Mi esposa y yo somos swinger, pero ella no quiere q comparta con más mujeres, solo con ella, ella es
Mi esposa y yo somos swinger, pero ella no quiere q comparta con más mujeres, solo con ella, ella es bisexual. Ella me dice egoísta porque, según ella, lo que yo quiero es tener dos mujeres, y creo q la egoísta es ella por querer tener marido y mujer pero sin que nadie pueda interactuar.... Comenzamos recién una relación con una chica muy buena, pero es bisexual, no lesbiana, por ende pide q yo participe para poder satisfacerse a plenitud, eso es algo q desde el primer momento puso incomoda a mi esposa pero igual accedió, le expliqué q no veía racional q si su esposo soy yo, con quién lleva 13 años de matrimonio me quiera excluir a la hora del sexo. Esto Nunca fue un problema, ese cambio vino a raíz de una infidelidad q cometí, accedí q las mujeres solo serían para ella comi una forma de castigo por mi traición, así se mantuvo en palabras hasta q llegó una chica después de 3 años y desde el inicio mi esposa quiso q interactuara con ella, a lo q yo me negué, pero ella insistió... Al final se enamoro de esa chica pero la relación no funcionó. Comenzamos luego una nueva relación, con la chica actual, ella dejo claro sus preferencias y mi esposa accedió, después de casi un mes comenzaron los problemas, ahora no quiere q toque a la chica, ni que interactuemos sexualmente, incluso el sexo entre mi esposa y yo a decaído, ya q al jugar el rol activo con las mujeres no sabe cambiar al rol pasivo cuando entro yo a la ecuación... Por favor ayúdenme, creo q mi relación es una bomba de tiempo y no quisiera q acabará.. Muchas gracias
10 respuestas
Gracias por explicar vuestra situación con tanta honestidad. Más allá de la parte sexual, lo que se percibe en vuestro relato es una relación que lleva tiempo intentando reorganizarse después de una herida importante, y eso suele ser mucho más complejo de lo que parece desde fuera. Las relaciones abiertas, swinger o no monógamas pueden funcionar, pero requieren algo especialmente delicado: acuerdos claros, seguridad emocional y una comunicación muy honesta sobre los límites, los miedos y las necesidades de cada uno. Y en vuestro caso hay un elemento importante que probablemente sigue muy presente: la infidelidad y el impacto emocional que dejó en vuestra relación. Da la sensación de que algunas normas que establecisteis no nacieron tanto del deseo libre y compartido, sino del intento de reparar el daño o recuperar seguridad. El problema es que, cuando los acuerdos se construyen desde el miedo, la culpa o la necesidad de controlar el dolor, suelen aparecer contradicciones, celos, resentimiento y mucha confusión emocional. También parece que vuestra relación está entrando en una dinámica donde el conflicto ya no gira solo en torno al sexo, sino alrededor de preguntas más profundas: * ¿Qué necesita cada uno para sentirse seguro dentro de la relación? * ¿Qué cosas siguen sin repararse realmente tras la infidelidad? * ¿Qué límites son auténticos y cuáles nacen del miedo? * ¿Existe espacio para el deseo de ambos sin que uno sienta pérdida o amenaza? No creo que aquí haya un “egoísta” y un “correcto”. Probablemente ambos estáis intentando proteger necesidades emocionales distintas, pero sin terminar de encontrar una forma de hacerlo que no genere sufrimiento en el otro. Mi recomendación sería buscar terapia de pareja especializada en relaciones no monógamas o diversidad relacional. No para decidir quién tiene razón, sino para entender qué está ocurriendo debajo de esta tensión: inseguridad, miedo a perder, necesidad de validación, control, deseo, culpa o dificultad para reconstruir la confianza. Porque muchas veces el problema no es el modelo de relación en sí, sino las heridas emocionales que la relación está intentando sostener sin haber terminado de sanar.
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Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia. Por lo que cuentas, el problema no parece estar únicamente en la práctica swinger o en la bisexualidad de tu esposa. El conflicto de fondo parece estar en la confianza dañada, los acuerdos poco claros y el uso del sexo como terreno donde se mezclan deseo, castigo, control, celos y reparación de una infidelidad previa. Cuando una pareja abre su vida sexual, necesita acuerdos muy precisos. Pero esos acuerdos tienen que nacer de la libertad, la confianza y la claridad. Si nacen del dolor, la culpa o la compensación por una traición, es fácil que con el tiempo se conviertan en una fuente de resentimiento. Dices que después de tu infidelidad aceptaste que “las mujeres serían solo para ella” como una forma de castigo. Esa frase ya muestra una base complicada. Una norma sexual no debería funcionar como castigo dentro de la pareja. Puede parecer una solución temporal, pero suele dejar heridas abiertas: uno siente que está pagando una deuda y el otro quizá siente que necesita controlar para no volver a sentirse traicionado. Ahí probablemente se está jugando mucho más que la relación con esta chica actual. Tu esposa puede estar sintiendo inseguridad, miedo a perder el control, celos, comparación o temor a que tú vuelvas a cruzar límites. Y tú puedes estar sintiendo exclusión, injusticia, frustración y la sensación de que el acuerdo ya no es equilibrado. Ambas vivencias pueden coexistir, pero si cada uno se coloca en “el egoísta eres tú”, la conversación se bloquea. La pregunta central no sería quién tiene más razón, sino si los dos estáis emocionalmente preparados para sostener una dinámica abierta sin usarla para reparar, castigar o controlar. En relaciones no monógamas o swinger, los acuerdos deben revisarse constantemente. Consentir una vez no significa estar cómodo siempre. Y si una de las partes empieza a sufrir, a cerrarse, a sentirse desplazada o a perder deseo en la relación principal, conviene parar y revisar antes de seguir avanzando. Ahora mismo quizá sería prudente suspender temporalmente la interacción con terceras personas hasta que podáis ordenar la relación de base. No como amenaza ni como castigo, sino como una pausa para evitar que el conflicto siga creciendo. Si el matrimonio está en una fase frágil, añadir una tercera persona puede intensificar celos, heridas y confusión. También conviene mirar el papel de la chica actual. Si ella necesita una dinámica que incluye tu participación y tu esposa no puede sostenerlo emocionalmente, entonces hay una incompatibilidad práctica. No se trata de forzar a tu esposa a aceptar algo que la desborda, ni de pedirte a ti que vivas indefinidamente excluido si eso te genera resentimiento. La solución no debería buscarse en convencer al otro, sino en redefinir acuerdos desde cero: qué desea cada uno; qué límites son imprescindibles; qué heridas siguen abiertas por la infidelidad; qué papel puede tener una tercera persona sin dañar el vínculo principal; qué conductas generan inseguridad; qué tipo de relación abierta podéis sostener realmente, no solo imaginar. Si no podéis hablar de esto sin acusaciones, sería muy recomendable una terapia de pareja. No para decidir quién gana, sino para entender qué está pasando debajo: confianza rota, miedo, deseo, poder, reparación y límites. Una relación swinger puede funcionar cuando hay honestidad, seguridad, cuidado mutuo y acuerdos claros. Cuando se convierte en un campo de batalla donde cada uno mide quién puede hacer qué, suele volverse muy dañina. La terapia psicológica puede ayudarte a: • Revisar acuerdos de pareja abiertos o no monógamos con más claridad. • Trabajar las consecuencias emocionales de una infidelidad. • Diferenciar deseo, control, celos, castigo y reparación. • Mejorar comunicación sexual y afectiva sin acusaciones. • Reconstruir confianza si ambos queréis seguir juntos. • Decidir si esta dinámica es realmente sostenible para vuestra relación. Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo. Un saludo. Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.
Lo que describen no parece únicamente un conflicto sobre prácticas sexuales o acuerdos swinger, sino una relación donde todavía hay heridas emocionales importantes sin resolver, especialmente relacionadas con la infidelidad y la confianza. Y eso cambia mucho las dinámicas, aunque aparentemente haya acuerdos “racionales”. Muchas veces, después de una traición, algunas personas intentan recuperar sensación de seguridad estableciendo reglas que les hagan sentir menos vulnerables. El problema es que esas reglas pueden funcionar temporalmente… hasta que aparece una situación emocional real, como el vínculo con otra persona, los celos, el miedo a perder el lugar en la relación o la sensación de comparación. Por lo que cuentas, da la sensación de que vuestra dinámica dejó de ser únicamente sexual hace tiempo. Cuando aparece apego, enamoramiento, exclusividad emocional, inseguridad o miedo al desplazamiento, ya no basta con hablar de “normas” o de quién tiene razón. Entran en juego heridas mucho más profundas. Y aquí probablemente ninguno de los dos se siente realmente seguro: * Tú sientes exclusión, castigo prolongado y frustración porque las normas cambian o parecen injustas. * Ella probablemente siente miedo, inseguridad, pérdida de control y amenaza emocional, aunque racionalmente hubiera aceptado ciertas condiciones. Además, algo importante: consentir algo no significa necesariamente sentirse preparado emocionalmente para sostenerlo. A veces una persona acepta desde el miedo a perder al otro, desde culpa, desde presión interna o pensando que podrá manejarlo… y luego descubre que emocionalmente no puede. También me parece relevante algo que dices: que incluso la intimidad entre ustedes dos ha cambiado y que ella parece tener dificultades para reconectar contigo dentro de la dinámica sexual. Eso suele indicar que el conflicto ya no está solamente en “si puedes tocar o no a otra mujer”, sino en cómo quedó afectado el vínculo de pareja después de todo lo vivido. No creo que la solución pase por decidir quién es “el egoísta”. Porque si entran en esa lucha, probablemente cada uno acabará defendiendo sus necesidades mientras el vínculo sigue deteriorándose. La pregunta más importante sería: “¿Qué necesita cada uno para sentirse emocionalmente seguro dentro de esta relación?” Y quizá también: “¿Estamos intentando sostener una dinámica relacional para la que emocionalmente todavía no estamos preparados?” Mi recomendación sería que intentaran trabajar esto en terapia de pareja, idealmente con un profesional que tenga experiencia tanto en relaciones no monógamas como en procesos de reparación tras infidelidad. Porque da la sensación de que están intentando gestionar situaciones emocionalmente muy complejas solo desde acuerdos externos, cuando debajo todavía hay dolor, miedo y resentimiento no resueltos. Y si necesitan ayuda profesional para abordarlo, pueden pedirme cita online.
La relación en pareja y la sexualidad suele ser un mundo complejo de acuerdos y consensos.Al entrar más personas en la ecuación ya sea a nivel sexual o sentimental, todo se complica. Sobre todo, plantéate si el hecho de que como castigo a una infidelidad hayas seguido siendo sujeto pasivo en las relaciones sexuales de tu pareja con otra chica, es saludable. Tal vez deberían realizar una terapia de pareja , superar traumas y reorganizar sus límites , para entender si puedes sentirte feliz o tener el apoyo si quisieras separarte. Un saludo
Lo que describís no parece un problema sexual en sí mismo. El sexo es el escenario donde se está expresando algo mucho más profundo: la herida de confianza que dejó la infidelidad nunca terminó de cerrarse realmente. Durante un tiempo, el acuerdo de “las mujeres son solo para ella” funcionó como una especie de compensación emocional. No era solamente una norma sexual; era una manera de que ella recuperara sensación de control y seguridad después de sentirse desplazada o traicionada. El problema es que una regla creada desde el dolor puede sostenerse un tiempo, pero rara vez genera equilibrio auténtico a largo plazo. Y aquí aparece una contradicción importante: ella desea explorar su bisexualidad y construir vínculos con mujeres, pero cuando la tercera persona desea también un vínculo contigo, eso activa inseguridad, competencia emocional y probablemente miedo a volver a sentirse reemplazada. No creo que el verdadero problema sea que toques o no a otra mujer. El problema es lo que eso representa para ella después de la traición. Porque fíjate en algo: cuando apareció la chica anterior, ella inicialmente quería que participaras. Es decir, el deseo de excluirte no era absoluto desde el principio. El cierre vino después, cuando el vínculo emocional se volvió intenso y aparecieron nuevamente temores de pérdida y comparación. También hay algo muy importante en lo que cuentas: vuestra dinámica actual parece haberse convertido en una lucha de lógica (“quién es egoísta”) cuando en realidad el problema es emocional. Tú argumentas desde la coherencia: “si soy tu marido, no tiene sentido excluirme”. Ella probablemente vive desde otro lugar: “si entra otra mujer contigo, puedo volver a perder seguridad”. Ambos tienen razones comprensibles, pero si intentan resolverlo solamente con argumentos racionales, terminarán destruyéndose mutuamente porque el conflicto real no es racional. Además, hay otro elemento delicado: muchas parejas abiertas o swinger sobreviven bien mientras las reglas sexuales están claras y las emociones relativamente controladas. Pero cuando aparece una tercera persona estable, afectiva y vinculante, ya no se trata solo de sexualidad. Aparecen celos, pertenencia, miedo al abandono, rivalidad y necesidad de validación. Ahí cambian totalmente las reglas internas de la pareja, aunque nadie lo admita explícitamente. Y honestamente, la situación que describes sí parece una bomba de tiempo… pero no porque tengan una relación no convencional, sino porque están intentando sostener acuerdos que ya no representan el estado emocional real de ambos. Tu esposa probablemente está atrapada entre dos necesidades opuestas: quiere libertad para explorar; pero también quiere sentirse completamente segura contigo. Y tú probablemente estás cansado de sentir que debes pagar indefinidamente por un error pasado y que tus necesidades quedan anuladas para preservar la tranquilidad emocional de ella. El gran riesgo ahora es que entren en una dinámica de control, resentimiento y compensaciones: uno cede para evitar conflicto; el otro acepta pero acumula dolor; y ambos terminan sintiendo que pierden algo esencial. Mi recomendación sería dejar temporalmente de discutir sobre “qué está permitido sexualmente” y empezar a hablar de algo mucho más incómodo pero mucho más verdadero: ¿Qué es exactamente lo que teme cada uno perder? Porque detrás de las reglas sexuales casi siempre hay miedo: miedo a no ser suficiente, miedo a ser reemplazado, miedo a perder el control, miedo a no ser deseado, miedo a volver a sufrir. Y si eso no se habla claramente, cada nueva tercera persona va a reabrir la misma herida con distintos nombres. También os diría algo importante: no intentéis resolver esto involucrando más emocionalmente a la chica actual mientras vosotros aún no tenéis claridad. Porque ella terminará atrapada en una tensión de pareja que no le pertenece. A veces, para salvar una relación, no hay que abrir más el sistema, sino cerrarlo temporalmente y reconstruir las bases. Si queréis trabajar esta dinámica de forma más profunda y estratégica, podéis contactar conmigo a través de PSYAMM en Doctoralia.es.
Buenas! creo que el problema no es solo sexual ni se reduce a quién está siendo egoísta. Aquí parece haber una herida previa de infidelidad, acuerdos que nacieron desde el castigo o la culpa, celos, inseguridad y miedo a perder la relación. En una dinámica swinger o abierta, los acuerdos tienen que ser claros, libres y seguros para ambos. Si uno acepta algo pero por dentro se siente amenazado, tarde o temprano aparecerán conflictos. Y si una norma nace como castigo por una traición, probablemente no sea un acuerdo sano, sino una herida sin resolver. Quizá ahora lo más prudente sería pausar la relación con terceras personas y volver a hablar como pareja: qué necesita cada uno, qué sigue doliendo, qué límites son reales y qué acuerdos pueden sostener sin hacerse daño. No se trata de ganar la discusión, sino de entender qué hay debajo: tú puedes sentirte excluido, y ella puede sentirse insegura o reactivada por la infidelidad. Ambas cosas pueden ser ciertas. Mi recomendación sería buscar terapia de pareja con alguien que no juzgue vuestra sexualidad, pero que os ayude a reparar confianza y ordenar acuerdos. Ahora mismo parece que la prioridad no es decidir quién participa con quién, sino proteger el vínculo antes de que la situación os sobrepase.
Hola, Lo que describes parece tener menos que ver con la sexualidad en sí y más con cómo quedó afectada la confianza y la seguridad emocional en la relación después de la infidelidad. Muchas veces, tras una traición, se intentan establecer acuerdos o dinámicas que en un inicio parecen funcionar, pero que con el tiempo terminan removiendo inseguridades, celos, miedo a perder al otro o sensación de desigualdad. Da la sensación de que vuestra dinámica swinger dejó de ser algo vivido desde la tranquilidad y el consenso mutuo, y pasó a estar muy condicionada por heridas emocionales no resueltas. Por eso ahora aparecen contradicciones: por un lado, vuestra pareja actual expresa unas necesidades concretas; por otro, tu esposa parece sentirse amenazada o desbordada cuando la situación deja de estar bajo el control que sentía antes. También es importante entender que en relaciones abiertas o swinger no basta con “permitir” cosas; hace falta muchísima comunicación, seguridad emocional y acuerdos realmente sostenibles para ambos. Cuando hay dolor acumulado, miedo o desequilibrios, la sexualidad puede acabar convirtiéndose en un espacio de tensión y no de conexión. Más que intentar decidir quién tiene razón o quién es “egoísta”, probablemente os ayudaría parar y revisar qué está necesitando realmente cada uno, qué heridas siguen abiertas y si el modelo relacional que estáis intentando construir os está haciendo bien a ambos. La terapia de pareja puede ser muy útil en este punto para recuperar comunicación, entender lo que hay detrás de los conflictos y evitar que la relación siga deteriorándose. Un saludo, David
Gracias por compartir algo tan personal con tanta honestidad. Se nota que te importa mucho esta relación y que quieres encontrar una salida real, no solo sobrevivir el conflicto. Lo que describes tiene varias capas: hay una herida de fondo (la infidelidad) que parece no haberse cerrado del todo, y esa herida está coloreando todo lo que viene después, aunque nadie lo diga abiertamente. Los acuerdos que se hacen desde el dolor rara vez son acuerdos reales, y eso genera confusión y resentimiento en ambos lados. Desde mi forma de trabajar, no me interesa tanto quién tiene razón, sino qué valores guían a cada uno y si los acuerdos que tienen como pareja están al servicio de lo que realmente quieren construir juntos, o si están al servicio del miedo y el control. Algunas preguntas que pueden ser útiles para reflexionar: ¿Qué tipo de relación quieren realmente los dos? ¿Los acuerdos actuales reflejan eso, o son parches sobre algo que aún duele? ¿Están hablando de lo que de verdad les pasa, o solo de las reglas? Esto merece un espacio terapéutico donde los dos puedan hablar con seguridad.
Hola. En un vínculo hay acuerdos compartidos donde ambos deben sentirse bien al momento de negociar. De lo contrario, siempre alguno sufre. Hablar mucho, intentar repensar lo que cada uno siente para llegar a nuevos acuerdos, sería una forma de buscar el cambio. También se puede consultar con una especialista en terapia de pareja que ayude en esas negociaciones.
Hola, gracias por compartir. Lo más importante en las relaciones sexuales es que se hagan con el consentimiento de todos los participantes, que todos consientan libremente sin sentirse presionados y que sea algo con lo que todos se sientan cómodos. Por lo que comentas, parece que a veces habéis cedido a presiones y eso no ayuda a que estas relaciones sean positivas. Recomendaría sentaros a hablar de qué queréis cada uno en este momento y, si no coincide o alguno no está cómodo con algo, no hacerlo, y si la relación no puede continuar porque hay uno de los dos que no se siente cómodo, va a ser siempre mejor no estar juntos que estar a disgusto. Podemos hablar de esta situación en una asesoría gratuita para ver cómo puedo ayudar a mejorar vuestra relación. Puedes encontrar mi contacto en internet. Gracias.
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