¿Por qué una persona con TDAH y estrés crónico sabotea un vínculo sano cuando aumenta la intimidad?

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¿Por qué una persona con TDAH y estrés crónico sabotea un vínculo sano cuando aumenta la intimidad?

Quisiera comprender el mecanismo psicológico de una mujer (22 años, con TDAH y entorno familiar desestructurado) que, ante un pico de estrés académico y laboral, rompe una relación que ella misma describe como 'ideal'. Tras un episodio de impulsividad y posterior culpa, manifiesta que el cuidado y la madurez de su pareja 'le superan', solicitando contacto cero por saturación. ¿Es posible que la 'perfección' del vínculo se perciba como una presión insoportable para alguien con baja autoestima o apego evitativo? ¿Cómo se explica la tendencia a regresar a dinámicas pasadas más caóticas (como un ex-pareja) en lugar de sostener un vínculo seguro?
 Jesús Seijas Queral
Psicólogo
Pozuelo de Alarcón
Hola, soy Jesús Seijas, psicólogo con 22 años de experiencia.

Sí, es completamente posible. Y, de hecho, es una dinámica bastante más frecuente de lo que parece cuando coinciden TDAH, estrés crónico, baja autoestima y una historia vincular inestable.

Muchas personas interpretan que, si alguien rompe una relación sana, es porque “no sentía suficiente”. Pero psicológicamente no siempre funciona así. A veces ocurre justo lo contrario: la cercanía emocional activa demasiado.

Cuando una persona ha crecido en contextos desorganizados, imprevisibles o emocionalmente inseguros, el sistema nervioso aprende a funcionar en alerta, tensión o caos. Ese estado termina volviéndose familiar. No necesariamente agradable, pero sí conocido.

Y ahí aparece una paradoja muy dura: lo seguro puede sentirse extraño, mientras que lo caótico resulta psicológicamente reconocible.

En personas con TDAH, además, esto puede intensificarse por varios factores:
• Mayor impulsividad emocional.
• Dificultad para regular saturación y estrés.
• Tendencia al desbordamiento cognitivo.
• Sensibilidad elevada al rechazo o a la percepción de fracaso.
• Problemas para sostener demandas emocionales prolongadas cuando el sistema ya está colapsado.

Cuando el estrés académico y laboral aumenta mucho, la capacidad de regulación baja. Y en ese estado, incluso una relación sana puede empezar a vivirse inconscientemente como “otra responsabilidad más”, aunque racionalmente se valore como algo bueno.

Por eso frases como: “Me supera que me cuide tanto” o “Es demasiado perfecto para mí”, no suelen significar literalmente que el vínculo sea malo. Muchas veces expresan algo más profundo:
-“No sé cómo sostener algo sano sin sentir presión.”
-“No me siento suficiente para recibir esto.”
-“Temo decepcionar.”
-“Esta relación me confronta con mis heridas, mis carencias o mi sensación de desorden interno.”

En personas con baja autoestima, un vínculo estable puede activar una especie de “disonancia emocional”. Cuanto más sana es la relación, más visible se vuelve la distancia entre cómo les tratan y cómo se sienten consigo mismas. Y eso puede generar mucha ansiedad. Porque una relación segura no solo ofrece calma. También expone vulnerabilidades: miedo a depender, miedo a no estar a la altura, miedo a perder algo valioso, miedo a ser realmente vista o miedo a dañar a alguien que sí importa.

Desde fuera puede parecer contradictorio que alguien vuelva a un ex más caótico o disfuncional. Pero psicológicamente tiene bastante sentido.

Las dinámicas caóticas suelen requerir menos intimidad real y más supervivencia emocional. Ahí la persona ya conoce el guion: tensión, incertidumbre, intensidad, reconciliación, distancia…

El cerebro sabe moverse en ese terreno.

En cambio, un vínculo seguro exige otras capacidades: regulación emocional, tolerancia a la intimidad, estabilidad, comunicación, sostener afecto sin huir, aceptar cuidado sin sentirse invadido o en deuda.

Y eso, para alguien con trauma relacional o apego evitativo/desorganizado, puede resultar muchísimo más difícil que gestionar el caos.

Otro aspecto importante es que algunas personas confunden calma con vacío emocional. Si han asociado históricamente el amor a intensidad, incertidumbre o activación constante, una relación estable puede sentirse “demasiado tranquila”, incluso cuando objetivamente es sana.

No porque no quieran amor. Sino porque su sistema nervioso todavía no sabe habitarlo sin activarse.

Y cuando aparece la saturación, la retirada suele funcionar como mecanismo de autorregulación: “necesito contacto cero”, “me estoy agobiando” o “no puedo con esto ahora”.

A veces no es rechazo al otro. Es incapacidad temporal para gestionar la cercanía emocional junto al resto del colapso interno.

La terapia psicológica puede ayudarte a:
• Comprender patrones de apego y autosabotaje emocional.
• Diferenciar amor, dependencia, intensidad y regulación emocional.
• Entender cómo el TDAH influye en las relaciones afectivas.
• Trabajar heridas de autoestima y miedo a la intimidad.
• Aprender a sostener vínculos seguros sin sentir saturación o huida.
• Identificar por qué algunas personas regresan a dinámicas dañinas aunque racionalmente sepan que les perjudican.

Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
Un saludo.
Jesús Seijas, Psicoterapia Online y Presencial.

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Muchas veces, cuando una persona ha crecido en contextos emocionales inestables o poco previsibles, un vínculo sano no solo genera calma: también puede generar miedo. Especialmente en personas con TDAH, alta sensibilidad al estrés y dificultades en la regulación emocional, la intimidad sostenida puede vivirse como algo muy intenso y difícil de gestionar.

En estos casos, no es raro que aparezca una especie de “paradoja”: cuanto más seguro, estable y cuidador es el vínculo, más se activan sentimientos de insuficiencia, dependencia o miedo a decepcionar. La persona puede empezar a sentir que no está “a la altura” de la relación, y el cariño deja de experimentarse únicamente como bienestar para convertirse también en presión emocional.

El TDAH además puede influir en varios niveles: impulsividad en momentos de saturación, dificultad para tolerar emociones complejas, tendencia al pensamiento dicotómico (“todo o nada”) y una regulación emocional más frágil bajo estrés crónico. Tras un episodio impulsivo, suele aparecer mucha culpa y vergüenza, y ahí a veces el alejamiento funciona como intento de recuperar control o reducir la sobrecarga interna.

También es frecuente que personas con apego inseguro o baja autoestima regresen a dinámicas pasadas más caóticas o inestables. No porque sean más felices ahí, sino porque lo conocido resulta psicológicamente más predecible. A veces el caos genera sufrimiento, pero también familiaridad. En cambio, un vínculo sano implica sostener intimidad, vulnerabilidad y cuidado real, y eso puede remover mucho más de lo que parece desde fuera.

En terapia solemos trabajar precisamente esto: ayudar a que la persona pueda tolerar relaciones seguras sin vivirlas como una amenaza a su autonomía, su identidad o su sensación de valía. Porque muchas veces no es que el vínculo sea “demasiado perfecto”, sino que emocionalmente todavía cuesta sentirse merecedor de algo estable.
 Joan Herrera Reyné
Psicólogo
Lloret de Mar
Sí, es algo psicológicamente posible y relativamente frecuente en personas con elevada sensibilidad emocional, estrés crónico, baja autoestima o historias vinculares inestables. Cuando alguien ha crecido en entornos desestructurados o emocionalmente impredecibles, un vínculo sano puede vivirse inicialmente como muy deseado, pero a medida que aumenta la intimidad también puede activar miedo, sensación de no estar “a la altura” o temor inconsciente a decepcionar, depender emocionalmente o ser abandonado.

En personas con TDAH, además, puede existir mayor impulsividad, saturación emocional y dificultad para regular estados internos intensos. Bajo estrés elevado, algunas personas entran en una especie de “modo supervivencia”, donde priorizan aliviar la sobrecarga emocional inmediata aunque eso implique romper algo valioso a largo plazo. La culpa posterior suele aparecer precisamente porque una parte de la persona reconoce el valor del vínculo, pero en el momento de saturación pesa más la necesidad de escapar del malestar.

También ocurre a veces que los vínculos seguros resultan emocionalmente menos “familiares” que las dinámicas caóticas aprendidas previamente. No porque sean mejores o más deseadas racionalmente, sino porque el cerebro tiende a repetir aquello que conoce, incluso cuando genera sufrimiento. Por eso algunas personas regresan a relaciones más inestables o intensas emocionalmente, ya que paradójicamente pueden resultar más coherentes con sus esquemas afectivos previos que una relación estable, madura y predecible.
Hola,

Sí, lo que describes puede tener bastante sentido desde un punto de vista psicológico, aunque sin evaluar a la persona no se puede afirmar un diagnóstico concreto. En algunas personas con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, especialmente si además hay estrés crónico, baja autoestima o historia familiar inestable, la intimidad emocional profunda puede vivirse de forma ambivalente: se desea mucho, pero al mismo tiempo genera saturación, miedo o sensación de pérdida de control.
Cuando alguien viene de entornos impredecibles o relaciones caóticas, un vínculo sano y estable no siempre se percibe automáticamente como “seguro”. A veces ocurre lo contrario: la estabilidad, el cuidado o la madurez del otro pueden activar pensamientos como “no voy a estar a la altura”, “voy a decepcionar”, “esto es demasiado para mí” o incluso una sensación de presión difícil de explicar racionalmente. En perfiles con rasgos evitativos, la cercanía intensa puede activar mecanismos de huida precisamente cuando el vínculo empieza a consolidarse.
Además, bajo estrés elevado, el sistema nervioso tiende a buscar lo conocido, aunque sea menos saludable. Por eso algunas personas regresan a dinámicas pasadas más caóticas o impulsivas: no necesariamente porque sean mejores, sino porque son emocionalmente familiares y requieren menos vulnerabilidad real. Un vínculo seguro implica sostener intimidad, responsabilidad emocional y estabilidad, y eso puede resultar muy desafiante para alguien con dificultades de regulación emocional o miedo profundo al apego.
Eso no significa que la relación fuera “demasiado perfecta” ni que tú hayas hecho algo mal. A veces el problema no es el exceso de amor, sino la dificultad de la otra persona para tolerar lo que implica recibirlo y sostenerlo sin sentirse desbordada.

Un saludo,
David
Hola, es comprensible que quieras entender esa conducta de la otra persona, debes de sentirte muy confuso. Por lo que cuentas el estado al que ella está acostumbrada es el del caos. Al estar acostumbrada a formar vínculos no seguros, la idea de que se forme uno sano a ella le resulta una amenaza. Esto provoca que su sistema se hiperactive, unido al estrés académico, laboral y el TDAH, hace que se sienta sobrepasada.

Más que lo que comentas de la perfección del vínculo, lo que ocurre es que ella lo está percibiendo como un entorno peligroso. También es probable que no se vea a la altura de las expectativas que ella misma se ha puesto y/o que se sienta inferior.

La tendencia a volver a dinámicas pasadas más caóticas se explica porque ese es su ´´entorno seguro´´. No significa que sea saludable para ella, sino que es el patrón que ha aprendido en su forma de relacionarse.

Un saludo.
 Judit Huecas López
Psicólogo, Psicólogo infantil
Granada
¡Hola! Muy buenas. Me ha parecido muy interesante la pregunta que has planteado. Comprendo tus dudas y tu malestar, creo que la confusión que sientes es normal.

Muchas personas que han vivido inestabilidad e inseguridad o historias familiares difíciles, tienden a sentir miedo cuando se ven a sí mismas en vínculos seguros y estables. Cuando alguien nos trata bien, nos cuida y nos quiere, se activa en la mayoría de personas un miedo saludable y normal: miedo a perder a una persona valiosa para nosotros.

Muchas personas, ante ese miedo a perder al otro, reaccionan de forma saludable: procuran cuidar la pareja y disfrutar juntos. Pero otras personas, debido a sus propias experiencias e historias de vida, huyen o empiezan a portarse mal con el otro. Esto sucede porque algunas personas, debido a su pasado, sienten muchas dudas a cerca de cuanto amor merecen de parte de los demás (p.ej: ¿cuánto amor merezco si no siento que mis padres me hayan amado?) y dichas dudas pueden llevar a sentir otros miedos como, por ejemplo, ''miedo a no estar a la altura de alguien valioso'' o ''miedo a que se de cuenta de que no soy suficiente y me abandone''. Todo esto, sumado al estrés de lo académico y laboral, puede empujar a la persona a necesitar huir de aquello que le genera miedo, es decir, a poner fin a la relación de pareja antes de que se cumpla su mayor miedo: que descubras que vale poco y la abandones.

Por eso, a veces, una relación caótica del pasado resulta menos angustiosa que una relación sana: no porque haga más feliz, sino porque duele menos sentir que puedes perder algo realmente valioso o porque, tristemente, confirma una creencia muy errónea: como valgo poco, entonces esto merezco.

Espero que mi respuesta te aclare un poco la situación. Siento lo que has pasado, dar lo mejor de uno y que nos dejen es muy doloroso. Pero no ha sido en absoluto culpa tuya. Lo que ha pasado se debe a las inseguridades que tu expareja ha ido desarrollando a lo largo de la vida.

¡Un abrazo!
Hola, lo que describes tiene una lógica psicológica clara, aunque desde fuera resulte paradójica.

Cuando alguien crece en un entorno desestructurado, el caos se convierte en lo familiar. Un vínculo seguro, estable y cuidador no se siente como alivio, sino como algo desconocido que genera una tensión difícil de sostener. La "perfección" del vínculo no se vive como un regalo, sino como una exigencia implícita: la de estar a la altura de alguien que cuida bien. Para una persona con baja autoestima, eso puede resultar insoportable.

El TDAH añade otra capa. En momentos de sobrecarga, la capacidad de gestionar la vida emocional se reduce drásticamente. Lo primero que se corta es lo que requiere más esfuerzo regulatorio, y una relación íntima y madura requiere precisamente eso. El contacto cero no es necesariamente desamor: puede ser una forma torpe pero real de no derrumbarse del todo.

El regreso a vínculos caóticos responde a lo mismo. Con un ex conocido y disfuncional no hay que demostrar nada, no hay expectativa de madurez, no hay espejo incómodo. Es volver a un territorio donde, aunque duele, se sabe cómo moverse.

Lo más probable es que ella no esté huyendo de ti, sino de la versión de sí misma que se ve reflejada en una relación que le pide más de lo que ahora mismo puede darse.

Si quieres entender mejor cómo atravesar este momento, puedo acompañarte en consulta presencial en Tres Cantos (Madrid), a domicilio en Madrid Norte, o en formato online.
 Amador Manero Moreno
Psicólogo
Sant Andreu de la Barca
Sí, es posible que una persona con TDAH, estrés crónico, baja autoestima, historia familiar desestructurada o un estilo de apego evitativo o desorganizado viva un vínculo sano no solo como algo deseable, sino también como algo amenazante. Parece contradictorio, pero clínicamente ocurre con frecuencia: aquello que la persona desea puede ser lo mismo que, cuando se vuelve real, la desborda.

Cuando aumenta la intimidad, aumenta también la exposición. En una relación más superficial, la persona puede sentirse relativamente segura porque no se juega tanto. Pero cuando aparece un vínculo estable, cuidado, maduro y emocionalmente disponible, ya no se trata solo de “estar con alguien”: aparece la posibilidad de ser vista, elegida, cuidada y también de fallar, decepcionar o no estar a la altura. Para alguien con baja autoestima, esto puede vivirse como una presión enorme.

En estos casos, la mente no siempre interpreta el cuidado como seguridad. A veces lo interpreta como deuda, exigencia o amenaza. La persona puede sentir: “me quiere demasiado”, “me cuida demasiado”, “no merezco esto”, “voy a estropearlo”, “me va a ver de verdad”, “no voy a poder sostenerlo”, “si sigo aquí acabaré haciendo daño”. Entonces, en lugar de disfrutar del vínculo, empieza a sentirse atrapada por él.

El TDAH puede añadir otro componente importante: dificultad para regular emociones, impulsividad, saturación mental, baja tolerancia a la frustración, necesidad de escapar cuando hay sobrecarga y tendencia a tomar decisiones rápidas para aliviar tensión inmediata. En un pico de estrés académico o laboral, el sistema nervioso puede entrar en modo supervivencia. En ese estado, la persona no decide desde la calma, sino desde la necesidad urgente de reducir estímulos. Si la relación, aunque sea buena, se percibe como una demanda emocional más, puede cortar el vínculo para sentir alivio inmediato.

Ese alivio, sin embargo, no siempre significa que la decisión sea madura o coherente con lo que desea a largo plazo. A veces significa simplemente: “no puedo con nada más”. Por eso puede decir que la relación era ideal y, al mismo tiempo, pedir contacto cero. No necesariamente porque no valore el vínculo, sino porque lo vive como demasiado intenso para su capacidad actual de sostenerlo.

El episodio de impulsividad seguido de culpa también encaja con este tipo de funcionamiento. Primero aparece una conducta impulsiva o una decisión brusca. Después, cuando baja la activación, aparece culpa, vergüenza o sensación de haber dañado algo valioso. Pero esa misma culpa puede aumentar aún más la necesidad de huir: “si me quedo, tendré que enfrentar lo que hice, reparar, hablar, sostener la incomodidad”. Y si la persona no tiene recursos para reparar, puede elegir desaparecer o pedir contacto cero.

La frase “tu cuidado y tu madurez me superan” es muy significativa. Puede indicar que el vínculo sano no se vive como descanso, sino como espejo. Una pareja madura puede mostrarle a la persona, sin querer, su propio caos interno, sus dificultades para regularse, su miedo a fallar o su sensación de no merecer algo bueno. No es que el cuidado sea malo; es que puede activar una comparación dolorosa: “tú estás disponible, yo no; tú sabes cuidar, yo no; tú sostienes, yo me desbordo”.

Respecto a regresar a dinámicas pasadas más caóticas, también tiene explicación. Lo familiar no siempre es sano, pero suele sentirse conocido. Una relación caótica puede ser dolorosa, pero previsible para quien ha crecido o vivido en entornos inestables. En cambio, una relación segura puede sentirse extraña, exigente o incluso sospechosa. El sistema emocional no busca siempre lo mejor; muchas veces busca lo conocido.

Además, las dinámicas caóticas suelen exigir menos intimidad real. Puede haber intensidad, drama, reconciliaciones, distancia, deseo, conflicto, dependencia o impulsividad, pero no necesariamente una construcción profunda y estable. Para alguien que teme la intimidad, el caos puede funcionar como una forma de evitar el verdadero encuentro. Hay mucho movimiento emocional, pero poca exposición vulnerable sostenida.

En otras palabras: una relación segura pide presencia, coherencia, reparación y continuidad. Una relación caótica permite escapar, volver, pelear, reconciliarse, culpar, idealizar o desconectarse. Para una persona saturada, inmadura emocionalmente o con apego inseguro, lo segundo puede sentirse más manejable aunque sea más dañino.

También puede aparecer una lógica de autosabotaje: “si esto es tan bueno, tarde o temprano lo perderé; mejor romperlo yo antes de que me abandonen”. Así la persona recupera una sensación de control. No evita el dolor, pero evita sentirse pasiva ante una posible pérdida. Es una forma paradójica de protección: destruir antes de ser destruida.

Ahora bien, comprender el mecanismo no significa justificarlo todo ni quedarse esperando indefinidamente. Que una persona tenga TDAH, estrés, baja autoestima o heridas familiares puede explicar parte de su reacción, pero no elimina la responsabilidad afectiva. Una relación sana no puede sostenerse solo desde la comprensión de uno y la huida del otro.

También conviene evitar una trampa: convertirte en terapeuta de la persona que se va. Si ella pide contacto cero por saturación, insistir, explicar, convencer, rescatar o demostrarle que el vínculo es bueno puede aumentar su sensación de presión. A veces, cuanto más intenta uno cuidar, más se activa en el otro la necesidad de escapar.

La posición más sana sería respetar el contacto cero, no como castigo ni como estrategia para que vuelva, sino como límite de realidad. Si ella está desbordada y no puede sostener el vínculo, tu tarea no es perseguirla para que entienda, sino observar si realmente tiene capacidad de construir algo contigo.

Una posible formulación sería: “Entiendo que estés saturada y respeto tu necesidad de distancia. También necesito cuidar de mí. Si en algún momento quieres hablar desde la calma y con responsabilidad sobre lo ocurrido, podremos ver si hay algo que reconstruir. Pero no puedo quedarme en una espera indefinida ni sostener yo solo una relación que ahora tú no puedes cuidar”.

Esto permite mantener dignidad, claridad y apertura sin entrar en persecución.

La pregunta de fondo no es solo por qué ella sabotea un vínculo sano. La pregunta también es qué haces tú ante alguien que se desregula, se aleja y quizá vuelve a vínculos caóticos. Si tú intentas compensar su inestabilidad con más cuidado, más paciencia y más disponibilidad, puedes acabar entrando en una dinámica donde cuanto más se aleja ella, más te esfuerzas tú. Y eso puede volverse muy doloroso.

Por tanto, sí: la “perfección” del vínculo puede vivirse como presión insoportable cuando la persona no se siente capaz de estar a la altura de algo estable. Sí: puede regresar a lo caótico porque lo caótico le resulta familiar, menos íntimo o menos exigente. Sí: el TDAH y el estrés pueden aumentar impulsividad, saturación y decisiones de escape. Pero nada de eso garantiza que vuelva, ni que pueda sostener una relación sana ahora, ni que tú debas quedarte esperando.

Lo más importante es diferenciar comprensión de disponibilidad ilimitada. Puedes comprender su mecanismo sin sacrificar tu estabilidad. Puedes no culparla y, al mismo tiempo, reconocer que una relación necesita reciprocidad, presencia y capacidad de reparación.

Desde PSYAMM podemos ayudarte a ordenar esta situación, diferenciar amor de rescate, apego de cuidado y comprensión de autoabandono. Si quieres trabajarlo terapéuticamente, puedes consultarnos a través de Doctoralia.es.
Sí, psicológicamente eso puede ocurrir, y de hecho no es raro que algunas personas sientan más ansiedad ante un vínculo sano y estable que ante uno caótico o impredecible. Desde fuera puede parecer contradictorio, porque tendemos a pensar que todo el mundo desea seguridad emocional, pero cuando una persona ha crecido en entornos muy desestructurados o ha desarrollado una autoestima frágil, la intimidad sana también puede activar mucho miedo.

En alguien con TDAH, estrés crónico y probablemente un sistema emocional muy saturado, el aumento de intimidad puede vivirse no solo como cercanía, sino también como exposición. Cuanto más importante se vuelve el vínculo, más aparece el miedo a decepcionar, no estar a la altura, perder libertad, depender emocionalmente o terminar siendo abandonada. Y cuando además existe baja autoestima, el pensamiento suele ir hacia:
“esta persona me trata demasiado bien”,
“no voy a poder sostener esto”,
“va a acabar viendo cómo soy realmente”,
o incluso
“si esto es tan bueno, perderlo me destruiría”.

Paradójicamente, algunas personas toleran mejor el caos conocido que la estabilidad emocional, porque el caos les resulta familiar y predecible a nivel interno. Un vínculo seguro exige regulación emocional, constancia, vulnerabilidad y capacidad de sostener intimidad real. Y eso puede sentirse mucho más difícil que volver a dinámicas antiguas donde el papel emocional ya estaba aprendido.

Además, el TDAH puede influir en varios niveles:
impulsividad emocional,
dificultad para autorregularse bajo estrés,
sensación de saturación mental,
tendencia a actuar para aliviar tensión inmediata,
y dificultades para integrar emociones complejas sin necesidad de escapar rápidamente de ellas.

Por eso no es extraño que, tras un pico de estrés académico o laboral, una persona emocionalmente sobrepasada entre en modo supervivencia y empiece a percibir incluso el vínculo sano como “demasiado”. No necesariamente porque el vínculo sea malo, sino porque internamente no dispone de suficientes recursos para sostener simultáneamente la presión externa y la intensidad emocional de sentirse querida de forma estable.

También es importante entender algo sobre la culpa. En personas con autoestima baja o apego inseguro, recibir mucho cuidado puede generar una mezcla extraña de alivio y malestar. A veces el amor sano confronta heridas profundas:
“¿por qué esta persona me quiere tanto si yo me siento insuficiente?”.
Y en lugar de integrar ese cuidado, algunas personas terminan alejándose porque la cercanía activa vergüenza, deuda emocional o sensación de incapacidad.

Respecto a volver con un ex o a dinámicas más caóticas, muchas veces no significa necesariamente que quiera más a esa persona. A veces significa que esa dinámica requiere menos vulnerabilidad real o resulta emocionalmente más conocida. El cerebro humano no siempre busca lo más sano; muchas veces busca lo más familiar.

Ahora bien, también es importante no romantizar el autosabotaje ni convertir toda retirada emocional en algo inevitable por el TDAH o el apego. Comprender el mecanismo ayuda a no personalizarlo, pero no sustituye la responsabilidad afectiva ni el trabajo terapéutico que una persona necesita hacer para aprender a sostener vínculos sanos sin huir de ellos.

Si lo necesitas, puedes pedirme cita online y trabajar más a fondo cómo funcionan estas dinámicas de apego, autosabotaje emocional y miedo a la intimidad dentro de las relaciones.
 Lorena Parrondo Mesa
Psicólogo
Cangas de Onis
Hola. Lo primero que me gustaría señalar es que, sin conocer en profundidad la historia personal de esa persona, no es posible dar una explicación cerrada sobre lo que ocurre. Aun así, lo que describes sí encaja con dinámicas psicológicas que pueden aparecer en personas con mucha sobrecarga emocional, baja autoestima, experiencias relacionales inestables previas o determinados estilos de apego.

En algunas personas, especialmente cuando han crecido en entornos desestructurados o emocionalmente impredecibles, un vínculo sano e íntimo puede generar también mucho miedo y activación emocional. No porque el vínculo sea negativo, sino precisamente porque implica vulnerabilidad, estabilidad y la posibilidad real de ser querido de una manera sana. Para alguien acostumbrado al caos, a la inseguridad o a relaciones más inestables, eso puede sentirse incluso “demasiado” intenso o difícil de sostener.

Además, en situaciones de estrés elevado, el sistema nervioso puede entrar en un estado de saturación donde disminuye mucho la capacidad de regulación emocional. En personas con TDAH, la impulsividad, la dificultad para gestionar emociones intensas y la sensación de desborde pueden acentuarse todavía más en periodos de presión académica, laboral o afectiva.

Por otro lado, cuando existe baja autoestima o miedo profundo al rechazo, algunas personas terminan alejándose de vínculos sanos de manera inconsciente antes de sentirse “insuficientes”, dependientes emocionalmente o expuestas. A veces el problema no es que el vínculo sea malo, sino que la persona no se siente capaz de sostener algo estable y seguro sin experimentar mucha ansiedad o culpa.

Respecto a volver a dinámicas más caóticas o a relaciones pasadas, muchas veces lo conocido resulta psicológicamente más “predecible” aunque genere sufrimiento. El cerebro tiende a repetir patrones familiares, incluso cuando no son saludables, porque generan una sensación de identidad o funcionamiento conocida.

En cualquier caso, estas dinámicas suelen necesitar un trabajo terapéutico profundo para poder entenderlas y modificarlas de una manera sana.

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