Mi madre fallecio con 90 años después de tener varias enfermedades,parkinson,demencia,varias hernias
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Mi madre fallecio con 90 años después de tener varias enfermedades,parkinson,demencia,varias hernias y por último insuficiencia cardiaca,la cuide durante 8 años,pero perdía mucho la paciencia con sus alucinaciones y discutíamos,ahora me siento culpable
Hola,
Sentirte culpable después de cuidar tantos años a tu madre es más común de lo que parece. El cuidado prolongado, la carga emocional y ver el deterioro de alguien a quien quieres genera una mezcla muy intensa de amor, agotamiento, frustración y tristeza. Es normal que en momentos de cansancio hayas perdido la paciencia; eso no significa que no la quisieras o que no hayas hecho lo suficiente.
Lo que estás sintiendo ahora forma parte de un proceso de duelo: tu mente repasa lo vivido, juzga cada reacción y busca “lo que debería haber sido diferente”. Pero lo real es que estuviste ahí, cuidaste, acompañaste y sostuviste una situación muy dura durante muchos años. Humanamente, nadie puede hacerlo sin momentos de desborde.
Trabajar esta culpa en terapia puede ayudarte a colocar todo lo vivido en su lugar, aliviar esa autoexigencia y permitirte quedarte con la despedida desde un lugar más compasivo contigo, y comenzar a elaborar el duelo.
Un saludo,
David
Sentirte culpable después de cuidar tantos años a tu madre es más común de lo que parece. El cuidado prolongado, la carga emocional y ver el deterioro de alguien a quien quieres genera una mezcla muy intensa de amor, agotamiento, frustración y tristeza. Es normal que en momentos de cansancio hayas perdido la paciencia; eso no significa que no la quisieras o que no hayas hecho lo suficiente.
Lo que estás sintiendo ahora forma parte de un proceso de duelo: tu mente repasa lo vivido, juzga cada reacción y busca “lo que debería haber sido diferente”. Pero lo real es que estuviste ahí, cuidaste, acompañaste y sostuviste una situación muy dura durante muchos años. Humanamente, nadie puede hacerlo sin momentos de desborde.
Trabajar esta culpa en terapia puede ayudarte a colocar todo lo vivido en su lugar, aliviar esa autoexigencia y permitirte quedarte con la despedida desde un lugar más compasivo contigo, y comenzar a elaborar el duelo.
Un saludo,
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Querida/o paciente:
En primer lugar, quiero reconocer y validar el nivel de esfuerzo, compromiso y constancia que ha supuesto para ti asumir el rol de principal cuidador/a de tu madre durante casi una década. Se trata de una experiencia de gran impacto vital que, inevitablemente, deja huella.
Por otro lado, es comprensible que aparezcan sentimientos de culpa en este tipo de situaciones, especialmente cuando se da un proceso prolongado de inversión de roles —cuando el/la hijo/a pasa a cuidar de la madre— y una renuncia sostenida a parcelas importantes de la propia libertad personal. Todo ello puede afectar al bienestar emocional y a la identidad del/la cuidador/a, generando ambivalencia, desgaste y autoexigencia.
Trabajar en terapia permitirá abrir un espacio donde puedas mirarte con mayor compasión, recuperar partes de ti que quedaron en pausa y construir una narrativa más justa y equilibrada de tu historia, en la que el cuidado ofrecido no sea motivo de culpa, sino de reconocimiento y dignidad.
Un abrazo
En primer lugar, quiero reconocer y validar el nivel de esfuerzo, compromiso y constancia que ha supuesto para ti asumir el rol de principal cuidador/a de tu madre durante casi una década. Se trata de una experiencia de gran impacto vital que, inevitablemente, deja huella.
Por otro lado, es comprensible que aparezcan sentimientos de culpa en este tipo de situaciones, especialmente cuando se da un proceso prolongado de inversión de roles —cuando el/la hijo/a pasa a cuidar de la madre— y una renuncia sostenida a parcelas importantes de la propia libertad personal. Todo ello puede afectar al bienestar emocional y a la identidad del/la cuidador/a, generando ambivalencia, desgaste y autoexigencia.
Trabajar en terapia permitirá abrir un espacio donde puedas mirarte con mayor compasión, recuperar partes de ti que quedaron en pausa y construir una narrativa más justa y equilibrada de tu historia, en la que el cuidado ofrecido no sea motivo de culpa, sino de reconocimiento y dignidad.
Un abrazo
Hola. Entiendo tu situación. Como seres humanos que somos no somos perfectos, y cuidar a una persona mayor puede ser muy exigente y duro. Nadie es perfecto, ni una máquina, necesitabas descargar para poder seguir aguantando, de ahí las discusiones. Eso ya no se puede cambiar. Es lógico que tengas sentimiento de culpa ahora que no ella no está. Siempre pensamos a toro pasado que podríamos haber hecho más y/o mejor. Vas a tener que perdonarte y compadecerte de ti, no sólo perdiste la paciencia y discutías, seguro que hiciste muchas otras cosas bien en esos 8 años, no tires por la borda todo el trabajo realizado. También es posible que puedas tener ira y rabia en mayor o menor medida inconsciente, si es así te recomendaría que realizaras terapia para que puedas elaborar todos esos sentimientos.
Ser cuidador de una persona dependiente y con distintas patologías es una experiencia vital de las más estresantes por las que puede atravesar una persona. Como cuidador, no tuvistes tiempo para pensar en tí y en tus propias necesidades. La emoción de culpa es una emoción normal dentro del duelo, y es normal que no entendamos en un momento dado a nuestro ser querido, no es una situación fácil. Mi consejo es que busques ayuda profesional para poder superar estas dificultades que se te presentan y poder conectar y cubrir con tus propias necesidades.
La culpa que sientes es muy frecuente en personas que han cuidado durante años a un familiar enfermo. Cuidar a alguien con Parkinson, demencia y alucinaciones supone un desgaste emocional enorme, y perder la paciencia en algunos momentos no te convierte en mala hija, te convierte en humana.
Cuando hay demencia, muchas discusiones no ocurren entre dos personas en igualdad, sino entre una persona agotada y una enfermedad que va cambiando a quien amas. La culpa aparece ahora porque, con la muerte, la mente revisa el pasado desde el “ojalá lo hubiera hecho mejor”, olvidando todo lo que sí hiciste: ocho años de cuidado, presencia y responsabilidad.
Es importante diferenciar responsabilidad de omnipotencia: no podías hacerlo todo perfecto, ni controlar una enfermedad tan dura. Sentir culpa no significa que actuaste mal; muchas veces significa que amaste mucho y que diste más de lo que podías.
El duelo también incluye perdonarse.
Trabajar esta culpa en un espacio terapéutico puede ayudarte a integrar lo vivido sin quedarte atrapada en el reproche, y a recordar tu vínculo con tu madre desde un lugar más justo y compasivo contigo misma.
Cuando hay demencia, muchas discusiones no ocurren entre dos personas en igualdad, sino entre una persona agotada y una enfermedad que va cambiando a quien amas. La culpa aparece ahora porque, con la muerte, la mente revisa el pasado desde el “ojalá lo hubiera hecho mejor”, olvidando todo lo que sí hiciste: ocho años de cuidado, presencia y responsabilidad.
Es importante diferenciar responsabilidad de omnipotencia: no podías hacerlo todo perfecto, ni controlar una enfermedad tan dura. Sentir culpa no significa que actuaste mal; muchas veces significa que amaste mucho y que diste más de lo que podías.
El duelo también incluye perdonarse.
Trabajar esta culpa en un espacio terapéutico puede ayudarte a integrar lo vivido sin quedarte atrapada en el reproche, y a recordar tu vínculo con tu madre desde un lugar más justo y compasivo contigo misma.
Hola. Ante todo, lamento mucho el fallecimiento de tu madre. Sin duda habréis compartido muchos momentos, buenos y malos, si la has estado cuidando durante tanto tiempo. Cuidar de una persona mayor es muy estresante: es una actividad de 24 horas al día, que a menudo invisible para los que no están en casa, y es normal tener la sensación de no llegar a todo. Perder la paciencia es algo común. En mi día a día ayudo a personas que han pasado por una experiencia parecida, así que, si quieres, puedes reservar conmigo y lo hablamos con calma. Gracias!
La culpabilidad es una de las emociones más frecuentes durante el duelo. Es inevitable que el cuidador no tenga la sensación de que no ha hecho todo lo que podía pero la realidad es que el que más cerca está de la persona es el que más oportunidades tiene de sentir que no ha cumplido con lo que se esperaba de el/ella.
El duelo lleva tiempo y, si se alarga demasiado o los sentimientos son muy fuertes, busca ayuda
El duelo lleva tiempo y, si se alarga demasiado o los sentimientos son muy fuertes, busca ayuda
Siento mucho la pérdida de tu madre. Cuidar a una persona durante tantos años, y más aún en el contexto de enfermedades como el Parkinson y la demencia, es una experiencia profundamente exigente a nivel físico y emocional.
Es muy común que, después del fallecimiento, aparezca la culpa, especialmente cuando recuerdas momentos de cansancio, discusiones o pérdida de paciencia. Sin embargo, es importante mirar la experiencia completa: estuviste presente, cuidaste de ella durante ocho años y la acompañaste en un proceso muy complejo. Eso habla de compromiso, amor y responsabilidad, aunque en el camino también haya habido límites humanos.
Las alucinaciones y los cambios de conducta asociados a la demencia suelen generar mucha frustración y desgaste en quienes cuidan. Perder la paciencia en algunos momentos no te convierte en una mala hija o un mal hijo; te convierte en una persona que estuvo sometida a un alto nivel de estrés durante mucho tiempo.
La culpa muchas veces aparece como una forma de intentar “reparar” lo que ya no se puede cambiar. Puede ser útil trabajar en reconocer tus emociones sin juzgarte, permitiéndote sentir tristeza, enojo, cansancio y amor al mismo tiempo. Todas esas emociones pueden coexistir.
Si te resulta posible, hablar de esto en un espacio terapéutico puede ayudarte a elaborar el duelo, resignificar lo vivido y tratarte con mayor compasión. Acompañar a alguien hasta el final de su vida es una experiencia muy dura, y también merece ser reconocida y cuidada.
No estás sola en este sentimiento, y no tienes que atravesarlo sin apoyo.
Un abrazo,
Elbire Arana
Psicóloga General Sanitaria
Colegiada M-42807
Es muy común que, después del fallecimiento, aparezca la culpa, especialmente cuando recuerdas momentos de cansancio, discusiones o pérdida de paciencia. Sin embargo, es importante mirar la experiencia completa: estuviste presente, cuidaste de ella durante ocho años y la acompañaste en un proceso muy complejo. Eso habla de compromiso, amor y responsabilidad, aunque en el camino también haya habido límites humanos.
Las alucinaciones y los cambios de conducta asociados a la demencia suelen generar mucha frustración y desgaste en quienes cuidan. Perder la paciencia en algunos momentos no te convierte en una mala hija o un mal hijo; te convierte en una persona que estuvo sometida a un alto nivel de estrés durante mucho tiempo.
La culpa muchas veces aparece como una forma de intentar “reparar” lo que ya no se puede cambiar. Puede ser útil trabajar en reconocer tus emociones sin juzgarte, permitiéndote sentir tristeza, enojo, cansancio y amor al mismo tiempo. Todas esas emociones pueden coexistir.
Si te resulta posible, hablar de esto en un espacio terapéutico puede ayudarte a elaborar el duelo, resignificar lo vivido y tratarte con mayor compasión. Acompañar a alguien hasta el final de su vida es una experiencia muy dura, y también merece ser reconocida y cuidada.
No estás sola en este sentimiento, y no tienes que atravesarlo sin apoyo.
Un abrazo,
Elbire Arana
Psicóloga General Sanitaria
Colegiada M-42807
Siento mucho la pérdida de tu madre. Cuidar durante tantos años a una persona con enfermedades neurodegenerativas supone una trabajo y esfuerzo emocional enorme. Perder la paciencia en ese contexto no habla de falta de amor, sino de agotamiento, sobrecarga y de tus propios límites.
La culpa que sientes es muy habitual en personas cuidadoras. Es importante que te recuerdes que estuviste ahí durante ocho años, acompañando y sosteniendo una situación muy difícil. A veces, la culpa aparece como una forma de seguir vinculados a la personas que ya no está. Trabajar el duelo desde una mirada compasiva puede ayudarte a integrar lo vivido y aliviar esa culpa.
La culpa que sientes es muy habitual en personas cuidadoras. Es importante que te recuerdes que estuviste ahí durante ocho años, acompañando y sosteniendo una situación muy difícil. A veces, la culpa aparece como una forma de seguir vinculados a la personas que ya no está. Trabajar el duelo desde una mirada compasiva puede ayudarte a integrar lo vivido y aliviar esa culpa.
Siento mucho la pérdida de tu madre. Lo que estás sintiendo es muy frecuente en duelos de cuidado prolongado y merece ser comprendido con mucha humanidad.
Cuidar durante ocho años a una persona con Parkinson, demencia, alucinaciones y deterioro físico supone un desgaste emocional enorme. No es solo amor: es cansancio crónico, frustración, impotencia y duelo anticipado. En ese contexto, perder la paciencia y discutir no te convierte en mala hija, te convierte en una persona sometida a una situación límite durante mucho tiempo.
Hay algunos puntos importantes que pueden ayudarte a aliviar la culpa:
• Las alucinaciones y los cambios de conducta no eran tu madre, eran la enfermedad. Discutir con alguien en ese estado no es una decisión consciente de hacer daño, es una reacción humana ante algo que desborda.
• La culpa suele aparecer cuando ya no hay posibilidad de reparar, pero no invalida todo lo que sí hiciste: cuidar, sostener, acompañar durante años.
• Es muy habitual que, tras el fallecimiento, la mente seleccione solo los momentos difíciles y borre el esfuerzo, la constancia y el amor que hubo durante tanto tiempo.
• Nadie cuida durante tantos años sin cometer errores. La exigencia de haber sido siempre paciente, comprensiva y serena no es realista.
La culpa en el duelo suele ser una forma de seguir vinculados a la persona que se fue, pero no significa que haya una deuda real. Tu madre fue cuidada hasta el final. Eso pesa más que cualquier discusión.
Este tipo de duelo —mezcla de pérdida, agotamiento y culpa— necesita ser elaborado, no reprimido. Trabajar la autocompasión y resignificar la etapa de cuidados ayuda mucho a que el dolor no se convierta en castigo interno.
Si lo deseas, puedes cogerme cita online para trabajar este duelo de forma acompañada y aliviar la culpa, poniendo en contexto todo lo que viviste y todo lo que diste. No tienes que cargar con esto sola.
Cuidar durante ocho años a una persona con Parkinson, demencia, alucinaciones y deterioro físico supone un desgaste emocional enorme. No es solo amor: es cansancio crónico, frustración, impotencia y duelo anticipado. En ese contexto, perder la paciencia y discutir no te convierte en mala hija, te convierte en una persona sometida a una situación límite durante mucho tiempo.
Hay algunos puntos importantes que pueden ayudarte a aliviar la culpa:
• Las alucinaciones y los cambios de conducta no eran tu madre, eran la enfermedad. Discutir con alguien en ese estado no es una decisión consciente de hacer daño, es una reacción humana ante algo que desborda.
• La culpa suele aparecer cuando ya no hay posibilidad de reparar, pero no invalida todo lo que sí hiciste: cuidar, sostener, acompañar durante años.
• Es muy habitual que, tras el fallecimiento, la mente seleccione solo los momentos difíciles y borre el esfuerzo, la constancia y el amor que hubo durante tanto tiempo.
• Nadie cuida durante tantos años sin cometer errores. La exigencia de haber sido siempre paciente, comprensiva y serena no es realista.
La culpa en el duelo suele ser una forma de seguir vinculados a la persona que se fue, pero no significa que haya una deuda real. Tu madre fue cuidada hasta el final. Eso pesa más que cualquier discusión.
Este tipo de duelo —mezcla de pérdida, agotamiento y culpa— necesita ser elaborado, no reprimido. Trabajar la autocompasión y resignificar la etapa de cuidados ayuda mucho a que el dolor no se convierta en castigo interno.
Si lo deseas, puedes cogerme cita online para trabajar este duelo de forma acompañada y aliviar la culpa, poniendo en contexto todo lo que viviste y todo lo que diste. No tienes que cargar con esto sola.
Hola. Antes de nada, siento mucho tu pérdida.
Quiero que leas esto con atención: La culpa que sientes ahora es, paradójicamente, la prueba de que estuviste ahí.
Cuidar de una persona con demencia y Parkinson durante 8 años es una maratón emocional y física devastadora. El cerebro del cuidador entra en un estado de desgaste por empatía o "fatiga de compasión". Cuando perdías la paciencia, no era "falta de amor", era tu sistema nervioso diciéndote que estaba agotado, saturado y al límite de sus fuerzas.
Discutir con las alucinaciones es una reacción humana muy común. Una parte de ti intentaba traerla a la realidad porque dolía verla perderse. No le gritabas a tu madre; le gritabas a la enfermedad que te la estaba robando.
Quédate con esto: Nadie puede ser un cuidador perfecto las 24 horas del día durante 8 años. Es imposible. Esos momentos de impaciencia son minúsculos comparados con los miles de horas de cuidados, aseo, acompañamiento y renuncia que le regalaste.
Tu madre se fue sabiendo que estabas ahí. Ahora te toca a ti empezar a cuidarte y perdonarte, entendiendo que hiciste lo humanamente posible en una situación sobrehumana.
Un abrazo inmenso.
Ana Ocaña Psicóloga Sanitaria | Duelo y Trauma
Quiero que leas esto con atención: La culpa que sientes ahora es, paradójicamente, la prueba de que estuviste ahí.
Cuidar de una persona con demencia y Parkinson durante 8 años es una maratón emocional y física devastadora. El cerebro del cuidador entra en un estado de desgaste por empatía o "fatiga de compasión". Cuando perdías la paciencia, no era "falta de amor", era tu sistema nervioso diciéndote que estaba agotado, saturado y al límite de sus fuerzas.
Discutir con las alucinaciones es una reacción humana muy común. Una parte de ti intentaba traerla a la realidad porque dolía verla perderse. No le gritabas a tu madre; le gritabas a la enfermedad que te la estaba robando.
Quédate con esto: Nadie puede ser un cuidador perfecto las 24 horas del día durante 8 años. Es imposible. Esos momentos de impaciencia son minúsculos comparados con los miles de horas de cuidados, aseo, acompañamiento y renuncia que le regalaste.
Tu madre se fue sabiendo que estabas ahí. Ahora te toca a ti empezar a cuidarte y perdonarte, entendiendo que hiciste lo humanamente posible en una situación sobrehumana.
Un abrazo inmenso.
Ana Ocaña Psicóloga Sanitaria | Duelo y Trauma
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