las relaciones abiertas, swinger o no monógamas pueden funcionar, pero requieren algo especialmente delicado: acuerdos claros, seguridad emocional y una comunicación muy honesta sobre los límites, los miedos y las necesidades de cada uno. Y en vuestro caso hay un elemento importante que probablemente sigue muy presente: la infidelidad y el impacto emocional que dejó en vuestra relación.

Da la sensación de que algunas normas que establecisteis no nacieron tanto del deseo libre y compartido, sino del intento de reparar el daño o recuperar seguridad. El problema es que, cuando los acuerdos se construyen desde el miedo, la culpa o la necesidad de controlar el dolor, suelen aparecer contradicciones, celos, resentimiento y mucha confusión emocional.

También parece que vuestra relación está entrando en una dinámica donde el conflicto ya no gira solo en torno al sexo, sino alrededor de preguntas más profundas:

* ¿Qué necesita cada uno para sentirse seguro dentro de la relación?
* ¿Qué cosas siguen sin repararse realmente tras la infidelidad?
* ¿Qué límites son auténticos y cuáles nacen del miedo?
* ¿Existe espacio para el deseo de ambos sin que uno sienta pérdida o amenaza?

No creo que aquí haya un “egoísta” y un “correcto”. Probablemente ambos estáis intentando proteger necesidades emocionales distintas, pero sin terminar de encontrar una forma de hacerlo que no genere sufrimiento en el otro.

Mi recomendación sería buscar terapia de pareja especializada en relaciones no monógamas o diversidad relacional. No para decidir quién tiene razón, sino para entender qué está ocurriendo debajo de esta tensión: inseguridad, miedo a perder, necesidad de validación, control, deseo, culpa o dificultad para reconstruir la confianza.

Porque muchas veces el problema no es el modelo de relación en sí, sino las heridas emocionales que la relación está intentando sostener sin haber terminado de sanar.

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 Jesús Seijas Queral
Psicólogo
Pozuelo de Alarcón
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.

Por lo que cuentas, el problema no parece estar únicamente en la práctica swinger o en la bisexualidad de tu esposa. El conflicto de fondo parece estar en la confianza dañada, los acuerdos poco claros y el uso del sexo como terreno donde se mezclan deseo, castigo, control, celos y reparación de una infidelidad previa.

Cuando una pareja abre su vida sexual, necesita acuerdos muy precisos. Pero esos acuerdos tienen que nacer de la libertad, la confianza y la claridad. Si nacen del dolor, la culpa o la compensación por una traición, es fácil que con el tiempo se conviertan en una fuente de resentimiento.

Dices que después de tu infidelidad aceptaste que “las mujeres serían solo para ella” como una forma de castigo. Esa frase ya muestra una base complicada. Una norma sexual no debería funcionar como castigo dentro de la pareja. Puede parecer una solución temporal, pero suele dejar heridas abiertas: uno siente que está pagando una deuda y el otro quizá siente que necesita controlar para no volver a sentirse traicionado.

Ahí probablemente se está jugando mucho más que la relación con esta chica actual.

Tu esposa puede estar sintiendo inseguridad, miedo a perder el control, celos, comparación o temor a que tú vuelvas a cruzar límites. Y tú puedes estar sintiendo exclusión, injusticia, frustración y la sensación de que el acuerdo ya no es equilibrado.

Ambas vivencias pueden coexistir, pero si cada uno se coloca en “el egoísta eres tú”, la conversación se bloquea.

La pregunta central no sería quién tiene más razón, sino si los dos estáis emocionalmente preparados para sostener una dinámica abierta sin usarla para reparar, castigar o controlar.

En relaciones no monógamas o swinger, los acuerdos deben revisarse constantemente. Consentir una vez no significa estar cómodo siempre. Y si una de las partes empieza a sufrir, a cerrarse, a sentirse desplazada o a perder deseo en la relación principal, conviene parar y revisar antes de seguir avanzando.

Ahora mismo quizá sería prudente suspender temporalmente la interacción con terceras personas hasta que podáis ordenar la relación de base. No como amenaza ni como castigo, sino como una pausa para evitar que el conflicto siga creciendo. Si el matrimonio está en una fase frágil, añadir una tercera persona puede intensificar celos, heridas y confusión.

También conviene mirar el papel de la chica actual. Si ella necesita una dinámica que incluye tu participación y tu esposa no puede sostenerlo emocionalmente, entonces hay una incompatibilidad práctica. No se trata de forzar a tu esposa a aceptar algo que la desborda, ni de pedirte a ti que vivas indefinidamente excluido si eso te genera resentimiento.

La solución no debería buscarse en convencer al otro, sino en redefinir acuerdos desde cero: qué desea cada uno; qué límites son imprescindibles; qué heridas siguen abiertas por la infidelidad; qué papel puede tener una tercera persona sin dañar el vínculo principal; qué conductas generan inseguridad; qué tipo de relación abierta podéis sostener realmente, no solo imaginar.

Si no podéis hablar de esto sin acusaciones, sería muy recomendable una terapia de pareja. No para decidir quién gana, sino para entender qué está pasando debajo: confianza rota, miedo, deseo, poder, reparación y límites.

Una relación swinger puede funcionar cuando hay honestidad, seguridad, cuidado mutuo y acuerdos claros. Cuando se convierte en un campo de batalla donde cada uno mide quién puede hacer qué, suele volverse muy dañina.

La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Revisar acuerdos de pareja abiertos o no monógamos con más claridad.
• Trabajar las consecuencias emocionales de una infidelidad.
• Diferenciar deseo, control, celos, castigo y reparación.
• Mejorar comunicación sexual y afectiva sin acusaciones.
• Reconstruir confianza si ambos queréis seguir juntos.
• Decidir si esta dinámica es realmente sostenible para vuestra relación.

Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.

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